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Saga Elementos - Capítulo 106

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Capítulo 106: El Débil Aullido de un Lobo Herido

La escena no podía ser más grotesca y extraña. Un montón de cuerpos desmembrados aquí y allá. Vísceras colgadas en los escombros de lo que antes era un avión majestuoso. Sangre que teñía la nieve de rojo carmesí y, en el centro de todo, un hombre. Era bastante alto. Como referencia, Amelia y Jessica tenían una altura de 170 y 168 centímetros respectivamente, pero este hombre era un gigante al lado de las dos. Parecía medir 178 o hasta 180 centímetros de altura. Ni siquiera Maxwell, con 1,74 metros, podría mirar a este hombre a la cara sin levantar la vista.

Lo más raro era que este hombre tenía una máscara que cubría toda su cabeza. Era la máscara de un lobo pintada de forma tosca. «El concepto está bien, pero la distribución de los colores es horrible», fue lo primero que pensó Jessica al ver la máscara. El hombre se encontraba jadeando. Se lo notaba exhausto y herido. Tenía cortes por todo su cuerpo, así como una herida de puñal en su hombro izquierdo. Por la forma en la que colgaba su brazo, estaba claro que se lo había dislocado o el puñal llegó a cortar los músculos de la zona, dejando inutilizable la extremidad.

Su cuerpo desprendía destellos eléctricos de manera aleatoria y errática, pero su conexión seguía siendo bastante intensa y cálida, lo que indicaba que no era un Oscuro. Aquel hombre misterioso volteó a mirar a las chicas y ambas se percataron de sus ojos amarillos, específicamente, color ámbar, los cuales brillaban en un tono dorado que los resaltaba todavía más.

—¿Quién es ese? —preguntó Jessica mientras envolvía sus puños en llamas.

—No tengo idea, pero no parece ser el enemigo —concluyó Amelia, sintiendo una conexión cálida emanando de él.

—Ustedes… son Iluminados, ¿verdad? —preguntó el hombre con voz ronca.

Las chicas tardaron un poco en responder debido a la sorpresa. La voz de aquel gigante delgado era la de un adolescente no mayor que ellas. Amelia rápidamente se recompuso para hablar.

—Sí y…

—¡ARGH!

La chica no pudo terminar de hablar porque el joven recibió una flecha en la espalda, a la altura del hombro. El chico trató de voltearse, pero estaba tan agotado que no podía moverse a gran velocidad. Una lluvia de flechas y bolas de fuego avanzó hacia él, pero, justo cuando estaba a nada de morir, una melena blanca como la nieve apareció frente a él. Pudo percibir un leve aroma a jazmín emanar del cabello de Amelia cuando esta expandió un domo de viento alrededor de ambos. Las flechas se rompieron y las bolas de fuego se apagaron en el aire antes de siquiera tocar a la joven.

—Domo de Viento: Expansión —una de las técnicas defensivas más básicas, pero también la más efectiva para repeler proyectiles.

No obstante, a pesar de haber desviado las flechas, el resto de la guardia no tuvo tanta suerte. Los ataques les cayeron encima como un bombardeo y todos terminaron muertos. Solo quedaban Amelia y Jessica para pelear contra los Oscuros invasores.

—Veamos si les gusta esto, imbéciles —Jessica avanzó y levantó la mano, colocando sus dedos en forma de una pistola—. ¡Ametralladora Infernal!

Una serie de pequeñas bolas de fuego salieron disparadas de los dedos de Jessica hacia el lugar de donde habían llegado los ataques anteriores. Al impactar, se produjeron una serie de explosiones, cada una comparable a la explosión de una granada de mano. Fueron tan fuertes que, al terminar de disparar, se dejaron ver aproximadamente 10 cuerpos. Todos retorcidos en ángulos imposibles y con horribles quemaduras.

—Recuérdame nunca hacerte enojar, Roja —Jessica sonrió al escuchar esto.

Un segundo después, se escuchó el sonido de algo quebrándose a la distancia. Lo siguiente que los tres sintieron fue seis conexiones frías bajar desde el cielo hacia ellos. Seis usuarios del elemento tierra les estaban cayendo encima como meteoritos. Para cuando se dieron cuenta de esto, era demasiado tarde para esquivarlos. Sin embargo, cuando estaban a punto de ser aplastadas como uvas, sintieron que algo las empujaba lejos de aquella zona.

Cayeron a unos diez metros del lugar en donde se encontraban hace un momento, justo antes de escuchar el inconfundible y aterrador sonido de roca quebrando más roca.

—Tabarnak! —exclamó el muchacho con los ojos cerrados mientras la herida en su hombro arrojaba un chorro de sangre. Parecía estar hablando en francés—. Ça fait mal, osti!

Antes de siquiera poder preguntarle qué había dicho, llegó otro Oscuro. Había saltado desde su sitio con intención de aplastarle la cabeza al muchacho, pero Amelia giró sobre su espalda y luego se apoyó en su brazo izquierdo. Una poderosa patada, seguida de un gran torrente de aire expulsado desde el pie de la chica, golpeó al Oscuro y lo mandó a volar contra un montón de escombros donde murió empalado. Amelia, por su lado, usó el retroceso de su patada para levantarse con la gracia de una bailarina de ballet.

«Esas clases de capoeira sí que valieron la pena», pensó mientras esquivaba el siguiente ataque y tomaba distancia. Jessica se levantó rápidamente para golpear con su mejor derechazo la cara del Oscuro, pero el sujeto ni siquiera se inmutó. Por el contrario, sonrió antes de golpearla en el estómago.

Viendo venir el ataque, Jessica tensó los músculos del abdomen para absorber el daño tanto como fuera posible, pero el puño de aquel bastardo con los dientes torcidos y amarillentos estaba cubierto de piedras. Por lo que el daño fue bastante grave. La joven luchó para no vomitar su desayuno y retrocedió dando dos saltos.

—Solo quería pasar una tarde con mi novia en su casa. Ver una película, besarnos y luego dormirnos en el sofá —la joven envolvió sus brazos en llamas, lo cual borró la sonrisa de su atacante—. ¡Y ustedes tenían que llegar a jodernos el día!

Jessica se lanzó contra el desgraciado. Esquivó sus golpes y luego le asestó un jab en la mandíbula que lo dejó mareado y desorientado. Después, un gancho en la mejilla y finalmente hizo estallar una llamarada en su estómago, mandándolo a volar por un precipicio. Si el fuego no lo mató, la caída definitivamente haría el resto del trabajo.

Por otro lado, Amelia se encontraba lidiando con cuatro sujetos al mismo tiempo. «No es por nada, pero ¿por qué solo a mí? ¡Jessica está detrás de ustedes!», pensó mientras seguía esquivando los golpes y evitando los lanzamientos de rocas que estos tipos le lanzaban. Uno de ellos se puso creativo y empezó a hacer aparecer picos de roca desde el suelo. Amelia consiguió eludirlos a duras penas, pero terminó recibiendo un golpe en su brazo derecho. Pudo sentir cómo se formaba una pequeña grieta en su antebrazo, pero no llegó a romperse. El dolor la golpeó casi al instante. Forzándose a ignorar el dolor en sus huesos, Amelia envolvió su cuerpo en viento, se agachó y empezó a deslizarse entre los Oscuros como si fuera agua fluyendo a través de un río.

—Vals del Cielo Despejado —fue así como nombró a su nueva técnica.

Sin darles tiempo a reaccionar, cargó su Esfera de Vacío y la estrelló en el pecho de su atacante más cercano. La explosión de viento fue de tal magnitud que los otros tres explotaron en una neblina sangrienta antes de siquiera entender cómo Amelia se les había escapado.

—¡Despejado por aquí! ¿Cómo vas, Jessica? —preguntó mientras se volvía a ver a la pelirroja.

—¡Casi termino con ellos! —Jessica conectó una patada baja en el muslo de su oponente antes de reiniciar todo su sistema con una patada alta en la cabeza.

Luego de despachar a su atacante, la cual tenía tatuajes hasta en las mejillas, la pelirroja se dio la vuelta y conectó un golpe martillo contra el tipo que se le acercó por la espalda. Envolvió su pierna en llamas, la levantó y luego la estiró, conectando una patada lateral en el pecho de su oponente, la cual explotó y lo mató en el acto. Finalmente, Jessica podía tomarse un momento para respirar.

—Todo listo por aquí —le levantó un pulgar a Amelia.

Parecía que podrían descansar hasta que llegara la ayuda, pero quedaban más Oscuros escondidos en la montaña. Tenían ventaja al estar en un lugar elevado y, para colmo, podían bombardearlas sin apenas esfuerzo. Cargaron bolas de fuego y levantaron grandes fragmentos de roca que comenzaron a lanzar hacia las chicas.

—¡Maldita sea! —Jessica levantó las manos y abrió las palmas—. ¡Lanza Demoníaca! —procedió a disparar un proyectil de fuego en cada mano.

Podrían parecer dos bolas de fuego sin más, pero no eran así. Cuando estaba en los Estados Unidos, aprendiendo lo básico con Amy y Laura, Jessica no había tenido la oportunidad de inventar sus propios ataques. Sin embargo, al ver lo que Mark hizo con el fuego, creando a un Cerbero gigante y pequeños sabuesos en llamas, la joven comenzó a tener varias ideas. «El fuego es un elemento maleable, al igual que el agua. La única diferencia es que el fuego es más destructivo. Un ataque cargado de un experto es capaz de desintegrar todo a su paso. Cosa que el agua no puede hacer tan fácilmente». Eso le había dicho Laura en el avión cuando Jessica le preguntó al respecto.

Con eso en mente, Jessica tuvo varias ideas para ataques nuevos. El primero fue, por supuesto, Ametralladora Infernal. Una serie de disparos rápidos que concentraban el calor de las llamas en el núcleo de los proyectiles, dejando el exterior como una capa de vacío. Cuando estos impactaban, la explosión era más grande que la de un disparo normal. Ahora, lo que Jessica había disparado era la Lanza Demoníaca. Un par de bolas de fuego, cuya forma recordaba más a la de una bala, cuyo núcleo estaba tan caliente como para derretir el acero. Al menos eso era lo que Jessica quería creer. Cuando el fuego de Jessica impactó con las rocas, se produjeron dos grandes explosiones que desintegraron las piedras y apagaron las bolas de fuego cercanas. La pelirroja no pudo evitar reír al ver el resultado.

—¡Funcionó! —dijo con alegría. Sin embargo, los Oscuros no le iban a dejar celebrar. Levantaron varias rocas más y se las lanzaron a las chicas—. ¡Mierda!

Jessica disparó otra vez su Lanza Demoníaca para desintegrar las piedras. Lo que siguió después fue un intercambio de ataques donde los Oscuros les lanzaban rocas y Jessica las destruía con su nuevo ataque, el cual comenzaba a pasarle factura a la pelirroja. Cargar tantas veces el mismo disparo era agotador, ya que tenía que calentar el núcleo de las llamas para después dispararlas. Lo cual gastaba demasiada energía y, combinado con los disparos en rápida sucesión, hacía que la joven comenzara a cansarse hasta que finalmente las bolas de fuego que lanzaba ni siquiera hacían algo en las rocas.

Amelia intervino creando un colchón de aire y mandando las enormes piedras a un lado para que bajaran rodando la montaña. Los Oscuros sonrieron al ver este cambio en las chicas.

—¡La elemental de fuego ya se cansó! ¡Continúen atacando! —gritó el líder del grupo desde arriba.

—¡Maldita sea! —soltó Amelia.

El colchón de aire había consumido casi toda su energía. Levantar algo tan pesado era agotador para cualquier usuario, sin importar quién fuera. Con su energía actual, Amelia ya no podía usar la Liberación y mucho menos podría parar otro ataque. Jessica tampoco tenía energía para realizar un solo disparo más.

Viendo que todos morirían si él no hacía nada, el joven con máscara de lobo se levantó de su sitio y caminó dando tumbos hacia donde estaban las chicas. Había pasado cerca de diez minutos continuos luchando sin parar contra los Oscuros antes de que llegaran esas dos. Sus recuerdos previos a despertarse en los escombros de lo que antes era el galley del avión eran confusos. Recordaba estar dentro de la aeronave, sintiéndose ligero y feliz mientras un aroma dulce inundaba sus fosas nasales. Luego, el recuerdo de lo que parecía ser una explosión en el lado derecho y después, el sonido del metal desgarrándose como si fuera papel. Lo último que vio, antes de desmayarse, fue una especie de domo de fuego, una sonrisa y luego de eso se estrellaron.

No tenía idea de dónde estaba, tampoco sabía quiénes eran esas chicas, ni por qué le resultaban tan familiares si no las había visto nunca en su vida. Lo único que estaba claro era que no podía morir aún. Todavía tenía que encontrar a esa gatita descarada y mal hablada que lo arrastró hasta las montañas, lejos de su hogar. Unas ganas indescriptibles de besarla mientras pellizcaba sus mejillas surgieron de su interior y no pudo evitar esbozar una sonrisa detrás de la máscara.

Colocándose frente a las dos chicas, el joven se volteó a mirarlas por encima del hombro.

—Ni se les ocurra tocarme o acercarse a mí en este momento —dijo mientras su conexión crecía en intensidad. Fue ahí que Amelia sintió cómo su piel se erizaba mientras la electricidad envolvía el cuerpo del joven.

—Jessica, retrocede —la joven de cabello blanco tomó a la pelirroja del brazo y ambas retrocedieron varios pasos para alejarse de aquel misterioso chico.

De la nada, el cielo comenzó a oscurecerse mientras los rayos empezaban a retumbar en las nubes. Todavía se encontraban a unos 5000 metros sobre el nivel del mar, por lo que ver rayos a esa altura era imposible. Ningún usuario del rayo, por más poderoso que fuera, podría afectar el clima de esa manera. Ni siquiera Ras, la Estrella del Rayo, tenía esa capacidad. Solo había una persona en el mundo capaz de hacer algo así.

El aire se estaba cargando de electricidad y, viendo esto, los Oscuros en la montaña lanzaron tres rocas gigantes al chico, buscando aplastarlo. Sin embargo, las piedras fueron destruidas cuando tres rayos fueron disparados desde las nubes y las hicieron explotar en fragmentos pequeños e inofensivos.

—¡AHHH! —un grito gutural escapó de la garganta de aquel joven.

Un rayo descendió de la nube, golpeándolo de lleno y envolviendo su cuerpo en electricidad. Luego, un montón de relámpagos comenzaron a caer alrededor del chico en forma de espiral. Los rayos azotaban las montañas alrededor. Incluso Jessica y Amelia tenían miedo de moverse de su sitio por temor a recibir el impacto de alguno.

Los Oscuros, por su lado, no entendían qué estaba pasando. Sin embargo, el joven levantó su mano funcional al cielo y, entre el sonido de los relámpagos, se pudo escuchar lo que parecían ser gruñidos. Era como si una jauría de bestias hambrientas acabara de encontrar una presa jugosa. Amelia apretó su agarre en el brazo de Jessica, quien pudo notar que la peliblanca parecía muy asustada mientras veía las nubes y, cada vez que escuchaba el sonido de un trueno, cerraba los ojos de golpe. No pudo seguir pensando en esto cuando el joven volvió a hablar.

—Estoy muy débil, pero les juro que este ataque sería suficiente para reducir un edificio entero a polvo —el joven se preparó y un nuevo rayo golpeó su cuerpo, causando que su máscara cayera al suelo—. No tendrá la potencia de siempre, pero será suficiente para acabar con ustedes, malditos hijos de perra —Amelia se sorprendió al escucharlo.

—¿También habla español?

—CHASSE… DE LA MEUTE ENRAGÉE! —el chico dejó caer su brazo.

Inmediatamente después, una lluvia de relámpagos cayó sobre el lugar donde se encontraban los Oscuros. No, lo anterior no era una exageración. Cientos, si no es que miles, de relámpagos cayeron sobre los Oscuros como lluvia, todos casi al mismo tiempo. Un ataque imposible de esquivar o bloquear, mucho menos sobrevivir.

Los estruendos duraron siete segundos eternos, en los cuales la montaña fue bombardeada sin piedad o contemplación alguna. Cuando todo terminó, no había rastro de las conexiones frías de hace rato. Aquel misterioso joven lo había logrado, había conseguido matar a todos los Oscuros en la montaña. La realización lo golpeó mientras seguía parado en su sitio. Jadeando y tambaleándose, buscando mantenerse de pie, pero la conciencia lo estaba abandonando.

Un último suspiro escapó de sus labios y el chico cayó al suelo, inconsciente.

Jessica y Amelia se acercaron rápidamente a donde estaba. Lo primero que vieron fue su rostro. Ahora que no tenía su máscara, se podían apreciar sus facciones. Un rostro apuesto con una cicatriz en su ojo derecho que empezaba desde su ceja. Tenía otra cicatriz en su labio inferior izquierdo y le faltaba un pedazo de su oreja, parecía como si alguien hubiera tomado unas tijeras y le hubiera hecho un corte en la zona.

—¿Los Oscuros le hicieron esto? —preguntó Jessica al verlo.

—Lo dudo, parecen ser cicatrices viejas —explicó Amelia al no ver costras o sangre fresca en ninguna de ellas.

Incluso con todo y cicatrices, su rostro era muy apuesto, parecía un modelo adolescente. Tan atractivo era que Amelia se le quedó viendo por un rato antes de reaccionar. «Ya tienes novia y es la más guapa del planeta. Ya tienes novia y es la más guapa del planeta», se dijo a sí misma, forzándose a apartar la mirada.

—Hay que avisar dónde estamos y… —Amelia dejó de hablar al sentir varias conexiones frías aparecer detrás de ellas.

—Dame un respiro, hombre —Jessica se levantó y fue al frente con Amelia mientras ambas se colocaban en guardia.

No les quedaba casi nada de energía, las dos estaban agotadas y todavía tenían que luchar contra varios Oscuros más. Sin embargo, no fue necesario que ellas continuaran luchando. Detrás de ellas, recién llegando al lugar del choque, estaban Ras y Tara, junto con un equipo de Iluminados armados y listos para luchar.

Al sentir la conexión de Ras y Tara, los Oscuros se retiraron, totalmente aterrados. No había forma de que ninguno de ellos, por más sanguinarios o fuertes que creyeran ser, se atrevieran a enfrentar a dos Estrellas y a todo un equipo de combate de los Iluminados.

—Cobardes —murmuró uno de los Iluminados.

—Sepárense y aseguren la zona. Quiero un perímetro hecho lo antes posible. Busquen sobrevivientes. ¡Andando ya! —las órdenes de Tara fueron firmes y sin rodeos. Todos se dispersaron para cumplir con sus tareas asignadas.

—¡Equipo médico! —llamó Ras y fue con las chicas—. ¿Amelia? ¿Qué hacen aquí?

—Un amigo me llamó y me dijo que el avión fue derribado, así que vinimos a ayudar —explicó la joven mientras los paramédicos la examinaban.

—Estará bien, no son heridas serias —informó uno de los sanadores a Ras.

—Bien, ahora hay que…

—¡RAS, VEN AQUÍ! —el tono de Tara era urgente y se la notaba alterada. Ras corrió junto a ella.

—¿Qué pasa? —al mirar hacia abajo, Ras pudo ver a Evelyn Rogers.

La joven estaba debajo de un montón de escombros. Rápidamente, Ras revisó sus signos vitales y suspiró aliviado cuando confirmó que la chica seguía con vida. Sin embargo, su pulso era débil. Se apresuró a sacarla de ahí para después cargarla en sus brazos.

—La llevaré al hospital. Regresa cuando hayas terminado aquí.

—Ve y dile a Bruno que necesitamos un equipo de emergencia —Ras asintió y comenzó a correr a toda velocidad en dirección a la ciudad.

Detrás de Ras, un grupo de sanadores se llevaron al joven rubio en camilla hasta un vehículo todoterreno adaptado para funcionar como una ambulancia. Las chicas se subieron junto al joven rubio y partieron de regreso a la ciudad, dejando a Tara con el problema de limpiar aquel desastre. La mujer no pudo evitar suspirar con cansancio.

—Y todavía falta lo de mañana —dijo con pesadez.

*****

Raymond golpeó el rostro de Alfonso con sus nunchakus y luego lo pateó contra la ventana de la terminal. Hizo girar su arma varias veces a gran velocidad y logró asestar otros seis golpes en el cuerpo del hombre, quien escupió sangre.

—¡Maldito hijo de…! —un nuevo golpe le llegó a la cara, silenciando sus quejas.

Raymond sujetó sus nunchakus debajo de su axila izquierda y lanzó un derechazo con todas sus fuerzas a la cara de Alfonso, quien lo esquivó. El puño de Raymond chocó contra el vidrio templado, astillando el cristal. Al darse cuenta de que había fallado, se giró y trató de golpear con su arma a Alfonso, pero este lo embistió con tal velocidad y fuerza que lo hizo atravesar el vidrio. Raymond sintió que sus costillas se quebraban cuando el cristal cedió ante el peso de ambos.

Alfonso quedó sobre él y golpeó su cara con todas sus fuerzas. Raymond podía sentir la electricidad recorrer su rostro sin piedad ni clemencia. Su consciencia se desvaneció por un momento, lo que su oponente aprovechó para darle un golpe más. «Maldita sea. ¡Reacciona de una buena vez, Kue!», se gritó a sí mismo. Y justo cuando Alfonso se preparaba para atravesarle la cabeza, una fuerte explosión lo quitó de encima de Raymond.

Finn había vuelto al combate. Antes, cuando el avión de los chicos se había ido, Alfonso optó por separarlos. Mando a volar al tío de Amelia contra varios de sus compañeros en las Luces Fantasma, pero Finn pudo librarse fácilmente para regresar con Raymond y ayudarlo.

Raymond Kue se levantó de un salto y preparó sus nunchakus una vez más.

—Los mataré a ambos, desgraciados —prometió Alfonso.

—¿En serio, puedes creer que sea de los nuestros? —preguntó Finn al sentir la conexión cálida de Alfonso. No entendía cómo alguien así podía ser un Iluminado.

—No, yo tampoco puedo creerlo —confirmó Raymond.

Se preparaban para un nuevo asalto cuando se vio una luz aparecer afuera de la terminal y los tres fueron cegados. Dos camionetas habían llegado y Steve bajó de una de ellas, junto con el anciano que dirigía a las Luces Fantasma en la zona.

—¡Atención a todos! —gritó Steve—. La pelea se terminó —Alfonso se volvió hacia el hombre, no podía creerlo.

—La Estrella del Fuego, Bruno Rogers, nos ha ordenado regresar a Ciudad Iluminada de inmediato. Regresen al hotel y empaquen sus cosas. Partirán en tres días —el anciano habló con fuerza y autoridad.

Alfonso estaba furioso. ¿Cómo que la pelea terminó? No los habían matado y, si no los mataban, ¿qué pasaría con su pago? ¡No! No podía terminar aquí, pero así era.

—¡MIERDA! —Alfonso salió corriendo a toda velocidad con dirección al hotel a empacar sus cosas.

Mientras empacaba furioso, escuchó su teléfono sonar y, con la misma rabia que invadía su cuerpo, contestó.

—Seas quien seas, es un mal momento —hubo total silencio en la línea, lo que enfureció a Alfonso todavía más—. ¡¿Hola?! —no hubo respuesta—. Mira, imbécil, eres un…

—Hong Kong —finalmente, la voz de Iván resonó a través de la bocina.

—¿Señor Iván?

—Estoy en Hong Kong, ven a buscarme al Santuario de la Luna Negra. Diles que tienes una cita con El Rey Demonio. No olvides deshacerte de la tarjeta de la Orden y tu teléfono —la llamada se cortó luego de eso.

Sin tiempo para procesarlo todo, Alfonso se apresuró a ir al banco y sacar tanto efectivo como pudiera, un total de trescientos mil dólares. Inmediatamente después se deshizo de la tarjeta de crédito de la Orden para que no pudieran rastrearlo. Luego de eso, se dirigió a la estación de autobuses y tomó uno hasta Miami, donde se apresuró a tomar un vuelo hasta China y finalmente un taxi hasta Hong Kong.

El viaje duró dos días. Estuvo horas vagando por la ciudad, preguntando por el Santuario de la Luna Negra hasta que, finalmente, cuando el sol se ocultó en la ciudad, lo encontró. Entró al local con prisa y algo de rabia acumulada. Detestaba que lo trataran como tonto y, por suerte para él, sabía hablar chino. Al entrar, hizo exactamente lo que Iván le dijo y preguntó por Mówáng, El Rey Demonio. La mujer que lo atendió lo miró como si estuviera loco y hasta le pidió que repitiera sus palabras.

Luego de hacer exactamente eso, le preguntaron si tenía una cita, a lo que Alfonso dijo que sí. La mujer, vestida con una falda de cuero negro que dejaba muy poco a la imaginación, le indicó que debía subir las escaleras hasta el último piso. Cosa que Alfonso hizo no sin antes escuchar las siguientes palabras de la mujer.

—Zhēnshi gè kělián de shǎguā. Tā néng huózhe chūqù jiù bùcuòle.

Palabras que significaban “Pobre idiota. Tendrá suerte si sale de ahí con vida”. Esto confundió mucho a Alfonso, pero no lo preocupó. Subió confiado las escaleras hasta el penthouse. En vez de tocar la puerta, como una persona normal, abrió de golpe y entró como si esa fuera su casa. Lo primero que lo recibió fue un hombre asiático con dos bellas mujeres chinas en su regazo, ambas desnudas y abrazadas contra su pecho. Iván no estaba por ningún lado.

—¿Dónde está? —exigió saber.

—¿Disculpa? —preguntó el hombre mientras las dos chicas se cubrían con las sábanas del sillón.

—¿En dónde está él? —sin embargo, lejos de responderle, el hombre miró a las chicas con algo de molestia. Ambas se habían bajado de su regazo para tapar sus delicados cuerpos y cubrir su desnudez.

—Wǒ bù jìdé wǒ céngjīng yǔnxǔ tāmen zǒu dào yībiān huò zhē zhù luǒlù de shēntǐ —la expresión de las mujeres cambió a una de miedo y ambas se deshicieron de las mantas que cubrían sus cuerpos y volvieron al regazo del hombre.

Si Alfonso entendió correctamente, ese hombre las miró de esa forma y les recalcó que no les había permitido bajarse de sus piernas y mucho menos tapar sus cuerpos. Esto lo enfureció todavía más. Ni siquiera lo estaban escuchando.

—Mira, idiota. Estoy buscando a Iván y será mejor que me digas en dónde está —el cuerpo de Alfonso brilló en azul, lo que hizo que las mujeres se sobresaltaran, pero no se apartaron del hombre asiático. Le tenían más miedo a él que al propio Alfonso.

—Te recomiendo que te tranquilices, niño — Alfonso volteó al escuchar la voz de Iván, quien acababa de salir de la parte trasera de la cocina. Tenía en sus manos un tazón de uvas y estaba comiéndolas—. Estoy aquí y hay algunas cosas que debemos discutir. Por favor —señaló una silla y ambos se sentaron—. Primero que nada, ya no formo parte de la Orden de la Luz —Alfonso no se mostró sorprendido por esto—. Y segundo, he estado pasándole información a los Oscuros los últimos 45 años, tiempo que también he sido parte de la Orden de las Sombras. Pude mantenerme oculto entre los Iluminados porque soy un Camaleón —Alfonso seguía sin mostrar señales de sorpresa—. ¿No vas a decir nada?

—¿Qué hay que decir? Eso no me importa, señor. Nunca me importó en realidad.

—Explícate.

—Nunca me interesó la Orden, mucho menos esta… guerra. Lo único que me importa es pelear, el dinero, el lujo y las mujeres. Todo lo que se salga de esas cuatro cosas me importa un bledo —Iván no pudo evitar sonreír.

—Es justo como lo imaginé hace 20 años cuando te hice parte de las Luces Fantasma —dijo Iván—. Siempre fuiste un Oscuro en tu corazón —Alfonso ya empezaba a molestarse una vez más.

—¿Para qué me hizo venir aquí? —preguntó.

—Te tengo una propuesta —Iván tomó algunas uvas del tazón—. La Orden de las Sombras ha puesto en marcha un plan que nos permitirá a nosotros, los usuarios, tomar el control de este mundo. Cuando eso pase, el mundo será gobernado solo por aquellos que tienen el poder y no por los simios que actualmente lo dirigen. Si te unes a nosotros, serás parte de ese nuevo mundo y nadie, que no sea un usuario, podrá negarte cualquier cosa que pidas. Podrás tener todo el dinero que quieras, pelearás cuando se te antoje y los mejores lujos serán tuyos, al igual que las mujeres —los ojos de Alfonso se iluminaron ante aquella idea.

—Cuente conmigo, señor.

Iván siempre lo supo. La lealtad de Alfonso estaba donde fuera que hubiera placer. Si le ofrecía el mundo y todos sus placeres, el hombre aceptaría sin dudar. No tenía lealtad, no tenía honor, solo un hambre insaciable de placer y riqueza. Todo eso, sumado a un potencial bastante grande.

—Entonces, Alfonso Guzmán. Yo, Iván Horowitz, la Sombra del Viento, te doy la bienvenida a la Orden de las Sombras —Alfonso estrechó su mano con una gran sonrisa en su rostro.

—Siempre es un placer recibir sangre nueva —Tenma hizo señas a las chicas para que se apartaran y él poder ponerse de pie—. Esto hay que celebrarlo.

Fue hasta la parte trasera de la cocina y sacó una gran botella de champaña, pero solo había dos copas. Alfonso no entendía nada.

—Abre esto, por favor —entregó la botella a Iván—. Debo ir por algo —Tenma se apartó por un momento y fue a la parte trasera del penthouse.

—¿Y bien? ¿Cuál será mi primer trabajo? —preguntó Alfonso.

—Sobrevivir —Alfonso inclinó la cabeza, confundido—. Detrás de ti, niño.

Cuando Alfonso volteó, se topó cara a cara con Tenma y, antes de siquiera poder decir algo, tenía una katana apuñalando su vientre. Con la misma velocidad con la que perforó su cuerpo, Tenma retiró la espada y Alfonso cayó de rodillas al suelo, escupiendo sangre mientras presionaba la herida tratando de parar la hemorragia. Tenma envainó su espada y, utilizando el mango, levantó el mentón del hombre, obligándolo a observarlo. «¿Cuándo se volvió tan grande?», preguntó al ver la imponente figura de Tenma.

—Entras a mi casa como si fuera tuya, me gritas frente a mis chicas y las asustas —el rostro de Tenma pasó de ser jovial a frío y sombrío—. Solo por ser el invitado de Iván te perdonaré, pero si vuelves a faltarme el respeto, entonces yo, la Sombra del Fuego, te mataré sin ningún tipo de piedad y alargaré tu sufrimiento hasta que me canse de jugar contigo.

Alfonso apenas escuchó lo que Tenma dijo, pero captó el mensaje: No hacerlo enojar nunca más. Se desmayó en el suelo frente a las dos Sombras que lo veían desde arriba mientras tomaban un sorbo de champaña. Estuvieron así un rato hasta que un par de sanadores aparecieron para llevarse a Alfonso y sanarlo.

La Orden de la Luz ahora tiene 3 Elementales: aire, fuego y rayo. Sin embargo, tierra y agua siguen desaparecidos. Las Luces Fantasma fueron desmanteladas por completo, al igual que la unidad de espionaje. Se declaró la traición de Alfonso tres días después y el plan de Iván está en marcha. Lo aterrador es… que nadie sabe qué se propone realmente este hombre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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