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Secreto de alumna - Capítulo 21

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21: Capítulo 21 21: Capítulo 21 Seraphine’s pov: Sólo tuve unos segundos para pensar.

Los ojos negros, fijos e implacables de la mujer se enfocaron en la puerta del armario en donde yo estaba escondida.

Por un instante, el mundo se redujo a eso: a su mirada encontrándome.

Mi corazón se detuvo antes de poder respirar más fuerte.

—Desilusionador —susurré con la voz temblando.

Entonces, el hechizo se deslizó sobre mi piel como una segunda capa.

El espacio a mi alrededor se deformó, absorbiéndome, fundiéndome con los objetos del interior.

Pero el miedo no desapareció, seguía intacto en mi pecho como si, aún camuflada, pudiera ser vista.

—Sal de tu escondite —ordenó furiosa y abrió de golpe para verme.

Ella miró directo hacia mí.

Contuve el aliento hasta que me dolió.

No me moví ni pensé en existir siquiera.

Aunque ni mi rostro ni mi cuerpo fueron reconocibles.

Me convertí en una estatuilla inanimada, lo que hizo que ella frunciera el ceño y me tumbara en un intento de romperme.

—Bellatrix, ya basta —intervino la voz de Narcissa—.

No hay nadie.

Entonces mi miedo, lejos de calmarse, creció al escuchar quién era realmente esa persona.

¿Por qué Severus estaría reunido con ella?

¿Por qué habría hecho el Juramento Inquebrantable?

Nada tenía sentido para mí, y a pesar de que había dicho que quería saber más de las cosas que ocultaba mi hombre vestido de negro, ahora me arrepentía de haber venido a descubrirlas.

Me concentré en seguir con el hechizo hasta que la mujer cerró la puerta con furia y escuché las últimas palabras de su reunión.

Severus debería cuidar a Draco por su vida y esto era terrible conociendo lo irresponsable que era el platinado.

No me sorprendía que mi profesor fuera su guardián, desde el primer año había mantenido buena relación con él, pero ¿Jurar la vida por ese bueno para nada?

Suspiré mentalmente cuando por fin se fueron los tres, pero mi boca quedó seca y sin poder pronunciar otra palabra.

Sólo deshice el encantamiento y esperé unos minutos más para poder salir.

Corrí hasta la estación con mi pecho desbocado en un intento de desaparecer de ese lugar.

Me tapé la cara con la capucha de mi abrigo y me interné finalmente en los asientos fríos del tren.

Volví a respirar.

Toqué mi rostro con las palmas de mis manos, estaba helado y mis labios quebradizos me imploraban un sorbo de agua.

Subí mis pies y los apoyé en la butaca de enfrente dando un suspiro largo y tendido.

Había estado muy cerca de que me descubrieran, no podía seguir actuando sin medir las consecuencias.

Menos ahora que entendía lo oscuro que podría ser mi futuro si yo daba un paso en falso.

Me abracé a mí misma en una suerte de caricia para tranquilizarme y justo escuché el silbato de la locomotora que anunciaba el comienzo del recorrido.

El azul opaco tiñó el cielo que veía por la ventana y parecía anochecer cada vez más rápido a medida que pasaba otra estación.

O quizá fueron mis párpados cansados los que no supieron concentrarse.

Necesitaba ser fuerte.

Siempre lo había sido, o por lo menos lo fui la mayor parte de mi vida.

No me recordaba vulnerable, sólo una noche lo fui.

Aunque no quería volver a imaginarla.

Todavía podía sentir el cruel frío metálico de mi collar cuando mi padre me lo puso en el cuello.

Su abrazo había excedido el tiempo que acostumbraba, su voz calma pero clara me aliviaba ante las preguntas que yo le hacía.

“Sé que lo harás bien” fueron las últimas palabras de Aiden y con ellas pretendió ennoblecer mi fortaleza aunque, por el contrario, la desdicha me hundió en un pozo cuando me encontré sola.

Los dos durmieron esa noche.

Al mismo tiempo.

Aún me dolía no tenerlos, seis años ya habían pasado y mi corazón los lloraba desde entonces.

Las luces se apagaron y el tren se detuvo abruptamente.

Mis exhalaciones hicieron vapor en la pequeña cabina así que me fijé en el pasillo buscando una respuesta.

Quise pararme pero mis piernas no me dejaron.

Sólo escuché la madera chillar en un eco que me ensordeció.

Una sombra se asomó lúgubre mostrando lo que parecían ser  manos largas y puntiagudas deslizando la puerta corrediza y se acercó a mí.

Me desperté con el murmullo de la gente, una luz en mi cabeza me hizo fruncir el ceño y me levanté del asiento donde me habían acostado.

Pude reconocer una sola persona de las que me veía en estado de pausa, era la Ravenclaw que había estado con Saultie.

—¿Estás bien?

—me preguntó, inclinándose hacia mí, notando mi evidente confusión.

Asentí, pero fue un error ya que al mover la cabeza una puntada me aniquiló la frente como migraña.

—Ten, toma un poco —dijo, acercándome una botella de agua.

A nuestro alrededor, el murmullo de los demás se extendía por el pasillo como un zumbido insoportable.

—¿Qué pasó?

—murmuré, incorporándome, con la luz clavándose en mis ojos.

—Te desmayaste —explicó ella—.

Aunque es entendible luego de que te atacara un dementor.

Mi respiración se cortó.

El agua se me quedó a medio camino y tuve que toser para no ahogarme.

—¿Cómo que… ?

—logré decir con voz rasposa—.

¿Qué hacía un dementor aquí?

—¿No escuchaste?

—frunció el ceño—.

Los enviaron desde Azkaban para proteger el perímetro de Hogwarts.

—Pues, sí, algo me enteré.

Aunque eso no explica qué hacía en el tren.

La muchacha chasqueó la lengua, entonces, se dio vuelta para hablarle a la gente.

—¡¿Qué tanto ven?!

Ya se acabó el show —espetó, casi gritando y una vez que se fueron me volvió a mirar—.

Liora Penhaligon— se presentó.

—Seraphine Bla — —Lo sé —me interrumpió, con una media sonrisa—.

Sólo faltaba la presentación formal.

No pude evitar devolverle el gesto, aunque aún me sintiera inestable.

Su presencia ayudaba mas de lo que estaba dispuesta a admitir porque, por ese rato, supe que no estaba sola.

Sin embargo, creía que me costaría horrores volver a caminar luego de este episodio.

—¿Fuiste tú la que… ?

—empecé.

—¿Alejó al dementor?

—completó ella—.

Sí.

—No reconocí el hechizo.

—No es común — me respondió con naturalidad—.

En mi familia nos enseñaron desde pequeños la prevención y la protección… ese tipo de cosas.

Filántropos.

Eso me explicó mucho más de lo que dijo en voz alta.

Bajé la mirada un instante, asimilando todo.

El frío del encuentro todavía me recorría el cuerpo, pero otra cosa se me estaba instalando con más fuerza.

—Gracias— le dije al fin.

Agradecí que su camino se haya cruzado con el mío esa noche.

No tenía excusas para seguir jugando a la niña despreocupada cuando el panorama se ennegrecía cada vez más en mi semblante.

Supe que era un momento bisagra en mi vida, me recompuse luego de un rato y la Ravenclaw me acompañó por los pasillos cuando estuvimos adentro de la escuela.

Ahora, el eco de nuestros propios pasos era lo único que sonaba en mi cabeza.

—Deberías descansar —me comentó por lo bajo—.

Ese tipo de encuentros toma mucha energía.

—No soy buena quedándome quieta —admití.

—Lo noté —respondió, con un dejo de ironía.

Hubo un breve silencio antes de que volviera a hablar.

Entonces, Loira suspiró.

—¿Puedo decirte algo?

Levanté la vista.

—Sí, claro.

—Saultie… —dudó antes de seguir, lamiéndose los labios— …es importante para mí.

Una sonrisa leve tironeó de mis labios.

—Sí, suele serlo para mucha gente.

Loira soltó una pequeña risa, más relajada ahora.

—Entonces entenderás por qué no podía dejar que algo te pasara ahí fuera.

Y mientras avanzábamos por el castillo, comprendí lo valiosa que era esta chica y por qué mi amiga estaba tan enamorada de ella.

—¿Seraphine?¿Estás bien?¿Qué te pasó?—interceptó la voz de Lupin al verme.

Lo ví acercarse con rapidez, con sus ojos recorriéndome con una preocupación que no intentaba ocultar.

Supuse que mi aspecto hablaba por sí solo: pálida, desordenada, todavía sostenida por más inercia que por voluntad.

Yo enmudecí.

Pensar se sentía lejano, como si mis ideas tuvieran que atravesar una niebla espesa antes de llegar a mi boca.

—Nada, profesor —intentó defenderme Loira, pero yo no quería seguir mintiéndole luego de haberlo hecho incontables veces en el pasado.

—Un dementor… me atacó en el tren y me desmayé.

Un suspiro corto se hizo eco en el pasillo.

Sentí su mirada sobre mí, aunque no lo ví como un reproche, más bien, fue sorpresa.

—¿Te atacó?

—repitió, frunciendo el ceño.

Sus cejas se alzaron antes de extenderme la mano—.

Ven conmigo Sera.

Dudé un segundo.

Antes de irme, busqué a Loira con la mirada.

Ella asintió, más tranquila ahora, como si supiera que me dejaba en buenas manos.

Entonces lo seguí.

Caminamos en silencio por unos metros, mientras él sostenía unos pergaminos bajo el brazo, ajustándolos distraídamente.

—Seraphine… —dijo al fin, sin dejar de avanzar—.

Sé que últimamente tus decisiones te metieron en varios problemas.

Tragué saliva.

La vergüenza me cayó encima de repente.

—Pero esto —continuó, con un tono más grave— no es lo mismo.

Levanté la vista hacia él.

—Esto es serio.

De nuevo, no había reproche en su voz.

Nada más una certeza que me obligó a asentir.

Lupin me llevó hasta el aula de DCAO.

El lugar estaba en calma y las luces cálidas de las velas alrededor del perímetro dieron una sensación de tono hogareño cuando él las encendió con su varita.

El cambio fue inmediato.

Afuera, el frío me perseguía.

Pero allí dentro, por alguna razón sentí algo que parecía un refugio.

—Seraphine —me llamó de nuevo y mis ojos se enfocaron en sus celestes, lo veía preocupado y acongojado—.

Estuviste muy cerca de morir… ¿Te das cuenta de eso?

Volví a tragar y lamí mis labios en un intento de calmar mi ansiedad ¿Al borde de la muerte?¿Así como si nada ya iba a morir?

—Qué muerte patética habría tenido —exclamé en tono bajo y perdiendo mi mirada en la llama de las velas.

—No te lo digo porque pretendo asustarte, al contrario, creo que eres una de las brujas más inteligentes de tu generación y sabrás comprender que eres valiosa para mí… y para muchos.

Sus palabras me abrazaron mentalmente, su calidez y su forma de hablar me evocaron a una protección especial que sólo había sentido de pequeña cuando todavía tenía a mi padre.

—Profesor… —Suspiré y apreté las mangas de mi abrigo—.

Me sentí tan angustiada en el tren… que sólo recordarlo ahora me oprime el pecho y… quisiera llorar.

Lupin me vió con sus cejas fruncidas y entonces estiró su mano para tocar mi hombro.

—Está bien que llores, pero ya pasó… estás a salvo… y viva.

Fue entonces que me regaló una sonrisa tan dulce que contrastó enseguida con mi angustia.

No pude evitarlo, mis ojos se nublaron por las ganas de lagrimear y parpadeé rápidamente intentando calmarme.

Me costaba fingir seguridad cuando todo lo que tenía era un hueco instalado en mi tórax.

Uno que no pretendía moverse de ahí.

Lupin me tomó en sus brazos y concilió un resguardo a mi débil corazón.

Pude sentir el perfume en su saco de lana cuando me abrazó y mi cabeza descansó en su hombro.

—No estás sola, Sera.

Yo estoy aquí contigo.

Sus palabras no me dejaron mantener la compostura y, ahora sí, mis lágrimas cayeron sin que yo pudiera controlarlas.

No emití sonido, sólo lloré como si mis ojos hubieran liberado miles de pesares guardados por años.

Lupin me sostuvo con más fuerza cuando se dió cuenta de que yo no podía frenar.

Así que subí mi mano para secarme la cara y luego para asegurarla en su hombro.

Unos segundos después, él se alejó para verme otra vez, aunque yo bajé la mirada al sentirme totalmente vulnerable como aquella noche en la que mis padres se habían ido de mi lado.

—Sé que te cuesta mostrar este lado tuyo.

Su mano me tomó la barbilla y la subió, buscando que mis ojos lo vieran.

—Tiene razón, profesor —dije con la voz entrecortada, observando su sonrisa que permanecía dibujada en su boca—.

No me siento poderosa.

Escuché su exhalación cansada y luego bajó la mano que sostenía mi rostro para caminar hasta su escritorio y sacar de su cajón un pequeño paquete dorado.

Lo ví extrañada aunque ahora compartiendo su semblante amistoso.

Lupin me enfrentó de nuevo y me entregó el chocolate.

—Te hará sentir mejor.

Mi rostro me dolió cuando estiré las comisuras de mis labios y volví a sonreír.

Mi piel había quedado tensa por haber llorado, pero ahora agradecía haber podido frenar.

Tomé el chocolate y lo abrí en el momento.

Él volvía a tener razón, eso era justo lo que yo necesitaba.

—Profesor —dije, partiendo la tableta con mis dientes—.

No puedo seguir jugando con fuego.

Como usted dice, hoy podría haber muerto sin que nadie lo evitara.

Lupin asintió en silencio y se cruzó de brazos esperando que yo terminara de hablar.

Aunque ahora más divertido al ver que yo me había relajado.

—Necesito aprender a protegerme, eso es primordial.

Él se lamió los labios, pensativo, antes de apartarse para buscar un gran artefacto que parecía un baúl.

Lo arrastró por el suelo.

El cofre era amplio y tenía herrajes gastados que apenas brillaban bajo la luz de las velas.

—¿Y eso?

—Te enseñaré a protegerte, Sera —exclamó con seguridad y dió unos golpecitos sobre la tapa—.

Vamos a ver qué animal te representa ¿Qué te parece?

Lo ví confundida mientras tragaba.

—Para defenderte de un dementor tienes que conjurar un encantamiento que se llama “Expecto patronum”— se sentó arriba del baúl y apoyó sus manos a los lados—.

Cuando lo liberas creas un protector.

Algo que nace de adentro tuyo y toma forma de animal.

Me acerqué, observando el cofre.

Saboreando el chocolate por mi lengua.

—¿Por qué es tan bueno conmigo?

—le pregunté curiosa y sin rodeos.

Lupin suspiró de nuevo, cruzando sus piernas.

—Porque creo en tí.

—¿Cree en mí?

—me extrañó su pregunta.

Me senté a su lado y ahora su mirada volvió a penetrar en mis pupilas.

Me estudió por unos segundos y por fin me contestó.

—Tus ojos… —murmuró— verdes.

—¿Qué hay con ellos?

—solté una leve exhalación, compartiendo su sonrisa.

—Me recuerdan a… Lily.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Luisinasebert ahhhh!!

espero que hayan disfrutado el cap de hoy… Gracias por leerme!!

las amo!!

TikTok: luisina.sebert

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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