Re:Zero / Elden Lord: Empezando la vida de nuevo en otro mundo - Capítulo 25
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25: Arc2 – 12 25: Arc2 – 12 Capítulo 12 — Ley de…
| Biblioteca Prohibida | Después del emotivo abrazo, Subaru dejó a Beatrice sentada frente a su escritorio.
Le tomaría un poco de tiempo recomponerse.
De seguro necesitaba un momento a solas, por paradójico que sonara.
Cerró la puerta con suavidad.
Al oír el clic del pestillo, se quedó un instante en el silencio del pasillo, ya oscuro por lo avanzado de la hora.
Solo la luz plateada de la luna entraba por las altas ventanas, dibujando largas sombras sobre el suelo de madera.
—(Quizás… es la primera vez que Beatrice se muestra tan vulnerable ante alguien.) Ante ese pensamiento, una ligera sensación asfixiante se instaló en su pecho.
Otra alma que salvar.
Promesas hechas, tantas que ni él mismo siempre podía cumplir.
—(No.
Es diferente.
Esto no me lo dicen solo mis instintos… también mi propia divinidad.
Ella es así de importante…) Sacudió ligeramente la cabeza y echó a andar hacia su habitación en el segundo piso.
—[No pensaba que eras tan sentimental, Subaru] —comentó Elsa en su mente, con un tono claramente divertido.
—[No es sentimentalismo barato, Elsa.
Creo que, en esencia… sigo siendo Subaru Natsuki] —respondió él, teñido de ironía y un profundo cansancio.
A estas alturas había enterrado tantas versiones de sí mismo que en realidad era una quimera llamada “Subaru Natsuki”.
Si no hubiera sido por Melina, sobre todo por ella, tal vez ni siquiera quedaría rastro de esa persona.
—[Mmh, bueno… no te conozco de verdad.
Juzgarte por solo unos días no es suficiente.
Sin embargo…] —el tono de Elsa se volvió más ominoso—.
[Subaru, eres un Señor.
No creo que dejes que nada te aplaste.] —[Mírate nada más, evaluando el carácter de los demás cuando tú eres una asesina con pocos escrúpulos.
¿Qué no te excitaban las entrañas?] —[Aún lo hacen…] —respondió ella, y después guardó silencio.
Los pasos de Subaru resonaron suavemente en las escaleras de madera mientras subía al segundo piso.
—[Pero ya he muerto, ¿sabes?] —continuó Elsa, con un tono entre confuso e iluminado—.
[Morir realmente no fue la gran cosa.] Subaru no pudo evitar hacer una mueca de diversión.
—[Ejem, Elsa.
Creo que hablas con la persona correcta] —replicó con ironía—.
[Creo que he muerto mucho.
Soy un experto en el tema.
La muerte está sobrevalorada.] Elsa pareció darse cuenta de que acababa de hacer el mejor chiste posible para Subaru y guardó silencio, aunque Subaru casi podía sentir su sonrisa en la mente.
Al llegar al segundo piso, divisó a Rem caminando por el pasillo con una bandeja en las manos.
—¿Rem?
—Oh, Subaru-kun —su expresión, aunque neutral, se iluminó con un pequeño rasgo de felicidad—.
Te llevaba algo para cenar.
No te vimos en la cena.
—Uh, eso… Sí, pasé el tiempo con Beatrice.
Lo siento.
—Está bien, Subaru-kun.
Caminaron juntos hacia la habitación del chico.
Rem parecía querer decir algo más.
Subaru lo notó en cómo sus ojos se movían ligeramente de un lado a otro, como si dudara.
—¿Es por Ram?
—preguntó él, tanteando el terreno.
Rem se quedó callada un momento.
—No tengo ningún problema con ella… Es solo que no estamos en la misma página —aclaró Subaru.
Pensó en la herida del labio de Ram.
Además de Beatrice y Emilia, Rem tenía magia de curación, y no había visto a Ram buscar ayuda.
—Rem sintió el miedo visceral de nee-sama hace horas —dijo ella al fin, con voz baja—.
Ella… de verdad pensó que podría morir.
—¿Mmh?
—Subaru la miró confundido.
Rem aclaró tras ver su expresión: —Ram me habló sobre su encuentro cuando fue a avisarte de tu nuevo papel para los próximos días.
Subaru sintió que, aunque la explicación sonaba razonable, había algo más debajo que Rem no quería compartir por ahora.
No insistió.
Llegaron a la puerta de la habitación.
Subaru la abrió y se hizo a un lado para dejarla pasar primero, pero Rem insistió con un gesto.
—Por favor, Subaru-kun.
—Vamos, Rem.
Soy un caballero con las damas.
Tú primero.
—Pero Rem sabe que tú, por ahora, eres mi señor.
—Mmh, creo que estás elevando demasiado mi posición real.
—Para nada.
Roswaal-sama te dejó a cargo.
Así debe ser, y soy una sirvienta.
Rem sabe que incluso con tu rol de Consejero de Emilia, estás muy por encima de mí.
Soy una simple sirvienta.
—Ja, míranos… peleando por ver quién entra primero —dijo Subaru, extendiendo los brazos de forma teatral.
Rem dejó escapar una pequeña risa, suave y sincera.
—Tiene razón, Consejero.
Subaru se adelantó y le sujetó suavemente los hombros desde atrás.
—Así que, como Consejero, aconsejo que debes entrar primero.
Rem sacudió la cabeza, rendida, aunque en secreto se sintió complacida por el contacto cálido de sus manos.
>>>>> | Bosque Cercano | Finalmente había llegado el momento de buscar a Meili.
Subaru abandonó la mansión después de dar las buenas noches a Emilia, Beatrice, Rem y Ram.
Aunque sabía que era redundante, revisó los alrededores una última vez.
Beatrice cuidaba cada rincón del lugar desde la Biblioteca así que sería realmente difícil que algo pasara por encima de ella.
—Subaru, ¿vas a salir?
—preguntó Ram, deteniéndose en la entrada.
No había encontrado aún el valor para volver a llamarlo “Barusu”, y él ya le había dejado claro —a través de Rem— que tampoco le gustaba que lo trataran de “Señor”.
—Sí, tengo algo que hacer —respondió él con tono neutro.
—Ya veo.
Te esperaré despierta.
Subaru la miró de reojo, sorprendido por aquellas palabras.
Ram no añadió nada más, y él tampoco.
Se despidió alzando la mano en un gesto breve antes de adentrarse en la noche.
_(Podría esperarlo de Rem, no de Ram) —pensó con extrañeza mientras los árboles comenzaban a cerrarse a su alrededor.
El viento nocturno traía una ligera brisa fría que se colaba entre la ropa y mecía suavemente las hojas de los árboles cercanos.
Al llegar a un claro apartado, Subaru dejó salir a Elsa.
El sonido lejano de una campana resonó, como un eco distante que rompía el silencio del bosque.
La figura translúcida y brillante de la asesina se materializó frente a él, sin hacer ningún esfuerzo por ocultar lo magnífico de su físico y su sensualidad.
Conservaba aún la capa anti-magia, detalle que él agradeció en silencio.
Para el Elden Lord, sin embargo, solo existía un estándar de belleza, moldeado por sus prometidas, Ranni y Melina.
Elsa era hermosa, sí, pero no la más hermosa que hubiera visto.
Si era honesto consigo mismo, Malenia poseía un tipo de belleza que le resultaba profundamente atrayente a diferencia de la mujer ante él.
Las palabras de Elsa lo sacaron de aquella distracción momentánea.
—Ara~ estirar las piernas se siente bien —canturreó ella, balanceando las caderas con ese tono coqueto que siempre la acompañaba.
—Ve a buscar a Meili antes de que haga algo de lo que se arrepienta —ordenó Subaru de manera directa.
—Enseguida, “Mi Señor” —respondió ella con un ligero tono irónico, enfatizando las últimas palabras.
Tras un breve silencio, Elsa desapareció entre las sombras.
El sonido ágil de sus saltos entre las ramas se alejó rápidamente, dejando tras de sí el susurro de las hojas.
Subaru se quedó un momento observando el cielo nocturno, donde las estrellas brillaban frías y distantes.
—No creo que Meili hiciera nada grave.
La Llama Frenética la asustó mucho, incluso sin observarla directamente —murmuró para sí—.
Pero el miedo irracional hace que las personas cometan estupideces aún mayores de lo habitual.
Decidió caminar por el bosque con el objetivo de encontrar alguna mabestia para estudiarla en persona.
Los libros eran útiles, pero nada reemplazaba la experiencia directa.
—Ya pasé la barrera de protección —analizó, notando que las piedras mágicas habían quedado atrás hacía rato.
En su cintura llevaba la Sword of Night and Flame.
Activó la Runa de Godrick, y al instante sintió la sutil presión de la fuerza liberada recorriendo todo su cuerpo.
Se estiró ligeramente, ajustando la respiración a la nueva potencia.
—Una lástima que deba desactivarla para fortalecer mi base —pensó en voz alta—.
De otra forma, tendría que repetir varias veces más el esfuerzo actual para que el aumento sea realmente significativo.
Era mejor apagar la runa y entrenar el fundamento.
Así, cuando la activara de nuevo, el beneficio sería mayor.
—Espero que Elsa me traiga buenas noticias —sonrió con leve confianza mientras desenfundaba la Night and Flame.
Estaba listo para una cacería.
>>>>> | Bosque Cercano | Elsa recorrió el bosque con un solo objetivo: encontrar a Meili.
Conocía demasiado bien sus hábitos y su forma retorcida de pensar, así que no sería tan difícil localizarla, siempre y cuando aún siguiera por la zona.
Notó el miedo que Subaru le había infundido a su hermana.
Ese terror podía hacer que se escondiera como un animal herido… o que cometiera alguna estupidez movida por la desesperación.
Realmente, aquí no había ninguna misión.
No después de que Elsa muriera a manos de la Santa Espadachín, Adelheid van Astrea.
Supuso que Meili se había lanzado cerca de la Mansión Roswaal por pura venganza, antes de que Madre la llamara de vuelta para otra tarea.
Después de todo, vengarse de Adelheid es imposible.
—(Bien… sigue el rastro de las mabestias.
Su olor, sus huellas… Ahí está.) La cueva quedaba oculta tras raíces retorcidas y enredaderas espesas, custodiada por varias mabestias que vigilaban la entrada.
Era un buen escondite.
Oscuro, húmedo, casi imposible de encontrar si no se sabía exactamente dónde mirar.
—(Buena niña) —pensó Elsa con una leve sonrisa interna.
Sin embargo, notó algo extraño, había menos mabestias de las que esperaba.
—(Eso es raro.
Ella siempre se rodea de ellas cuando actúa sola…) Elsa aterrizó con gracia felina frente a la boca de la cueva.
No elaboró ningún plan complicado.
Simplemente levantó la voz, clara y alta, rompiendo la quietud del bosque.
—Meili.
Ya regresé.
Durante varios segundos solo se oyó el viento entre las ramas.
Entonces, una figura pequeña salió disparada desde las profundidades de la cueva.
Meili se detuvo en seco a pocos metros de ella.
Sus ojos se abrieron desmesuradamente.
Todo su cuerpo tembló de golpe, como si el suelo se hubiera abierto bajo sus pies.
El resplandor blanco translúcido que envolvía a Elsa la dejó completamente confundida, incapaz de procesar lo que veía.
—¿Eres… realmente tú, Elsa?
—preguntó con voz teñida de anhelo y un dolor profundo que apenas podía contener.
Elsa no avanzó.
No intentó tocarla todavía.
Solo abrió los brazos con lenta deliberación, ofreciéndole espacio.
—Soy yo, Meili.
La chica de cabello azul retrocedió un paso involuntario, como si acercarse pudiera hacer que la imagen se desvaneciera.
Sus labios temblaron.
Observó los brazos abiertos de Elsa, aquella sonrisa suave y exclusiva que nadie más en el mundo había visto jamás, reservada solo para ella.
No había manera.
Era imposible.
Elsa había muerto.
—¿Pero cómo…?
—susurró, la voz rompiéndose en la última sílaba—.
Ni siquiera Madre podría… Si no hay nada que regresar… Repitió la pregunta como un mantra roto.
—¿Cómo…?
Elsa le sonrió, con aquella sonrisa que solo Meili conocía.
—Han pasado muchas cosas —dijo con suavidad, casi tierna—.
Ya tendremos tiempo para hablar de todo ello.
Te lo prometo.
Meili no pudo resistir más el impulso.
Con un movimiento brusco y desesperado, saltó hacia adelante y se lanzó a los brazos de Elsa, hundiendo el rostro en su pecho etéreo.
Sus pequeñas manos se aferraron con fuerza casi dolorosa a la tela translúcida, como si temiera que el viento pudiera llevársela de nuevo en cualquier momento.
No lloró.
No emitió ningún lamento audible.
Solo abrazó.
Abrazó con toda la fuerza de su cuerpo menudo y endurecido por años de sangre y supervivencia, cerrando los ojos con tanta intensidad que arrugas finas se formaron en su entrecejo.
Elsa cerró los brazos alrededor de la chica con delicadeza inesperada.
Una mano descansó suavemente sobre su cabello azul, mientras la otra la sostenía contra sí con firmeza.
—Estoy aquí —murmuró apenas audible, solo para Meili—.
Ya no me iré tan fácilmente.
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