Rompe los límites: Destruye para ganar - Capítulo 25
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- Capítulo 25 - 25 El momento donde todo encaja
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25: El momento donde todo encaja 25: El momento donde todo encaja Sebastián y Ronier se sentaron en el césped, observando cómo sus compañeros celebraban junto a la hinchada.
La euforia seguía en el aire, pero ellos estaban en calma, como si entendieran que ese momento era solo una parte del camino.
Jeiner se acercó caminando despacio, con una botella de agua en la mano.
Se detuvo frente a ellos y extendió la mano hacia Sebastián.
“Buen partido… ese primer gol tuyo fue una locura”.
Sebastián tomó su mano y la estrechó con firmeza.
“Gracias… ustedes tampoco jugaron mal, supieron encontrar espacios”.
Ronier sonrió levemente y miró a Jeiner.
“Jugaron con mucho corazón… con un poco más de suerte habría sido más parejo”.
Jeiner soltó una pequeña risa y se sentó a su lado, bajando la mirada por un momento antes de hablar.
“Oye… Ronier, perdón por lo de antes.
Cuando estoy en el partido me dejo llevar y no me gusta perder.
Lo que dije no iba en serio.
¿Cómo está tu tobillo?” Ronier se acomodó ligeramente, tratando de disimular.
“Al principio me preocupé… pero no fue nada grave.
Tranquilo”.
Jeiner asintió, aliviado.
“Menos mal… la verdad es que ahora ustedes están a otro nivel.
No se parecen en nada al equipo del inicio.
¿Qué cambió?” Sebastián levantó la mirada hacia el campo, pensativo, como si repasara todo lo vivido.
“Entendí algo… si quiero ser un uno, primero tenía que ser un cero”.
Ronier soltó una risa corta y le dio un golpe en el hombro.
“Exacto… un líder también sabe depender de los demás”.
Jeiner los miró con sorpresa, como si algo encajara en su cabeza en ese instante.
“Ya veo… yo intento ser el que carga con todo en mi equipo… pero tal vez estoy haciendo demasiado solo”.
Sebastián giró ligeramente hacia él.
“No está mal querer destacar… pero un solo jugador no gana partidos”.
Jeiner se quedó en silencio unos segundos, asimilando las palabras, y luego se puso de pie con una expresión distinta, más firme.
Extendió la mano una vez más.
“Gracias… la próxima vez que juguemos, quiero demostrar que aprendí”.
Ronier se levantó, pero el dolor en el tobillo apareció con fuerza.
Intentó apoyar más peso en la otra pierna por un instante antes de estabilizarse.
Una leve mueca cruzó su rostro antes de que pudiera ocultarla.
Aun así, sostuvo la mirada y le devolvió el apretón.
“Eso esperamos… rivales que mejoran son los que nos obligan a mejorar también”.
Jeiner sonrió y comenzó a alejarse hacia su equipo.
“Nos vemos”.
Sebastián lo siguió con la mirada y luego miró a Ronier.
En su mente apareció un recuerdo breve, aquel momento en el que se sentía solo, apartado de todos… y cómo Ronier fue quien rompió esa distancia.
Sebastián lo miró en silencio durante unos segundos y luego sonrió con una confianza que antes no existía.
“Tal vez… no estar solo no es tan malo”.
Ronier respondió sin dudar.
“Nunca lo fue… ahora vamos por la semifinal”.
Antes de salir del estadio, Jeiner volteó una última vez.
No solo veía a un equipo fuerte… veía algo que él aún estaba aprendiendo a construir.
Un equipo de verdad.
Apretó el puño con fuerza, como si acabara de tomar una decisión.
Ronier y Sebastián se pusieron de pie, mirando a sus compañeros celebrar.
El ruido del estadio seguía presente, pero para ellos el mensaje ya era claro.
La primera fase había terminado.
Y lo que venía… sería aún más grande.
El viento recorrió el campo…
Cómo si anunciará lo que estaba por venir.
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