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Renaciendo como el bastardo del señor del fuego - Capítulo 18

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  3. Capítulo 18 - 18 Volumen 6 La telaraña toma forma
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18: Volumen 6: La telaraña toma forma.

Capitulo 1: La Grieta en el Deber 18: Volumen 6: La telaraña toma forma.

Capitulo 1: La Grieta en el Deber El sol comenzaba a hundirse detrás de los acantilados de Kyoshi, dejando un resplandor anaranjado que teñía los techos de madera y las máscaras colgadas en las paredes como si estuvieran ardiendo por dentro.

El aire aún conservaba el olor salado del mar y una brisa fresca que levantaba pequeñas nubes de polvo sobre el sendero que llevaba a las colinas.

Suki caminaba al frente, con pasos medidos, tensos, sosteniendo su máscara bajo el brazo; Ren iba unos pasos detrás de ella, sin prisa, como si cada movimiento suyo se acomodara con naturalidad al ritmo del viento.

La gente del pueblo se dispersaba después del anuncio de liberación del Avatar.

Algunos se quedaban murmurando entre ellos, pero ninguno con la suficiente fuerza como para contradecir la decisión de Suki; Ren había preparado bien ese terreno.

Aun así, el peso del deber le empujaba los hombros hacia abajo, y lo sentía en la respiración que se le hacía más pesada.

—Ven conmigo —dijo ella sin mirar atrás, con un tono que intentaba sonar firme pero que tenía grietas invisibles.

Ren no respondió; solo siguió.

Sus pasos no hacían ruido, como si sus pies entendieran exactamente dónde pisar para no alterar nada alrededor.

Cuando llegaron a la colina más cercana al acantilado, Suki se detuvo.

El mar golpeaba abajo, insistente, y el viento empujaba mechones sueltos del cabello de ella hacia adelante.

Ren dejó que el silencio hiciera su trabajo, dejando que la tensión respirara, se desplegara.

Ella fue quien tuvo que romperlo.

—No entiendo qué estás buscando —dijo finalmente, cruzando los brazos.

Su kiroj was ligeramente sucia por el entrenamiento, marcas de tierra en el borde del pantalón, raspones pequeños en los guantes de cuero.

Había sudado más de lo normal ese día; Ren ya lo había notado desde la mañana—.

Sé que manipulaste la situación con el Avatar… de alguna manera.

No sé cómo, pero lo sé.

Ren ladeó un poco la cabeza.

El sol poniente le marcaba un perfil suave, casi inofensivo.

Dejó que una pequeña sonrisa apareciera, apenas un pliegue en la comisura.

—¿Y eso te molesta?

—preguntó en voz baja, como si le estuviera diciendo al mar, no a ella.

Suki frunció el ceño.

Había esperado una negación, una excusa, algo que ella pudiera enfrentar.

Pero no eso.

—Me preocupa —corrigió ella, apretando la mandíbula—.

Mi responsabilidad es proteger al pueblo.

No puedo dejar que alguien como tú… nuble mi juicio.

Ren bajó la mirada al suelo entre ellos, como observando las pequeñas piedras y hojas que se movían con la brisa.

Luego alzó la vista lentamente, tan despacio que Suki sintió que su respiración se sincronizaba sin querer con ese gesto.

—Eso es lo que más admiro de ti —murmuró—.

No tomas decisiones por impulso.

No huyes del deber.

Mantener eso… te cuesta.

Y aun así lo haces.

El corazón de Suki dio un salto incómodo.

Ren parecía decirlo sin intención de ganarse nada, sin trampa… pero Suki ya sabía que todo con él tenía un objetivo.

Y aun así, ese reconocimiento le llegó donde no debía.

—No necesitas admirarme —respondió ella, pero la firmeza había bajado un tono—.

Solo necesito que seas honesto conmigo.

Ren dio un paso más cerca.

No tanto como para invadir, pero lo suficiente para que Suki sintiera la diferencia: su energía cambiaba el aire alrededor.

—Estoy siendo honesto —replicó con calma—.

Si quisiera manipularte… no te diría que tienes razón en desconfiar de mí.

El viento se llevó esa frase, haciéndola más peligrosa por lo suave que había sonado.

Suki lo observó con los ojos entrecerrados, sin parpadear.

El silencio se estiró.

Podía sentir cómo tensaba los dedos dentro de los guantes, cómo el sudor frío le recorría la espalda entre la tela pegada del uniforme.

Ren, en cambio, estaba quieto, absolutamente quieto, como si su respiración no perturbara el aire.

—Entonces dime —exhaló ella finalmente—.

¿Por qué estás aquí realmente?

¿Qué ganas con ayudarme a tomar decisiones difíciles?

Ren apartó la mirada por un instante hacia el mar, como si buscara una verdad allí abajo.

Luego volvió a verla y su expresión cambió apenas, un gesto que parecía vulnerabilidad… o la mejor imitación de ella que Suki había visto en su vida.

—Porque tú cargas cosas que nadie más en tu pueblo ve —susurró—.

Y no deberías hacerlo sola.

Esa frase la quebró por dentro más de lo que quería admitir.

Sintió que sus hombros, tensos desde la mañana, aflojaban un poco.

El viento golpeó más fuerte, levantando un mechón rebelde de su cabello.

Ren levantó una mano muy despacio, dejando que el movimiento fuera tan evidente que ella pudiera decidir frenarlo.

No lo hizo.

Él acomodó el mechón detrás de su oreja con una suavidad casi reverente, pero sin tocar más de lo necesario.

Suki tragó saliva.

Su voz salió más baja.

—No… no necesito que me protejas.

—No —asintió Ren—.

Solo alguien que vea lo que tú ves.

Y que no te juzgue por las decisiones difíciles.

La respiración de Suki se atoró un segundo.

Ese era su punto débil, y Ren había encontrado la grieta exacta—no con fuerza, sino con precisión.

Ella dio un paso atrás, intentando recuperar espacio, pero su voz ya no tenía filo.

—Aun así… debo confiar en ti para que esto funcione.

Y aún no sé si puedo.

Ren inclinó la cabeza, como aceptando un hecho inevitable.

—Entonces dame una razón para merecerlo —dijo en voz baja—.

No por mi bien… por el tuyo.

Suki sintió un temblor interno, una mezcla de miedo y alivio que no supo clasificar.

Miró al mar, al sol hundiéndose, al pueblo que debía proteger.

Y al volver la vista, Ren le sostenía la mirada como si ya hubiera anticipado su duda… y también la decisión que tomaría más adelante.

No dijo más.

No necesitaba hacerlo.

Ahora Suki estaba pensando en él, considerando su presencia en sus decisiones, preguntándose qué significaba ese momento.

Justo como Ren quería.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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