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Renaciendo como el bastardo del señor del fuego - Capítulo 6

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  3. Capítulo 6 - 6 Volumen 2El fuego que aprende a esperar
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6: Volumen 2:El fuego que aprende a esperar.

Capitulo 2:Cenizas en movimiento 6: Volumen 2:El fuego que aprende a esperar.

Capitulo 2:Cenizas en movimiento Dos años habían pasado desde el Agni Kai.

La cicatriz de Zuko ya no estaba fresca, pero seguía ardiendo cada vez que recordaba el grito, la caída, la humillación y… el sonido de la puerta cerrándose sobre Ren en el calabozo.

Zuko abandonó la Nación del Fuego a bordo de un viejo barco de guerra, demasiado deteriorado para los estándares reales, pero más que suficiente para un exiliado.

A su lado, como una sombra disciplinada y paternal, estaba el general retirado Iroh, quien lo acompañó sin pedir nada a cambio.

No buscaba gloria, ni redención: solo proteger a su sobrino.

Al principio, Zuko se negó a hablar.

Dormía poco, comía lo necesario y pasaba cada noche entrenando movimientos que aún no entendía del todo, empapado en desesperación.

Iroh lo observó en silencio durante semanas, dejando que el fuego se consumiera antes de intervenir.

Y un día, durante una sesión de entrenamiento agotadora, Zuko cayó de rodillas en la cubierta, el pecho agitado.

—Tío… —susurró—.

¿Crees que… Ren…?

—Él es fuerte —respondió Iroh con suavidad—.

Más fuerte de lo que muchos desean admitir.

Zuko bajó la cabeza, los puños temblando.

—Tengo que volver por él algún día.

—Lo harás —dijo Iroh—.

Pero antes… debes encontrar algo más grande que tu dolor.

Ese “algo” se convirtió en una obsesión: el Avatar.

No por gloria.

No por el honor perdido.

Zuko lo buscaba porque creía, honestamente, que capturarlo sería su única oportunidad de regresar a casa… y liberar a Ren.

Y así, durante esos dos años: recorrió puertos pobres, combatió piratas, persiguió falsos Avatares, soportó el sarcasmo amable de Iroh, y aprendió más del mundo exterior que en toda su vida en el Palacio.

Pero, cada noche, antes de dormir, Zuko tocaba la cicatriz y murmuraba: —Solo espera, hermano… volveré por ti.

Y ese pensamiento, más que el honor, era lo que lo mantenía en pie.

mientras tanto Azula no lloró cuando Zuko se marchó.

No lloró cuando encerraron a Ren.

No lloró cuando Ozai le prohibió visitar el calabozo.

Pero su fuego cambió.

Se hizo más frío.

Más azul.

La princesa dedicó esos dos años enteros a fortalecerse y construir una red de poder propia, lejos del control de su padre.

Entrenamiento sin tregua Perfeccionó el rayo hasta generar descargas más precisas que muchas maestras consagradas.

Analizó cada estilo de combate que Ren le había enseñado en secreto antes de ser arrestado.

Aprendió a ocultar emociones hasta convertir su rostro en porcelana.

Observó a los generales y adivinó sus intenciones con inquietante facilidad.

Azula dejó de ser una niña talentosa.

Se convirtió en un arma.

Durante ese tiempo logró conseguir nuevas aliadas.

la primera en unirse fue Mai: La Amiga que Nunca Quiso Tener Azula conoció a Mai a los nueve años, durante una visita oficial a la ciudad capital de la Nación del Fuego por parte de la familia de Ukano, el entonces recién nombrado gobernador de Omashu.

Su esposa insistió en presentar a su hija, Mai, en los jardines internos del palacio, donde los nobles aprovechaban para exhibir buenos modales frente a la familia real.

Mai tenía la misma edad que Azula, pero era completamente distinta: callada, inexpresiva, con una disciplina emocional casi enfermiza.

A Azula, eso no le causó rechazo, sino intriga.

En ese primer encuentro, mientras los adultos conversaban, Azula encendió una pequeña llama azul en la palma de su mano, mostrándola como si fuera un adorno.

Mai ni siquiera pestañeó.

—No te asusta —comentó Azula, ligeramente molesta.

—No —respondió Mai con la voz más plana del mundo—.

No le veo utilidad a tener miedo.

Esa respuesta hizo que la princesa sonriera con sincero interés.

Durante esa visita, ambas niñas fueron obligadas a entrenar juntas bajo la supervisión de instructores reales.

Mai usaba cuchillos pequeños, lanzados con precisión quirúrgica incluso a tan corta edad.

Azula, siempre competitiva, trató de impresionar lanzando fuego azul más rápido de lo recomendable.

Al final del tercer día, ambas habían medido fuerzas.

Azula concluyó: “No es emocionante.

Pero es funcional.” Mai concluyó: “No la soporto.

Pero la respeto.” Y desde ese momento, Azula decidió que Mai era el tipo de pieza que algún día podría necesitar: silenciosa, obediente, letal.

Mai se unió a su círculo no porque quisiera… sino porque su familia veía ventajas políticas en mantener a su hija cerca de la princesa.

Azula jamás olvidó eso.

enseguida vino Ty Lee: El Contraste Perfecto Ty Lee y Azula se conocieron oficialmente en la Academia de Nobles para Damas del Fuego, donde ambas fueron inscritas durante un año para cursos de etiqueta, diplomacia y “comportamiento femenino apropiado”.

Azula encontró la academia insoportable… hasta que vio a Ty Lee escalando un pilar de madera como si fuera parte del currículo.

Azula se detuvo a observarla.

La chica se movía con una ligereza imposible: manos, pies, brazos y respiración coordinados como si estuviera danzando.

Cuando bajó, Azula se acercó directamente: —Te vas a romper el cuello algún día.

Ty Lee rió.

—¡Solo si dejo de caer con gracia!

A Azula esa respuesta la irritó… pero también la fascinó.

Con el paso de los meses descubrió que Ty Lee tenía un conocimiento intuitivo del cuerpo humano.

Azula aprovechó una tarde para probar su habilidad.

—Golpéame —ordenó.

Ty Lee tocó un punto en el hombro de Azula, y el brazo se le adormeció por completo.

Azula se quedó en shock.

Y no por el dolor, sino por la demostración.

Una artista.

Un arma disfrazada de acróbata.

Poco a poco, su relación se volvió útil para ambas: Ty Lee admiraba a Azula.

Azula descubrió que podía moldear esa admiración.

Y cuando Ty Lee anunció que quería unirse al circo, Azula no se opuso.

Sabía que no importaba cuánto volara… siempre regresaría cuando ella lo pidiera.

Y tenía razón.

después del encierro de ren Azula sintió que le faltaban aliados por lo que se centró en buscar hasta que encontró a Suri: La Desertora de la Piedra Silenciosa El Encuentro Azula conoció a Suri cuando tenía 14 años, seis meses después del encierro de Ren.

Fue durante una inspección militar a un puesto avanzado en las afueras de Ba Sing Se, donde se entrenaban cadetes de las fuerzas especiales.

Demostración interna.

Rondas de vigilancia.

Informe de desempeño.

Todo monótono.

Hasta que notó que una de las reclutas movía los pies sin hacer ruido.

Literalmente sin producir sonido alguno.

Azula entrecerró los ojos.

La joven era pequeña, de complexión ágil, cabello negro sujeto en un moño bajo, mirada fija y fría.

Pero no fue su postura militar lo que llamó la atención de la princesa… sino la forma en que desapareció detrás de una columna y reapareció en la opuesta sin que nadie la oyera.

Azula la siguió.

Y la encontró revisando, con rapidez anormal, los documentos del comandante a cargo.

—¿Buscando algo interesante?

—preguntó Azula.

Suri se tensó.

Sus manos fueron a la defensiva de inmediato, aunque no atacó.

—Mi princesa… —susurró, sin excusas.

Azula notó algo extraño: no había miedo.

Solo cálculo.

Por qué desertó Suri no era una recluta común.

Había sido entrenada desde niña por agentes del Dai Li infiltrados en colonias ocupadas.

La habían moldeado para: recopilar información, disfrazar emociones, manipular a líderes locales, y eliminar amenazas “silenciosas”.

Pero había desertado un mes antes porque se negó a continuar participando en operaciones donde niños eran usados como señuelos para revelar movimientos enemigos— —Yo no sirvo a monstruos —dijo, tajante, cuando Azula preguntó por qué había huido.

Azula no se inmutó.

—¿Y ahora a quién sirves?

—A nadie —respondió Suri—.

Pero puedo ser útil a alguien que no desperdicie mis habilidades.

Esa respuesta capturó por completo a Azula.

No es lealtad ciega.

Es lealtad consciente.

La más rara.

La más valiosa.

Cuando Azula decidió reclutarla esta no ofreció protección ni indulgencia.

Solo dijo: —Puedo darte un propósito.

Y puedo darte a alguien digno de tu habilidad.

Siempre que me pertenezcas por completo.

Suri la miró por unos segundos… y luego se arrodilló.

—Entonces, desde este momento, soy tu sombra.

Azula sonrió.

Había encontrado a su espía perfecta.

un año después de su encuentro con suri se llevó una sorpresa al conocer a Keiko: La Furia Silenciosa de la Llama Interna Keiko tenía diecisiete años cuando Azula la vio por primera vez.

Fue durante una competencia interna de artes marciales en la Academia Militar de élite para jóvenes mujeres de la Nación del Fuego.

Azula asistió solo para evaluar candidatas por curiosidad… y porque extrañaba la eficiencia de Ren.

Quería a alguien que pudiera llenarle ese hueco táctico.

El combate final fue un espectáculo extraño: una joven que no usaba fuego.

Nada de llamas.

Nada de calor.

Solo puños, codos, rodillas y una fuerza brutal.

Bastaron dos golpes para derribar a su oponente.

No uno: dos.

Azula se levantó en la grada.

—¿Por qué no usaste fuego?

—preguntó al acercarse.

Keiko, apenas sudando, respondió: —Porque mi fuego no es tan fuerte como mis manos.

Y prefiero usar lo que sí sé que puede matar.

Azula quedó encantada.

La brutalidad sin adornos… era refrescante.

La historia de Keiko Era hija de una maestra fuego que había abandonado el ejército tras un accidente que casi le cuesta la vida.

Keiko había crecido en entornos militares, rodeada de disciplina, pero había desarrollado su cuerpo con una intensidad que rozaba lo obsesivo.

La fuerza le era natural.

La precisión, entrenada.

La determinación… feroz.

Para poder reclutarla azula la apartó de todos y le dijo sin rodeos: —Puedo convertirte en una leyenda.

O puedes quedarte aquí compitiendo con niñas que jamás estarán a tu nivel.

Keiko no necesitó más.

—Haré lo que me ordenes —dijo, sin reverencias exageradas ni sumisión falsa—.

Mientras me dejes pelear.

Azula sintió un placer genuino recorriéndole el pecho.

—Oh, Keiko.

Te voy a dar muchas oportunidades para eso.

Y así, Keiko se convirtió en la fuerza bruta, la ejecutora silenciosa de su círculo.

El objetivo oculto de la princesa Mientras Ozai creía que entrenaba para servirlo, Azula construía silenciosamente su propio ejército personal de élite femenina.

Y entre entrenamiento y estrategia, pasaba horas en la biblioteca real, revisando registros, buscando nombres, rumores… cualquier indicio sobre cómo acceder al calabozo sin ser detectada.

Porque Azula tenía una meta secreta: Romper el encierro de Ren.

Liberarlo.

Y ofrecerle su lealtad.

Mientras tanto, cada día le hablaba menos a su padre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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