Rompe los límites: Destruye para ganar - Capítulo 4
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- Capítulo 4 - 4 Los preparativos y las expectativas
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4: Los preparativos y las expectativas 4: Los preparativos y las expectativas La noticia del golazo de Sebastián, esa chilena improbable de un chico que nunca había jugado al fútbol, se difundió por todo el colegio.
Lo que empezó como un rumor rápidamente lo convirtió en una de las mayores sorpresas del torneo, llamando la atención de los administradores.
Alguien capaz de superar a Diego en su primer intento no era algo que se viera todos los días.
Ronier, Jesús y Sebastián seguían entrenando junto al resto de 9B.
Ronier, con su liderazgo natural, asumió el rol de capitán y su enfoque estaba más centrado que nunca.
La derrota del año pasado ya no era un peso, era combustible.
Practicaba incansablemente sus pases, sus regates y buscaba perfeccionar su conexión con Sebastián, sabiendo que ahí estaba la clave del equipo.
Jesús, por su parte, se había convertido en el pilar de la defensa.
Entrenaba como si cada ejercicio fuera un partido real, mejorando su físico, su anticipación y su lectura de juego.
Su técnica con el balón aún no era perfecta, pero compensaba con una presencia que imponía respeto.
Más de uno ya lo había intentado superar en los entrenamientos, y todos terminaban igual, frenados en seco.
Sebastián era diferente.
Su forma de entrenar desconcertaba a todos.
No corría si no era necesario, no saltaba si no le interesaba.
Era como si todo le resultara demasiado fácil.
Aun así, cuando el balón estaba en el aire, simplemente aparecía y resolvía.
En una jugada, saltó sin esfuerzo y conectó una volea perfecta que dejó a todos en silencio.
“Increíble”, gritó Jesús.
Sebastián solo se encogió de hombros.
“Es aburrido esperar tanto el balón en el aire… y me duele la cabeza”.
Ronier lo observaba con atención.
Su velocidad, su control, su capacidad para usar ambas piernas… todo en él era natural.
Pero había algo que faltaba.
En un entrenamiento, decidieron trabajar una jugada entre Ronier y Sebastián, mientras Jesús presionaba para dificultar el pase.
Ronier logró superar a Jesús con esfuerzo y lanzó un pase preciso al espacio, pero Sebastián no logró entender la intención.
Llegó tarde.
El balón se perdió.
Ese pequeño error dejó algo claro.
Sebastián no seguía la jugada… seguía su instinto.
Ronier lo entendió al instante.
“Si logramos entendernos… seremos imparables”.
Lo intentaron de nuevo, pero esta vez Jesús estaba más concentrado.
No iba a dejarse pasar tan fácil.
Ronier trató de superarlo con una bicicleta y un recorte, pero Jesús se anticipó y despejó el balón sin dudar.
“No me voy a quedar atrás”, dijo con firmeza.
Alrededor, algunos compañeros observaban en silencio.
“¿De verdad él será nuestro delantero titular?” “Acaba de llegar…” Las dudas empezaban a crecer, y esta vez Sebastián sí las escuchó.
La siguiente jugada fue distinta.
Ronier levantó la cabeza y lanzó un pase largo desde la mitad del campo.
El balón cayó cerca del área.
Sebastián arrancó con velocidad, Jesús lo siguió.
Sebastián lo superó en carrera, controló el balón… pero Jesús volvió a cerrarle el espacio.
Hubo contacto, presión… y un segundo de decisión.
Sebastián hizo una bicicleta rápida, lo justo para descolocar a Jesús, y cuando este intentó usar el cuerpo, lo dejó atrás con un caño limpio.
“Este lo gano yo… comandante”.
Remató sin dudar.
Gol.
El silencio se apoderó del entrenamiento por un segundo.
Sebastián ni siquiera parecía cansado.
Alexis se acercó.
“Oye Sebas… ¿por qué no te esfuerzas?
Si así eres bueno… podrías ser mejor”.
Sebastián lo miró sin cambiar la expresión.
“Si puedo hacerlo fácil… ¿para qué hacerlo difícil?” Ronier escuchó esas palabras, y esta vez no se quedó callado.
“Deberías tomarte esto más en serio”.
Sebastián lo miró fijamente.
“Estoy jugando, ¿no?” Ronier no respondió.
Solo desvió la mirada.
Al final del entrenamiento, reunió a todos.
“Hoy nos enfocamos mucho en nosotros tres… pero eso se acabó.
Aquí no somos tres… somos once.
Si uno falla, fallamos todos”.
El equipo asintió.
Algunos estaban motivados, otros aún tenían dudas.
Se fueron del campo con sensaciones mezcladas.
Ya no eran un equipo débil… pero todavía no eran un equipo completo.
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