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SEÑOR DEL ANILLO DE ELDEN (ESPAÑOL) - Capítulo 51

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  3. Capítulo 51 - Capítulo 51: 51) El reino del bosque II
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Capítulo 51: 51) El reino del bosque II

Mientras los Eldens aguardaban en una habitación medianamente agradable —incluso con cuidados destinados al lobo de Latenna—, esperando el regreso de Malenia, los demás se encontraban en una situación muy distinta.

Los enanos habían sido llevados a un área médica amplia. Cada uno yacía sobre una cama de piedra individual, alta y emergiendo del suelo como si hubiese sido esculpida allí mismo. Había bastante espacio entre ellas, pero aun así el lugar se sentía saturado: elfos sanadores y médicos iban de un lado a otro, administrando pociones, aplicando cataplasmas y tratando de contener los estragos de la Putrefacción Roja.

Algunos de los enanos ya deliraban, atrapados en pesadillas que vivían despiertos. Se retorcían, gritaban, lloraban o reían sin sentido. Otros, más lúcidos solo en apariencia, pronunciaban lo que creían ser sus últimas palabras.

“¡Mi hacha… dénle mi hacha a mi hijo!” gritó Glóin, aferrándose al sanador que lo atendía, sin comprender realmente lo que decía pero pronunciandod su testamento.

“¡No, papá! ¡No me pegues… forjaré los conejos…!” balbuceaba Bofur, perdido en su delirio.

“Arañas… arañas… malditas arañas…” gruñía Dwalin, lanzando golpes al aire.

“Mamá… perdón… fallamos… no encontramos a papá…” sollozaban las hermanas.

“Esto es culpa suya… elfos… dragones… magos irresponsables… Durin no caerá… la Montaña no caerá…” murmuraba Thorin, atrapado en un sueño plagado de culpas y juramentos.

Los elfos hacían todo lo posible por trabajar con rapidez asegurando tanto la supervivencia de los enanos como su propia paciencia. Algunos, especialmente los que portaban runas de troll, casi derribaron a más de un sanador en sus espasmos. No solo querían salvarlos: también querían terminar cuanto antes.

Lo de los enanos era una contamincacion menor todavia, ademas d eque la propia naturaleza racial les daba cierta resistencia, pero si lo dejabna estar mas tiempo llegarian a un punto de ser insalvables. teninan que aprovechar el tiempo lo mas posible.

La Putrefacción Roja era terrible, pero los elfos habían aprendido a enfrentarla hasta cierto punto. En el caso de los enanos, la contaminación aún era leve, y su propia naturaleza racial les otorgaba cierta resistencia. Sin embargo, si se dejaba avanzar, llegarían a un punto sin retorno. El tiempo era crucial.

…

Mientras tanto, en una zona más apartada, en una habitación individual, un niño de cabellos dorados yacía inmóvil sobre una cama de piedra similar, aunque aquella estancia —y el lecho mismo— mostraban un acabado más decorado, casi lujoso.

Miquella parecía un cadáver… aunque solo dormía.

Apoyada contra una de las paredes, vigilante, se encontraba Tauriel. Los sanadores ya se habían marchado tras confirmar que el niño no mostraba signo alguno de la Putrefacción Roja ni de ninguna otra afección. Dormía profundamente, nada más.

Tauriel lo observaba con creciente curiosidad.

Era un niño extraño. Un “elfo”, o era lo que ella creia. ¿Qué hacía viajando con enanos y humanos? Era hermoso… más hermoso que cualquier elfo que hubiera visto jamás. Su presencia despertaba en ella un instinto inesperado, casi maternal, como si deseara protegerlo del mundo, cuidarlo como se cuida una flor rara y frágil.

En su mente comenzaron a formarse historias.

Tal vez era un niño secuestrado por los enanos.O un elfo perdido, separado de sus padres.Quizás estaba siendo escoltado de regreso a su hogar tras una tragedia.

Cada idea se volvía más elaborada que la anterior… Y ninguna se acercaba siquiera a la verdad.

Ella no dejaba de divagar en su imaginación cuando creyó oír algo con sus oídos de elfa. Parecía que el niño en la cama estaba murmurando.

Tauriel se acercó, esperando descifrar algo de sus palabras en sueños, pero era tan silencioso e inentendible que tuvo que acercarse cada vez más hasta que su oído estuvo a escasos centímetros de los tiernos labios del “supuesto niño élfico”.

“Mami…” salió débilmente de la voz de Miquella.

Tauriel abrió mucho los ojos al escucharlo, pero más aún al sentir esos delicados brazos rodearla repentinamente. Se sorprendió, pero no quiso reaccionar bruscamente ante este niño que parecía solo buscar consuelo… o eso pensó hasta que sintió una mano tocando la armadura de su pecho y la cabeza del niño yendo en dirección opuesta.

Miquella se movió con rapidez, abrazando con brazos y piernas a Tauriel, quien se quedó congelada al sentir cómo el niño actuaba como un bebé que deseaba succionar leche. Su mirada bajó y encontró los ojos del niño mirándola fijamente; no estaba dormido… y aun así su mano no dejaba de apretar su armadura como si quisiera masajear su pezón para estimular el flujo de sus glándulas mamarias.

“Tú no eres mi madre…” Dijo Miquella con naturalidad.

“No… no lo soy…” Respondió Tauriel con un tono seco, sintiendo las manos de Miquella. “¿Puedes soltarme?” preguntó, soportando la irritación de ser manoseada así por un niño.

“Mmmm… ¿puedo seguir así un rato más?” respondió Miquella.

Sin poder soportarlo más, Tauriel sujetó las manos del niño y las alejó, aunque su ceja tuvo un pequeño tic al ver cómo las manos seguían con el movimiento de “apretar”, y que las piernas del niño seguían sujetando su cintura como si fueran una pinza.

“Debo avisar que despertaste,” Dijo Tauriel, esperando que eso fuera suficiente para que el niño la soltara.

“Pero… no quiero quedarme solo,” Dijo Miquella con un tono entre trágico y suplicante, apoyando su cabeza sobre el pecho de Tauriel.

La elfa no supo cómo reaccionar. A pesar del manoseo inesperado, este niño parecía tan frágil… Su aura era tan intensa y atrapante que Tauriel se había quedado fascinada, y en este momento, sentía la necesidad de consolarlo. A pesar de sus siglos de vida, este niño estaba despertando en ella sentimientos de protección que nunca había sentido.

Los elfos no eran tan expresivos y afectivos como los humanos con sus cortas vidas; el contacto físico no era tan necesario para demostrar sentimientos… pero en este momento, el calor de un abrazo era todo lo que la elfa quería ofrecer. No sabía por qué cosas había pasado este niño, pero quería decirle que todo iba a estar bien.

Con su cabeza apoyada en el cuello de Tauriel, Miquella sonreía. Disfrutaba de jugar un poco con esta elfa, casi tanto como cuando avergonzaba a Leda. Quizás había adquirido un hábito malsano, pero considerando su historia, quería tener algo de lo que disfrutar…

El aura de Miquella era tan silenciosa pero potente, que Tauriel había empezado a sentirse tan cómoda en ese abrazo que casi se quedaba dormida. Pero esa sensación se detuvo cuando otros elfos entraron y la vieron apoyada sobre el cuerpo del niño en una posición que parecía… comprometedora.

El sonido de la llegada despertó a Tauriel, quien descubrió su situación y rápidamente se retrajo, separándose de Miquella con la cara sonrojada. Rara vez un elfo que había vivido tanto mostraba tal vergüenza.

“Me disculpo, tengo que irme,” Dijo rápidamente, excusándose para salir de la habitación.

Miquella se divirtió viendo esto, pero luego vinieron los chequeos por parte de los médicos elfos… aunque solo dejó que las mujeres vieran y tocaran su cuerpo desnudo. Desgraciadamente, las Elfas Silvanas eran menos manejables que las de Rivendel y no pudo aprovecharse tanto de la situación.

…

Por su parte, los enanos comenzaban a despertar.Las zonas afectadas por la putrefacción roja ya estaban bajo control: la carne infectada había quedado reducida a parches de piel seca, cubierta de un tono rojizo y ceniciento. Algunos seguían recostados, otros ya estaban sentados en las altas camas de piedra.

Se sentían débiles. Balin, por ejemplo, aún estaba algo aturdido, pero en general todos se encontraban fuera de peligro y con la mente clara.

“¡No me toques, elfo!” gruñó uno de ellos cuando un sanador presionó una zona aún sensible.

“Deberías estar agradecido, enano” respondió el elfo con evidente desdén. “Sin nuestra ayuda ya serías otro cadáver más en el bosque… o algo peor.”

Los enanos no estaban felices, pero tampoco reaccionaron con violencia. Sabían que su estado físico no era bueno y que, al menos por ahora, necesitaban ayuda. Para ellos, males como aquel solo podían ser tratados por magos… o por Miquella, que tambine era considerado un “mago” por los enanos.

“¿Qué tan mal estamos?” Preguntó Thorin. Aunque detestaba a los elfos, especialmente a los de este reino, sabía que su situación era delicada y lo primero que necesitaba era asegurar la supervivencia de su gente… aunque eso no evitó que su tono fuera autoritario y lleno de disgusto.

“Mejor de lo que deberías esperar” respondió otro elfo, con el mismo tono hostil. “Llegaron a tiempo. La infección no se propagó. Aun así, hay buenas y malas noticias.”

“¿Cuáles son las buenas?” Preguntó Ori.

“Que ya fueron ‘bautizados’ por la maldición roja y la próxima vez que se enfrenten a ella, sus cuerpos no decaerán tan rápido como ahora,” Dijo un elfo limpiándose las manos en un cuenco de agua.

“¿Y las malas?” preguntó Thorin, con recelo.

“Precisamente eso. Ya fueron afectados. La próxima vez los desgastará más, aunque no lo parezca. Incluso ahora deberían sentirlo: están debilitados. Se recuperarán… pero no del todo. Y si vuelven a exponerse, cada vez será peor” dijo el elfo, mezclando fastidio con una sincera compasión. “Lo hemos visto antes. Dicho de otro modo… desde aquí, todo es cuesta abajo.”

“¡Esa cosa no va a derrotar a los enanos!” rugió Dwalin, golpeando una jarra de agua. “¡No somos elfos débiles!”

El enojo era comprensible. Era un guerrero, y sentir aquella fragilidad lo enfurecía. Siempre se había recuperado de sus heridas. Esperaba que esta no fuera diferente.

Los elfos estaban disgustados con los enanos, pero podían entender su depresión e ira. Ya habían visto lo que ese mal le había hecho a varios de los suyos. Había muchos que ya no podían ser guerreros y se quedaban dentro del reino; los más afectados pasaban casi constantemente en cama y reposo, si es que no habían muerto. Algunos incluso partieron a los Puertos Grises esperando que en Valinor se curara ese mal, aunque los Elfos del Bosque estaban más dispuestos a quedarse en la Tierra Media que cualquiera de sus congéneres.

Los enanos no quisieron creer las palabras élficas, aunque sus cuerpos las confirmaban. Algunos intentaron ponerse de pie… solo para caer con las piernas temblorosas. Thorin estaba igual, pero se obligó a mantenerse erguido.

“Deberían descansar. Como dije, aunque no se recuperarán del todo, el estado de mayor debilidad es ahora. Volverán al 80-90% entre unos días a unas semanas,” Dijo el elfo, sin tomar más acción; no planeaba perder más tiempo con los enanos.

“No necesitamos días ni semanas” replicó Dori, apoyándose débilmente contra la cama con las piernas temblando. “Somos enanos orgullosos de las Montañas Azules. Ya estamos bien.”

Thorin no quería forzar a los suyos, pero tampoco podían perder tiempo. Debían reunirse con los eldens y abandonar aquel reino cuanto antes.

Algunos de los médicos elfos ya habían salido a informar a los guardias, así como al rey, del estado de los enanos, así que no es que estos pudieran irse como planeaban. Pero antes de que nada de eso pudiera ocurrir, por la puerta entró Miquella, seguido de los guardias que lo perseguían.

Los elfos médicos miraron a los guardias, y estos últimos solo pudieron encogerse de hombros, incapaces de detener al niño que quería ver a los enanos. El rey ya había informado que este individuo era muy importante y no podían causarle daño ni retenerlo a la fuerza, y para su sorpresa, tampoco pudieron detener su “huida,” así que solo pudieron seguirlo.

Los enanos, en cambio, casi saltaron de alegría al verlo, como si estuvieran frente a su salvador.

“¡Miquella!””¡¿Puedes curarnos?!””¡Sálvanos, aún me quedan muchas batallas!””¡No quiero sentir que mis piernas son ramitas!”

Todas las miradas se posaron en el niño de cabellos dorados, llenas de esperanza.

Esperaban otro milagro. Otra hazaña que los sorpendiera, que desmintiera las palabras de los elfos… y los devolviera a la senda de la montaña.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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