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Ser ninja?, yo seré inmortal - Capítulo 96

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Capítulo 96: 96 Espiritus de la torre

Cuando Yat Sen se impulsó hacia el centro del lago, dejó atrás las risas de los clones y la expresión traicionada de Yami. El rigging —esa amalgama de acero y energía que manifestaba su esencia de crucero ligero— respondió antes de que ella lo solicitara. Las placas dorsales ocultas bajo su chaqueta corsario se desplegaron: no eran simples mecanismos antigravitacionales, sino cañones gemelos de 152 mm envueltos en matrices espirales que pulsaban con luz ámbar.

Ascendió tentativa al principio. A tres metros encontró confianza, a diez el ritmo, y a treinta sonrió.

—Velocidad mínima: cincuenta nudos —recitó Red desde tierra.

Yat Sen desapareció. Un túnel de aire comprimido en espiral —idéntico a las estelas de agua que dejan los torpedos— marcó su trayectoria. Zigzagueó entre los pilares flotantes, rodeó la estructura central en espiral ascendente —cada vuelta más rápida que la anterior— y regresó antes de que el eco de su partida terminara de disiparse. El viento de su paso desgarró las ropas de Yami y arrancó el sombrero del Capitán.

—665 nudos —corrigió Overol—. Y todavía acelera.

Yat Sen se detuvo, flotando a quince metros. Su rigging —ahora completamente desplegado— mostraba su verdadera forma: estructuras navales que flotaban alrededor de su cuerpo como alas mecánicas, conectadas por puentes de energía espiral.

—Prueba el flujo —ordenó Sombrero de Capitán.

Yat Sen descendió hasta rozar la superficie del lago. Extendió la mano y activó el sistema. Las ondas comenzaron a girar en espirales concéntricas, cada vuelta más rápida, más densa.

—Barrage espiral —susurró.

Yat Sen dio un paso. El agua respondió. Caminó sobre la superficie con paso firme, sus botas creando estelas torpederas con cada pisada.

—Radio: cien metros —anunció Red—. Campo de aceleración spiral activo.

—Duración: hasta que ella decida parar —añadió Overol.

Yat Sen mantuvo el campo activo. Lo desactivó cuando alcanzó el límite establecido.

—Impacto simulado en tres —anunció Sombrero de Capitán.

Tres títeres de alta movilidad emergieron del lago a ciento veinte nudos, formación triangular, puntas dirigidas a su esternón. Yat Sen no se movió. Su vestido se rigidizó: los pliegues escarlata formaron malla cristalina en espiral —idéntica a los blindajes de acero que protegían los puentes de los cruceros. El primer títere impactó y giró en espiral ascendente, disipándose. El segundo evolucionó en zigzag, intentando flanquear. El tercero se sumergió para atacar desde abajo.

—Blindaje torpedero —explicó Overol—. Cada impacto es combustible. Pero los tres son sincronizados.

Yat Sen tocó su pecho. El vestido había ganado complejidad: cañones secundarios de 76 mm emergieron de los pliegues, envueltos en la misma energía espiral.

—Blancos múltiples —señaló Sombrero de Capitán—. Prioriza.

El primer títere —alto, esbelto, extremidades de alambre tensado— zigzagueó sobre el agua, dejando estelas de espuma. El segundo —compacto, blindado, múltiples articulaciones— se deslizó bajo la superficie. El tercero —ala delta con extremidades retráctiles— ascendió en espiral, buscando ángulo superior.

Yat Sen extendió el brazo derecho: la manga se deslizó para dejar espacio a la estructura tubular de composite negro —un cañón principal de 203 mm comprimido por la tecnología de rigging.

—Modo de disparo principal: Salva dispersa —susurró una voz en su oído.

Opciones aparecieron en su visión:

– Alto Explosivo (HE) — área amplia

– Perforación (AP) — single target

– Torpedos espirales (TP) — homing múltiple

Eligió Torpedos espirales. El disparo no fue una bala, sino tres proyectiles de energía cinética que salieron en espiral descendente, cada uno siguiendo un títere. El primero impactó el ala delta en pleno ascenso, desintegrándolo en espiral. El segundo perforó el agua y encontró el blindado submarino. El tercero anticipó los zigzags del esbelto y conectó en el cuarto cambio de dirección.

—Barrage completo —dijo Red—. Tres blancos, tres impactos. Daño base: 340 cada uno. Multiplicador espiral: ×13. Eficiencia: 100%.

Los restos de los títeres giraron en el aire un instante antes de dispersarse en partículas de luz.

Yat Sen cerró el brazo. Los cañones se retraían, recargándose automáticamente.

—Límite teórico establecido: difícil de determinar con tres blancos móviles —interrumpió Yami desde el puente—. Ya entendió. Suficiente.

Yat Sen descendió caminando sobre el aire —planeando sobre el agua como los cruceros ligeros sobre las olas—. El agua goteaba de su trenza.

—¿Qué sigue? —preguntó.

Yami agitó la mano y la llamó.

—Mascota, digo, antología —dijo Sombrero de Capitán.

—¿Ya no quieres fingir? —replicó Yami.

—Todos sabemos que eres la mascota del grupo —añadió Red.

Yami guardó silencio.

De hecho, el propio Yami lo sabía. Eran sus clones quienes hacían todo el trabajo. Él mismo era como un ordenador donde la información fluía, pero siempre que lo deseara podía acceder al flujo y a los registros dejados por los clones. Prefería el estado actual: ser solo la mascota que indica el camino, mientras los clones se esforzaban por él.

Tos, tos. —Ontología: hemos hecho algunos descubrimientos. Con respecto a los resentidos, son solo una vanguardia.

—Lo sospeché desde un principio —dijo Yami.

—Chapulín, ¿dónde están tus antenitas de vinil? —bromeó Overol.

—¡Chanfle!

—¡Pónganse serios, idiotas! —gritó Sombrero de Comandante.

—Él empezó —se defendió Yami.

Todos suspiraron.

—Comandante, es en momentos como este que pareces un niño pequeño —comentó Yat Sen.

Tos, tos. —Regresando a los resentidos: descubrimos que se dividen en categorías. Lo que matamos es solo carne de cañón. Dependiendo de su nivel, pueden o no resistir la purificación. Al menos las actuales son solo exploradores. Parece que el mundo mismo se resiste a la aparición de estos seres más poderosos, pero la restricción se está debilitando poco a poco.

—Parece que la situación de este mundo es más extraña de lo que pensábamos —continuó Ontología—. Se asemeja más al despertar fantasma de las novelas de horror, pero esta influencia no proviene de aquí. Es decir, puede que los mundos estén integrándose, o colisionando, o que uno devore al otro. No reunimos suficientes datos.

Yami arqueó una ceja. —¿Qué sugieren?

—Invoca chicas barco —propuso Overol.

—Condensa la luz de ascensión hasta alcanzar umbral crítico —intervino Red—. Cambio cualitativo por saturación cuantitativa.

—Encuentra más humanos —murmuró Sombrero de Capitán.

Todos lo miraron con expresión confundida.

—¿Eso último para qué? —preguntó Yami.

Sombrero de Capitán se encogió de hombros. —Olvídenlo. Mejor no digo nada.

—De hecho, es necesario hacer preparativos para contactar con humanos —concedió Yami—, pero primero ganamos espacio, islas, recursos y mejoramos la luz de ascensión. Vamos en orden.

Primero hay que activar completamente la base.

Dicho esto, se pusieron de acuerdo. Todos siguieron a Yami, quien se pavoneó hasta un pequeño altar.

—¿Está todo listo? —preguntó.

De su bolsillo sacó un estuche donde reposaban ocho medallas de cristal, cada una del tamaño de una moneda, con tenues venas luminiscentes pulsando en su interior.

—Hay ocho en total —explicó—. Son las personalidades creadas para los espíritus de torre: el Central, el de Guerra —seguridad, defensa, contraataque e invasión—, el Médico, el de Comunicaciones, el de Logística, el de Control de Marionetas, el de Guía de Nacimiento de Conciencia y el de Guerra Cibernética.

Colocó las medallas una a una sobre el altar, comenzando por la Central y terminando con las de las esquinas.

Tan pronto como la última medalla tocó la piedra, los módulos de personalidad y función se descargaron en sus respectivos núcleos.

—Sombrero de Comandante —dijo Yami—, es hora de proceder con los pasos finales.

El equipo desplegó varias máquinas parecidas a computadoras, corrigiendo parámetros y errores mientras las matrices se activaban.

—¡Hazlo ahora, Ontología!

Yami extrajo varios Cubos Mentales y materiales complementarios que se fundieron al instante. De las plataformas emergieron cientos de runas que danzaron en el aire, combinándose y reformándose. Cuando Yami liberó su energía espiral, todas las runas quedaron selladas y entraron en sus respectivas medallas.

Entonces ocho cúmulos de luz se materializaron: los espíritus de torre. Ocho figuras ilusorias, todas con apariencia de hermanas mayores, cada una con un estilo distinto.

—Como se esperaba de mis clones —murmuró Yami con una sonrisa burlona—, tienen gustos exquisitos.

Al instante, los circuitos de energía ocultos por toda la base se iluminaron. Eran la manifestación física del espíritu de la torre, creado a partir de los Cubos Mentales. Podían proyectar su forma dentro de la base y varios kilómetros fuera de ella. En teoría, eran capaces de crear cuerpos como las chicas barco, pero eso tendría que esperar: primero necesitaban integrarse y familiarizarse con las funciones de la base.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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