Re:Zero / Elden Lord: Empezando la vida de nuevo en otro mundo - Capítulo 26
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Capítulo 26: Arc2 – 13
Capítulo 13 — ¡Oh, Elden Lord!
| Bosque Cercano — Madrugada del Día 4 |
Subaru observó su alrededor, expandiendo sus sentidos. Nada. Ni un solo gruñido, ni el crujido de una rama.
—Ninguna mabestia… —murmuró.
Y eso estaba mal. Se suponía que estos bosques estaban llenos de ellas por la noche.
—¿Alguien las reunió? ¿Qué está pasando aquí exactamente?
Ya llevaba un buen rato vagando por el enorme bosque desde que Elsa se había alejado. Suspiró con fastidio y se pasó una mano por el cabello.
—Ram se va a molestar. Dijo que me esperaría despierta y ya es muy tarde…
Sacudió la cabeza. La conexión con Elsa seguía estable, aunque distante. Estaba bien.
—Estará con esa niña. Regreso a la mansión, entonces —encogió los hombros.
No había logrado encontrar ninguna mabestia, así que el bosque había perdido su atractivo.
Elsa regresaría más tarde, al parecer.
No dudaba de la capacidad de Rem, Emilia y Beatrice para defender la mansión, pero, como solía decirse, era mejor estar presente si se podía.
Dio media vuelta, listo para regresar.
El bosque se extendía bañado por la luz plateada de la luna y las estrellas.
La visibilidad era baja, pero no total.
Un viento suave mecía las copas de los árboles con un susurro constante.
Por alguna razón, su mirada bajó hacia la tierra que pisaba. Se detuvo y se agachó, recogiendo un puñado con la mano derecha.
Su espada permanecía enfundada en su cadera izquierda.
—Mmh… —dejó caer la tierra entre sus dedos—. Está tan viva.
Comparada con las Tierras Intermedias, incluso esta tierra del bosque se sentía repleta de vitalidad.
Todo en sus dominios cargaba un peso antiguo: la Guerra de la Devastación, las guerras posteriores y la lenta decadencia provocada por la Runa de la Muerte.
Apretó la mandíbula.
—Debería estar en Leyndell… gobernando junto con Melina y Ranni. No perdiendo el tiempo en este mundo —su voz sonó cansada, casi un susurro.
Se permitió un breve momento de fastidio genuino. Durante días había mantenido la fachada firme y correcta.
Ahora, en la soledad del bosque, con el viento fresco rozándole la piel y la tierra viva bajo sus pies, el Subaru Natsuki hastiado por siglos se permitió un respiro.
Repitió el gesto, tomó otro puñado de tierra y dejó que corriera entre sus dedos.
El viento levantó una pequeña nube de polvo que se disipó lentamente.
—Pronto. Un mes. ¿Qué es un mes comparado con siglos de soledad y lucha?
Se levantó, sacudiéndose las manos con suavidad. Estaba bien respirar, pero tenía cosas que hacer.
Hacer de Emilia una reina digna, actuando como su consejero.
—Aunque eso podría cambiar… Si abro un portal, Lugunica se encontrará con las Tierras Intermedias bajo mi dominio.
Ya imaginaba el choque inevitable entre dos civilizaciones tan diferentes, aunque similares en algunos aspectos.
Hasta ahora, el único que representaba un verdadero reto en estas tierras era Adelheid van Astrea.
—Solo con todo mi poder en mis manos podría derrotarla —pensó, aunque sabía que no sería una pelea sencilla.
Este mundo parecía deformarse a favor de aquella hermosa chica de cabello rojo.
—Ah, demasiada reflexión… —murmuró, sacudiendo la cabeza—. Por eso no me gusta quedarme solo. Mi mente se pone demasiado ruidosa.
Echó a andar de regreso a la mansión sin decir nada más. Esa era su maldición: no soportaba la soledad.
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Justo cuando Subaru salió del bosque, las ramas a su izquierda se agitaron con suavidad.
—Elsa… Regresaste con tu hermana —esbozó una pequeña sonrisa.
Sí, sería mejor que no hubiera problemas.
Elsa estaba de pie sobre una gruesa rama, cargando a Meili entre sus brazos con cuidado.
La niña dormía profundamente, con la cabeza apoyada contra su pecho translúcido.
—Fue más fácil de lo que pensé —comentó ella con un tono burlón, aunque teñido de cariño al mirar a la pequeña.
—Parece que el reencuentro la agotó.
—Así es, mi señor —respondió Elsa, saltando con gracia desde el árbol y aterrizando sin apenas hacer ruido.
Subaru notó que su forma espiritual comenzaba a parpadear levemente.
La energía que sustentaba su manifestación estaba llegando al límite tras el tiempo separados.
—¿Cómo voy a explicarle a Ram sobre Meili y tú ahora? —se quejó Subaru en voz baja, consciente de que tendría que revelar la existencia de Elsa si quería que Meili se quedara en la mansión.
Por un instante consideró esconderla en la biblioteca de Beatrice, pero descartó la idea casi al mismo tiempo.
Ni la Gran Espíritu estaría de acuerdo, ni sería justo para la niña.
Con un gesto de la mano, indicó a Elsa que se acercara. Levantó el índice derecho y tocó su frente con delicadeza, dejando que el poder del Elden Ring fluyera hacia ella.
—Aah~… esto, como siempre, se siente tan placentero~ —ronroneó Elsa con tono sugerente, entrecerrando los ojos.
Subaru solo rodó los ojos, resignado.
—¿Todo tiene que tener sentido sensual contigo, Elsa? —murmuró mientras el brillo dorado del anillo se introducía suavemente en su frente.
Pronto, la fluctuación de su forma cesó por completo.
Elsa se separó con una gran sonrisa risueña, claramente satisfecha. Avanzó unos pasos con un contoneo exagerado de caderas.
Había usado su capa brillante para cubrir a Meili, así que su escaso vestido era totalmente visible junto con esa firme retaguardia.
Subaru no pudo evitar seguir el movimiento con la mirada por un segundo. No era difícil cuando ella lo presumía de esa manera.
Elsa, por supuesto, sintió la mirada y no dijo nada. Solo acentuó el balanceo un poco más, divertida.
—Nah, Melina lo tiene mejor —declaró Subaru como una verdad absoluta, y siguió caminando detrás de ella hacia la mansión.
Ahora iba al frente, con Elsa siguiéndolo un paso atrás.
Y ahí estaba, para su no tan agradable sorpresa, Ram esperándolo de verdad en la puerta principal.
La luz de las lámparas mágicas del vestíbulo la iluminaba desde atrás, dándole un aire aún más imponente.
Por un momento, Subaru se imaginó la escena como si Ram fuera una esposa decepcionada esperando a su marido borracho en plena madrugada.
Excepto, claro, que no eran esposos y él no estaba ebrio.
Pero la situación actual era mucho peor.
Llegaba con otra mujer brillante y una niña inconsciente en brazos.
—(Espera, esto no pinta bien) —pensó con gran ironía.
—Señor —Ram casi mordió la palabra antes de escupirla—. ¿Regresa tan tarde con una mujer brillante y una niña? Pensé que ya estaba comprometido. ¿Qué diría su prometida de esto?
Por un instante, Subaru no supo cómo responder. No porque le faltaran palabras, sino por el aura fría y cortante que emanaba de Ram.
—(Sería una esposa realmente maravillosa) —se permitió pensar por una fracción de segundo antes de ponerse serio.
—Bueno, esta es una historia bastante larga. ¿Puedo contártela dentro?
—No.
La respuesta tajante lo dejó aturdido. Se miraron fijamente a los ojos: Ram con intensidad contenida, Subaru sosteniéndole la mirada sin retroceder.
Podría haber cambiado sus ojos a los reales, podría haber liberado su aura dominante o simplemente haber usado su autoridad temporal como señor de la mansión. Pero no hizo nada de eso.
Porque Ram se merecía una explicación. No podía ser tan cínico después de haberle dado un sermón sobre en quién confiar y en quién no.
Derrotado, Subaru miró de reojo a Elsa, quien observaba la escena con una expresión claramente divertida, como si estuviera disfrutando de un espectáculo.
—Será una velada larga… —susurró para sí mismo.
Ram, con sus agudos sentidos oni, lo escuchó perfectamente. Solo cruzó los brazos y lo miró de frente, barbilla en alto, esperando una respuesta frente a las puertas de la mansión.
—Verás, todo comenzó en la capital después de que Adelheid acabara con Elsa.
Así comenzó a narrar una serie de acontecimientos extraordinarios —aunque no tanto— sobre el origen de Elsa y hacia dónde irían las cosas.
Ram estaba experimentando toda clase de emociones. Enojo, confusión y, sobre todo, asombro.
El hombre que tenía delante ya no podía verlo como un niño estúpido. En pocos minutos le había cambiado por completo el sentido común.
Declaró abiertamente que podía, si se daban las condiciones necesarias, encarnar a sus enemigos como Cenizas Espirituales a su servicio. Incluso, técnicamente, quitarles su libre albedrío y usarlos como armas.
Aún no comprendía del todo el concepto de Ceniza Espiritual, pero le bastaba con entender que prácticamente creaba espíritus a partir de personas, ya fueran vivas o muertas.
Tampoco le había pasado desapercibido que podía hacerlo con animales y mabestias.
Lo había hecho con Elsa, la Cazadora de Entrañas —título que le habían mencionado—, la misma que había atacado a Emilia y a Subaru en la capital y que la Santa Espadachín había reducido a cenizas de verdad. No era una alegoría.
La forma morbosa en que Elsa narró su propia muerte le provocó un claro gesto de asco.
El único punto a su favor era que, al parecer, no podía desobedecer a Subaru aunque quisiera. Una preocupación menos.
Y luego estaba la niña.
Una asesina capaz de comandar mabestias que había planeado atacar la aldea ese mismo día, de no ser porque Subaru la había asustado y su mabestia principal —un alfa— había huido.
Para Ram, todo sonaba absurdo.
Nunca dejó de mirar intensamente a Subaru Natsuki, el hombre que estaba destruyendo su pacífica vida —entre muchas comillas— en tan solo unos días.
¿Por qué? ¿Cómo? No lo sabía, pero así estaba resultando.
Desde la vaga esperanza de que el “As” pudiera servir para liberar a Roswaal, hasta amenazarla… o más bien, hacerle sentir una esperanza real de libertad.
Aunque, en el fondo y sin que ella misma lo admitiera del todo, su pensamiento seguía arraigado en querer salvar a Roswaal.
Ram dejó escapar un suspiro que no sabía que había estado conteniendo.
—En resumen: quieres que esta asesina y su hermana se queden en la mansión mientras su Madre, por lo que saben ellas, un arzobispo del Culto de la Bruja, podría cazarlas y llegar hasta aquí. ¿Entendí bien? —preguntó con tono cansado.
—Perfecto resumen —afirmó Subaru con voz neutral.
—¿Es muy tarde para mandarte al demonio y pedirte que te alejes de esta mansión y de Emilia-sama? —Ram descruzó los brazos.
—Sí, lo es —respondió él encogiéndose de hombros con despreocupación.
—Subaru… —el tono de Ram cambió ligeramente.
Lo suficiente para que Subaru enderezara la postura de inmediato.
—¿De verdad crees que puedes proteger la mansión, a todos en ella y derrotar al Culto de la Bruja?
Ella no lo diría en voz alta, pero estaba recurriendo a las palabras que Subaru le había dicho antes.
“Puedo salvarte”, había dicho Subaru.
Él lo notó en su postura, en su voz y en esa vaga sensación, pulida por siglos, sobre su verdadero estado.
Eso había causado más revuelo en la mente de la pelirosa de lo que estaba dispuesta a admitir, y ahora se manifestaba con sinceridad cruda.
Elsa permaneció en silencio a un lado de Subaru, sin intervenir.
—Puedo.
No hacían falta más palabras.
Una sola afirmación directa y honesta bastaba para dejar claro el punto.
El punto que Ram necesitaba para creer… y quizás, aunque lo odiara en parte por hacerla sentir débil, dejarse rescatar cuando llegara el momento.
A la par de… secretamente complacida y vista. Validada.
—Ya veo.
Esta vez fue diferente. Más especial. Sus miradas se cruzaron. Algo más íntimo y cercano se manifestó en ellas: la certeza.
La convicción silenciosa de “Te creo”.
—Si fallas… —comenzó Ram, pero Subaru no la dejó terminar.
—No lo haré.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—Porque ya sé lo que es fallar. Y déjame decirte algo, Ram… —su voz dejó escapar un tono profundamente cansado—. He perdido. Y mucho. Más de lo que debería…
Ram se removió incómoda. Esa voz, ese tono, esa expresión de profunda soledad… era como mirarse en un espejo y ver lo que podría llegar a ser.
Elsa, a su lado, también se tensó. Era una de esas veces en las que parecía verse al hombre real y no a la máscara.
—Odio perder. Me enferma saber las consecuencias de mis actos. Actos que podrían haber cambiado el resultado, pero no fue así porque… fui estúpido. Por eso, Ram.
Dio un paso al frente, y luego otro, hasta quedar justo delante de ella.
Ram levantó la mirada. Subaru era más alto.
—Ya he cometido más que suficientes errores para varias vidas —le sonrió, de forma tenue pero muy real—. Rem, Beatrice, Emilia y tú ya no verán mis errores ni sufrirán por ellos.
El corazón de Ram latió de manera especial. De esa manera particular que provoca alguien que te mira de verdad.
Esa cercanía, sus palabras y su sinceridad la dejaron sin habla, con sentimientos fuertes y contradictorios.
—Quiero creerte —se defendió ella en voz baja—. Pero las palabras sin actos que las acompañen no son más que eso… palabras.
—Jeh, sí, lo entiendo. Actos entonces, Ram. Te los daré.
Ella se sonrojó ligeramente al sentir la sinceridad absoluta de sus palabras.
(Estúpido Barusu…) pensó con cierta desesperación.
—Por dios, deberían ir a un cuarto y liberar toda esa tensión entre ustedes dos —intervino Elsa, rompiendo la atmósfera íntima.
Sin embargo, lo que no esperaba fue que tanto Ram como Subaru la miraran con total seriedad.
—Elsa, es mejor que vayas a dejar a Meili en una habitación.
—Tch, ¿qué se podría esperar de una mediocre asesina muerta? —respondió Ram con desdén.
—Oh~ están muy a la defensiva —se burló Elsa al pasar entre ellos.
—Beako —llamó Subaru en voz alta.
La puerta cambió gracias a la Gran Espíritu y Elsa desapareció con Meili.
Ram y Subaru se quedaron solos frente a la puerta principal, uno al lado del otro.
Ram miró por encima de su hombro izquierdo hacia él.
Bajo la luz de la luna, esa seguridad que irradiaba y sus poderosas palabras lo hacían parecer más guapo de lo que debería.
—Deberíamos ir a dormir —comentó Subaru al notar su mirada.
—Sí, eso deberíamos hacer —respondió Ram en seco.
Pero ninguno se movió durante un buen rato.
Solo se quedaron ahí, en compañía del otro.
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| Mansión Roswaal — Mañana del Día 4 |
Todos se iban a reunir en la sala principal.
El tema era serio: la posible estadía de Elsa y Meili en la mansión.
Subaru se posicionó en el centro, con la luz de las ventanas a su espalda y Ram a su derecha.
Ella había llegado en silencio y se había quedado allí, sin decir una palabra.
Desde la noche anterior, algo entre ellos había cambiado de forma callada pero palpable.
—¿Ya fue Rem por Emilia? —preguntó Subaru.
—Sí, Barusu —respondió Ram con sequedad.
—(Al menos volvió el apodo) —pensó él, aunque no lo dijo en voz alta.
No era momento para sus habituales duelos verbales.
La puerta fluctuó levemente antes de abrirse. Beatrice entró con su vestido rosa habitual y las coletas en forma de taladro balanceándose con cada paso.
—Buen día, Beako —saludó Subaru con una sonrisa suave y un ligero gesto de la mano.
—Tch, molestar a Betty tan temprano… —se quejó ella, pero arrastró una silla hasta la izquierda de Subaru y se sentó.
Sacó un libro de la nada y lo abrió sobre su regazo.
—¿Cómo va el estudio de las matemáticas?
—Supongo que ya domino lo básico —respondió Beatrice, pasando una página con el dedo.
El libro, escrito por Subaru en sus escasos ratos libres, contenía nociones que él mismo había organizado.
Una pequeña ironía: incluso después de obtener el Elden Ring, seguía trabajando como siempre.
—¿Lo básico? —murmuró Subaru con una media sonrisa—. Bueno, eres tú, Beako. Sumar, restar, dividir y multiplicar deben de haber sido muy fáciles para alguien que manipula el espacio-tiempo.
—Betty está más que contenta de que lo entiendas, supongo —dijo ella con un leve tono presumido, aunque sus ojos brillaban con genuino interés.
Ram, curiosa, se inclinó ligeramente para mirar el libro. Frunció el ceño al instante. No entendía nada de aquellos símbolos y fórmulas.
—Veamos… Geometría, sí. Eso también debería resultarte sencillo —continuó Subaru—. Aunque la probabilidad y la estadística tal vez te den algún reto pequeño.
—No subestimes el intelecto de Betty —replicó ella, alejando el libro y devolviéndolo a su regazo.
Subaru sonrió con calidez. Sabía que Beatrice absorbería esos conceptos en pocos días.
Le recordaba a Ranni: otra genio que devoraba las matemáticas y la física con facilidad pasmosa.
—Barusu —intervino Ram de pronto, con una mueca de asombro disimulado—. ¿De verdad escribiste ese libro en menos de cuatro días?
—Bueno, sí. No fue tan difícil. Ya lo tenía todo en la mente. Lo escribí con un poco de magia mientras estudiaba con Beako.
Ram lo miró fijamente, como si intentara encajar esa información con la imagen que tenía de él.
—Eres bastante humilde ante el hecho de escribir un libro.
—Quizá —respondió Subaru con un gesto ligero de la mano, restándole importancia—. Ya escribí antes libros para una Bruja. Tengo algo de experiencia.
Beatrice guardó silencio. Ella sabía a qué Bruja se refería. Ram, en cambio, se quedó petrificada por un segundo.
“Bruja”. Esa palabra era un tabú enorme en estas tierras.
—¿Tú…? —la voz de Ram se cortó ligeramente, teñida de incredulidad y tensión.
—Oh —Subaru se dio cuenta de su error al ver la expresión de Ram.
—Betty ve que el supuesto señor es algo despistado —intervino Beatrice con tono burlón, aligerando un poco el ambiente.
—Por Melina, tienes razón —suspiró Subaru, visiblemente cansado. Miró a Ram con seriedad—. Cuando hablo de Bruja, no me refiero a las Brujas de estas tierras, Ram.
—¿De dónde más serían? —preguntó ella, claramente confundida.
—Sé que tienes preguntas. Te las responderé más tarde.
Antes de que Ram pudiera insistir, la puerta se abrió de nuevo.
Rem entró acompañada de Emilia y Puck. Ram intercambió una mirada rápida con su hermana y luego observó de reojo a Subaru.
—Me debes más respuestas, señor —murmuró Ram en voz baja, pero firme.
—Lo sé —respondió Subaru con una ligera sonrisa—. Las tendrás.
La voz de Emilia cambió bruscamente su atención, apartándola de los pequeños susurros que compartía con Ram.
—¡Buenos días, Subaru!
Desde que supo su nombre, parecía mucho más alegre que de costumbre.
Aunque, claro, el día anterior se había quejado con él por haberle mentido.
—Buen día, Emilia. Tan radiante como siempre.
—No crea, señor —remarcó la palabra con intención—. Que eso hará que olvide su mentira.
—No fue una mentira —aclaró Subaru.
—¿Cómo no lo sería? —replicó la semielfa, cruzando los brazos con firmeza.
Puck se quedó flotando a su derecha, sin intervenir, aunque imitó el gesto de brazos cruzados con una expresión burlona.
Rem se desplazó discretamente hacia la derecha de Subaru. Quería colocarse a su izquierda, cerca de él, pero Beatrice ya había reclamado ese lugar.
Mientras Subaru y Emilia intercambiaban palabras, las gemelas hablaban en voz baja.
—Nee-sama… —la oni de cabello azul se veía ligeramente inquieta.
—¿Uh? ¿En serio, hermanita mía? —Ram captó al instante su movimiento corporal y esa expresión suplicante.
—Por favor —juntó las manos en un gesto de súplica.
—Este hombre te ha corrompido, Rem —murmuró Ram, aunque con honestidad, e intercambió su lugar con su hermana.
El cambio de posición no pasó desapercibido para Beatrice, aunque la gran espíritu no comentó nada al respecto.
Subaru seguía concentrado en Emilia, dejando de lado vigilar su alrededor, por lo que no se percató.
Rem rebosaba energía y felicidad, aunque lo disimuló con maestría mientras se quedaba a la derecha de Subaru.
—Gracias, nee-sama —le sonrió con calidez.
—Solo no hagas que me arrepienta —susurró Ram, ya resignada a que su hermanita era un caso perdido.
Entonces, la voz de Subaru se elevó un poco más, atrayendo la atención de todos en la sala.
Era hora de abordar el tema en cuestión.
—¡Bien! Vamos a tratar un problema… o bueno, dos.
Observó a todos los presentes y se topó con Rem, ahora muy cerca de él a su derecha.
—(¿Eh? ¿Cómo llegó ahí?) — pensó confundido.
A pesar de ello, le dedicó una sonrisa y no dijo nada más.
—Cierto, Subaru —habló Emilia primero—. ¿De qué querías hablar?
—Bueno, esto es algo un poco difícil de explicar. ¿Recuerdas a Elsa? —tanteó el terreno con cuidado.
—Sí. ¿No fue la asesina que acabó con Adelheid? Ese destello de luz pensé que me dejaría ciega —puso el dedo índice en su barbilla, con expresión pensativa.
—Bueno… —Subaru extendió las manos en un gesto conciliador—. Elsa está viva y ahora es algo así como un espíritu bajo mi servicio.
—¿Eh? —Emilia ladeó la cabeza, claramente confundida.
Al mismo tiempo, Rem desvió la mirada hacia él con la misma expresión de sorpresa.
Puck miró a Beatrice, quien parecía saberlo de antemano, y luego observó a la sirvienta de cabello rosa, que permanecía tranquila.
—(Con que ya lo sabían…) —analizo en su mente antes de guardar silencio.
—¿Puedes explicarlo un poco mejor, Subaru-kun? —añadió Rem.
—Por supuesto, Rem —le dedicó una pequeña sonrisa antes de dar un paso adelante, colocándose más en el centro—. Tengo cierta habilidad. Puedes llamarla Bendición Divina si eso te ayuda a entenderlo mejor, aunque lo dudo dada la naturaleza de lo que estoy hablando —sacudió ligeramente la cabeza para enfocarse—. Esta habilidad me fue enseñada por una dulce mujer.
Al mencionar a la “dulce mujer”, la expresión de Rem se agrió un poco.
Aunque enseguida se resguardo en su mente.
—(Subaru-kun ya está comprometido. Rem piensa que esta otra mujer no significa nada realmente para él.)
Claro que, ese mismo pensamiento la llevó a cuestionarse qué era exactamente lo que sentía por un hombre comprometido.
Rem se dio cuenta de que no era el momento ni el lugar para pensar en eso, ya que Subaru seguía hablando.
—Roderika es una Sintonizadora Espiritual. Ya hablé con Beako sobre esto. Puedo, y esto es lo importante, mejorar a los espíritus de estas tierras.
Dejó una pausa para que Emilia pudiera asimilar el concepto.
Puck se veía bastante sorprendido.
—¿Mejorar a los espíritus…? —susurró, aunque Emilia, a su lado, lo escuchó.
Rem y Ram parecían más comprensivas.
Su educación, aunque limitada por su posición de sirvientas, había sido excelente, pues servían al Mago de la Corte.
Eso exigía mucho más de la servidumbre que la media de la nobleza.
Sin embargo, todos, excepto Beatrice, tenían la misma pregunta crucial en mente:
“¿Realmente existe una habilidad así?”
De ahí surgían más y más interrogantes. Una destacaba especialmente dolorosa:
“¿De dónde viene realmente Subaru?”
Debido a esa habilidad, Ram pensó que tal vez provendría de Gusteko, la nación que veneraba a los espíritus.
Pero Subaru no compartía muchas características con los habitantes de allí.
Incluso si fuera de Gusteko, lo diría, ¿no? En vez de referirse a “estas tierras”.
Siempre daba la impresión de venir de un lugar mucho más lejano… pero solo existían cuatro naciones.
Ram abrió los ojos un poco más al llegar a esa conclusión.
—(El As no es de “aquí”, ¿cierto?) —se cuestionó en secreto.
Eso explicaría tantas cosas. Subaru continuó con su discurso.
—Por consecuencia, tengo la capacidad —expresó de manera lenta y pausada para que todos lo siguieran— de transformar a personas y animales con cierta fuerza de voluntad en espíritus.
Dejó caer la revelación. Las ondas se extendieron por la sala hasta que cada uno las sintió en carne propia.
—¿Eso… es posible? —preguntó Emilia con duda, desviando la mirada hacia Puck.
Él solo negó con la cabeza. No lo sabía.
Entonces, la semielfa buscó la mente más brillante de la habitación: Beatrice.
La gran espíritu sintió su mirada y, a regañadientes, dejó el libro de matemáticas.
—Escuchen —dijo con contundencia, sin ganas de repetirlo—. Lo que dice Subaru es cierto. Betty ya tuvo tiempo de estudiar el nuevo estado de la escoria asesina. De hecho, es un espíritu en todo aspecto.
Aquella sentencia cerró el espacio de la especulación y lo llevó al terreno de lo seguro.
Puck tenía ahora muchas preguntas en mente. Si Madre tuviera acceso a esta habilidad… ¿obtendría también la inmortalidad que tanto perseguía?
Aquello le provocó un sudor frío.
—Subaru-kun —habló Rem, levantando la mano.
Ese gesto le pareció tierno a Subaru.
—No hace falta levantar la mano, Rem.
—Eh, sí… —sintió un poco de vergüenza, pero continuó—. Entonces, Rem comprende que Elsa, la asesina que se encontraron en la capital, tenía la suficiente voluntad para resistir la transformación en espíritu. ¿Está en lo correcto?
—¡Excelente audiencia, Rem! —sin pensarlo, como un viejo hábito, Subaru le puso una mano en la cabeza y le dio una suave palmadita.
Rem se quedó quieta, como una sirvienta asustada, pero… en realidad le gustó el contacto físico y el calor de su mano.
—(Es grande…) — y sus ideas tomaron un rumbo ligeramente equivocado.
Todos lo notaron. Emilia comenzó a hacer un leve puchero.
—Yo también quiero… —se quejó en voz baja la semielfa.
Puck solo pudo suspirar resignado. Al parecer, su hija ya había sido contaminada por la plaga llamada Subaru Natsuki.
Ram tosió discretamente.
—Si el “señor” ya terminó de manosear a mi hermanita, deberíamos seguir con el tema.
Subaru sonrió sin un ápice de vergüenza, mientras Rem bajaba la mirada, sintiendo cómo le ardía el rostro.
—Cierto —se alejó un paso de Rem—. Debido a la naturaleza de los espíritus que creo, Elsa no puede hacerme daño a mí ni a quienes yo designe. En última instancia, está bajo mi control.
—Si eso es así… —añadió Emilia, algo más tranquila tras ver que los dos se separaban— Elsa no sería un problema y no sería necesaria esta discusión, ¿cierto?
La semielfa recibió varios pares de miradas que la hicieron sentir confundida.
—¿Por qué me miran así? —se quejó en voz baja.
Subaru tosió esta vez. No esperaba que la despistada semielfa fuera directo al punto.
—(Ah, crecen tan rápido) —tenia un toque de orgullo, después de todo, la había estado guiando estos últimos días.
Aunque debía admitir que su papel como consejero no había sido del todo bueno. Se había distraído con Beatrice y sus estudios.
—Ejem, no es nada, Emilia. Y tienes razón. La cuestión es que Elsa tenía una hermanita: Meili.
—¿Meili también es una asesina, señor? —preguntó Ram, cruzando los brazos.
Ya la había visto el día anterior. No tendría más de doce años.
—Me temo que sí.
Ante la respuesta, Emilia sintió tristeza por la pequeña. A su edad, no debería ser una asesina, sino jugar y divertirse. Eso pensaba la semielfa con total sinceridad.
—Meili… ¿ella está bien, Subaru? —preguntó con un tono de genuina preocupación.
Él se permitió admirar por un momento el altruismo inocente de Emilia. Era muy puro y sincero.
Claro que, su lado pragmático —el Elden Lord— veía en ello una gran debilidad explotable, sobre todo en política.
—(Bueno, para eso estoy aquí) —concluyó en su mente antes de responder.
—Meili está bien. Ayer, en mi salida con Rem, Elsa pudo verla en el pueblo.
—¿Y qué haría la hermana de la asesina en Arlam? —cuestionó Puck.
—Buscaba venganza.
Eso enfrió la sala varios grados. Incluso Emilia, que quería hablar más, guardó silencio. Recordó el aura dominante de Elsa.
Si bien Adelheid y Subaru la habían derrotado con relativa rapidez, la semielfa tenía una idea bastante clara de su verdadera fuerza.
Ram, siendo la más realista, habló:
—Así que, como no podía acabar con la Santa Espadachín, fue con quienes sí podía.
Miró a Emilia y luego a Subaru.
Este asintió, confirmando su teoría. Era lo más lógico.
Adelheid era simplemente peor que una fuerza de la naturaleza, y Subaru actualmente ni siquiera era la sombra de lo que había sido.
—Pero Elsa habló con ella anoche. Yo hablé con Meili esta mañana. Como su hermana sigue viva, por así decirlo, Meili no hará nada contra la mansión ni contra nosotros.
—Subaru-kun, ¿podemos confiar en sus palabras? Rem se siente un poco insegura al respecto.
—Gracias por preguntar. No es cuestión de confianza, sino de hechos. Tengo a Elsa como mi espíritu y, debido a la naturaleza de mi arte —el que adquirí de Roderika—, no puede alejarse mucho de mí.
—Ya veo. Eso corta su línea de escape, al no poder subsistir sin ti, Barusu.
—Tan elocuente como siempre, Ram.
—Mmh, Subaru —levantó la mano Emilia.
—(Oh vamos, dije que no era necesario.) Dime, Emilia —respondió con amabilidad.
—Meili… ella… ¿es igual de sádica que Elsa?
Subaru guardó un breve silencio mientras pensaba en la niña.
Era casi un caso típico de nula guía moral y ética. Según Elsa, antes de encontrarla, Meili había sobrevivido en la naturaleza gracias a las mabestias.
Aunque “cuidada” era una palabra generosa. Más bien, su Bendición Divina le permitía comunicarse con ellas y así evitar que la mataran.
Para cuando la encontró la loca de Elsa, Meili era más mabestia que humana.
Y la guía de Elsa tampoco había sido moralmente equilibrada.
En conclusión, para Subaru, Meili era simplemente una niña pequeña perdida.
No negaría que sus manos estaban llenas de sangre.
Si un familiar de alguna víctima buscara venganza contra ella… Subaru dejaría que la mataran.
El Elden Lord ya no era una blanca paloma y sabía que hay cosas que solo se pagan con sangre.
Eso inevitablemente lo llevó a recordar todos los problemas que había tenido que lidiar en la Mesa Redonda y con otros Sinluz que buscaban su guía.
—¿Subaru? —la voz de Emilia lo trajo de vuelta al presente.
—(Ya pensaré en ello más tarde.)
No, Meili no está igual de loca que Elsa. Es… en esencia, una niña que necesita guía.
Ram bufó ante aquello.
—Eso no cambia el hecho de que posiblemente ya haya asesinado personas.
—(Bueno, Ram piensa igual que yo) — anotó Subaru mentalmente.
—¡Pero! —Emilia parecía querer defenderla—. Si la guiamos mejor, ¿no podría volver al camino correcto?
Rem se quedó pensativa. No pudo evitar mirar de reojo a Subaru.
—(Si él no me hubiera abierto los ojos… ¿no seguiría perdida?)
Sin darse cuenta, Rem estaba colocando al hombre que la salvó en un pedestal muy alto.
—Puede redimirse —habló Subaru a favor de Emilia—. Está claro que sí, pero tampoco podemos olvidar su pasado.
Emilia se alegró al principio, pero a mitad del discurso se quedó conflictuada.
Sí, no había manera de ignorar su pasado.
—Bien —Subaru aplaudió una vez—. Con todo esto dicho, la cuestión es si podemos recibir a Meili en la mansión. Elsa… bueno, ya vive conmigo y tampoco es que pueda dejarla ir.
Al final, se quedaron un rato más hablando sobre el tema.
Para Subaru, la imagen se superpuso con una del pasado: él en el asiento principal del Castillo de Velo Tormentoso, rodeado de los Sinluz que le seguían, debatiendo qué hacer con Necrolimbo y sus territorios.
—(Uh, la nostalgia es una enfermedad) — pensó con pesimismo el Elden Lord.
Decisión final: Meili se quedaría en la mansión con Elsa.
Vigilancia: Rem, Subaru y Beatrice.
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| Mansión Roswaal — Tarde, Día 4 |
La mañana había transcurrido con relativa tranquilidad después del incidente con Elsa y Meili.
Emilia había insistido en pasar tiempo con la niña, por lo que Rem permanecía allí de guardia mientras Beatrice y Subaru continuaban con su sesión de estudio diaria.
En resumen: a Emilia le agradaba Meili. Elsa, en cambio… era un tema aparte.
El choque entre el cinismo sádico de la asesina y la inocencia de la niña había resultado bastante desagradable, según le contó Rem más tarde.
Incluso había tenido que intervenir para evitar que ambas llegaran al combate.
“Como agua y aceite”, supuso Subaru.
—Vale, es un día normal y corriente —murmuró al azar mientras caminaba por el jardín sin preocupación alguna.
Entonces, Subaru sintió que acababa de levantar una bandera.
—Imbécil… —se palmeó la frente con desgana.
Era una vieja costumbre que le venía desde las Tierras Intermedias.
Se puso ligeramente nervioso. Ya no se trataba solo de elevar una bandera. Ahora lo sabía.
Era intuición. Sobre todo en un ser como él. Aunque volviera a ser humano, sus sentidos extrasensoriales seguían siendo divinos.
Y el Elden Ring no hacía más que confirmar su teoría.
Un aire extraño flotaba en el ambiente.
—Algo no cuadra…
De pronto, un destello violento invadió su mente.
Su respiración se aceleró y un temblor recorrió sus brazos y piernas. Sabía exactamente qué era: el Regreso de la Muerte.
—(Rem…)
Vio con claridad la escena que aún no había ocurrido: Rem lanzándole la estrella de la mañana con los ojos llenos de rabia y dolor. Su propia voz gritando mientras esquivaba.
El cabezazo que abrió la frente de ambos. La sangre corriendo por sus rostros.
Recordó cómo Rem se derrumbó al escuchar sus palabras, cómo se mordía el labio hasta hacerse sangre mientras luchaba contra años de culpa y autodesprecio.
La bofetada que hizo caer el arma. Las lágrimas mezcladas con carmesí.
Y luego… ese momento.
—«¡Rem es Rem! ¡Rem es genial, trabajadora, eficiente! ¡Rem es hermosa! ¡Rem es más que suficiente!»
La mano temblorosa de Rem alzándose lentamente hasta tocar la suya. El apretón firme. La primera sonrisa real de ella después de tanto tiempo.
—«Yo… Yo soy Rem.»
Subaru sintió un nudo ardiente en el pecho.
—(No dejaré que vuelva a dudar de sí misma de esa forma… Esta vez la alcanzaré antes de que el dolor la consuma.)
Casi al mismo tiempo, otro flash mucho más oscuro y brutal lo golpeó.
Corriendo desesperado entre árboles nocturnos. El brazo izquierdo fracturado. La pierna izquierda destrozada por colmillos. Sangre cegándole el ojo derecho.
Night and Flame brillando en su mano mientras cortaba bestias sin parar. Meili inconsciente, atada contra su pecho.
El tabú activándose. Elsa apareciendo para llevarse a la niña. El momento en que se quedó solo, rodeado.
Luego… el final.
Las mabestias cubriéndolo por completo. Mordidas por todas partes. Su cuerpo convertido en una masa sangrante sostenida solo por pura voluntad. El último pensamiento de disculpa hacia Emilia, Rem, Ram, Beatrice y Petra.
Y entonces…
Su cabeza explotando en un estallido rojo. El agujero negro abriéndose donde antes estaba su cráneo. El fuego enfermo, amarillo surcado de destellos naranjas enfermizos.
Su propia voz distorsionada retumbando por todo el bosque:
—«Quemaré a todas las mabestias.»
«Un Presente Inconcebible».
El frío antinatural y el calor abrasador se mezclaron en su memoria como si lo estuviera viviendo de nuevo.
Subaru apretó los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos.
—(Esa muerte… no volverá a suceder. Ni esa, ni que Rem tenga que verme morir de esa forma. Cambiaré el futuro antes de que llegue.)
Esa era la maldición del Regreso por la Muerte… y, a la vez, su bendición.
Si estuviera en las Tierras Intermedias, lo hecho, hecho estaría.
Aquí, en cambio, tenía la opción de cambiar lo que aún no había ocurrido.
Subaru se calmó primero y ante todo.
El Elden Lord enfrió su mente. Debía hacerlo.
Entonces, organizó lo que sabía del futuro.
—Primero: los niños. Fueron secuestrados por una asesina enviada por la misma organización a la que pertenecían Meili y Elsa.
Cambió su andar despreocupado por un paso decidido y se dirigió hacia la biblioteca.
—Sithonia, una mujer de ardiente cabello rojo, hermana mayor de Elsa… —susurró al recordarla.
La recordaba perfectamente. Anoche —o más bien esta madrugada— había combatido contra ella junto a Elsa y Rem.
No había sido especialmente difícil, solo tedioso por la cantidad de venenos que usaba.
Por suerte, la Runa de Radahn había purificado el veneno en su cuerpo. Si era capaz de detener el avance de la Putrefacción Escarlata —en cierta medida— unos simples venenos no eran nada.
Rem contaba con su resistencia oni y Elsa… estaba muerta y convertida en espíritu.
—Lo que de verdad condenó todo fue la mabestia perdida de Meili.
Esa mabestia alfa que había asustado en el pueblo de Arlam.
Trajo consigo una oleada de mabestias de todo tipo.
—Tsk, tanto por tener en cuenta…
Entró a la mansión con paso rápido.
No tardó en llegar a la Biblioteca Prohibida.
Abrió la puerta con la familiaridad de quien entra en su propia casa.
Hacía mucho que el movimiento de la puerta correcta había dejado de importar para Subaru.
Al otro lado, Beatrice seguía estudiando el libro de matemáticas que él le había entregado.
A su lado reposaban hojas en blanco junto a otras cubiertas de cálculos ordenados.
—Hola, Beako. Perdona por molestarte en tu tiempo libre —dijo Subaru, con voz más baja de lo habitual.
—Betty ve que ya tienes un pie dentro. Solo entra —respondió ella sin levantar la vista de inmediato.
Dejó de escribir y se enfocó en él. Beatrice notó al instante la tensión en sus hombros y la sombra que oscurecía sus ojos. Un leve ceño fruncido apareció en su rostro infantil.
—(Algo ocurrió) —pensó ella de inmediato.
—Verás, necesito tu ayuda.
—¿En qué, supongo? —preguntó, levantándose de la silla con calma deliberada.
Aunque su mente corría con interrogantes sobre por qué se veía tan agitado a pesar de su aparente serenidad.
Y si algo definía a Beatrice, era su naturaleza observadora. Igual que Echidna.
—Beatrice —llamarla por su nombre completo, sin el apodo, despejó por completo la mente de la Gran Espíritu. Se puso atenta al instante—. Has acumulado poder durante cuatrocientos años, ¿no?
Ella entrecerró los ojos con ligera sospecha, pero respondió con honestidad.
—Betty lo ha hecho, de hecho. ¿Por qué?
—Puede que necesite tu asistencia para un cometa más tarde.
—¿Cómo que “cometa”, Subaru?
Él le sonrió de manera relajada, aunque la sonrisa no llegó del todo a sus ojos.
—Mi espada tiene hechizos poderosos, Beatrice. Pero, como puedes adivinar, no tengo la energía suficiente para activarlos de forma práctica.
Subaru se acercó a Night and Flame, que descansaba recargada contra la pared de la biblioteca. Era el único lugar donde se permitía dejarla, al cuidado de Beatrice.
La tomó con calma y, en un movimiento sencillo, cambió de sostener la empuñadura a sostener la hoja. La volteó para que ella pudiera tomarla por el mango.
—Empuñala. Siente su esencia y su poder. Es un arma que también resistió el enorme poder de Adelheid, la Santa Espadachín.
Beatrice observó fijamente la espada que Subaru sostenía por la hoja.
Los huecos en la hoja formaban patrones extraños pero claros, como si la propia arma guardara secretos.
Aunque parecía más ornamental que funcional, siendo el arma del Elden Lord, ella esperaba cualquier cosa.
Estiró su mano derecha. A pesar de su cuerpo pequeño, no le faltaba fuerza para sostenerla.
Cuando sus dedos rozaron la empuñadura, dos destellos nítidos invadieron su mente.
Uno fue de llamas puras y voraces.
El otro, mucho más profundo: una corriente primigenia de tonos verdosos, azules y destellos de estrellas lejanas.
—Beatrice, no veas demasiado “eso” —advirtió Subaru con voz suave pero firme.
La voz lo trajo de vuelta. Sus dedos ya se habían cerrado alrededor de la empuñadura y sostenía la espada sin esfuerzo.
El arma no pesaba nada. Era como sostener una pluma.
—Betty debe preguntar… —su tono sonó confuso e impactado al mismo tiempo—. ¿Qué fue eso, supongo?
—Acabas de ver un destello de la Corriente Primigenia. De ahí viene la inspiración para el Cometa, el hechizo en la espada.
Beatrice contempló la espada en su mano con suma atención, casi hipnotizada. Subaru notó el peligro a tiempo.
—Beatrice, ver la Corriente Primigenia podría volverte loca, desesperada o incluso catatónica. No es algo que puedas entender por completo. No te pierdas en eso. Es un arte prohibido. Y créeme, he visto las consecuencias.
Ella tomó un poco de aire, bajó la espada y la punta tocó el suelo con facilidad, atravesando ligeramente la madera. Se quedó en silencio un segundo, procesando sus palabras.
—Es un poco cruel mostrarle esto a Betty y luego decirle que no investigue —comentó con un leve tono de reproche—. Sabes de quién soy hija.
—Lo sé —respondió Subaru con convicción. Dio dos pasos más cerca de ella—. Pero créeme, no es algo que puedas hacer sola. Podemos caminar juntos en ello para no perdernos. ¿Recuerdas a Ranni, no?
—Betty lo tiene muy presente. Tu segunda prometida.
—En efecto —asintió con la cabeza y señaló la espada—. Ella me ha ayudado a investigar la Corriente Primigenia. Una vez estuvo a punto de volverse glintstone, energía hecha material. No quiero que te ocurra lo mismo o…
Subaru recordó a su maestra, Sellen, convertida en una aberración esférica. Incluso hoy, no había podido devolverla del todo a su forma humana —aunque tenía un par de ideas gracias a Ranni—.
Beatrice sintió la verdadera emoción y la advertencia sincera en sus palabras.
—Betty lo entiende. No está tan loca como Madre como para hacer eso, supongo.
Subaru dejó escapar un suspiro de alivio que ni siquiera se había dado cuenta de contener.
Entonces ella observó de nuevo la espada.
—Bien, entonces, ¿qué quieres que haga Betty exactamente? Te ves sospechoso.
—Esto tiene que ver con el Tabú y mi autoridad dada por Envidia.
—Mmh —Beatrice se veía pensativa mientras levantaba la espada con ambas manos—. ¿Llegó la hora de investigar los límites del Tabú para que Betty pueda entender tu situación?
—Me temo que sí. Aunque eso podría traerme problemas con Rem, es necesario. Soy un manjar para las mabestias debido al miasma, ¿no?
—Ya veo. Algo ocurrirá con mabestias… —interpretó ella a partir de esa información—. Betty está más que lista para estudiar el Tabú, supongo.
—¡Bien! Sabía que podía contar contigo. Verás, yo puedo regresar de…
Así, se pasaron una hora entera explorando los límites del Tabú, mientras Subaru, entre explicaciones, convencía a Satella de no tocarlo en lugares indebidos.
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Subaru salió de la Biblioteca Prohibida junto a Beatrice.
Ella ya sabía, más o menos por conjeturas, lo que estaba por venir.
No le entusiasmaba tener que abandonar la mansión, pero cualquier cosa era mejor que ver a Subaru convertido en el avatar de aquella llama amarilla enfermiza.
Además, el Tabú no le impedía hablar de lo que ya había ocurrido en las Tierras Intermedias.
Era una pequeña laguna legal que Beatrice había aprovechado para extrapolar, a partir de sugerencias inconclusas, lo que podría suceder en el futuro.
—Ya sabes qué hacer, Beatrice —dijo Subaru mientras caminaban por el pasillo, con ella a su derecha.
—Betty lo sabe, no te preocupes. El punto ahora es… esa sirvienta.
—Rem.
Y es que, a causa de toda la experimentación con el Tabú, Subaru ya no olía simplemente a miasma.
Apestaba a él de forma lodosa y asquerosa, un hedor espeso que impregnaba el aire.
—¿Cuánto crees que tarde ella en…? —No pudo terminar la pregunta.
Rem apareció de pronto en la entrada del pasillo, con las escaleras a su espalda y la estrella de la mañana ya lista en sus manos.
—¿Subaru-kun? —su voz tembló.
Sus ojos se llenaron de incredulidad y horror al ver la imagen. No podían concebir que Subaru fuera la fuente de aquel miasma nauseabundo que casi la hacía vomitar.
—Tú… —acusó Rem, sintiéndose traicionada y humillada en lo más profundo.
—¡Espera, Rem! Puedo explicarlo, dame u…
—¡Maldito cultista! —gritó ella, lanzando su estrella con fuerza.
Subaru esquivó con un paso lateral. Al mismo tiempo, Beatrice le arrojó Night and Flame. Él la sujetó en el aire y la cadena de Rem resonó con violencia.
La estrella regresaba veloz hacia la mano de su dueña, pero Subaru estaba en su trayectoria.
Tuvo que agacharse casi a ras de suelo para evitar el golpe de la retracción.
—¡TÚ! —señaló Rem con el dedo, temblando de rabia—. ¡Me hiciste confiar en ti!
—Betty ve que no entenderá palabras, Subaru —dijo Beatrice en el mismo instante en que el cuerno comenzaba a manifestarse en la frente de Rem.
—Parece que no… —murmuró él, con expresión complicada. No quería hacerle daño.
—No hay opción. La sacaré de la mansión —elevó su mano derecha, listo para expulsarla.
—Espera, Beatrice. Teletranspórtame con ella.
—¿Estás seguro, Subaru? —preguntó ella, mirándolo con un atisbo de duda.
Si tuviera que ponerlo en una balanza, Rem con el cuerno activado pesaba mucho más que el Elden Lord en su estado actual.
—Lo estoy. No te preocupes. Tú ve con Ram y Emilia y llévalas al pueblo de Arlam. Haz que Emilia levante el muro de hielo antes del anochecer.
—¿Qué hay de los niños? —preguntó Rem, que ya había terminado de prepararse al mismo tiempo que la instrucción de Beatrice.
—Envía a Meili y a Elsa. Me encontraré con ellas en el bosque una vez que termine con Rem.
Beatrice lo miró por última vez. No hacían falta más palabras.
La madera del suelo se hizo trizas bajo los pies de Rem, que se lanzó al frente con toda su fuerza. Subaru tenía la espada en alto con ambas manos.
Lo último que observó Beatrice fue a Subaru recibiendo el ataque de la estrella con Night and Flame.
—Tch, incluso entonces…
Ambos desaparecieron ante sus ojos en un instante.
—Sigues con una sonrisa. Betty cree que eres irritante —murmuró ella, aunque también sonrió, nerviosa pero clara.
Tenía una tarea que cumplir, así que sus pasos resonaron con decisión en el pasillo vacío.
…
La estrella de la mañana rebotó contra Night and Flame con un estruendo metálico.
Rem y Subaru aparecieron en el pasillo trasero de la mansión. El rebote del arma de Rem destruyó la fuente del jardín en una explosión de agua y piedra.
—¡TÚ, TÚ! —gritó Rem, completamente fuera de sí. No podía contener la tormenta de ira, traición y tristeza que la consumía.
—(Rem de verdad comenzó a creer en Subaru…) —pensó ella en el fondo de su mente.
Subaru guardó silencio. Hablar con Rem en ese estado era inútil. Adoptó una postura firme con la espada, listo para recibir sus ataques.
Ella no se hizo esperar. La cadena resonó de nuevo y la bola con puntas filosas voló hacia él.
Usando la hoja, Subaru logró que el ataque resbalara por el metal divino.
Las puntas de la estrella se fracturaron bajo la pureza de Night and Flame.
En ese punto, el arma de Rem tenía pocos picos intactos. Los dos rebotes anteriores ya habían debilitado gravemente el metal.
Era, simplemente, una diferencia abismal en la calidad de sus armas.
Los dientes de Rem rechinaron con fuerza. Subaru pensó que quizás su mandíbula se dislocaría por la presión.
Ella retrajo la estrella y se lanzó al frente una vez más. Subaru retrocedió varios pasos, esquivando con movimientos calculados la estrella giratoria a su alrededor.
Entonces, las cadenas resonaron de nuevo. Rem le había tendido una trampa.
—Jah, eres buena —masculló él entre dientes.
Las cadenas habían quedado enredadas detrás de sus piernas. Con un tirón brusco, Rem lo hizo caer al suelo. Ella saltó y estiró su puño izquierdo, directo hacia su rostro.
Subaru esquivó hacia la derecha. El puño de Rem pasó rozando su mejilla, dejando un corte superficial por la fricción del aire.
Ahí, tan cerca, sus ojos se encontraron.
—(¿¡Por qué, Subaru-kun!?) —gritaron los ojos de Rem bajo la furia Oni.
Antes de que pudiera reaccionar, ella lanzó el puño izquierdo con más fuerza y lo impactó de lleno en la cara. El dolor ardió en toda su mejilla.
Subaru contrajo las piernas y pateó el abdomen de Rem, lanzándola contra la fuente rota.
De un salto se levantó, espada en mano. Rem también se incorporó.
Su traje de sirvienta estaba sucio de agua y polvo, pero no mostraba heridas visibles.
Sin embargo, en secreto sentía el abdomen arder por la doble patada.
—¡El Huma!
Creó proyectiles de hielo y los lanzó rápidamente contra Subaru. Él abrió los ojos con reconocimiento ante la rapidez del ataque.
Usando la Runa de Godrick y magia Yin, se preparó en un parpadeo.
—Murak —murmuró. La gravedad dejó de afectarle de la misma manera, otorgándole mayor velocidad y agilidad.
Esquivó las estacas de hielo mientras corría en círculo hacia la derecha, con Rem en el centro.
Fue inevitable que varias estacas impactaran contra la fachada de la mansión.
—(Luego me arreglaré con Roswaal) —pensó brevemente antes de que Rem lanzara de nuevo la estrella.
Calculó la distancia: cinco metros. La cadena era absurdamente larga.
Esta vez la recibió de frente. Con un tajo vertical, Night and Flame partió la estrella en dos.
Los dos pedazos levantaron el aire junto a sus mejillas y se estrellaron detrás de él.
Ahí, con la espada en alto, observó a Rem.
—¡Maldito!
Ella retrajo la cadena y la envolvió alrededor de sus puños.
—(Sí, no sería tan fácil) —Subaru fue a recibirla de frente.
Tuvo que usar la espada como escudo para no herir los puños de Rem con el filo. Cada golpe hizo que sus brazos se entumecieran.
—(¡Qué fuerza tiene con el cuerno!)
Entonces Rem lo sorprendió. Estiró la cadena detrás de él y la jaló hacia sí.
Subaru se preparó para esquivar, pero no vio que ella había formado un círculo con la cadena.
Este se cerró alrededor de su cuello. Rem apretó con todas sus fuerzas.
Subaru sintió la asfixia durante unos segundos antes de elevar la espada y cortar la cadena de un tajo.
Ella no se rindió y le dio una patada en el costado izquierdo. Sintió crujir sus costillas y salió volando.
Se estrelló contra la tierra y rodó varios metros. Cuando levantó el rostro, Rem ya estaba encima de él. Su puño impactó de lleno en su cara. Esta vez sintió cómo su nariz se fracturaba y un chorro de sangre brotó.
—(¡Eso fue!) —apretó la mandíbula. —(Un poco más y ese golpe me hubiera dejado inconsciente.)
El impacto fue tan fuerte que lo levantó del suelo.
Para evitar volar más, clavó la espada en la tierra y se detuvo.
Apenas sus pies tocaron el suelo, sintió la brisa que anunciaba el siguiente ataque de Rem.
Esquivó hacia la izquierda, levantó el pomo de la espada y golpeó el pecho de Rem justo entre sus senos y el cuello.
El sonido fue escalofriante. Parecía haber fracturado varios huesos.
—(Bueno, pudo ser peor.)
Y lo habría sido si no hubiera contenido su fuerza. Incluso el pomo de Night and Flame podría haber atravesado su carne con facilidad.
Rem cayó al suelo, sujetándose el pecho. Al revisarla, Subaru se dio cuenta de que había abierto una hendidura en su carne. La sangre brotaba con fuerza.
Dejó escapar un suspiro pesado.
—No quería herirte tanto.
Rem luchaba por respirar, pero levantó la vista hacia él.
—¡Tú! Yo…
No podía hablar. Le faltaba aire. El cuerno intentaba reparar el daño mientras ella usaba magia de agua para curarse, pero el oxígeno no llegaba a sus pulmones.
—Te vas a desmayar. Te lo prometo, Rem, al despertar hablaremos.
—¡Maldito cultista! —escupió sangre a los pies de Subaru.
Él se quedó frío al notar algo.
—(De verdad se está recuperando…) —Sus ojos mostraron sorpresa.
Rem poseía una excelente regeneración, pero Subaru no podía permitir que continuara.
—Lo siento, Rem —extendió su mano derecha y golpeó con fuerza medida la base de su nuca.
Antes de caer inconsciente, Rem susurró, ya sin el odio anterior:
—Subaru-kun…
Subaru cerró los ojos un momento. Fue más difícil de lo que había anticipado.
—Ni siquiera en el futuro fue tan feroz. Bueno, fue por culpa del miasma.
A diferencia de la Rem de aquella noche, a la que pudo abrir los ojos, esta simplemente se había entregado al odio por el miasma. Aun así, él lo notó. Ese último llamado con su nombre.
—Aun crees en mí, Rem. No traicionaré tu confianza.
Enfundó Night and Flame en su cintura, del lado izquierdo. Luego extendió su mano derecha sobre ella.
El brillo dorado del Elden Ring la envolvió, y usó la magia de agua que había aprendido de Beatrice en la última hora para curarla.
—Descansa, Rem.
Después de curarla, la tomó en brazos como a una princesa. El mismo brillo dorado lo envolvió a él, sanando su nariz fracturada y el costado herido.
—Tenemos cosas que hacer aún.
Desvió la mirada hacia la dirección del pueblo de Arlam.
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| Pueblo Arlam |
Rem abrió los ojos lentamente. Lo primero que vio fue un techo de madera sencillo.
—(Rem no reconoce este techo…)
Entonces, los recuerdos regresaron de golpe.
—¡Subaru-kun!
Se incorporó con urgencia y se dio cuenta de que no estaba sola en la habitación.
—Despertaste, hermanita problemática.
Ram estaba sentada a su lado, con un semblante serio pero claramente aliviado. La luz tenue que entraba por la ventana dibujaba sombras suaves sobre su rostro.
—¡Nee-sama, Subaru-kun, él…!
—Calma, Rem. Ya me lo contó todo cuando te trajo. Mira que pelearte con el señor en funciones. ¿Qué tan tonta puedes ser?
Rem sintió que sus mejillas ardían de vergüenza, pero necesitaba defenderse.
—¡Lo hice porque apesta a Miasma de la Bruja!
—Lo sé —interrumpió Ram con calma.
Ambas hermanas se miraron fijamente en silencio.
—Rem. ¿No te has dado cuenta de algo?
—¿Nee-sama? —preguntó ella, aún perdida.
—Incluso cuando apesta a Miasma de la Bruja, incluso después de atacarlo… sigues llamándolo “Subaru-kun”.
Rem abrió los ojos con asombro. No se había percatado de que, desde que despertó, lo había llamado así en lugar de cultista.
Ram dejó que asimilara el detalle antes de continuar.
—Rem, Subaru… ¿te agrada, no?
—Yo n-no podría… Él es… Un…
—No es un cultista. Beatrice-sama lo respalda y Puck-sama también. Por si no fuera poco, Emilia-sama confía en él como su consejero. Rem, él no es un cultista.
—Pero yo ya… Cometí un error y…
Se llevó la mano al pecho. Allí también notó que la herida que él le había causado había sido curada por completo.
Ram añadió más peso a sus palabras.
—Él te curó. Te cargó hasta aquí como a una doncella despistada. Incluso tu ropa está demasiado limpia para lo que describió como “destruir el patio trasero”.
Rem bajó la mirada. Sentía las mejillas arder, pero sobre todo su corazón latía más fuerte y rápido.
—Rem.
Ella reunió valor y levantó la vista hacia su hermana.
—¿Te agrada Subaru, no?
En ese instante, su corazón latió con más fuerza. No podía mentirse a sí misma, ni mentirle a Ram.
—Me agrada…
—Él ya está comprometido, hermanita.
—Lo sé…
—Aun así, ¿te agrada, verdad?
La peli azul asintió con la cabeza. Le dolía saber que Subaru ya pertenecía a otra, pero su corazón, por primera vez egoísta, no quería soltarlo. Sentía que, aunque fuera como compañía distante, deseaba estar a su lado. Era estúpido, cruel consigo misma y con él, pero era lo que sentía.
—Eres un desastre, hermanita. Mira que querer a un hombre que ya tiene mujer.
Rem bajó la mirada, invadida por una vergüenza pura.
—Bueno, no soy quién para juzgarte. Roswaal-sama es el hombre que amo y él sigue obsesionado con alguien que ya está muerto. No es lo mismo, pero… Hermanita.
La voz de Ram llegó más al corazón de Rem que a sus oídos.
—Si lo quieres, ve por él. No me termina de agradar, pero mientras te haga feliz, ¿es realmente importante? Además, ¿cuántas historias de nobles con amantes no hemos escuchado?
—¡Nee-sama! —Rem la miró fijamente—. No creo que Subaru-kun sea ese tipo de noble.
—Mírate, ya lo estás defendiendo. Has caído en sus depravadas garras.
Ram, muy a su pesar, le sonrió con suavidad.
—Rem, si te hace feliz, hazlo.
Rem sintió pequeñas lágrimas asomarse en sus ojos y sonrió de forma genuina.
—Gracias, Nee-sama.
—Ahora, levántate. Tu hombre te necesita.
Rem quiso replicar que Subaru no era su hombre, pero Ram ya se había levantado, sin admitir excusas.
Cuando Rem comenzaba a incorporarse, un estruendo lejano sacudió la casa. Se alarmó y miró a su hermana con urgencia.
—¿Qué fue eso, Nee-sama?
—Tranquila, hermanita. Barusu comenzó su plan junto con Emilia-sama.
—¿Qué plan? —ladeó la cabeza, confundida.
—Están amurallando todo Arlam con hielo.
…
—¡Bien hecho, Emilia! —Subaru levantó el pulgar derecho—. Un muro de seis metros de altura y tres de ancho. Un logro impresionante, sobre todo porque Puck ya se fue a dormir.
Emilia respiraba con dificultad, las mejillas enrojecidas por el esfuerzo. El sudor recorría su frente, pero una gran sonrisa iluminaba su rostro.
—Es lo mínimo que debería hacer para proteger a las personas del pueblo.
La barrera de Roswaal no serviría contra la oleada de mabestias que se aproximaba. Por ello, Subaru le había pedido que amurallara Arlam con hielo. No había tiempo para evacuar a todos a la mansión, y la ola vendría precisamente desde esa dirección.
—¿Cuánto llevan Elsa y Meili fuera?
Emilia respiró hondo antes de responder.
—No mucho tiempo desde que tú llegaste.
Para entonces, Emilia ya había completado los muros del norte —la dirección de la mansión— y del este.
Ocurrió algo que Subaru no había anticipado: Sithonia, la hermana mayor de Elsa, había actuado en plena luz del día. Él había supuesto que el secuestro de los niños ocurriría cerca de la noche, pero no fue así. Esa era una asimetría de información.
El Regreso por la Muerte solo le permitía conocer lo que había visto con sus propios ojos.
—(Cronológicamente, concuerda…)
La vez anterior, una aldeana había alertado a la mansión cerca de la noche, pero al parecer los niños ya llevaban tiempo desaparecidos.
Un detalle que se le escapó, sobre todo considerando que Elsa había tenido una pequeña pelea con Sithonia al llegar a Arlam y la detuvo justo antes de que se llevara a Petra.
Después de eso, esperaron a que Emilia terminara la mitad del trabajo antes de dirigirse al bosque en busca de Sithonia.
En todo esto, Beatrice mantuvo el silencio. Tenía una tarea específica: Subaru le había dado un plano de flujo de energía para sintonizarla con Night and Flame y preparar el hechizo del Cometa.
Antes había tenido que llevarse la espada, pero Beatrice seguía estudiando la teoría. Al llegar al pueblo, se la dejó para que estuviera lista para la noche.
—Descansa, Emilia. Iré con Elsa y Meili una vez que despierte Rem.
—¿No podría Elsa encargarse de ella? Además, no me gusta que Meili fuera…
—Entiendo tu preocupación, pero Meili fue por algo más específico: ver si podía controlar alguna mabestia para llegar al alfa antes de la ola.
—Ya veo… —Emilia se resignó un poco.
Todos tenían papeles que cumplir y ella había terminado el suyo.
Sentía que apenas le quedaba magia después de crear aquellos cuatro enormes muros alrededor de Arlam.
—Hiciste un gran trabajo, Emilia.
—Gracias, Subaru —desvió la mirada, ligeramente avergonzada.
Ambos bajaron del muro de un salto.
El atardecer teñía el cielo de naranja. Los aldeanos se habían confinado en sus casas por orden de Subaru.
Su aura natural de gobernante había resultado especialmente útil.
No encontró mucha resistencia. El clásico “habla con confianza y actúa como si supieras lo que haces” siempre funcionaba.
—(Tengo que enseñarle eso más tarde a Emilia.)
—Subaru, ahí vienen Rem y Ram —dijo Emilia con un tono particular.
Después de todo, aún estaba molesta con Rem por haber atacado a Subaru. Había visto la sangre en su camisa negra y pantalón.
—Señor, traje a Rem.
Rem y Subaru se miraron fijamente a los ojos. Por un momento, todo lo demás dejó de existir y solo quedaron ellos dos.
—¿Cómo estás, Rem? —fue lo primero que dijo Subaru.
Ella sintió ganas de llorar, pero en cambio hizo lo que sabía que a él le gustaría. Sonrió.
—Estoy bien, Subaru-kun.
Luego se inclinó ante él.
—Lo siento por haberte atacado. Rem se someterá a cualquier castigo que considere oportuno después de este problema.
Emilia quiso protestar, pero el arrepentimiento sincero de Rem la detuvo. Intercambió una mirada con Subaru, quien asintió.
Emilia dio un paso al frente.
—Rem, atacaste a mi consejero y a tu señor provisional. ¿Tienes alguna excusa?
—No, Emilia-sama —respondió ella, aún inclinada.
Escuchó los pasos de Emilia hasta que se detuvo frente a ella.
—Levanta la cabeza, Rem.
Obedeció, esperando una mirada de furia, pero solo encontró los ojos amables de la semielfa.
—Admitir tus errores es el primer paso. Estoy segura de que Subaru tampoco te guarda rencor, pero como fuiste una niña mala, vas a recibir un castigo más tarde. ¿Estás de acuerdo?
Algo perdida por la reacción, Rem habló con torpeza.
—En-entendido, Emilia-sama. Rem está de acuerdo.
—¡Bien! Ahora acompaña a Subaru al bosque.
—Rem cumplirá la orden de Emilia-sama.
Avanzó hasta quedar a la izquierda de Subaru.
—Rem.
—Subaru-kun.
Hubo un pequeño silencio entre ellos. Había mucho de qué hablar aún, pero…
—Escuché que me llamaste al quedarte desmayada antes.
Rem sintió una corriente caliente subir por su cuello hasta teñir sus mejillas y orejas.
—¿De verdad?
—Gracias, Rem. Por creer en mí.
—Rem no creyó lo suficiente. Te ataqué, Subaru-kun.
—Está bien, el miasma tuvo la culpa. Rem es asombrosa, bondadosa, amable y servicial en todo. Una excelente cocinera, una sorprendente sirvienta. Siempre tan limpia, recatada y educada. Rem es Rem y me hace feliz saber que, a pesar de todo, puedes confiar en mí.
Rem se puso roja al escuchar los halagos. Antes nunca habría creído nada de eso.
Siempre se había visto como la sombra de Ram, un pálido reemplazo. Pero ahora, después de todo lo ocurrido, sabía que no eran palabras huecas.
El eco de las palabras de Ram la impulsó.
—Subaru-kun… Rem no es tan impresionante.
—Lo eres, Rem. Sé que no lo crees, pero te lo diré hasta que puedas creerlo.
En ese momento, el dudoso corazón de Rem se asentó.
Miró fijamente a Subaru, esos ojos marrones casi oscuros, por primera vez bajo una luz distinta: más brillante que el sol y más amable que la luna.
—¡Ustedes dos! —la voz de Ram retumbó—. Dejen de coquetear y vayan tras la asesina.
Rem desvió la mirada, avergonzada. Subaru se rascó la nuca con una mueca de diversión.
—Sí, Ram. Lo tenemos.
—Tch, qué descaro el tuyo, Barusu. ¿Qué diría tu prometida?
Él solo se encogió de hombros con gesto desinteresado. Para él no era para tanto.
Pero para Rem, era mucho más de lo que debería.
Emilia se quedó en silencio, el cansancio mezclado con su nula experiencia en cuestiones románticas la dejó perdida.
—¿Estaban coqueteando, Ram?
Ram miró a Emilia, sorprendida de que no lo supiera, aunque en el fondo ya lo sospechaba.
Antes de que pudiera responder, Subaru se despidió.
—¡Protejan al pueblo! ¡Vamos, Rem!
Ambos saltaron a la cima del muro y se perdieron en el bosque.
—(Bueno para nada…) —Ram cruzó los brazos, observando a una semielfa aún confundida.
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| Bosque |
Elsa se movía por el bosque como si fuera su segundo hogar. No había nada que no pudiera rastrear con facilidad.
Había dejado a Meili en la cueva anterior para que enviara a sus mabestias en busca del alfa que había escapado.
Entonces, sus pensamientos volvieron a su hermana mayor, Sithonia, quien en teoría debería estar muerta.
—(Al parecer Madre te ocultó y te mantuvo trabajando en la oscuridad…) — se quejó en su mente.
Si hubiera sabido que seguía con vida, al igual que con Meili, la habría buscado para ayudarla.
Verla en Arlam había dejado a Elsa en shock.
Ella, que siempre mantenía la compostura, no lo logró esta vez.
Si no fuera por la voz de Meili, que la sacó del aturdimiento, su pequeña hermana podría haber muerto a manos de Sithonia.
—Parece que nunca me voy a aburrir al lado de Subaru.
Menos de una semana a su lado y ya conocía la resurrección. Ahora, además, veía gente que debería estar muerta.
Mientras saltaba de rama en rama, captó un destello rojo entre las hojas.
Elsa se detuvo y saltó al frente, aterrizando con gracia frente a su hermana mayor.
Frente a frente, se miraron con detenimiento y análisis mutuo.
—Elsa, te miras más brillante que de costumbre.
—Bueno, es lo que pasa cuando mueres y un Lord hace cosas con tu esencia.
—Así que fue verdad que moriste… No pensé que Meili vendría a vengarte. Es más emocional de lo que debería.
—¿Qué puedo decir? Ella me estima mucho.
—¿“Estima” y no “ama”? —cuestionó Sithonia.
—Por favor, hermana mayor. Conozco mis límites.
—Sí, me temo que sí.
En ningún momento dejaron de moverse. Se rodeaban en círculo con pasos medidos.
Elsa sostenía sus kukris en alto, mientras Sithonia empuñaba sus dagas con ligereza.
—¿Cómo sigues viva? —Elsa no podía dejar de darle vueltas al asunto—. La última vez que te vi, te había clavado una daga en el ojo, directo al cerebro. Madre impidió que te decapitara, pero…
—¿No creíste que me salvaría? Yo tampoco entiendo por qué lo hizo.
Ambas se detuvieron con las rodillas flexionadas, listas para lanzarse al ataque.
—¿Jugó contigo?
—Elsa juega con todos. Después de que se aburrió, recompuso mi cuerpo desde mi estado de larva.
—¿Larva? Suena asqueroso.
—Sí, bueno… Fue peor que el hurón de Meili.
—Ni me lo recuerdes. A mí me volvió una mosca grotesca.
—Sus favoritas, junto con los sacos de carne amorfos. Te estima más que a Meili o a mí, ¿eh?
—Es una verdadera lástima ser estimada por Madre.
Elsa lanzó el primer ataque. Sithonia flexionó su cuerpo y esquivó con fluidez.
Respondió con una patada dirigida a la barbilla de Elsa, quien la evitó por poco y levantó la mano izquierda buscando un corte en su muslo.
La pelirroja dobló la pierna hacia afuera, evitando el corte por escasos centímetros, y lanzó su daga hacia el cuello de Elsa.
Entonces, Sithonia abrió los ojos con impresión e incredulidad.
Elsa no esquivó. Dejó que la daga se clavara en su cuello y avanzó, clavando el kukri de su mano derecha en el hombro izquierdo de su hermana.
Sithonia retrocedió y lanzó una patada al abdomen de Elsa, separándolas.
Sithonia sujetó el mango del arma y se la arrancó. La sangre brotó, pero en pocos segundos dejó de fluir.
—Sé que eres la muñeca maldita perfecta, Elsa. ¿Pero dejarte clavar una daga en el cuello? —interrogó mientras su propia regeneración hacía su trabajo.
—Verás… —Elsa se sacó la daga del cuello como si nada. No brotó sangre—. Ahora soy un espíritu. El daño físico ya no es realmente importante. Eso, combinado con mi ya sublime regeneración, hace que sea inútil evitar la mayoría de los ataques.
—¿Y ahora solo los recibes? Sí que eres sádica.
Elsa se encogió de hombros.
—Lo único que extraño es sangrar. Es raro sentir la caricia de las hojas, pero no sus resultados.
Ambas se quedaron serias, buscando el próximo movimiento.
—¿Espíritu, eh? Entonces matarte será más difícil.
—Por favor, hermana mayor. Si viva no me ganaste, ahora que soy lo que soy, menos.
—Esa arrogancia, casi la extrañaba —dibujó una sonrisa en sus labios.
—Y yo extrañaba el rojo de tus ojos. Me recuerdan a la sangre.
—Eh, soy un encanto, lo sé. Pero Madre me dio algunos extras en este nuevo cuerpo.
—Oh~ eres tan amable por anunciarlo. Quizás sea más interesante que la última vez.
Ambas se lanzaron al frente al mismo tiempo. Las dagas chocaron contra los kukris de Elsa.
El sonido metálico y las chispas brillaron por unos segundos.
Entonces comenzó un intercambio a alta velocidad. Daga contra kukri.
Metal contra metal. Arriba, abajo, choques y desviaciones.
Las manos de ambas no eran más que borrones desde fuera.
Mantuvieron ese ritmo durante cuatro segundos antes de que Sithonia tuviera que esquivar una espada que surgió de su izquierda.
El flujo se rompió y Elsa clavó otro kukri en el abdomen de la pelirroja, seguido de una patada que hundió aún más el arma hasta que la punta sobresalió por su espalda.
Sithonia se estrelló contra un árbol.
Subaru salió de los arbustos cercanos, con Rem detrás de él portando otra estrella de la mañana.
—Tiene grandes reflejos —comentó Subaru mientras recogía la espada que había quedado incrustada en el árbol cercano.
—Es mi hermana mayor, después de todo —ronroneó Elsa al verlo llegar.
—Eh, ¿refuerzos? —se quejó Sithonia al levantarse y arrancarse el arma de Elsa. No la tiró. La conservó en su mano derecha.
Rem observó la herida en su abdomen, que comenzó a cerrarse rápidamente.
—Regeneración… —sostuvo su estrella con más fuerza.
—¿Es igual que tú, Elsa? —preguntó Subaru, colocándose a la derecha de la pelinegra. Aún tenía que aparentar que no la conocía, pues esta era la primera vez que la veía en este bucle.
—Un poco peor —aclaró Elsa, aunque se detuvo—. Aunque parece que Madre la mejoró, según ella.
—Mmh, ya veo —desvió su mirada hacia la chica asesina.
—¿Y usted es, buen señor?
—Soy Subaru Natsuki, consejero de la candidata al trono, Emilia del Bosque de Elior.
—Eh, vaya. ¿Qué hace su magnificencia en el bosque, entonces?
—Eres muy elocuente para una asesina —levantó una ceja. Ella ciertamente era muy diferente a Elsa.
—Bueno, he tenido que valerme de muchos talentos para seguir viva —sostuvo su daga y el arma de Elsa en alto.
—Ya veo.
Hubo un pequeño silencio. Rem se colocó a la izquierda de Elsa mientras esta generaba otro kukri.
En teoría podría deshacer el que tenía su hermana mayor, pero no veía diversión en ello.
Subaru sujetó su espada y la miró de manera casual. La había obtenido de los aldeanos de Arlam.
Su calidad era regular comparada con las armas que había visto en sus aventuras.
Antes de que alguien diera un paso para continuar el enfrentamiento, a Subaru se le ocurrió algo más.
—Dime, hermana mayor de Elsa. ¿No quieres escapar de Madre?
Los ojos de Sithonia se dilataron. Su cerebro se aceleró y sus pensamientos cayeron como una cascada.
Elsa miró de reojo a Subaru.
—¿En serio, mi Lord?
—¿Qué? Si Meili y tú querían escapar, ¿ella también, verdad?
Rem se quedó tensa, lista para atacar si era necesario.
Entonces, en tiempo real, observaron cómo Sithonia cambió su actitud fría a…
—¿Lo dices en serio?
—¿Eh? / —¿Eh? —Elsa y Subaru se quedaron aturdidos.
Dio un giro total y Sithonia parecía ahora una chica nerviosa.
—Lo digo en serio —respondió Subaru con un matiz de duda—. Le prometí a Meili y Elsa que cazaría a Madre. Después de todo, necesito logros para mi candidata al trono.
—¿Crees que podrías derrotar a Madre? —su actitud volvió un poco al frío indiferente—. No me hagas reír. Nadie puede derrotar a Madre.
—Si te muestro algo que podría acabar con ella, ¿te vendrías conmigo?
La mente de Sithonia seguía a alta velocidad.
Observó a Elsa, quien ahora era un espíritu e inmune a la autoridad de Madre.
¿Podría ella también volverse un espíritu? Morir no le daba miedo.
Le daba miedo no poder morir en las manos de Madre y que siguiera transformándola en toda clase de aberraciones.
—Muéstrame algo que me haga creerte —se decidió por lo más práctico. Una prueba contundente de que decía la verdad.
—Rem, deja que Elsa te contenga entre sus brazos.
Rem se angustió ante sus palabras, pero accedió. Elsa se colocó detrás de ella y la rodeó con sus brazos. No preguntó qué haría Subaru. Ya lo sabía.
—Oh~ eres muy suave, Rem.
La peli azul la fulminó con la mirada y palabras frías.
—Ni se te ocurra tocar de más o te arranco las manos.
—Qué miedo~
Sithonia se quedó curiosa ante la preparación.
—(¿Por qué la sirvienta de azul y no Elsa?)
La voz de Subaru adquirió un tono ominoso.
—Lo que estás por ver… es el Caos. Esto quemará a Madre hasta las cenizas.
Elevó su mano derecha y abrió la palma. Los ojos de Rem y Sithonia se dirigieron a ella. Elsa, por su parte, desvió la mirada.
Ver esa flama amarilla le provocaba escalofríos.
Como espíritu, tenía una sintonía más natural con el Orden del mundo y «eso» estaba en el espectro contrario: la antítesis del Orden.
La flama amarilla con destellos naranjas emergió de la palma de Subaru.
Rem se agitó al instante.
Todo su instinto le gritaba una sola cosa: corre. Ni siquiera se imaginó atacando esa cosa en la mano de Subaru.
Elsa apretó sus brazos sosteniendo a Rem. Tuvo que usar toda su fuerza cuando ella pateó el suelo, buscando zafarse con el impulso.
Para Sithonia fue peor. No había ningún apoyo. Lo único que pudo hacer fue caer de rodillas. Sus ojos quedaron atrapados por la Llama Frenética.
Sentía su cordura desmoronarse en tiempo real mientras la contemplaba.
Casi podía escuchar los susurros infernales del Caos invitándola a esparcir la esperanza de fin en estas tierras.
Entonces, Subaru cerró el puño.
Rem dejó de actuar como un animal asustado y Sithonia parpadeó varias veces al salir del trance.
La pelirroja observó las palmas de sus manos llenas de sangre donde se había clavado las uñas.
Después, las presionó contra sus mejillas, aún con la sangre, porque necesitaba sentir algo real.
—Te creo… —comenzó como un susurro, para luego convertirse en un grito—. ¡Te creo! ¡Esa cosa es peor que Madre! ¡Tú eres peor!
Después, en un ataque de locura, la pelirroja comenzó a estrellar su frente contra el suelo. Se golpeó tres veces más antes de que Elsa la golpeara en la nuca para que cayera inconsciente.
—Ara~ Mi Lord. Quizás fue excesivo mostrarle eso.
Por su parte, Rem ya estaba en brazos de Subaru, aún temblando como un pequeño conejo.
—Quizás, pero era la mejor manera de que me creyera.
—Bueno, ella cree que eres peor que Madre.
—¿Qué crees tú?
—No se equivoca —le sonrió con cariño a Subaru.
—Subaru-kun… ¿tú estás bien?…
Incluso asustada y temblando en sus brazos, se preocupaba por él.
—Lo estoy, tranquila —la envolvió con gentileza hasta que logró calmarse.
Elsa cargó a su hermana mayor como un costal sobre su hombro.
—Ahora solo queda Meili y su mabestia.
—Ex mabestia —corrigió la peli negra—. Ese cachorro escapó por tu culpa, Subaru.
—Y voy a arreglar ese error. Vamos a Arlam.
—Bien, Meili ya debería haber regresado.
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De regreso en Arlam, al ver a Sithonia cargada sobre el hombro de Elsa, Ram resopló con evidente fastidio.
Se acercó y observó a Subaru con los brazos cruzados.
—¿Otra, maldito mujeriego?
—¿Uh? —Subaru se confundió por un instante.
Rem ya podía caminar por su cuenta y, sin que él lo supiera, Ram también había sentido el miedo residual de la Llama Frenética.
Hablar con él ahora era, en parte, una excusa para sacudirse esa sensación incómoda.
—Tch, ¿te haces el tonto ahora, Barusu?
—Ah, hablas de la hermana de Elsa. Bueno, fue mejor que perder el tiempo peleando. Más fuerza para el campamento de Emilia, según se vea.
—Aja, y da la casualidad de que es otra mujer hermosa que ahora responderá a tus órdenes.
—Nee-sama, Subaru-kun no lo hace con esa intención —se acercó Rem para mediar entre ellos.
—No creo que tu palabra esté libre de sesgo, hermanita.
—Rem, bueno… Yo… —balbuceó él ante el ataque directo.
Subaru, por su parte, ya había desviado su atención hacia Meili.
—Hablamos luego, Ram. Que Rem cure las heridas en sus palmas.
Había notado la sangre seca en ellas. No sabía exactamente por qué, pero supuso que tenía relación con lo ocurrido en el bosque.
Siempre le parecía que existía algo profundo entre las dos gemelas.
—Nee-sama —Rem extendió las manos al frente, esperando.
—Fuuh, bien.
Subaru se alejó y un breve silencio se instaló entre las hermanas.
—¿Qué ocurrió en el bosque, Rem? —preguntó Ram directamente.
—Subaru-kun… mostró parte de su poder real. Rem… se asustó y por eso lo sentiste, nee-sama. Lo siento.
—¿Qué fue exactamente?
—Una llama… pero como ninguna que hubiera visto. Parecía viva. Se retorcía y los destellos naranjas me hacían sentir enferma. Rem observó cómo la hermana mayor de Elsa comenzó a golpearse la frente contra el suelo por culpa de la flama.
Ram guardó silencio, asimilando la explicación.
—¿Por qué la afectó más a ella que a ti? —observó.
—Rem cree que Subaru-kun la protegió. Después de todo, solo sentía la necesidad de huir cuando Sithonia cayó de rodillas sin opción.
—(El As es cada vez peor… o mejor, según se mire) —pensó Ram en secreto.
…
Subaru observó a Meili, que se veía bastante desanimada.
—Hey.
—Oni-chan. Lo siento, fallé.
—¿Qué ocurrió?
—Guiltylowe tiene un ego muy grande y está totalmente fuera de sí. No pude comunicarme con él. Ha reunido a todas las mabestias posibles de los alrededores del bosque y viene hacia acá.
—(Bueno, ya es de noche. Antes habían llegado cerca de la madrugada del día 5, pero ahora, por el contacto directo de Meili con el alfa, vendrá antes) — analizó Subaru.
—Está bien, Meili. Hiciste lo mejor que pudiste.
Ella solo asintió. Se sentía triste, no tanto por haber fallado, sino porque tendría que ver cómo mataban a todas esas mabestias.
Eso era algo que no le gustaba, aunque pudiera entenderlo.
—Oni-chan, ¿me permitirías salvar a algunas de las mabestias?
Subaru se quedó pensativo. Una fuerza de ataque de mabestias no sonaba mal.
Ya había visto cuervos y perros gigantes en las Tierras Intermedias, y Meili sería aún mejor que un domador promedio.
—Puedo. ¿Cuántas puedes controlar?
—Cerca de cincuenta. Si realmente me esfuerzo, creo que cien.
—Ya veo. Pero, ¿tu control es seguro con cien o con cincuenta?
Meili se vio en una posición difícil, pero decidió ser honesta. Al menos salvaría algunas. Esa era su meta real.
—Cincuenta es mi límite estable. Más de eso, solo es temporal.
—Entonces quédate con cincuenta.
—¡Gracias, oni-chan!
Subaru sonrió, divertido por la reacción infantil de Meili.
—(Sigue siendo una niña debajo de esa capa profesional de asesina.)
Algo llamó su atención: Beatrice se acercaba. Eso quería decir que había logrado el flujo de poder.
—¡Beako! Dame buenas noticias.
—Betty lo tiene, de hecho.
—Perfecto, no quería destruir la mansión después de todo.
—¿El cometa es tan poderoso?
—Lo es. Entre más energía, más se sostiene y más daño continuo causa.
Beatrice se veía pensativa. Entendía la mecánica —ya había tenido suficiente tiempo para estudiar la espada—, pero aún no la había visto en acción.
La voz de Elsa llamó la atención de todos los presentes: Rem, Ram, Emilia —que comía una fruta para reponer maná—, Beatrice, Meili y Subaru.
La hermana mayor de Elsa seguía inconsciente.
—Se acerca la ola.
Intercambiando una mirada con Beatrice, ambos subieron rápidamente a la cima del muro de hielo.
El espectáculo no defraudó.
Una gran oleada de mabestias de todo tipo se presentó ante ellos: serpientes, lobos, perros, gatos e incluso leones peculiares.
—Vaya, esto sí es una fiesta —bromeó Subaru.
Le recordó un poco el asedio que sufrió por parte de Necrolimbo después de haber ganado el Castillo Velo Tormentoso.
Claro que en aquel entonces era peor: un verdadero ejército contra sus Sinluz y él.
—No te ves tan preocupado, Subaru —comentó Emilia, que había llegado a su derecha con cierta nerviosidad.
—Bueno, siendo realistas, creo que incluso tú podrías con toda esta ola de mabestias, Emilia.
—¿De verdad? —tenía sus dudas.
—Con entrenamiento, serás una fuerza de combate principal.
Buscó a Meili, que había subido gracias a Elsa, aunque no se veía feliz por haber sido cargada.
—(Chica independiente…) Meili, hazlo ahora.
—¿Qué hará ella, Subaru-kun? —preguntó Rem, llegando a su izquierda.
—Usará su Bendición Divina para conseguirnos una unidad de mabestias.
—¿Será seguro, Barusu? No creo que Roswaal-sama aprecie tener mabestias en su territorio.
—Hablaré con él más tarde. Serán útiles.
Meili asintió una vez que Subaru dio la orden.
Los demás observaron cómo algunas mabestias se separaban del flujo principal y se dirigían al bosque.
—Listo, oni-chan.
—Vale, esto está saliendo bien.
Después de todo, tenía siglos de experiencia en ataques de asedio y defensa de fortalezas.
—Rem, a partir de ahora… el miasma de la Bruja se hará más intenso en mí. Seré el cebo principal.
Rem arrugó la frente, no por el miasma, sino por la preocupación por su seguridad.
—¿Tú solo?
—No, Beatrice irá conmigo.
—¡Pero, Subaru-kun, Rem no puede dejarte ir solo!
—¡Subaru, yo tampoco te dejaría ir solo! ¡Casi me recuperé! —añadió Emilia, alarmada.
Beatrice levantó la mano derecha y se colocó al frente de Subaru.
—Por favor —dijo con tono algo despectivo—. ¿Creen que iría sin un plan? Además, Betty irá con él. Estaremos bien, de hecho.
—Ya oyeron al Gran Espíritu —sonrió Subaru con tranquilidad—. Murak.
Lanzó el hechizo sobre ambos y dejó a Beatrice sobre su espalda, del lado izquierdo.
Esa posición le provocó un déjà vu con Radahn y Miquella.
—(Ugh, malos recuerdos.)
Aunque también le recordó la manifestación de Melina a su izquierda y Ranni a su derecha en aquella misma batalla.
—Vamos, Beako. Seremos el dúo más poderoso de la historia.
—Hmph, Betty ni siquiera lo duda.
Dando un gran salto, se alejaron a cierta distancia del muro de hielo.
Las demás se quedaron en la cima, observando las figuras de Beatrice y Subaru frente a la ola.
—Emilia-sama… —se acercó Rem a su izquierda.
—Está bien, Rem. Confía en Beatrice y Subaru, tienen un plan.
Ver la seguridad en la semielfa hizo que Rem ganara más confianza.
—Rem la tendrá.
—Más le vale a Barusu cumplir —murmuró Ram, con doble intención. Recordaba su plática de la noche anterior y la promesa de ayuda.
Elsa, por su parte, solo sonrió con confianza y un toque de diversión. Meili se quedó seria.
Quería cerrar los ojos y no ver morir a las mabestias, pero se obligó a mirar.
Parte de todo esto era culpa suya por no haber podido controlar a Guiltylowe.
El suelo bajo los pies de Subaru comenzó a temblar. Ya estaban muy cerca. Podía oler su asqueroso aroma.
—Beako.
—Sí —respondió ella, cubriéndose los oídos y usando un hechizo de silencio sobre sí misma.
De esa manera, Subaru podía encadenar tabús sin invocar a Satella cada vez.
—Puedo regresar de la…
Rem fue la primera en sentir que el ambiente cambiaba.
Ram notó cómo se sujetaba la nariz.
—¿Hermanita?
—El miasma en Subaru-kun está incrementando.
Meili también podía percibirlo gracias a sus instintos. Elsa puso una mano sobre su hombro izquierdo.
—Hermana…
—Tranquila, Meili. No querrás caer como esas polillas de allá afuera.
Todas las mabestias rugieron al mismo tiempo. Subaru sintió la fuerza acústica retumbar en su cuerpo. Había captado su atención, pero no la suficiente.
—Puedo regresar…
—Puedo…
Lo repitió tres veces más.
En este punto, Meili estaba asustada por la intensidad del miasma y sostenía con fuerza la mano de Elsa.
Rem fue obligada a caer de rodillas, conteniendo el vómito que amenazaba con subir por su garganta.
Subaru tocó la mano derecha de Beatrice en su cuello. Ella deshizo el hechizo de silencio.
—Uff, apestas. No, está impregnado en ti el miasma de la Bruja. Tardará mucho tiempo en irse.
—Ya me preocuparé por eso más tarde.
Desenfundó Night and Flame. La sostuvo con ambas manos y adoptó la postura de la Noche: espada en alto y horizontal a la altura de su hombro derecho.
El Elden Ring brilló en dorado y se conectó con Beatrice.
El espectáculo de luces no pasó desapercibido para nadie en el muro de hielo.
—¿Qué están haciendo? —la voz de Emilia se elevó por encima del ruido de las mabestias.
Ram apoyaba a Rem, que seguía de rodillas. Elsa estaba con Meili. Nadie pudo responderle. Tampoco sabían exactamente qué estaba ocurriendo.
Beatrice sintió la conexión con Subaru a un nivel profundo, espiritual.
—Betty ve que el Elden Lord no es solo un farol.
—¿Oh? ¿Dudabas, Beako?
—Ver es creer, supongo.
—Y ahora lo sientes, ¿no?
—Sí. Betty casi cree que junto a ti, todo sería posible.
El propio maná de Beatrice comenzó a sincronizarse con el de Subaru, formando una relación simbiótica unida a través del Elden Ring.
—Flujo…
—Flujo…
Ambos hablaron al unísono.
—Soy la noche, soy las estrellas. El cosmo no me da miedo, me da valor.
Cerraron los ojos. Las mabestias estaban a diez metros de ellos.
Nueve, ocho, siete…
A los cuatro metros, la espada de Subaru se movió al frente, extendiendo su brazo derecho.
De la punta surgió un cometa verdoso.
Ambos abrieron los ojos al mismo tiempo.
El cometa de Night and Flame normalmente era solo un chorro directo sin posibilidad de desvíos.
Ahora, gracias a Beatrice, podían dirigirlo.
Lo hicieron bailar como un láser de un lado a otro, conteniéndolo a quinientos metros de distancia para evitar dañar la mansión Roswaal.
Beatrice usó la punta del cometa para formar un semicírculo que encerrara a todas las mabestias posibles.
Después, aplanaron el cometa como un láser ultradelgado y lo hicieron viajar como un disco plano, atravesando en dos a casi todas las mabestias al mismo tiempo, una vez que el semicírculo se cerró.
Esa noche, quinientos metros desde la posición de Beatrice y Subaru se convirtieron en tierra quemada.
Una hazaña que fue presenciada por dos onis, una semielfa, una asesina y una niña.
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