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Saga Elementos - Capítulo 107

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Capítulo 107: Luz Corrupta

Al sentir la conexión de Ras y Tara, los Oscuros se retiraron, totalmente aterrados. No había forma de que ninguno de ellos, por más sanguinarios o fuertes que creyeran ser, se atrevieran a enfrentar a dos Estrellas y a todo un equipo de combate de los Iluminados.

—Cobardes —murmuró uno de los Iluminados.

—Sepárense y aseguren la zona. Quiero un perímetro hecho lo antes posible. Busquen sobrevivientes. ¡Andando ya! —las órdenes de Tara fueron firmes y sin rodeos. Todos se dispersaron para cumplir con sus tareas asignadas.

—¡Equipo médico! —llamó Ras y fue con las chicas—. ¿Amelia? ¿Qué hacen aquí?

—Un amigo me llamó y me dijo que el avión fue derribado, así que vinimos a ayudar —explicó la joven mientras los paramédicos la examinaban.

—Estará bien, no son heridas serias —informó uno de los sanadores a Ras.

—Bien, ahora hay que…

—¡RAS, VEN AQUÍ! —el tono de Tara era urgente y se la notaba alterada. Ras corrió junto a ella.

—¿Qué pasa? —al mirar hacia abajo, Ras pudo ver a Evelyn Rogers.

La joven estaba debajo de un montón de escombros. Rápidamente, Ras revisó sus signos vitales y suspiró aliviado cuando confirmó que la chica seguía con vida. Sin embargo, su pulso era débil. Se apresuró a sacarla de ahí para después cargarla en sus brazos.

—La llevaré al hospital. Regresa cuando hayas terminado aquí.

—Ve y dile a Bruno que necesitamos un equipo de emergencia —Ras asintió y comenzó a correr a toda velocidad en dirección a la ciudad.

Detrás de Ras, un grupo de sanadores se llevaron al joven rubio en camilla hasta un vehículo todoterreno adaptado para funcionar como una ambulancia. Las chicas se subieron junto al joven rubio y partieron de regreso a la ciudad, dejando a Tara con el problema de limpiar aquel desastre. La mujer no pudo evitar suspirar con cansancio.

—Y todavía falta lo de mañana —dijo con pesadez.

*****

Raymond golpeó el rostro de Alfonso con sus nunchakus y luego lo pateó contra la ventana de la terminal. Hizo girar su arma varias veces a gran velocidad y logró asestar otros seis golpes en el cuerpo del hombre, quien escupió sangre.

—¡Maldito hijo de…! —un nuevo golpe le llegó a la cara, silenciando sus quejas.

Raymond sujetó sus nunchakus debajo de su axila izquierda y lanzó un derechazo con todas sus fuerzas a la cara de Alfonso, quien lo esquivó. El puño de Raymond chocó contra el vidrio templado, astillando el cristal. Al darse cuenta de que había fallado, se giró y trató de golpear con su arma a Alfonso, pero este lo embistió con tal velocidad y fuerza que lo hizo atravesar el vidrio. Raymond sintió que sus costillas se quebraban cuando el cristal cedió ante el peso de ambos.

Alfonso quedó sobre él y golpeó su cara con todas sus fuerzas. Raymond podía sentir la electricidad recorrer su rostro sin piedad ni clemencia. Su consciencia se desvaneció por un momento, lo que su oponente aprovechó para darle un golpe más. «Maldita sea. ¡Reacciona de una buena vez, Kue!», se gritó a sí mismo. Y justo cuando Alfonso se preparaba para atravesarle la cabeza, una fuerte explosión lo quitó de encima de Raymond.

Finn había vuelto al combate. Antes, cuando el avión de los chicos se había ido, Alfonso optó por separarlos. Mando a volar al tío de Amelia contra varios de sus compañeros en las Luces Fantasma, pero Finn pudo librarse fácilmente para regresar con Raymond y ayudarlo.

Raymond Kue se levantó de un salto y preparó sus nunchakus una vez más.

—Los mataré a ambos, desgraciados —prometió Alfonso.

—¿En serio, puedes creer que sea de los nuestros? —preguntó Finn al sentir la conexión cálida de Alfonso. No entendía cómo alguien así podía ser un Iluminado.

—No, yo tampoco puedo creerlo —confirmó Raymond.

Se preparaban para un nuevo asalto cuando se vio una luz aparecer afuera de la terminal y los tres fueron cegados. Dos camionetas habían llegado y Steve bajó de una de ellas, junto con el anciano que dirigía a las Luces Fantasma en la zona.

—¡Atención a todos! —gritó Steve—. La pelea se terminó —Alfonso se volvió hacia el hombre, no podía creerlo.

—La Estrella del Fuego, Bruno Rogers, nos ha ordenado regresar a Ciudad Iluminada de inmediato. Regresen al hotel y empaquen sus cosas. Partirán en tres días —el anciano habló con fuerza y autoridad.

Alfonso estaba furioso. ¿Cómo que la pelea terminó? No los habían matado y, si no los mataban, ¿qué pasaría con su pago? ¡No! No podía terminar aquí, pero así era.

—¡MIERDA! —Alfonso salió corriendo a toda velocidad con dirección al hotel a empacar sus cosas.

Mientras empacaba furioso, escuchó su teléfono sonar y, con la misma rabia que invadía su cuerpo, contestó.

—Seas quien seas, es un mal momento —hubo total silencio en la línea, lo que enfureció a Alfonso todavía más—. ¡¿Hola?! —no hubo respuesta—. Mira, imbécil, eres un…

—Hong Kong —finalmente, la voz de Iván resonó a través de la bocina.

—¿Señor Iván?

—Estoy en Hong Kong, ven a buscarme al Santuario de la Luna Negra. Diles que tienes una cita con El Rey Demonio. No olvides deshacerte de la tarjeta de la Orden y tu teléfono —la llamada se cortó luego de eso.

Sin tiempo para procesarlo todo, Alfonso se apresuró a ir al banco y sacar tanto efectivo como pudiera, un total de trescientos mil dólares. Inmediatamente después se deshizo de la tarjeta de crédito de la Orden para que no pudieran rastrearlo. Luego de eso, se dirigió a la estación de autobuses y tomó uno hasta Miami, donde se apresuró a tomar un vuelo hasta China y finalmente un taxi hasta Hong Kong.

El viaje duró dos días. Estuvo horas vagando por la ciudad, preguntando por el Santuario de la Luna Negra hasta que, finalmente, cuando el sol se ocultó en la ciudad, lo encontró. Entró al local con prisa y algo de rabia acumulada. Detestaba que lo trataran como tonto y, por suerte para él, sabía hablar chino. Al entrar, hizo exactamente lo que Iván le dijo y preguntó por Mówáng, El Rey Demonio. La mujer que lo atendió lo miró como si estuviera loco y hasta le pidió que repitiera sus palabras.

Luego de hacer exactamente eso, le preguntaron si tenía una cita, a lo que Alfonso dijo que sí. La mujer, vestida con una falda de cuero negro que dejaba muy poco a la imaginación, le indicó que debía subir las escaleras hasta el último piso. Cosa que Alfonso hizo no sin antes escuchar las siguientes palabras de la mujer.

—Zhēnshi gè kělián de shǎguā. Tā néng huózhe chūqù jiù bùcuòle.

Palabras que significaban “Pobre idiota. Tendrá suerte si sale de ahí con vida”. Esto confundió mucho a Alfonso, pero no lo preocupó. Subió confiado las escaleras hasta el penthouse. En vez de tocar la puerta, como una persona normal, abrió de golpe y entró como si esa fuera su casa. Lo primero que lo recibió fue un hombre asiático con dos bellas mujeres chinas en su regazo, ambas desnudas y abrazadas contra su pecho. Iván no estaba por ningún lado.

—¿Dónde está? —exigió saber.

—¿Disculpa? —preguntó el hombre mientras las dos chicas se cubrían con las sábanas del sillón.

—¿En dónde está él? —sin embargo, lejos de responderle, el hombre miró a las chicas con algo de molestia. Ambas se habían bajado de su regazo para tapar sus delicados cuerpos y cubrir su desnudez.

—Wǒ bù jìdé wǒ céngjīng yǔnxǔ tāmen zǒu dào yībiān huò zhē zhù luǒlù de shēntǐ —la expresión de las mujeres cambió a una de miedo y ambas se deshicieron de las mantas que cubrían sus cuerpos y volvieron al regazo del hombre.

Si Alfonso entendió correctamente, ese hombre las miró de esa forma y les recalcó que no les había permitido bajarse de sus piernas y mucho menos tapar sus cuerpos. Esto lo enfureció todavía más. Ni siquiera lo estaban escuchando.

—Mira, idiota. Estoy buscando a Iván y será mejor que me digas en dónde está —el cuerpo de Alfonso brilló en azul, lo que hizo que las mujeres se sobresaltaran, pero no se apartaron del hombre asiático. Le tenían más miedo a él que al propio Alfonso.

—Te recomiendo que te tranquilices, niño — Alfonso volteó al escuchar la voz de Iván, quien acababa de salir de la parte trasera de la cocina. Tenía en sus manos un tazón de uvas y estaba comiéndolas—. Estoy aquí y hay algunas cosas que debemos discutir. Por favor —señaló una silla y ambos se sentaron—. Primero que nada, ya no formo parte de la Orden de la Luz —Alfonso no se mostró sorprendido por esto—. Y segundo, he estado pasándole información a los Oscuros los últimos 45 años, tiempo que también he sido parte de la Orden de las Sombras. Pude mantenerme oculto entre los Iluminados porque soy un Camaleón —Alfonso seguía sin mostrar señales de sorpresa—. ¿No vas a decir nada?

—¿Qué hay que decir? Eso no me importa, señor. Nunca me importó en realidad.

—Explícate.

—Nunca me interesó la Orden, mucho menos esta… guerra. Lo único que me importa es pelear, el dinero, el lujo y las mujeres. Todo lo que se salga de esas cuatro cosas me importa un bledo —Iván no pudo evitar sonreír.

—Es justo como lo imaginé hace 20 años cuando te hice parte de las Luces Fantasma —dijo Iván—. Siempre fuiste un Oscuro en tu corazón —Alfonso ya empezaba a molestarse una vez más.

—¿Para qué me hizo venir aquí? —preguntó.

—Te tengo una propuesta —Iván tomó algunas uvas del tazón—. La Orden de las Sombras ha puesto en marcha un plan que nos permitirá a nosotros, los usuarios, tomar el control de este mundo. Cuando eso pase, el mundo será gobernado solo por aquellos que tienen el poder y no por los simios que actualmente lo dirigen. Si te unes a nosotros, serás parte de ese nuevo mundo y nadie, que no sea un usuario, podrá negarte cualquier cosa que pidas. Podrás tener todo el dinero que quieras, pelearás cuando se te antoje y los mejores lujos serán tuyos, al igual que las mujeres —los ojos de Alfonso se iluminaron ante aquella idea.

—Cuente conmigo, señor.

Iván siempre lo supo. La lealtad de Alfonso estaba donde fuera que hubiera placer. Si le ofrecía el mundo y todos sus placeres, el hombre aceptaría sin dudar. No tenía lealtad, no tenía honor, solo un hambre insaciable de placer y riqueza. Todo eso, sumado a un potencial bastante grande.

—Entonces, Alfonso Guzmán. Yo, Iván Horowitz, la Sombra del Viento, te doy la bienvenida a la Orden de las Sombras —Alfonso estrechó su mano con una gran sonrisa en su rostro.

—Siempre es un placer recibir sangre nueva —Tenma hizo señas a las chicas para que se apartaran y él poder ponerse de pie—. Esto hay que celebrarlo.

Fue hasta la parte trasera de la cocina y sacó una gran botella de champaña, pero solo había dos copas. Alfonso no entendía nada.

—Abre esto, por favor —entregó la botella a Iván—. Debo ir por algo —Tenma se apartó por un momento y fue a la parte trasera del penthouse.

—¿Y bien? ¿Cuál será mi primer trabajo? —preguntó Alfonso.

—Sobrevivir —Alfonso inclinó la cabeza, confundido—. Detrás de ti, niño.

Cuando Alfonso volteó, se topó cara a cara con Tenma y, antes de siquiera poder decir algo, tenía una katana apuñalando su vientre. Con la misma velocidad con la que perforó su cuerpo, Tenma retiró la espada y Alfonso cayó de rodillas al suelo, escupiendo sangre mientras presionaba la herida tratando de parar la hemorragia. Tenma envainó su espada y, utilizando el mango, levantó el mentón del hombre, obligándolo a observarlo. «¿Cuándo se volvió tan grande?», preguntó al ver la imponente figura de Tenma.

—Entras a mi casa como si fuera tuya, me gritas frente a mis chicas y las asustas —el rostro de Tenma pasó de ser jovial a frío y sombrío—. Solo por ser el invitado de Iván te perdonaré, pero si vuelves a faltarme el respeto, entonces yo, la Sombra del Fuego, te mataré sin ningún tipo de piedad y alargaré tu sufrimiento hasta que me canse de jugar contigo.

Alfonso apenas escuchó lo que Tenma dijo, pero captó el mensaje: No hacerlo enojar nunca más. Se desmayó en el suelo frente a las dos Sombras que lo veían desde arriba mientras tomaban un sorbo de champaña. Estuvieron así un rato hasta que un par de sanadores aparecieron para llevarse a Alfonso y sanarlo.

La Orden de la Luz ahora tiene 3 Elementales: aire, fuego y rayo. Sin embargo, tierra y agua siguen desaparecidos. Las Luces Fantasma fueron desmanteladas por completo, al igual que la unidad de espionaje. Se declaró la traición de Alfonso tres días después y el plan de Iván está en marcha. Lo aterrador es… que nadie sabe qué se propone realmente este hombre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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