Ser ninja?, yo seré inmortal - Capítulo 97
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 97: 97 chicas barco
Con los datos de los ocho Espíritus de la Torre ya integrados y asignados a sus respectivas funciones, el grupo se dirigió al muelle, donde aguardaba el hada de logística —una de esas entidades que, como explicó Yami, aparecen en zonas específicas desde la construcción de muelles y sistemas de abastecimiento.
Sin pensarlo demasiado, Yami arrojó mil Cubos Mentales al altar de invocación con una sonrisa despreocupada.
—Dejémoslo todo a la suerte.
El hada de logística, una figura etérea de luz azulada, recogió los cubos con un gesto mecánico. El altar comenzó a vibrar, proyectando rayos de luz que danzaban sobre el agua del muelle como auroras boreales capturadas en miniatura. Yat Sen se acercó a Yami, observando el ritual con curiosidad contenida.
El altar consumió los mil Cubos Mentales en silencio. Solo quedó una vibración grave bajo el agua, como un suspiro profundo.
La luz se condensó. Rayos azulados giraron en una espiral descendente hasta tocar el muelle. Una a una, las siluetas comenzaron a solidificarse, con los ojos ya abiertos, sus cuerpos formándose junto con sus capacidades.
El proceso se repitió como un eco: el altar consumiendo, la vibración extendiéndose, la luz reuniéndose, y las figuras tomando forma.
Belfast fue la primera en moverse. Ajustó sus guantes con elegancia, sus ojos azules evaluando el entorno con una curiosidad serena antes de posarse en Yami. Una sonrisa cortés, perfectamente medida, iluminó su rostro. Cruzó una mano sobre su pecho en un saludo formal.
—Encantada de conocerle. Soy Belfast, crucero ligero. —Su voz era melodiosa, acogedora, con ese tono de sirvienta experta que anticipa necesidades antes de que se expresen—. ¿Es usted el Comandante de esta base?
No era desconfianza. Era confirmación profesional, como la de un ama de llaves que llega a una mansión nueva y necesita saber a quién reportarse.
Jean Bart no se movió de inmediato. Cruzó los brazos, con la mandíbula tensa, mirando el horizonte como si esperara encontrar allí barcos enemigos, humo de cañones o cualquier cosa que justificara la tensión en sus hombros. Cuando finalmente giró hacia Yami, lo hizo con un movimiento seco, militar.
—Jean Bart. —El nombre sonó como una declaración, no como una presentación—. Acorazado. —Sus ojos, de un azul glacial, recorrieron a Yami de arriba abajo—. Tú eres quien nos llamó.
No era una pregunta. Era una constatación, con un dejo de escepticismo… o tal vez resignación.
—Espero que sepas lo que haces, Comandante. No me gusta desperdiciar mi fuego en objetivos mal elegidos.
Laffey parpadeó lentamente. Dejó escapar un suspiro casi inaudible, como alguien que despierta de una siesta incompleta. Su mirada, inocente y algo adormecida, recorrió el muelle sin prisa antes de detenerse en Yami.
—Laffey… —murmuró con voz suave, casi como un arrullo—. Destructor. —Hizo una pausa, como si procesara la información… o simplemente descansara entre palabra y palabra—. ¿Hay… algún lugar para dormir aquí?
La pregunta surgió de forma completamente genuina.
—Invocar es… cansado. Aunque no recuerde haberlo hecho antes.
Ayanami llevó la mano a su empuñadura. El gesto fue automático, natural, como quien se toca el cabello al pensar. Frunció ligeramente el ceño, inspeccionando la zona con ojos que no perdían detalle: las sombras entre los postes, los ángulos de las estructuras, la posición de cada compañera.
—Ayanami. —Su voz era tranquila, controlada—. Destructor. —Hizo una pausa—. Usted es el Comandante.
No era una pregunta, pero tampoco una afirmación ciega. Era verificación.
—Siento… que debo protegerle. —Su ceño se frunció más, confundida por su propia certeza—. Aunque no recuerdo por qué. Es… extraño.
Javelin giró sobre sí misma, su coleta describiendo un arco en el aire, y sonrió automáticamente hacia Z23 —la figura más cercana— con entusiasmo contagioso.
—¡Eh, tú también por aquí! Qué coin—
Se detuvo a mitad de frase. La sonrisa permaneció, pero sus ojos parpadearon.
¿Por qué “también”? ¿Dónde había sido “aquí” antes?
—¡Javelin! —se corrigió, volviéndose hacia Yami con energía renovada—. ¡Destructor Javelin, lista para la acción! —Su saludo fue exagerado, casi teatral—. Usted debe ser el Comandante, ¿verdad?
No esperó confirmación.
—¡Perfecto! ¡Vamos a hacer grandes cosas!
Aunque no tenía idea de cuáles eran esas “grandes cosas”… ni por qué sentía que ya debería conocer a esa chica de pelo corto que la miraba con el ceño fruncido.
Z23 no devolvió la sonrisa. La observó con irritación profesional, brazos cruzados, postura rígida.
—Z23. Destructor. —Su voz fue seca, precisa—. No recuerdo haberte conocido, rubia. —El “rubia” sonó casi como un insulto técnico—. Pero tu voz… —frunció el ceño— …genera interferencia en mi concentración. Familiaridad sin causa.
Luego se volvió hacia Yami, saludando con rigidez militar.
—Comandante. Solicito información táctica inmediata: ¿estamos en zona de conflicto? ¿Cuál es el objetivo operativo? Prefiero datos a… —su mirada se desvió brevemente hacia Javelin— …distracciones innecesarias.
San Diego ya miraba al cielo, manos en las caderas, desafiando nubes inexistentes. Se volvió hacia Yami con una energía desbordante.
—¡San Diego! —anunció, como si presentara a una celebridad—. ¡Crucero ligero, la mejor de las mejores! —Sonrió con impaciencia—. ¿Dónde está la acción, Comandante? Porque si estamos aquí para quedarnos quietos, prefiero que me devuelvas a donde sea que estaba y me invoques cuando haya enemigos que derribar.
Su pie golpeaba el muelle con ritmo constante.
Sirius permaneció inmóvil, manos cruzadas sobre el pecho, mirada fija en Yami. No había desafío en ella. Solo espera. Como si estuviera verificando un parámetro interno.
—Sirius. Crucero ligero. —Su voz fue suave—. Mi único propósito… es servirle, Comandante.
La certeza en sus palabras era absoluta.
—¿En qué puedo… ser de utilidad?
La intensidad de la pregunta iba más allá de lo profesional.
Hood no se movió. Simplemente estaba allí, imponiendo presencia. Cuando habló, su voz llenó el espacio con autoridad natural.
—Hood. Acorazado. —Su mirada recorrió el muelle antes de fijarse en Yami—. Comandante.
El título sonó… provisional.
—Espero que comprenda la responsabilidad que implica liderar una flota. Estas chicas… —un leve gesto hacia las demás— …merecen un Comandante digno. Yo verificaré que usted lo sea.
Cleveland permaneció quieta, gorra en mano, observando a las otras nueve. No imponía autoridad. La entendía.
Las destructoras comenzaron a gravitar hacia ella de forma natural. Laffey se había desplazado ligeramente. Javelin, tras su intercambio con Z23, buscó su mirada.
No hubo votación.
Belfast asintió apenas, reconociendo la estructura. Jean Bart no reaccionó, lo cual equivalía a aceptación. Hood inclinó la cabeza lo justo.
Cleveland dio un paso al frente.
Se detuvo frente a Yami, mirada firme, con curiosidad bajo la superficie.
—Cleveland. Crucero ligero. Estas chicas… —indicó a las destructoras— …buscan dirección. Yo puedo dársela.
Hizo una breve pausa, evaluándolo.
—Listas para recibir instrucciones, Comandante.
Había respeto… pero también escrutinio.
Yami habló finalmente, con tono directo, sin rodeos:
—Primero que nada, soy el Comandante. Y esta es mi nave secretaria… ya deben conocerla. Es Yat Sen.
Hizo un leve gesto hacia ella antes de continuar.
—Segundo: este es mi territorio. Ya sea que decidan quedarse o irse, es cosa suya. No espero que se unan a mi flota… pero si lo desean, no tengo ningún problema con ello.
Su voz no imponía. Establecía.
—Tercero y último… —su mirada recorrió a todas—. A diferencia de otros comandantes, no estoy limitado en el número de chicas barco que puedo contratar.
Hizo una pequeña pausa.
—La situación actual… se la explicará mi hermosa secretaria.
Yat Sen dio un paso al frente, mientras la atención del grupo comenzaba a centrarse en ella, marcando el inicio de una nueva etapa.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com