Señor Demonio: Aventura Erótica en Otro Mundo - Capítulo 52
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52: ¡Delincuente y Duelista aplastan a los Hombres Lagarto!
1 52: ¡Delincuente y Duelista aplastan a los Hombres Lagarto!
1 El carruaje avanzaba a trompicones por el terreno.
La cola de Yumiko descansaba sobre el regazo de Ryuji, como si quisiera darle calor.
Todos se quedaron en silencio.
Con la partida de Alan para reunirse con el señor local, un pesado silencio se apoderó del carruaje.
Su ausencia era palpable; sus bromas y payasadas habituales habían sido reemplazadas por un denso aire de seriedad que parecía abrumar a todos.
«El payaso debería estar aquí; si no, podría morir de estrés».
Ryuji empezaba a sentirle aprecio a Alan, quizá por sus errores del pasado o por lo fácil que era llevarse bien con él.
Sentía curiosidad por saber por qué Alan no había entrado en la mazmorra.
Ryuji quería indagar más, pero podía esperar a que el propio Alan se lo contara.
—Ryuji, Erika, deben tener cuidado.
Dice que, a veces, los de tipo fuego se aferran a su enemigo momentos antes de morir para asegurarse de que su explosión inflija el mayor daño posible.
—Claro.
—Gracias, Sheila.
A Ryuji, la idea de esos enemigos le pareció de lo más apetecible, y se recostó hacia atrás mientras el asiento de madera crujía.
Sus ojos observaban cómo se extendía el oscuro bosque que bloqueaba la vista.
Un destello de asombro brilló en la profundidad de su mirada cuando el paisaje reveló una montaña tan alta como el cielo.
A su alrededor había un claro de rocas quebradas y tierra seca, que formaba un círculo de árboles muertos.
—La entrada es genial.
Miren las runas resplandecientes.
En la entrada de la mazmorra, un arco curvo de piedras cuadradas bien labradas sostenía una runa resplandeciente en su cúspide: la runa del fuego.
La negra entrada parecía más oficial que los otros portales, ya que este, de aspecto sedoso y ondulante, brillaba con una luz anaranjada.
—Creo que las runas son el idioma de los hombres lagarto, aunque no sé qué mecánica utiliza la mazmorra para crear este fenómeno —susurró Paul, sosteniendo una libreta de páginas gastadas mientras escribía o, más bien, dibujaba la entrada de la mazmorra.
—Puedo ver la runa de la muerte y la de la retirada.
¿Será una advertencia para los que entren?
¿Una forma de calibrar el nivel de peligro antes de enviar exploradores?
—prosiguió.
—Mmm, ahora no tenemos tiempo.
¿Qué tal si intentas descifrarlas cuando acabemos, Paul?
—Simon sonrió al levantarse de su asiento y bajar de un salto del carruaje, que acababa de detenerse.
—Ese tipo siempre intenta hacerse el guay.
—Casi se cae, ja, ja.
—Ryuji, vamos.
Tenemos trabajo que hacer.
Erika bajó del carruaje.
Su cuerpo pareció flotar en el aire antes de un aterrizaje ligero.
Ryuji tomó la mano de Yumiko y saltaron juntos, aterrizando con un golpe sordo.
El trío avanzó: las dos mujeres, con cautela; Ryuji, a grandes zancadas.
La entrada medía casi tres metros de alto, haciéndolos sentir diminutos en comparación.
—¿Deberíamos esperar a los demás?
—preguntó Erika, tratando a Ryuji como el líder de facto.
—No, quieren que seamos la vanguardia.
Vamos a divertirnos un poco y a esperarlos en la salida del primer piso.
—Ryuji, pareces muy emocionado.
Se dio la vuelta y esbozó una sonrisa maliciosa mientras empuñaba su hacha bebedora de sangre.
—Lo estoy.
—Y se lanzó al interior del portal.
****
Dentro de la mazmorra, la zona era distinta a las que Ryuji había encontrado antes.
Las paredes se ensanchaban, proporcionando a Ryuji un espacio amplio y luminoso.
Un olor a cobre y calor recorría la mazmorra, creando un ambiente cálido y húmedo.
Sobre su cabeza había afilados picos de tierra, mientras que en los bordes del suelo, unas pozas de lava fluían hacia la salida.
—¿Ryuji?
¡No deberías haberte precipitado así!
—Hace un calor sofocante.
Se me va a estropear todo el pelaje…
—Dejen de hacer el tonto, saquen las armas y prepárense para luchar.
Ryuji no esperó al dúo.
Empuñando con fuerza su hacha, avanzó por el largo pasadizo de paredes abiertas, de más de diez metros de longitud, que conducía a una gran sala ovalada con dos caminos.
—Hay tres enemigos en esa plataforma, y uno es de tipo fuego —añadió Erika, cuyos pasos silenciosos se mantenían a la par de las largas zancadas de Ryuji.
Yumiko se colocó un paso por detrás con el mismo sigilo.
Su mirada se clavó en la espalda de Ryuji y en los enemigos que tenían delante.
—Tienen lanzas y ventaja de alcance.
Deberíamos tener cuidado.
El consejo de Erika no inmutó a Ryuji.
Sus pasos no perdieron velocidad mientras acumulaba impulso, luchando contra el calor punzante que agredía su cuerpo.
Su respiración permanecía tranquila, pero los latidos de su corazón se aceleraban.
Se acercó al espacio abierto de la sala ovalada y pisó el terreno yermo.
Sus pasos hicieron crujir algunas de las rocas rojas esparcidas por el suelo.
El chasquido resonó por toda la mazmorra.
Los enemigos, unos monstruos humanoides con aspecto de reptil y piel de piedra, empezaron a moverse.
Las criaturas eran grises y de la altura de un humano adulto de baja estatura.
Tenían el cuerpo cubierto de escamas protuberantes y quebradizas, de color gris y marrón, aunque la cabeza del más pequeño, uno de tipo fuego, era anaranjada.
Ryuji hincó el pie derecho en el suelo y tensó los músculos, que se hincharon, antes de usarlo para catapultarse hacia delante como una bala contra el de tipo fuego.
—¿Gu?
—¡Ryuji!
—¡Espera!
El primer hombre lagarto se adelantó para detenerlo.
Esquivó la lanza de la criatura agachándose y, a continuación, giró con la mano izquierda extendida.
Su hacha se hundió en la garganta del hombre lagarto y se la partió en dos.
Sin embargo, habiendo aprendido de su batalla con Erika, no se detuvo.
En vez de aprovechar el impulso de ese giro, apoyó la pierna izquierda en el cadáver del hombre lagarto mientras caía para impulsarse de nuevo hacia el de tipo fuego.
—Te tengo.
—¡Grarh!
El de tipo fuego le lanzó un mandoble con la lanza, intentando desequilibrarlo.
Ryuji pateó la lanza con el pie derecho.
Su pierna se hundió en el asta de madera, doblándola antes de hacer volar por los aires al de tipo fuego.
Antes de que el ataque de Ryuji lo alcanzara, el tercer hombre lagarto arremetió contra él con su lanza.
—Erika, Yumiko, encárguense de esos.
No miró atrás.
Esbozó una sonrisa cruel y giró sobre sí mismo para asestarle un golpe mortal al de tipo fuego, ignorando el profundo tajo que la punta de la lanza del tercer hombre lagarto le había abierto en el brazo.
Con un estallido de vapor y un lúgubre sonido de deglución, el hachazo le cercenó limpiamente el cuello al de tipo fuego.
La cabeza salió volando y el hacha devoró la sangre.
Ryuji se miró la herida.
Había perdido la sensibilidad en la zona y la notaba fría, pero un instante después, el picor de su piel al sanar gracias a la muerte del de tipo fuego le curó la herida.
—Uf…
Son más listos que los duendes y los kobolds, pero siguen siendo débiles.
Miró hacia atrás y vio cómo el puño de Yumiko impactaba en la sien del hombre lagarto, aturdiéndolo justo antes de que Erika se deslizara por detrás de ella y le rebanara el cuello con facilidad.
«¿Qué?
Estas dos se compenetran muy bien».
—Ryuji, no te lances así —resopló Erika.
Limpió sus hojas en la armadura del hombre lagarto y las guardó en sus fundas, para luego sacar una pequeña daga y arrodillarse a arrancarles las escamas.
—Son bastante poderosas como dúo…
—¿¡Eh, Ryuji!?
¿Un dúo con esta maldita mujer?
¡No digas tonterías!
—protestó Yumiko, acercándose a su lado a hurtadillas, con la nariz respingona y las mejillas hinchadas en un puchero.
—Si colaboras con ella y lo haces bien, te daré una recompensa cuando volvamos —se inclinó Ryuji para susurrarle al oído mientras caminaban hacia el borde de la sala ovalada para inspeccionar los dos caminos.
—Iremos por la izquierda.
Ryuji sintió una ligera brisa proveniente del túnel de la izquierda.
Eso no significaba que su instinto acertara, pero aun así, agarró los cadáveres, ahora sin escamas y con un aspecto un tanto macabro, usó su daga para escribir «Túnel izquierdo» en uno de ellos y los arrojó frente a la entrada correspondiente.
—¿Crees que lo entenderán?
—preguntó Yumiko.
—Eso espero.
Venga, vamos.
Ryuji asintió y el trío se adentró en el túnel de la izquierda.
Aumentaron el ritmo al entrar en un gran corredor con varias cuevas a los lados.
No percibían ninguna criatura a su alrededor; a su paso, mientras avanzaban sigilosamente, solo dejaban el aire estancado.
—Me da que va a haber una emboscada…
—susurró Ryuji mientras contemplaba el bonito Tatuaje que le había proporcionado el de tipo fuego.
Le encantaba la voz madura del sistema, a pesar de que Erika y los demás decían que a ellos no les hablaba, sino que solo les aparecía el texto en pantalla.
[¡Nuevo Tatuaje y Datos de la Mazmorra Descubiertos!]
[¿Registrar Información de la Mazmorra?]
[¿Ver Nuevo Tatuaje?]
«Sí».
***
Hombre Lagarto Tipo Fuego (Poco común)
Aumenta todos los Atributos en 1
Los ataques infligen una cantidad adicional de daño de fuego
Visión Oscura – Todos los hombres lagarto pueden ver en la oscuridad (Pasiva gratuita)
—
Hombre Lagarto (Poco común)
Aumenta la Determinación en 2
Daño recibido reducido
Visión Oscura – Todos los hombres lagarto pueden ver en la oscuridad (Pasiva gratuita)
***
Aunque no era suficiente para reemplazar su increíble tatuaje de Kobold.
Ryuji esperaba conseguir pronto otra ranura de tatuaje al subir de nivel, pues el pequeño texto bajo Visión Oscura decía lo siguiente:
(Las acumulaciones de Visión Oscura mejoran considerablemente el efecto).
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