Rompe los límites: Destruye para ganar - Capítulo 31
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Capítulo 31: El día ha llegado, La revancha:
El sol brillaba con fuerza sobre el estadio del colegio. Los jugadores de 9B y 11A estaban en el vestuario, listos para salir.
Ronier, que acababa de tomarse unas pastillas para el dolor en secreto, se acercó a sus compañeros.
“Vamos… hay que ganar”.
Jesús asintió.
“Sí. Es todo o nada”.
Mientras tanto, 11A ya estaba calentando.
Los dos equipos salieron al césped. La grada estaba llena de estudiantes apoyando, los gritos se escuchaban en todo el campo. Jeiner y Christopher estaban en la primera fila, junto a varios compañeros de 7B y 8B.
Sebastián calentaba con el balón, sintiendo la intensidad del momento. Ronier ajustaba su cinta de capitán, pero no dejaba de pensar en su tobillo. De reojo, miraba a Jackson, que ya se posicionaba en el medio campo.
Jesús respiraba hondo, concentrado, repasando cada movimiento que habían practicado.
Los equipos salieron con sus formaciones habituales.
Alineación titular de 9B
DC DC
Sebastián Alexis
MCO
Ronier
MC MC
Alejandro Sergio
MCD
Felipe
LTI LTD
Manuel Jorge
DFC DFC
Jesús Álvaro
POR
Yeferson
Alineación de 11A
DC
Juanse
EXI EXD
Moisés Adrián
MCO
Jackson
MC MC
Edgar Junior
LTI LTD
Daniel Roberto
DFC DFC
Ramiro Mario
POR
Emilio
El árbitro pitó el inicio.
Sebastián tocó el balón y se la dejó a Ronier. Ronier, con algo de dolor, levantó la cabeza y empezó a leer el juego. Sostuvo el balón, esperando la presión.
Apoyó mal el pie por un instante.
Pero no lo mostró.
Cuando Juanse salió a marcarlo, jugó rápido con Jesús.
El pase salió un poco incómodo, pero Jesús logró controlarlo. Notó que ese error no era normal en Ronier, pero decidió no darle importancia por la presión del partido.
Se apoyó en Álvaro, que se la devolvió de primera ante la presión. Jesús abrió hacia Manuel, que avanzó unos metros y decidió jugar atrás con Jorge para reiniciar la jugada.
Ronier no dejaba de mirar a Jackson.
Cada vez que intentaba moverse entre líneas, él ya estaba encima.
“Mantengan la línea”, gritó Jesús.
Minuto 8.
9B movía el balón con paciencia, rotando entre defensa y medio campo. Manuel recibió y, justo antes de que Juanse y Adrián llegaran a presionarlo, tocó con Jesús.
Jesús controló con derecha, levantó la cabeza y vio a Sebastián atacando el espacio entre los centrales.
No dudó.
Le metió un pase filtrado.
Sebastián controló rápido. Sintió la marca encima. Ramiro ya estaba reaccionando.
Esperó el momento justo.
Hizo una bicicleta… y la acompañó con una elástica.
Ramiro quedó atrás.
Sebastián amagó y, en un movimiento corto, se acomodó.
Disparó con la izquierda.
Un tiro fuerte, colocado hacia la esquina superior derecha.
Emilio no alcanzó a reaccionar.
GOOOOOLAZO DE 9B.
1-0.
Sebastián no celebró como los demás.
Se giró.
Miró a Adrián.
Levantó la mano… y luego lo señaló.
El mensaje era claro.
La grada explotó.
Los jugadores de 9B corrieron a abrazarlo.
Todos menos uno.
Ronier se quedó unos segundos atrás.
Se llevó la mano al tobillo.
El dolor aumentaba cada vez que corría… pero aún tenía una esperanza.
La pastilla tenía que hacer efecto.
“¡Vamos 9B!”, bajaba desde la grada.
Pero 11A no bajó la cabeza.
Adrián sonrió.
“Acepto el reto, Sebastián”.
Luego miró a Jackson.
“Vamos… esto apenas empieza”.
Jackson respondió sin apurarse, mirando el campo.
“Ahora sí van a tener que jugar de verdad”.
Dio un paso al frente.
Pidió el balón.
Sabía algo.
El partido apenas empezaba a tomar forma.
El partido se reanudó desde la mitad de la cancha tras el gol de 9B. Juanse se preparó para sacar mientras Jackson ya pedía el balón. Estaba tranquilo, como si supiera que el partido apenas empezaba. No había ni un rastro de miedo, incluso parecía más metido en el juego.
Juanse tocó con Adrián y este, sin pensarlo, se la devolvió rápido a Jackson.
Jackson levantó la cabeza y se encontró de frente con Ronier.
“No tan rápido… ya sé lo que vas a hacer”.
Jackson sonrió, se acercó buscando el contacto y lanzó una finta rápida. Ronier cayó en la trampa y quedó totalmente expuesto. Cuando intentó reaccionar para frenar la jugada, su cuerpo lo traicionó. En ese mismo movimiento, el dolor en su tobillo volvió con fuerza y se quedó congelado por un instante.
Y eso fue suficiente.
Jackson hizo una elástica limpia, le tiró un caño y lo dejó atrás. Al pasar a su lado, bajó la voz.
“Si sigues así de lento… tu equipo no va a durar nada”.
Por la banda izquierda, Daniel ya estaba en carrera.
“¡Jackson, aquí!”
Jackson soltó el balón en el momento justo y así superaron la marca de Sergio. Daniel intentó devolverla, pero Ronier, aun con dolor, reaccionó a tiempo y cerró la línea de pase.
Sin detenerse, Daniel cambió el ritmo, hizo una pared rápida con Edgar, controló y metió el balón al área.
Jesús apareció para despejar con fuerza… o al menos eso parecía.
El rebote quedó suelto.
Junior apareció, amagó con disparar… pero dejó pasar el balón.
Y Adrián llegó desde atrás.
Conectó de primera.
Un disparo cruzado, fuerte, imposible de detener.
Yeferson se estiró… pero no llegó.
El empate llegó en el minuto 15 tras una jugada perfecta en equipo.
El ambiente cambió de inmediato.
Jackson se acercó a Adrián.
“Buen disparo”.
“Lo sé”, respondió Adrián.
Luego pasó junto a Sebastián sin mirarlo, levantó un dedo y, sin girarse, habló con calma.
“No te voy a dejar fácil el título de goleador… niño demonio”.
Sebastián no respondió. Caminó directo hacia Ronier.
“¿Algún análisis?”
Ronier lo miró serio.
“Nuestro gol no los derrumbó… los despertó. Hay que tener cuidado”.
Sebastián soltó una leve sonrisa.
“Entonces está bien… mientras tú estés aquí, vamos a ganar”.
Se acomodó sin decir más y el juego continuó.
Al minuto 20, 9B respondió con intensidad. Alejandro tomó el balón por la banda derecha y armó un triángulo con Sergio y Felipe. Tocaron rápido y con decisión, avanzaron y lograron acercarse al área, pero 11A respondió con una presión alta perfectamente organizada por Jackson.
Felipe reaccionó justo antes de perderla y se la dejó a Alexis, que de tacón la devolvió hacia atrás.
Ahí estaba Ronier.
El dolor seguía presente, pero recordó las palabras de Sebastián. No se iba a rendir tan fácil.
Levantó la cabeza en un instante.
Analizó todo.
Daniel y Ramiro cerraban el medio, Mario tenía controlado a Sebastián y Roberto a Alexis.
Había un espacio.
Y no dudó.
Controló con el exterior, levantando ligeramente el balón, y disparó.
Un misil cruzado que se clavó en la esquina superior derecha.
Imparable.
Emilio se quedó quieto ante la potencia del disparo.
Ronier respondió con todo lo que tenía. Y eso solo significaba una cosa.
El dolor no iba a desaparecer.
Iba a aumentar.
2-1.
Los jugadores de 9B corrieron hacia él y se le fueron encima. El dolor se intensificó con el peso de todos y por un momento perdió el equilibrio, cayendo al suelo.
Pero no dijo nada.
Se levantó rápido, como si nada hubiera pasado, alzó el brazo y gritó con todo.
La adrenalina tapaba parte del dolor, pero aun así sentía cada pisotón como un castigo. Sabía que si seguía así no iba a poder aguantar mucho más, pero también sabía que si no lo daba todo, podían quedarse fuera.
Desde la grada, su nombre retumbaba.
“RONIER… RONIER…”
Jeiner y Christopher celebraban sin parar.
Desde el medio campo, Jackson lo observaba en silencio. Su mirada era distinta.
No hablaba.
Pensaba.
Buscaba el error.
En el minuto 24, 11A sacó rápido. No hubo palabras, solo juego. Juanse tocó con Moisés, este jugó hacia atrás con Jackson y, de primera, el balón volvió a Moisés. Cada vez estaban más cerca del área y 9B no encontraba la forma de quitarles el balón.
11A no necesitaba hablar. Llevaban mucho tiempo jugando juntos y eso se notaba. Se entendían sin mirarse, y el que dirigía todo era Jackson.
La jugada siguió sin pausas hasta que el balón regresó a Juanse, que no dudó.
Disparó.
Pero Jesús apareció otra vez.
Apenas logró tocar el balón, desviándolo lo suficiente.
El balón pegó en el poste.
11A no lo podía creer.
Sin más, el árbitro pitó el final del primer tiempo.
9B 2-1 11A.
Los equipos se fueron al vestuario.
En 9B el ambiente era serio, pero confiado.
“Vamos a ganar”, dijo Jesús.
Ronier añadió:
“Hemos hecho un buen trabajo… pero falta lo más difícil. Van a salir más agresivos. No podemos perder la concentración”.
Jesús siguió organizando la defensa, ajustando cada detalle.
En el otro lado, Jackson levantó la voz.
“No nos vamos a quedar atrás. Sabemos cómo ganarles”.
Adrián habló sin dudar.
“Voy por la derecha”.
Moisés asintió.
“Yo por la izquierda”.
“Este partido es nuestro”.
Antes de salir, Jackson habló en voz baja.
“Esto no ha terminado, Ronier… este partido va a ser mío”.
Ambos equipos volvieron al campo.
El segundo tiempo estaba por empezar.
El marcador decía 2-1.
Pero nadie sentía que el partido estuviera ganado.
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