Rompe los límites: Destruye para ganar - Capítulo 17
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- Capítulo 17 - 17 El quiebre del equipo
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17: El quiebre del equipo 17: El quiebre del equipo Al día siguiente, los entrenamientos eran en silencio total.
Nadie hablaba.
Pero Jesús, apretando los puños, rompió el silencio, “sí, perdimos, pero aún tenemos más oportunidades para ganar”.
Felipe asintió, “sí, todavía podemos”.
Alexis, mirándolos, dijo “me esforzaré para no fallar”.
Ronier, escuchándolos a todos, sonrió, pero miró a Sebastián y este estaba tranquilo como si no sintiera nada, como si nada hubiera pasado.
Los de 9B se percataron de eso, el primero en decirle algo fue Sergio, “oye, ¿no te importa?”.
Sebastián lo miró, “¿importar qué?”.
Hubo un silencio, pero Alejandro con rabia, dijo “perdimos, ¿qué no ves?”.
Sebastián serio, respondió “porque ustedes no dan todo su esfuerzo, Ronier se esforzó demasiado para que ustedes mejoraran y pudieran jugar por lo menos como un equipo decente sin nosotros, pero parece que eso no les importó, aunque igual, tampoco es que tengan tanto talento, no tienen nivel”.
Todo se detuvo, Alexis recuerda el tiro fallido contra 8B, luego el tiro contra Jair, y siente culpa, siente que Sebastián tiene razón, pero aún así se enoja y aprieta el puño, por otro lado la mayoría del equipo agachó la cabeza porque sabían que algo de razón tenía Sebastián, Ronier se esforzó demasiado haciéndolos entrenar y ellos no pusieron de su parte.
Pero Jesús, algo indignado, dio un paso al frente y dijo “repite eso último”, “si Ronier y yo jugáramos solos ganaríamos”, dijo Sebastián sin emoción.
El ambiente explotó, hubo un choque, “eres un maldito egoísta”, gritó Alexis, “tenías algunas opciones de pases claras y no las aprovechaste”, dijo Jesús, “¿para qué pasar?
¿Para que Alexis vuelva a fallar?”, respondió Sebastián.
Jesús lo empujó, “esto es un equipo”, Sebastián ni se movió y dijo “no, esto es fútbol, y en el fútbol gana el mejor”, “entonces lárgate”, dijo Jesús.
Todos quedaron en silencio, hasta que apareció Ronier para intervenir todo.
El peso del capitán era mucho tras haber perdido, caminó hacia el centro, su mirada era distante, no había frustración ni rabia, “nosotros perdimos y es culpa de todos”.
Jesús apretó los dientes y, a punto de decir una excusa, pero Ronier lo interrumpe, “todos perdimos, sin excusas”, miró a Alexis, “Alexis, fallaste varios tiros claves”, luego fue con Felipe, “te superaron, a la defensa la rompieron y no supiste qué hacer”, y finalmente fue con Sebastián, “tú no sabes jugar en equipo”.
Silencio total.
Sebastián lo miró fijo y dijo “no necesito hacerlo”.
Ronier sonrió lentamente, “entonces nunca vas a ser el mejor”.
Esa frase golpeó a Sebastián, ya que él no toleraba el hecho de perder y que alguien lo superara, fue el primer impacto real.
Por primera vez, Sebastián no respondió de inmediato, “¿y tú sí?”, preguntó.
Ronier bajó la mirada, “no, por eso perdí el año pasado”.
Ronier se pone como ejemplo a sí mismo y eso causa más daño en Sebastián, “intenté hacerlo todo solo y perdí por eso, no quiero que hagas mis mismos errores”.
Dijo Ronier, luego levantó la cabeza y dijo “tú eres mejor que yo en talento, pero si sigues así vas a perder igual”.
Hubo un ego herido, fue el de Sebastián, este dijo “yo no pierdo”, “ya lo hiciste”, respondió Jesús.
Otro silencio pesado, pero ahora incómodo, el quiebre del equipo era notorio.
Felipe habló, “si seguimos así no pasaremos de fase de grupos”, Sergio asintió, “nos falta algo”.
Alejandro miró a Ronier, “nos falta jugar como uno solo”, pero todos sabían la verdad, faltaba que Sebastián decidiera, esa era la última pieza.
Todos comenzaron a irse uno por uno, Jesús se detuvo junto con Ronier, “si ese tipo no cambia nos va a hundir”.
Ronier no respondió porque sabía algo, no puedes obligar a un genio a dejar de ser lo que es.
Pero sí puedes hacer que evolucione.
A lo lejos, Sebastián estaba solo mirando el campo vacío, recordando algo nuevo, no el gol, no la jugada, sino la sensación de perder.
“Esto no me gusta”.
Sus ojos cambiaron, no era tristeza, no era frustración, “¿por qué siento esto?, es como hambre, ¿pero de qué será?…”, pensaba Sebastián.
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