Renacida: Mímame esta vez - Capítulo 132
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132: Capítulo 132 Un golpe fatal 132: Capítulo 132 Un golpe fatal Elizabeth estaba sentada en la cama, revisando las noticias sin mucho interés cuando notó algo extraño: los trapos sucios de Victoria que acababan de ser noticia desaparecieron de repente de las tendencias.
—Cariño, ¿crees que la familia Reed tiene la influencia para eliminar un tema en tendencia tan rápido?
—le pasó su teléfono a Alexander.
Él le echó un vistazo a la pantalla, frunciendo el ceño con fuerza.
—Solo con dinero no se consigue esa velocidad.
¿Los Reed?
No tienen tanta influencia.
—¿Así que alguien la está respaldando?
—la expresión de Elizabeth se tornó más seria.
—No lo descartaría.
Su expresión se ensombreció.
Eso confirmaba su sospecha: alguien poderoso estaba ayudando a Victoria entre bastidores.
Quería ver cuán capaz era realmente esa persona misteriosa.
Pero, evidentemente, iban un paso por delante.
Con razón en su vida anterior, Victoria había logrado conspirar contra ella con tanto descaro.
Elizabeth tomó su portátil y empezó a teclear rápidamente.
Apareció una serie de números.
Se centró en un número concreto de once dígitos y lo rastreó, pero resultó ser un callejón sin salida.
Ese número no existía.
…
Pronto, llegó la hora de la rueda de prensa del Grupo Harper.
Dentro de la sala de conferencias de la empresa, Elizabeth se sentó a la cabecera de la larga mesa, mirando a la multitud de reporteros.
—Gracias por venir hoy.
Sé que todos están aquí por lo que ha estado circulando en internet últimamente.
Hoy, el Grupo Harper va a aclarar las cosas.
—Algunos de ustedes se preguntarán por qué mi firma no aparecía en ese acuerdo de transferencia de acciones.
—Bueno, la razón es simple: para empezar, nunca fue real.
Era falso.
—Probablemente recuerden que mi padre desapareció no hace mucho.
—Para obtener cualquier información sobre él, no tuve más remedio que seguirle el juego.
Victoria me dijo que, si quería saber dónde estaba mi padre, tendría que darle a cambio las acciones de Harper.
Los reporteros intercambiaron miradas de asombro.
—Sra.
Blake, esa es una acusación grave.
¿Tiene pruebas?
Oímos rumores sobre la desaparición del señor Harper, pero ¿cómo iba a saber la señorita Wade sobre eso?
Los ojos de Elizabeth se encontraron con los del reportero con calma, y las comisuras de sus labios se elevaron en una sonrisa leve y serena.
—Tendrá que preguntárselo a ella.
—Pero gracias a ese acuerdo falso, obtuve noticias de mi padre.
Así que, francamente, no me arrepiento de lo que hice.
Justo en ese momento, la puerta de la sala de conferencias se abrió y Albert Harper entró, dirigiéndose directamente hacia Elizabeth y tomando asiento a su lado.
La sala se llenó de murmullos.
Un reportero no tardó en hablar: —Señor Harper, ¿qué pasó?
¿Por qué desapareció?
¿Estuvo Victoria involucrada?
El rostro de Albert estaba tranquilo y su voz era firme.
—No puedo decirlo.
Cuando desperté, fue el equipo de mi yerno quien me rescató.
—¿Cree que Victoria tuvo algo que ver con eso?
Apretó los labios, con un tono de voz bajo.
—Preferiría no creerlo.
Después de todo, la crie como a una hija durante veinte años.
Su tristeza no pasó desapercibida; muchos reporteros captaron la emoción detrás de sus palabras.
Entonces, alguien de entre la multitud preguntó: —Sra.
Blake, últimamente han estado circulando en internet cosas bastante desagradables sobre Victoria.
¿Fue usted quien lo hizo?
Elizabeth ladeó ligeramente la cabeza, con una leve curva en los labios, y le devolvió la pregunta: —¿Usted qué cree?
Hoy estoy aquí para hablar del asunto de la transferencia de acciones, nada más.
Traducción: pregunten lo que quieran, no voy a responder a eso.
El reportero frunció el ceño.
—Pero la señorita Wade fue la primera en atacarla públicamente, y luego empiezan a salir a la luz sus trapos sucios por todas partes.
¿Me está diciendo que es solo una coincidencia?
La mirada de Elizabeth se volvió gélida, clavándose en él con calma como un láser.
—¿Y qué?
¿Cree que yo filtré esas historias?
¿Cuánto le pagó Victoria por decir eso?
—.
Una sola frase hizo callar a ese reportero, cuyo rostro alternaba entre el rojo y el pálido.
—Sra.
Blake, solo estaba exponiendo los hechos.
¿Qué quiere decir con eso?
Elizabeth esbozó una lenta sonrisa, del tipo que podría helar la habitación.
—¿Hechos?
Entonces, ¿dónde están sus pruebas?
¿De verdad necesito explicar algo tan básico?
Todas las miradas se volvieron hacia él, observando claramente cómo se hundía más en la vergüenza.
—¿Y qué hay de su acusación, Sra.
Blake?
—intervino otro reportero, con el rostro lleno de escepticismo—.
Dice que Victoria la engañó para quitarle sus acciones usando noticias sobre el señor Harper, ¿tiene pruebas de eso?
¿Se supone que debemos creer en su palabra y pensar que esto no tuvo nada que ver con la familia Wade?
—Como miembro de la familia Harper, ¿no debería aclarar si la familia Harper tuvo algo que ver en la caída de la familia Wade?
Las preguntas llegaron rápidas y afiladas, cargando al instante la sala de presión.
Elizabeth permaneció tranquila, con un tono frío y uniforme: —La familia Harper nunca le ha hecho daño a la familia Wade.
Acoger a Victoria fue algo que su abuelo nos rogó que hiciéramos.
En cuanto a sus bienes, no tocamos ni un céntimo.
Cuando cortamos lazos, todo fue para ella.
—Y pedían pruebas, ¿verdad?
Las tengo.
En cuanto terminó de hablar, sacó una memoria USB y la conectó al portátil.
En cuestión de segundos, la voz de Victoria resonó en la sala.
«Elizabeth, si quieres saber dónde está tu padre, entrégame el 20 % de las acciones del Grupo Harper.
Supongo que no habrías venido a verme sin haberte decidido».
«A menos, claro, que no te importe si vuelve con vida».
«Victoria, ¿así que de verdad sabes dónde está mi padre?
Siempre te trató bien.
¿Cómo has podido hacerle esto?».
«¿Cruel?
¿Por qué no iba a serlo…?».
Dos voces femeninas distintas: la de Elizabeth y la de Victoria.
Y quedó meridianamente claro: Victoria tenía algo que ver con la desaparición del señor Harper.
El reportero que había sido tan agresivo antes se sonrojó delante de todos, con una vergüenza más que evidente.
La mirada de Elizabeth se volvió gélida mientras miraba al hombre que no había dejado de presionarla: —¿Y bien?
¿Aún tiene alguna pregunta?
Su rostro se crispó.
—No, nada más.
Elizabeth se levantó.
—Muy bien, si hemos terminado aquí, eso será todo por hoy.
Justo en ese momento, una periodista alzó la voz desde el fondo de la sala.
—¡Sra.
Blake!
Acaba de aparecer un video en internet que muestra la escena del accidente de coche del señor Harper.
Además, se dice que Victoria tiene un supuesto acuerdo de transferencia de acciones, presuntamente firmado con la huella dactilar del señor Harper, pero que no tiene validez legal.
—¿Sabe algo al respecto?
Elizabeth se detuvo a medio paso y su mirada se desvió hacia la reportera.
Negó ligeramente con la cabeza.
—No estaba al tanto de eso.
Todo el mundo sabía que Victoria y la familia Harper habían cortado lazos.
Entonces, ¿cómo podía tener ella un acuerdo de transferencia con la huella dactilar del señor Harper?
En cuanto se pronunciaron esas palabras, la multitud empezó a susurrar.
—¿Podría Victoria haber tenido algo que ver también en el accidente de coche?
—¿Quién sabe?
¿Por qué si no iba a aprobar una transferencia así…?
Las voces se hicieron más fuertes y la sala bullía de especulaciones.
Aunque no hubiera pruebas concretas que apuntaran a Victoria, solo con esta rueda de prensa bastaba para abrir una brecha en su imagen pública.
La gente creería que ella había conspirado desde el principio para conseguir las acciones de los Harper.
Y ese, pensó Elizabeth, era el golpe perfecto que asestar.
Con un tono tranquilo, Elizabeth dijo: —Gracias a todos.
Eso es todo por hoy.
Ayudó al señor Harper a levantarse y se disponía a salir cuando su teléfono empezó a sonar.
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