Rompe los límites: Destruye para ganar - Capítulo 21
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- Capítulo 21 - 21 El silencio y las esperanzas despues del partido
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21: El silencio y las esperanzas despues del partido 21: El silencio y las esperanzas despues del partido Fue un partido intenso que dejó más de un resultado.
El marcador fue claro, pero el desgaste no.
Los de 9B entraron al vestidor sudados, cansados… pero con una sensación distinta.
Habían ganado, pero nadie lo celebraba demasiado.
Sabían que todavía faltaba mucho y que un solo error podía dejarlos fuera… y nadie quería volver a sentir lo del último partido.
Ronier rompió el silencio.
“Alégrense… ganamos”.
Sebastián, quitándose la camiseta, respondió sin emoción.
“Sí… no nos confiamos, eso nos hizo ganar”.
Jesús asintió.
“Tenemos que seguir así”.
Ronier dio un paso al frente.
“Ya no hay vuelta atrás… es todo o nada”.
Días después, en el entrenamiento, el balón volvía a rodar… pero el ambiente era otro.
Había más intensidad, más enfoque, más unidad.
Ya no entrenaban por obligación, entrenaban con un objetivo claro.
Ronier reunió al equipo.
“A partir de ahora… cada detalle importa.
Necesitamos estar atentos, concentrados en ganar.
Hay que aprovechar cada oportunidad, buscar el gol, ser decisivos en los momentos importantes.
Eso de confiar solo en el talento individual se acabó… ahora somos un equipo”.
Levantó la mirada.
“Y vamos a ser los mejores”.
Todos respondieron al mismo tiempo.
“¡Sí!” La energía cambió por completo.
Jesús, al ver el ánimo del equipo, dijo “si seguimos así, nadie nos va a parar”.
Eso encendió aún más al grupo.
Después del entrenamiento, la mayoría se fue, pero Ronier, Jesús y Sebastián se quedaron en el campo, tocando el balón con calma.
“Aunque necesitemos un poco de suerte… todavía podemos pasar a semifinales”, dijo Ronier.
Jesús asintió en silencio.
Sebastián sonrió levemente.
“Vamos”.
Jesús soltó una pequeña risa.
“Ese segundo gol tuyo… fue de otro nivel”.
Sebastián giró el balón con el pie y respondió sin mirarlo.
“Hice lo necesario”.
Salieron del campo agotados, pero con la mente clara.
Mientras pasaban por la sala de recreo, Ronier señaló el tablero.
“Faltan partidos importantes”.
Los días siguientes estuvieron marcados por entrenamientos intensos.
Ronier trabajó la conexión entre el mediocampo y el ataque, buscando que cada pase tuviera intención.
Jesús ajustó la defensa, corrigiendo errores y reforzando la coordinación.
Sebastián, por su parte, se quedaba solo después de cada sesión.
Practicaba disparos, regates y movimientos… una y otra vez, sin detenerse.
“¿Te estás obsesionando?”, preguntó Ronier, encontrándolo una tarde en la cancha.
Sebastián golpeó el balón contra la pared y lo controló sin esfuerzo.
“El que quiere llegar más alto… tiene que esforzarse más”.
Volvió a patear el balón.
“Adrián y Jackson ya nos sacaron ventaja… pero ahora que somos un equipo, es momento de cobrarnos eso”.
Se detuvo un segundo y miró a Ronier.
“Quiero ser el máximo goleador… y que tú quedes segundo.
Así que me vas a ayudar en eso”.
Ronier soltó una leve sonrisa.
“Vaya… qué genio tan confiado”.
Se cruzó de brazos.
“Está bien… te ayudo a ser el máximo goleador.
Pero solo si tú me ayudas a hacer campeón a este equipo”.
Sebastián no dudó.
“No soy confiado… soy realista”.
El balón volvió a salir disparado contra la pared.
“Puedo hacer más que cuatro goles… solo necesito que el equipo juegue como debe”.
Lo miró fijamente.
“Te necesito”.
Ronier se quedó en silencio un instante.
No esperaba eso.
Luego sonrió.
“Ya veo… de verdad cambiaste”.
Se giró, comenzando a caminar.
“Sigue así… genio”.
El balón volvió a sonar contra la pared.
Y esta vez… no era solo entrenamiento.
Era ambición.
Y esta vez… no iban a detenerse hasta lograrlo.
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