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Rompe los límites: Destruye para ganar - Capítulo 33

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Capítulo 33: El punto donde nadie tenía el control

El estadio se sentía encendido, todos atentos al partido. 9B salía con motivación y confianza, pero también con la presión de cerrar el resultado. 11A, en cambio, salía decidido a responder y no rendirse.

El árbitro pitó el inicio de la segunda mitad.

11A salió con la intensidad que había prometido. Adrián se lanzó por la banda derecha intentando desbordar y desgastar a Jorge, pero Jesús estaba atento y le cerraba el paso justo antes de que pudiera llegar a zona de disparo.

Minuto 28.

Adrián cambió de banda con un pase directo hacia Moisés, que buscaba espacios por la izquierda combinando con Edgar para abrir la defensa. Cuando parecía que iba a enviar el centro, Jesús se anticipó y despejó con precisión hacia el medio campo.

Ronier tomó el balón y jugó con Felipe. Felipe vio a Sergio libre y se la devolvió. Sergio tocó de nuevo con Ronier.

Edgar y Junior se acercaron a presionar por orden de Jackson, pero Ronier ya había leído la jugada. Levantó la cabeza y encontró a Sebastián desmarcado.

Le envió un pase de tres dedos, algo elevado. El dolor en el tobillo le quitaba precisión, pero el balón llegó.

Sebastián reaccionó rápido, controló con el pecho y descargó hacia Alexis. Alexis se preparó para disparar, pero Mario llegó justo a tiempo para bloquear el remate y el balón salió al córner.

Jackson se quedó fuera del área, quieto, esperando el rebote, mirando la jugada con una calma que no encajaba con el caos del momento.

Ronier se preparó para cobrar. Observó el desorden en la defensa de 11A e intentó ejecutar una jugada preparada con Jesús, pero el centro salió desviado.

Jesús saltó, pero no llegó.

Por un segundo, todo quedó suelto.

Y entonces apareció Sebastián.

Entró desde atrás, sin hacer ruido, leyendo la jugada antes que todos. El tiempo pareció frenarse en ese instante. Se lanzó de palomita y conectó el balón con fuerza.

El golpe fue seco.

El balón salió disparado, bajando rápido, imposible de seguir.

Y terminó dentro.

La red se sacudió con violencia y el estadio estalló al mismo tiempo.

9B ampliaba la ventaja.

3-1.

Los jugadores corrieron a celebrarlo, pero Ronier se quedó unos metros atrás, mirando la jugada con otra sensación.

Sabía algo.

Ese gol no había sido perfecto.

Lo hicieron bien, sí, pero hubo algo de suerte. Y eso le dejó una incomodidad difícil de ignorar. Su tobillo podía empezar a afectar al equipo.

Miró a sus compañeros, todos celebraban sin pensar en nada más.

Cuando intentó volver al medio campo, dio un paso… y el dolor volvió.

Más fuerte.

Más claro.

Su tobillo no estaba respondiendo.

Y por primera vez en todo el partido, no pensó en ganar… pensó en no poder terminarlo.

En las gradas, Jeiner decía que el gol había sido improvisado. Christopher respondía que el trabajo del equipo lo había hecho posible y destacaba a Jesús por su partido en defensa. Ambos celebraban sin parar.

Sebastián seguía en el césped, completamente metido en el momento.

Minuto 35.

11A no pensaba rendirse.

Sacaron rápido.

Juanse con Adrián, Adrián con Edgar, Edgar con Jackson.

Jackson se desmarcó sin balón con una finta corta.

Ronier giró para seguirlo… pero el tobillo volvió a fallar.

Quedó atrás.

Jackson recibió y, sin detenerse, lanzó un pase largo hacia Adrián.

Adrián controló lejos del área, se quitó a Felipe con un movimiento limpio y disparó con efecto.

Jesús alcanzó a desviar ligeramente el balón.

El disparo cambió apenas la trayectoria y terminó golpeando el poste.

El rebote salió vivo.

Y Jackson ya estaba ahí.

No reaccionó tarde.

No dudó.

Solo apareció.

Saltó y conectó de cabeza.

El balón bajó con fuerza y cruzó la línea antes de que alguien pudiera hacer algo.

Por un segundo, el estadio se quedó en silencio.

11A seguía con vida.

3-2.

Jackson no celebró. Trotó hasta la portería, tomó el balón y lo llevó al centro del campo. Lo dejó en el suelo sin decir nada.

El mensaje era claro.

Esto no ha terminado.

En su mirada no había apuro, solo la certeza de que el partido aún estaba en sus manos.

Minuto 39.

El tiempo empezaba a pesar.

11A atacaba con todo. 9B resistía.

Jesús no dejaba de ordenar, gritando, ajustando marcas, manteniendo la línea.

Sergio tenía el balón, pero Moisés lo presionó y se lo quitó. Intentó avanzar, pero perdió la posesión ante Jesús.

Ya no había un equipo superior.

Ambos estaban al límite.

El partido no tenía dueño.

Jesús vio a Ronier y le mandó un pase rápido.

Ronier levantó la cabeza.

Vio a Sebastián corriendo al espacio.

Y por un momento dudó.

El tobillo no le dejaba confiar.

Sabía que podía fallar.

Sabía que podía empeorar.

Tomó la decisión más segura.

Jugó largo hacia Alexis.

No fue miedo.

Fue el dolor decidiendo por él.

Alexis ganó en velocidad, pero Ramiro apareció con una barrida perfecta y recuperó el balón.

Despejó largo.

Moisés lo tomó en la banda izquierda, hizo una pared con Juanse y mandó el centro.

El balón pasó por encima de todos.

Fue directo al segundo palo.

Ahí estaba Adrián.

Controló con el pecho, acomodó el cuerpo y, por un instante, todo el estadio quedó en silencio.

Disparó.

El balón salió rápido, pegado al travesaño, imposible de alcanzar.

Y entró.

La red se movió justo cuando la grada explotaba.

El empate estaba ahí.

3-3.

Y con ese gol, todo cambió. Lo que parecía controlado desapareció en un instante y 11A volvía al partido.

9B se quedó quieto por un segundo.

No lo podían creer.

El partido que parecía controlado se había escapado.

Ahora estaba completamente abierto.

Roto.

Ambos equipos al límite.

Y ahora sí…

Cualquier error iba a decidirlo todo.

El partido ya no tenía dueño.

Solo una cosa estaba clara.

El que aguantara… se lo llevaba todo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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