Rompe los límites: Destruye para ganar - Capítulo 9
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9: El campo de batalla 9: El campo de batalla El primer minuto ya era una tormenta.
Jackson tomó el balón desde el centro, su mente calculando movimientos como un ajedrecista.
Envió un pase filtrado entre dos defensas de 9B, una línea perfecta que solo él veía, y Adrián se abalanzó como un rayo por la banda.
“¡Por ahí!”, gritó Jackson.
Jesús salió a cortar la jugada, pero Adrián no buscó el uno contra uno, tocó el balón con el exterior del pie, cambiando de dirección en un instante y dejando a Jesús atrás.
El extremo se metió en el área, dispuesto a disparar, pero de repente una sombra se interpuso.
Era Sebastián.
Había salido de su posición de delantero como si lo hubiera planeado toda la vida.
No usó fuerza, simplemente colocó su pie en el punto exacto donde el balón iba a pasar, desviándolo suavemente hacia Ronier.
“¿Qué…?”, susurró Adrián, desconcertado.
Ronier recibió el balón y sintió cómo el campo se expandía ante sus ojos.
Cada jugador, cada espacio, cada posibilidad, todo estaba claro, como si el tiempo se hubiera ralentizado.
“Esto es lo que sentí el año pasado…
pero ahora no estoy solo”, pensó.
Mantuvo el balón pegado a sus pies, dejando a tres defensas atrás con movimientos cortos y precisos.
Jackson intentó interceptarlo, pero Ronier lo dejó atrás con un cambio de ritmo que parecía imposible.
El mediocampista de 11A se quedó con la mirada perdida.
“¡Ronier, abajo!”, gritó Jesús desde la defensa.
El capitán entendió algo.
Lo que iba a hacer no se trataba de un simple pase, se trataba de desafiarse a sí mismo, un pase justo donde sabía que él estaría.
Ronier golpeó el balón con la parte externa del pie, enviándolo en una trayectoria baja y rápida hacia el área de 11A.
Sebastián, que recorrió todo el campo como si estuviera corriendo en su patio, ya estaba allí.
Un defensa rival se cruzó en su camino, cerrándole el espacio, pero Sebastián no pensó, actuó.
Recibió el balón con la parte externa, elevándolo por encima del defensor.
Quedó con un ángulo imposible.
Miró al portero… y vio la trayectoria perfecta.
El balón rebotó en el césped, la defensa se paralizó.
Sebastián saltó y remató como pudo, conectando el balón con la parte frontal del pie en un disparo que rasgó el aire.
El portero de 11A saltó, extendió los brazos al máximo, pero el balón pasó justo por encima de sus manos, rozando el larguero antes de hundirse en la red.
GOLAZO DE 9B AL MINUTO 14.
Sebastián no celebró.
Se giró hacia Adrián y Jackson, que estaban cerca del área, y habló con voz baja, pero clara.
“Ustedes pensaron que íbamos a perder, pero aquí, en el campo, solo existe el fuerte… y nosotros somos los más fuertes”.
Mientras la hinchada de 9B gritaba de alegría, Ronier se acercó a su equipo.
“Escuchen bien, este no es un juego, es una lucha por sobrevivir.
Cada balón es una oportunidad de demostrar que merecemos estar aquí.
No vamos a dejar que nadie nos detenga”.
11A respondió con furia.
Jackson organizó a sus jugadores, cambiando la táctica en tiempo real.
Comenzaron a presionar al límite, cometiendo faltas justas en el borde de lo permitido.
Adrián intentó otra vez por la banda, pero esta vez Jesús lo esperaba, no con fuerza bruta, sino con una anticipación que parecía leer su mente.
“Tu velocidad no sirve de nada si yo sé dónde vas a ir”, dijo Jesús, interceptando el balón y enviándolo de nuevo hacia el mediocampo.
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