Ser ninja?, yo seré inmortal - Capítulo 101
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Capítulo 101: 101
La flota llevaba meses en el mar.
Las rutas seguras eran un concepto teórico. El descanso, un lujo que no podían permitirse. Avanzaban porque detenerse equivalía a permitir que la niebla los consumiera.
Bismarck mantenía la formación al frente. No había heroísmo en su postura, solo la certeza de que si ella cedía, el resto seguiría. La fatiga era visible en el desgaste de su equipo, en la tensión de su mandíbula, en la forma que calculaba cada movimiento con precisión quirúrgica para conservar lo que quedaba de energía.
Akagi sonreía, pero la expresión había mutado. La sonrisa inicial —confiada, casi arrogante— se había erosionado hasta dejar algo más funcional. Una máscara para mantener la moral, quizás. O algo que la niebla había depositado en ella sin que notara el cambio.
Illustrious conservaba la elegancia como protocolo, no como comodidad. Cada movimiento medido requería ahora esfuerzo consciente. La fatiga no era física —las shipgirls no se cansaban de ese modo— sino una acumulación de microdecisiones, de constante vigilancia, de meses sin un punto de referencia estable.
Enterprise y Rebecca operaban en sincronía no por elección táctica, sino por necesidad operativa. Separarse en ese entorno significaba perder la capacidad de cubrirse mutuamente. Era matemática de supervivencia, no camaradería.
Y detrás, el escuadrón de comandantes.
Wei proporcionaba poder mental a las shipgirls bajo su responsabilidad, pero su capacidad era temporal —ciclos de apoyo seguidos de recarga obligatoria. Rebecca hacía lo mismo con su grupo asignado. Dos comandantes para una flota de esta magnitud eran insuficientes; el resto del escuadrón rotaba turnos de enlace, cada vez más cortos, cada vez más agotados.
Los comandantes estaban protegidos en el interior de Observador. La Sirena funcionaba como transporte fortificado, su estructura resistiendo la niebla que degradaba comunicaciones y agotaba reservas espirituales. Pero el resentimiento bloqueaba y limitaba los enlaces incluso desde dentro; los comandantes operaban al límite de sus restricciones naturales, casi agotados colectivamente.
Las shipgirls no tenían tanta energía acumulada. Cada disparo, cada maniobra, cada segundo de combate consumía reservas que los comandantes apenas lograban replenear. La matemática era simple: gasto excedía recarga. Solo la proximidad del archipiélago justificaba el riesgo.
La niebla se espesaba proporcionalmente a su avance. Los sensores registraban incrementos cuantificables en densidad energética. El mar ofrecía mayor resistencia al desplazamiento. Los resentidos aparecían con frecuencia estadísticamente imposible para territorio no reclamado.
Habían alcanzado el perímetro.
El archipiélago se materializó como una red de nodos energéticos interconectados. Islas naturales y estructuras artificiales integradas en infraestructura de contención.
Los resentidos rodeaban el perímetro en densidad inexplicable. No atacaban. Se acumulaban contra una barrera invisible, comprimidos por su propia masa, repelidos una y otra vez por el Canon de la Ascensión. La técnica podía purificar resentimiento, pero ante tal condensación solo operaba en modo expulsión. Permitir que se acercaran demasiado significaba riesgo de histórico.
La flota había navegado directamente hacia el punto de máxima compresión.
Los resentidos detectaron nuevas firmas energéticas y convergieron hacia ellas. La presión del perímetro se redistribuyó parcialmente.
—Formación defensiva —ordenó Bismarck.
Los cañones de las shipgirls dispararon por necesidad. No había meses de energía acumulada —había lo que Wei, Rebecca y el escuadrón agotado lograban proporcionar en cada ciclo. Cada salvo era contado, cada impacto calculado para máxima eficiencia. La iluminación momentánea reveló kilómetros de resentidos comprimidos contra una barrera que parpadeaba bajo la tensión.
En el núcleo del archipiélago, los ocho Espíritus de la Torre registraron la perturbación. El Central coordinó. El de Comunicaciones filtró señales a través de la niebla densa. El de Guerra y el de Seguridad evaluaron simultáneamente:
—Presión externa desviada. Concentración anómala en frontera sur —identificó el Espíritu de Guerra.
—Riesgo de colapso de distancia mínima. Contacto múltiple: firmas de shipgirls, densidad de resentimiento crítica —añadió el de Seguridad.
—Firma de Sirena detectada en proximidad. Comandantes múltiples, enlaces degradados, energía limitada —confirmó el de Comunicaciones.
La distinción fue inmediata. Las shipgirls estaban en combate activo, rodeadas, energía casi agotada, sostenidas por comandantes al límite. La Sirena —Observador— las transportaba, pero el resentimiento bloqueaba claridad de intenciones.
—Ayuda táctica autorizada solo por las shipgirls —determinó el Central—. La Sirena no es factor de decisión. Artillería de islas en alerta máxima.
Los Espíritus redirigieron energía estelar hacia la frontera sur: yang refinado, estabilizado, marcado con la firma de Yami. Hood, Sirius y Z23 recibieron el flujo en sus cañones especiales. La cobertura de comunicación de los Espíritus superaba la de la flota entrante; operaban donde los enlaces del escuadrón de comandantes fallaban.
—Apertura de corredor —ordenó Hood—. Prioridad: restaurar distancia mínima. Artillería de islas lista.
Sus cañones reunieron energía estelar y la fusionaron con el Canon de la Ascensión. El disparo empujó: niebla estratificada, resentidos expulsados hacia los bordes donde la purificación operaba sin riesgo. Un pasaje temporal se formó.
Sirius y Z23 operaron en sincronía, ampliando el corredor, estabilizando los bordes.
Observador detectó la apertura inmediatamente. Los sensores de la Sirena —superiores a los de la flota degradada por meses de niebla— registraron la estructura energética del pasaje, su temporalidad, su direccionalidad. Sin consultar, sin esperar autorización que el resentimiento habría impedido transmitir, dirigió la nave hacia la zona protegida.
El escuadrón de comandantes dentro de Observador sintió el cambio de rumbo. Wei y Rebecca mantuvieron los enlaces con sus shipgirls asignadas mientras la Sirena aceleraba. Los cañones de Bismarck, Akagi, Illustrious, Enterprise y las demás cubrieron la retaguardia, gastando las últimas reservas que los comandantes lograban proporcionar.
El comandante del archipiélago proporcionaba poder mental a sus shipgirls bajo sus propias restricciones, conectado a través de la red de los Espíritus que el resentimiento no lograba degradar.
Los sistemas de defensa de las islas artificiales permanecieron en alerta máxima. Cañones convencionales orientados hacia el corredor, soluciones de fuego calculadas. La ayuda era para las shipgirls agotadas; la desconfianza hacia Observador —que ahora dirigía la flota hacia el archipiélago sin consultar— y los comandantes casi vacíos permanecía intacta.
Hood mantuvo sus cañones cargados. Sirius cubrió el flanco. Z23 monitoreó la convergencia de resentidos, calculando segundos hasta que el corredor colapsara.
La interfase era fricción armada, no fusión. Ayuda condicional, vigilancia constante, y una Sirena forzando el paso hacia protección que no había solicitado.
En la flota también estaban Phing y Nhing de Azur lane.
Tan pronto como llegaron, la Observadora intentó invadir a través de la señal percibida.
El Espíritu de Guerra detectó la intrusión —no con alarma mecánica, con el placer contenido de quien finalmente tiene un objetivo que justifica su función. El Espíritu de Seguridad contratacó, metódico, sin odio pero sin piedad.
La base de datos resistió. Magia, runas, tecnología cuántica de Bengdie. La Observadora no pudo parsear la arquitectura.
De una isla emergieron cañones —operados por los Espíritus de Control de Marionetas, quienes encontraron cierta ironía en usar armas convencionales contra supertecnología. Destruyeron la mitad de las Sirenas comunes.
La Observadora intentó comunicarse con los Espíritus de la Torre.
—Propongo intercambio de información. Términos neutrales. Con quien corresponda.
El Espíritu de Comunicaciones evaluó la señal. El de Seguridad mantuvo bloqueos activos. El Central no respondió —no por incapacidad, por desinterés protocolario.
Enterprise avanzó. Hood bajó levemente sus cañones especiales —no por descuido, por reconocimiento. Las shipgirls se conocían.
—Es bueno verte bien —dijo Hood.
Enterprise se detuvo, su postura cambió, menos erguida.
—Igualmente.
Sirius se acercó, mirando a cada una.
—Akagi. Illustrious. Bismarck. —Asintió—. Las reconozco.
Akagi sonrió, alivio genuino.
—Hood. Sirius. Z23.
Z23 había estado calculando soluciones, pero ahora hablaba:
—El Comandante está en reclusión desde hace meses. Sin orden directa, no pueden acceder a la isla central. Lo siento.
Phing se acercó a Sirius.
—¿Cómo es aquí? ¿Qué rutas son seguras?
Sirius negó con la cabeza.
—No sabemos mucho de la zona— nosotras. Pasamos la mayor parte del tiempo manteniendo el perímetro.
Nhing se acercó a Hood, voz baja, casi hesitantemente.
—¿Sabe si… Yat Sen está viva?
Hood evaluó la pregunta. Autorizada a compartir información, no detalles.
—Hay shipgirls del tipo Yat Sen en el archipiélago. Eso es todo lo que puedo confirmar.
Nhing asintió, no satisfecha pero comprendiendo el límite.
La Observadora, bloqueada en su intento con los Espíritus, evaluó alternativas. Las shipgirls del archipiélago no tenían información estratégica del exterior. Las recién llegadas sí, pero filtradas a través de Enterprise.
—Interesante —murmuró, sin transmitir—. Dos grupos con información complementaria. Separados por desconfianza.
Enterprise se volvió hacia donde la Observadora se ocultaba.
—No intentes usar esto. Hablo por ti porque no confío en que manipules sus canales. Nada más.
—Tan desconfiada. Me heriste.
—Miente mejor —dijo Enterprise, volviéndose a Hood—. Información táctica limitada, entonces. Lo que conozcan de su sector.
El Espíritu de Guerra monitoreó, aburrido. El de Seguridad mantuvo bloqueos. El de Logística calculaba recursos básicos.
Llegaron a la zona protegida por la barrera. Se mantuvieron cerca del perímetro, donde el Canon de la Ascensión aún repelía la presión exterior. El Espíritu de Seguridad indicó una isla artificial a medio terminar.
—Acampan ahí —indicó Hood—. No es cómodo, pero está dentro del radio de protección. Por ahora.
La flota se posicionó. Bismarck evaluó la isla. Akagi conversaba con Sirius sobre suministros básicos. Illustrious examinaba los cimientos inacabados.
Enterprise permaneció en el límite, entre ambos grupos. La Observadora, dañada y bloqueada, se ancló en posición que no bloqueara líneas de fuego.
El Espíritu de Guerra siguió monitoreando. El de Seguridad no bajó los bloqueos. El Central registró: refugiados temporales, Sirena contenida, vigilancia permanente.
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