Señor Demonio: Aventura Erótica en Otro Mundo - Capítulo 51
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51: ¡El delincuente lidera al Grupo de Vanguardia 51: ¡El delincuente lidera al Grupo de Vanguardia Ryuji compartía habitación con varios hombres, separado de su amada Yumiko.
«Maldita serpiente».
Sin acurrucarse con ella, la noche se sentía fría.
Se dio cuenta de que la suave sensación de su larga y esponjosa cola lo mantenía caliente y reconfortado por la noche.
Dentro, una habitación llena de hombres malolientes solo le provocaba asco.
«Como sea, vámonos ya».
La luz del sol matutino inundó las pálidas ventanas junto a su cama.
Antes de irse, vio que algo se metía en su ropa de cama.
Un gran bulto se arrastró hacia él; su enorme y frondosa cola era una prueba irrefutable.
—Je, je.
—¡¿Woah?!
Yumiko se abalanzó sobre él desde debajo del edredón, rodeándole la cintura y arrastrándolo dentro mientras sellaba sus labios con un beso.
—Yumiko —intentó separar sus labios para tomar aire—.
¿Qué haces aquí?
—pero ella se volvió implacable, olfateándole el cuello, besando y lamiendo su piel con un sonido de baja vibración procedente de su garganta.
Su cuerpo se enroscó a su alrededor como una boa constrictora.
—Hnnnggg… Ryuji…
—¿Qué pasa?
O-oye…
—Mmmh… no te hagas el tonto.
Ya te estás poniendo duro ahí abajo.
No fue capaz de apartarla, y en su lugar posó las manos en su suave trasero con forma de pera.
—¡Mnh!
¿Prefieres que esté yo aquí en lugar de en esa habitación?
—alzó la voz—.
¿Crees que no he notado tu olor?
¡Esas malditas mujeres!
¡Te han marcado todas!
Ryuji no entendía nada.
Quizá estaba relacionado con su raza y cómo los bestiales gestionaban las relaciones.
Sin embargo, no recordaba haber dejado que le impregnaran con sus olores de esa manera.
—¡No dejaré que te lleven!
Yumiko le lamió el cuello, mordiéndolo con sus grandes caninos.
No lo suficiente como para hacerle sangrar, pero sí para causarle un poco de dolor, como si lo estuviera marcando.
«¿Está entrando en celo o algo así?».
Con un ligero toque, le dio una palmada en las nalgas, y el sonido de su trasero azotado resonó en la habitación.
—¡¿Ahh-?!
¡¿Ryuji, a qué ha venido eso?!
—¿Te crees que esto es algún tipo de juego?
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Bueno, no… Tampoco es que yo quiera estar así… Te he echado mucho de menos.
¡Estaba sola!
—Ugh… ¡¿quién se la está meneando por la mañana?!
—resonó la voz de Simon.
Parecía que se había despertado.
Las pupilas de Yumiko se contrajeron, lo soltó y se escondió entre la ropa de cama como si estuviera jugando al escondite.
—Parece que esta zorra necesita que la eduquen.
El tono grave de Ryuji la asustó, haciendo que su cola temblara y que su pelaje se erizara.
Sin embargo, no pudo escapar.
Su mano le agarró el cuello y la atrajo a su abrazo.
—Ya, ya —la consoló, dándole una palmadita en la cabeza mientras le acariciaba la cola con la otra mano—.
¿Quieres que juegue contigo?
Ella asintió en silencio.
Ryuji la besó en la frente, y ambos permanecieron en un largo abrazo hasta que el calor de su cuerpo lo excitó, y su erección le pinchó el vientre.
—¡Ryuji, tu cosa me está tocando!
—Culpa mía, perdón.
—Salió de la cama y se puso de pie, ocultando su entrepierna abultada.
—Hmph, compénsamelo —replicó Yumiko con un puchero, cruzándose de brazos y levantando la nariz.
—Después de la mazmorra, lo prometo.
Sus ojos se iluminaron y su cola se agitó furiosamente.
—¡Entonces, vamos!
—¿Adónde vas, Ryuji?
Una voz familiar llegó a sus oídos.
—Buenos días, Paul —dijo al salir al pasillo—.
Solo estoy paseando a esta perra antes de la mazmorra.
¿Y tú?
—Buenos días, Ryuji.
¿Están todos listos?
—respondió Paul con una sonrisa—.
Poca cosa.
Preparé mis hechizos y runas anoche.
Ryuji se rascó la mejilla, un poco avergonzado.
—Je, je, perdona por eso.
Paul se rio de su respuesta.
—¿Y los demás?
—Todavía duermen.
Haré que Yumiko despierte a las mujeres.
—Entonces iré a comprar el desayuno para todos.
—Suena bien.
Puedes despertar primero a los chicos mientras yo la saco.
Ryuji sentía que Paul era más como un padre para todos, quizá porque ya estaba casado y tenía un hijo, y su habilidad para cuidar de los demás era magnífica.
—¿Lista para salir, Yumiko?
—preguntó Ryuji con una sonrisa.
Ella no armó un escándalo como antes; en vez de eso, se abrazó a su costado y la pareja caminó hacia la salida.
Quería disfrutar del «paseo» que él había mencionado.
Fue todo un espectáculo para las chicas, que al despertar se encontraron con la gran mujer zorro aferrada a Ryuji, saliendo de la posada juntos como una pareja.
«La verdad, ¿cómo he domado a una mujer tan hermosa?», pensó, mientras sus ojos recorrían su figura de arriba abajo y su mano izquierda acariciaba la frondosa cola dorada.
—¡Ah!
Ryuji, no me toques la cola ahí~ me da un hormigueo.
—Revoloteó las pestañas hacia él para seducirlo.
****
La pareja regresó de su «paseo» poco más de media hora después, con el rostro y la piel de Yumiko radiantes y un olor a castañas.
Ryuji parecía bastante renovado.
Había usado el pozo para lavarse el pelo y los dientes antes del desayuno.
Alicia se giró hacia Sheila y Erika con una amplia sonrisa.
—Esos dos acaban de hacerlo, fijo.
—¿Mm?
¿Hacer el qué?
—preguntó Erika con cara de ligera confusión.
—Han tenido sexo —añadió Sheila mientras observaba a la pareja comerse sus tortitas con una sonrisa amarga.
Normalmente, su grupo prohibía los vínculos románticos entre miembros, pero Ryuji, Erika y Yumiko no eran miembros sino temporales, por lo que no podían detenerlos.
Así que, para mujeres solteras como Sheila y Alicia, estar cerca de parejas como esos dos era un veneno mortal.
—¿Vais a seguir mirándonos así?
Daos prisa y desayunad —interrumpió Yumiko su cotilleo con un gruñido bajo.
Simon se aclaró la garganta mientras se bebía un vaso de agua fría.
—Bien, hoy nos adentraremos en la mazmorra conocida por cobrarse la vida de muchos caballeros y aventureros por culpa de los hombres lagarto de tipo fuego.
Quiero que todos estéis listos, con nuestra vanguardia principal siendo Ryuji, con Erika y Yumiko apoyándolo.
A Ryuji también le pareció bastante interesante que la clase de Erika sirviera mejor como un DPS off-tank que como una clase de daño puro.
El off-tanking era el proceso en el que un segundo tanque se encargaba de los enemigos o monstruos adicionales mientras el tanque principal retenía al jefe y al enemigo más fuerte.
También le pareció divertido lo parecido que luchaban Erika y Yumiko.
Una usaba esquivas y evasión, mientras que la otra usaba su habilidad y sus espadas para desviar y parar sus ataques.
«Parece que nuestro equipo está muy desequilibrado hacia la vanguardia.
Necesito reclutar a un buen mago y a un arquero en el futuro.
Aunque Paul es bueno, no creo que deje la capital, donde están su mujer y su hijo.
Tampoco querría arruinar su matrimonio».
Simon empezó entonces a explicar el protocolo y las tácticas que usaría su grupo.
Para evitar problemas, los dividió en dos.
El Grupo uno eran Ryuji, Yumiko y Erika, liderados por Ryuji.
El Grupo dos eran Alicia, Simon, Sheila y Paul, liderados por Sheila.
Explicó que el Grupo 1 entraría y exploraría la mazmorra como una fuerza de avanzada mientras que el Grupo 2 los apoyaría desde atrás, evitando así ser emboscados.
Como la mazmorra lleva más tiempo, avanzarían lentamente y tratarían de despejar cada piso sin sufrir daños ni fatiga, con solo tres días dados por Alan para completarla.
Bueno, en realidad, los tres días eran un intento de Lord Qwass por hacer imposible que Ryuji la despejara y se abstuviera del pecado de matar a esos caballeros.
—Me sorprende un poco que nos hayas dividido en dos grupos en lugar de uno grande —comentó Ryuji después de que Simon terminara su discurso.
El resto se dirigió hacia la mazmorra, cargando el carruaje que los llevaría allí.
—Bueno, sé cómo luchas, y Sheila podría curarte a distancia, pero necesitas recibir daño para alcanzar tu punto más fuerte, ¿verdad?
—Ja, ja… un poco defectuoso como vanguardia, ¿no?
—Eres más fuerte que la mayoría de los DPS mientras recibes golpes que superarían a los caballeros con escudo.
¡Confío más en tu cuerpo que en su hierro!
Dicho esto, Ryuji, no te pongas en peligro.
Somos camaradas, y no quiero ver morir a un compañero.
Ryuji sintió una rara alegría.
La mayoría de la gente lo evitaría, así que ser incluido lo ayudó a relajarse.
Los dos lados de Ryuji estaban ahora equilibrados por la más ínfima de las diferencias, con su mente capaz de inclinarse hacia cualquier lado en cualquier momento.
—Sobreviviré y os protegeré a todos —dijo Ryuji en voz baja antes de saltar al carruaje; su cuerpo fue arrastrado hacia Yumiko y Erika antes de estrellarse contra el banco de madera.
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