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Renaciendo como el bastardo del señor del fuego - Capítulo 19

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  3. Capítulo 19 - 19 Volumen 6 La telaraña toma forma
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19: Volumen 6: La telaraña toma forma.

Capitulo 2: El Corazón Vulnerable 19: Volumen 6: La telaraña toma forma.

Capitulo 2: El Corazón Vulnerable La noche había caído sobre Kyoshi con una suavidad casi engañosa.

El mar respiraba con un ritmo lento, profundo, como si quisiera arrullar a toda la isla.

El viento húmedo se filtraba entre las casas de madera, haciendo crujir las vigas y moviendo las antorchas que iluminaban los caminos.

Era una calma frágil, sostenida por la ilusión de que nada peligroso caminaba entre ellos.

Ren Yang avanzaba descalzo por la orilla, dejando que la espuma fría le mojara los tobillos.

Su atuendo —simple, ligeramente desgastado por el aire salino y por su descuido calculado— estaba humedecido por la brisa marina.

Su cabello blanco, agitado por el viento, parecía desordenado de forma natural, casi inocente.

Sus manos iban en los bolsillos, relajadas… pero sus ojos, negros y brillantes, no dejaban de moverse, atentos a cada detalle.

Katara estaba unos metros más adelante, de espaldas a él, arrodillada frente al mar.

Tenía la cantimplora a un lado y las mangas remangadas hasta los codos.

El agua se elevaba en remolinos suaves alrededor de sus manos, respondiendo a su respiración lenta, concentrada.

Era un ejercicio meditativo, casi ritual.

Ren inclinó la cabeza apenas, evaluando.

Katara entrenaba no para presumir, sino para prepararse.

Porque es precavida.

Porque protege a los suyos.

Porque es el corazón y el centro moral del grupo.

Eso la convertía en la barrera más sólida… y en la pieza más delicada.

Sintió un ligero cosquilleo en el aire, la manifestación emocional que siempre surgía cuando Ren Yin, a kilómetros de distancia, captaba una sensación inesperada.

La conversación con Suki había dejado un eco.

Pero Ren Yang sonrió: ese eco podía usarse.

Pasos suaves.

Katara escuchó el sonido de la arena movida y giró levemente el rostro, suficiente para verlo por el rabillo del ojo.

—Oh… eres tú —dijo con una mezcla de cautela y neutralidad.

No hostilidad.

Pero tampoco confianza.

Ren Yang levantó una mano y saludó con una expresión torpemente amigable, exageradamente sencilla.

—No quería asustarte.

Solo… me gusta caminar cerca del agua.

Katara observó su postura, su expresión, su tono.

Buscaba una fisura, una intención oculta.

Su instinto siempre estaba alerta, especialmente en lugares desconocidos.

El agua de su entrenamiento cayó lentamente y regresó al mar.

—No es hora de que los visitantes estén paseando solos —comentó mientras se incorporaba, sacudiéndose un poco las gotas de sus manos—.

Podrías perderte… o meterte en problemas.

Ren bajó la mirada, frotándose la nuca, dejando ver una especie de incomodidad tímida; la suficiente para parecer real, la suficiente para despertar el instinto protector que él sabía que Katara tenía muy aferrado al pecho.

—Lo siento.

No estoy muy acostumbrado a… —se detuvo, como si buscara palabras que no sabía usar— …a convivir con otros.

Katara ladeó un poco la cabeza.

Eso la sorprendió.

—¿No tienes familia?

—preguntó sin brusquedad, pero con una suave duda que revelaba su interés.

Ren tragó saliva, con una vulnerabilidad tan bien actuada que incluso su respiración tembló un poco.

Se sentó en la arena, dejando que sus dedos la enterraran lentamente, como si necesitara algo firme que tocar.

—La tenía —susurró—.

Pero… crecí muy aislado.

Mi padre nunca me prestó atención.

Mi madre… —cerró los ojos, apretó los labios— …ella murió cuando yo era muy pequeño.

Era una mentira mezclada con verdad.

El tipo de narración que confundía incluso al que la escuchaba, porque las emociones parecían auténticas… porque algunas sí lo eran.

Katara frunció ligeramente el ceño.

El viento movió sus cabellos hacia un lado, y por un instante su expresión dejó ver empatía.

Ren notó ese quiebre.

Un momento diminuto.

Pero precioso.

—Eso suena… muy difícil —dijo ella finalmente, acercándose un poco y sentándose a una distancia prudente, pero sentándose al fin y al cabo—.

Nadie debería crecer así.

Ren sonrió con un aire triste.

—Sé que no debería meterme en sus cosas… pero vi cómo cuidaste a tu hermano antes.

Se nota que realmente te importa.

Me recordó a cómo… —su voz se quebró apenas, lo justo para sonar humano— …a cómo me habría gustado que alguien me mirara.

Katara sintió un tirón interno.

Su pecho se apretó.

Eso era personal.

Vulnerable.

Y ella tenía la maldición de sentir el deber de llenar esos vacíos en otros.

—A veces no se necesita mucho para ayudar a alguien —dijo ella suavizando el tono—.

Solo… estar ahí.

Ren levantó la vista lentamente, como si necesitara esfuerzo para hacerlo, y dejó que sus ojos brillantes se encontraran con los de ella.

Profundos.

Intensos.

Pero no invasivos.

Solo… necesitados.

—Eso es lo que más miedo me da —susurró—.

Que si me acostumbro a eso, y luego ustedes se van… volveré a estar solo.

Y no quiero sentir eso otra vez.

La arena se levantó un poco por una ráfaga de viento.

Las antorchas del muelle cercano se movieron.

El ritmo del mar pareció acompasarse con sus palabras.

Katara miró hacia el pueblo, luego al océano, luego de vuelta a él.

En su mente, las ideas chocaban: Es un extraño.

Pero parece sincero.

No lo conozco.

Pero está sufriendo.

Debo ser cuidadosa.

Pero no puedo ignorarlo.

Cada pensamiento se empujaba contra el otro, como olas intentando tomar la misma orilla.

Ren observó ese conflicto interno con un placer casi imperceptible.

—No tienes que confiar en mí ahora —agregó suavemente—.

Solo quería decir gracias.

Por… escucharme.

Aunque sea un poco.

Katara soltó un suspiro que el viento se llevó parcialmente.

—Puedo escuchar —respondió ella, finalmente cediendo un poco—.

Eso no significa que dejaré mi guardia baja.

Pero… puedo escuchar.

Ren Yang sonrió.

No con arrogancia.

Con ternura.

Con una calidez que parecía real, incluso para él.

—Eso es más de lo que esperaba.

Katara se levantó primero.

Sacudió sus manos, miró el mar y luego lo miró a él con una mirada más suave, menos distante.

—Bueno… será mejor que volvamos antes de que Sokka empiece a gritar por mí —bromeó apenas, apenas lo suficiente para romper la tensión.

Ren se levantó también, sacudiéndose la arena de la ropa.

Parte de la tela estaba húmeda por la brisa, y su piel brillaba débilmente por el contacto con el mar.

—¿Puedo caminar contigo?

—preguntó, con la humildad exacta para no parecer invasivo.

Katara dudó un segundo, pero luego asintió.

—Sí.

Pero mantente cerca.

No quiero tener que rescatar a alguien más esta noche.

Ren rio suavemente, una risa ligera, casi contagiosa.

Caminaron juntos por la orilla en silencio, con el viento moviendo sus ropas y el aroma del mar envolviéndolos.

Y en el interior de Ren Yang, muy profundamente, una satisfacción fría crecía como un cuchillo afilado.

El corazón del grupo había dado su primer paso hacia él.

Y eso era el inicio de todo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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