Rompe los límites: Destruye para ganar - Capítulo 29
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Capítulo 29: El último entrenamiento
Al día siguiente, el sol brillaba con fuerza sobre el campo. El equipo 9B llegó temprano, con la energía renovada y los ojos puestos en la meta. Ronier habló de inmediato, reunió a todos en círculo y dejó claro el plan del día. Era el último entrenamiento antes de la semifinal y debían repasar todo lo trabajado, la presión alta, la salida desde atrás y las combinaciones en ataque. También les recordó que 11A no sería un rival fácil.
Sebastián, mientras calentaba con el balón, respondió con seguridad que ya estaba listo y que ese día iba a enfocarse en los tiros desde fuera del área, buscando aprovechar ese punto donde podía marcar la diferencia. Jesús añadió que ya había hablado con Álvaro y los laterales, que iban a cerrar todos los espacios y que no permitirían que Jackson jugara cómodo.
Al escuchar el nombre de Jackson, el ambiente cambió. El silencio apareció por unos segundos. Todos recordaban lo que había pasado en el último enfrentamiento. Sabían que era la mayor amenaza. No era miedo, pero tampoco era algo que pudieran ignorar. Nadie se movió, nadie dijo una palabra más. El recuerdo del último partido seguía presente en la mente de todos, y en ese recuerdo siempre había una misma imagen, Jackson decidiendo el partido.
Ronier no dudó en romper ese momento.
“Sí… Jackson es bueno, pero nosotros como equipo somos mejores. Vamos a ganar”.
Las palabras devolvieron la energía. El equipo volvió a moverse con intensidad.
Mientras realizaban ejercicios de movilidad, Sebastián se quedó practicando disparos. Variaba la altura, la potencia y el efecto en cada intento. Un tiro al ángulo, otro que rozaba el poste y una volea en el aire.
Alexis se acercó.
“Ese último tiro fue increíble. Si lo haces así en el partido, no lo para nadie”.
Sebastián respondió con calma.
“Solo necesito que el balón llegue”.
En el medio campo, Ronier organizaba un ejercicio con Felipe, Sergio y Alejandro. Ellos presionaban constantemente mientras él protegía el balón y buscaba salir con regate, obligándolos a mejorar en la recuperación.
“Así nadie nos va a pasar fácil”, dijo Felipe. “Jackson va a tener que esforzarse de verdad”.
“Le vamos a cerrar todos los espacios”, añadió Sergio.
El entrenamiento se dividió en dos partes. La primera fue intensa, enfocada en lo individual. La segunda fue un partido de práctica contra jugadores de 8B y 7B que decidieron ayudar. Ese partido sirvió para probar jugadas y mejorar la coordinación del equipo. Entre los que participaron estaban Jeiner y Christopher.
En una jugada clave, Ronier tomó el balón en el medio campo y jugó rápido con Jesús. Vio a Sebastián moverse entre dos defensas y esperó el momento para filtrar el pase, pero Jesús se adelantó y lo hizo primero. El balón llegó limpio.
Sebastián controló de pecho y definió con potencia, sin pensarlo. El balón salió disparado y golpeó la red con fuerza.
Por un instante, todos se quedaron en silencio.
Cada vez estaba más claro.
Sebastián estaba llegando a su mejor versión. Ya no era solo talento, era decisión, era confianza.
Sebastián corrió hacia ellos con una sonrisa.
“Denme pases así mañana”.
Ronier lo miró y respondió con una leve sonrisa.
“Los vas a tener… pero no olvides a Alexis. También va a aparecer por la banda”.
Por dentro, Ronier sabía que su reto sería distinto esta vez. No solo debía crear juego, también tenía que encargarse de frenar a Jackson, alguien capaz de cambiar todo en un instante. No podía darle espacio. Sabía que un solo error podía costarlo todo. Y esta vez… no estaba seguro de poder jugar sin consecuencias.
Había una meta en conjunto. Ganar.
Al finalizar el entrenamiento, todos se reunieron en el centro del campo. Jesús tomó la palabra y les recordó que ese partido no era uno más, que era el momento de demostrar lo que habían construido como equipo.
Ya no había miedo ni preocupación. Solo determinación.
Se miraron entre todos y lo entendieron sin necesidad de decirlo.
Todos gritaron juntos.
9B, 9B, 9B.
Sebastián se quedó mirando la portería unos segundos más. Sabía que el título de goleador estaba cerca, pero también entendía que el verdadero objetivo era el campeonato.
Y con su equipo a su lado, sentía que esta vez no se les iba a escapar.
Esta vez no iba a fallar.
Porque esta vez… no había margen de derrota.
Y todos lo sabían. Si fallaban aquí, todo lo que construyeron se rompería.
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