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Ser ninja?, yo seré inmortal - Capítulo 99

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Capítulo 99: 99 segunda etapa

La tensión en la Isla Central ha alcanzado su punto crítico.

El entendimiento tácito que se ha establecido crea una carrera contra el tiempo con dos posibles desenlaces extremos:

El Camino de la Victoria — Yami logra fortalecerse lo suficiente antes de que los entes superiores lleguen, derrotándolos y consolidando todo lo construido junto a sus chicas barco.

El Camino de la Derrota — Los entes superiores llegan primero, haciendo que todo el progreso, los contratos, las bases marítimas de los Espíritus de Torre, e incluso la existencia de Yami y sus chicas barco, sean reducidos a la nada.

Dado que los Espíritus de Torre ya han establecido bases marítimas practicando la ascensión mediante la formación de resentimiento —y Yami recibe el 50% del mérito generado por ello—, cada momento de cultivo cuenta. Los resentidos de tercera y cuarta etapa a los que se enfrentan son solo el preludio de lo que vendrá a través de esa puerta dimensional que apenas sospechan.

La sala de conferencias está iluminada por luces tenues que parpadean con la inestabilidad del Mar de Niebla. Las representantes de dos facciones que durante años se han enfrentado en batallas sin cuartel ahora comparten el mismo espacio, unidas por una preocupación que trasciende sus antiguas rencillas.

Las Sirenas —Observer, Tester, Purifier y otras— presentan datos recopilados durante años de observación. Sus expresiones carecen de la arrogancia habitual; en su lugar, hay algo genuino en su urgencia.

Las shipgirls de la humanidad —representantes de Eagle Union, Royal Navy, Iron Blood, Sakura Empire y otras facciones— escuchan con atención tensa.

Una Sirena, Observer, proyecta un mapa holográfico del Mar de Niebla:

“En las últimas semanas hemos detectado comportamientos anómalos en la niebla de resentimiento. No es aleatorio. Se despeja en zonas específicas, como si algo la estuviera absorbiendo o dirigiendo intencionalmente.”

Una shipgirl de Eagle Union interviene:

“Confirmamos el patrón. Durante nuestros patrullajes observamos que el resentimiento periférico retrocede y se concentra en puntos determinados.”

El mapa muestra una zona aproximada en el Mar de Niebla. Las lecturas son imprecisas; la niebla interfiere con sus sensores, impidiéndoles obtener datos fiables. Solo pueden determinar una región general donde la anomalía es más intensa.

No pueden detectar con precisión la Isla Central de Yami. Su ubicación exacta permanece oculta, envuelta en capas de niebla que distorsionan cualquier intento de escaneo.

Lo que las facciones reunidas desconocen por completo es que, en ese mismo momento, el bando de Yami está aislado por la niebla en el corazón mismo de esa zona borrosa en sus mapas. No saben de la batalla entre Yami y los resentidos de tercera y cuarta etapa. No saben que, mientras deliberan, alguien ya está combatiendo en el lugar donde sus sensores solo muestran estática.

La niebla que rodea la Isla Central se ha vuelto impenetrable: una muralla viva que no solo separa a Yami del mundo, sino que también lo oculta, aunque no de forma absoluta, de cualquier método de detección.

La decisión se toma: enviarán un equipo de reconocimiento hacia la zona aproximada que sus sensores pueden identificar. No saben exactamente qué encontrarán.

La sala de operaciones del puerto provisional está iluminada por luces rojas de emergencia. El mapa del Mar de Niebla parpadea en la pantalla principal, mostrando una zona borrosa donde los sensores pierden precisión.

Ping se adelanta primero. Su voz es pequeña, pero firme:

“Por esas coordenadas cayó Yat Sen. Yo… yo voy.”

Ning Hai cruza los brazos, con la mandíbula tensa:

“Idiota. No vas sola. Si hay un rastro de ella, lo encontraremos juntas.”

Un silencio pesado cae sobre la sala. Todos conocen la historia: Yat Sen, la secretaria del Comandante desaparecido, perdida durante una operación de reconocimiento hace semanas. Fue dada por muerta.

Ping y Ning Hai no aceptaron ese veredicto.

Observer —la Sirena de cabello blanco y ojos dorados— observa desde su asiento mecanizado con forma de vieira. Su expresión es inescrutable, completamente calculadora.

“Una flota pequeña. Eficiente. Los grandes números solo atraerán más resentidos.”

Se designan las escoltas entre las shipgirls más fuertes disponibles, aquellas que actualmente no tienen Comandante:

Bismarck (Iron Blood) — Acorazado. Líder de facto de la flota. Su presencia imponente y su cañón principal de 380 mm son disuasión suficiente. Navega libre, sin vínculo de mando.

Akagi (Sakura Empire) — Portaaviones. La Zorro de Nueve Colas, temida por su ferocidad en combate. Sin Comandante, su poder es puro instinto y voluntad propia.

Illustrious (Royal Navy) — Portaaviones. Elegancia letal. Sus bombarderos torpederos pueden abrirse paso donde la artillería convencional falla. Libre de cualquier vínculo.

Enterprise (Eagle Union) — Portaaviones. La “Gris Fantasma”. Es la única excepción: tiene Comandante. Rebecca, una oficial joven de cabello castaño, se mantiene a su lado, con una mano firme sobre el hombro de su shipgirl.

Dado que tres de las cuatro shipgirls principales no tienen Comandante, la misión depende críticamente de los pocos vínculos disponibles.

Comandante Rebecca — vinculada exclusivamente a Enterprise. Su presencia estabiliza el poder mental de toda la flota en un 15% adicional mediante resonancia de campo.

Comandante Wei — asignado temporalmente como enlace general. No está vinculado a ninguna shipgirl específica; solo proporciona poder mental básico a quienes lo necesiten. Es joven, y este es su primer comando real. El sudor en sus palmas lo delata.

Ning Hai se dirige a ellos antes de zarpar, con un tono más grave de lo habitual:

“Escuchen bien. Bismarck, Akagi, Illustrious… ninguna tiene Comandante. Sin vínculo, su poder mental se consume el doble de rápido en la niebla. Dependerán completamente de Rebecca y de Wei para recargar.”

Luego mira directamente a Rebecca:

“Usted es el único ancla real aquí. Si cae, la flota se desmorona.”

Rebecca asiente, apretando ligeramente el hombro de Enterprise. La “Gris Fantasma” permanece en silencio, pero hay una determinación inquebrantable en sus ojos.

Wei traga saliva. Él solo puede proporcionar una fracción de lo que Rebecca ofrece.

Mientras la flota se prepara para zarpar, en el archipiélago la niebla se alza como una muralla viva.

Yami ha entrado en una cueva natural convertida en cámara de cultivo. El brazalete en su muñeca pulsa con luz etérea, sincronizándose con su respiración. La técnica del Caos de los Cinco Polos exige una concentración absoluta.

En la playa de la isla, el resto de las chicas barco operan en un silencio eficiente.

Belfast supervisa la logística con su elegancia habitual. Cuando Sirius pasa cerca, la doncella jefe le habla con suavidad:

“Quieres al Comandante solo para ti, ¿verdad?”

Sirius se detiene, con una timidez inusual en ella:

“S-Sirius solo desea servir… a todos… por igual…”

Belfast sonríe ligeramente, divertida mientras la corrige.

Jean Bart inspecciona las defensas perimetrales en soledad, con postura rígida y los brazos cruzados.

Laffey duerme recostada contra un cañón, lista para despertar en cualquier momento:

“…¿Hay algún lugar para dormir aquí?… No… ya estoy durmiendo…”

Ayanami patrulla en silencio:

“…Main quest: proteger la base. Player 2 offline… desu.”

Javelin intenta mantener el ánimo:

“¡Vamos, equipo! ¡Vamos a hacer grandes cosas! …Aunque ahora solo sea reparar cosas.”

Z23 trata de imponer orden, con su marcado acento alemán:

“Ordnung muss sein! ¡Belfast, esas provisiones van allí! ¡Jean Bart, no ignore mis llamadas de radio!”

San Diego canta mientras repara —terriblemente desafinada—:

“¡Soy la mejor de las mejores! ¡La número uno!… ¿Por qué todos se tapan las orejas?”

Hood mantiene su compostura majestuosa, observando todo sin intervenir directamente.

La flota zarpa. Bismarck lidera sin Comandante. Akagi sonríe con anticipación salvaje. Illustrious mantiene su elegancia. Enterprise y Rebecca avanzan juntas, el único vínculo verdadero en medio de la niebla.

Wei observa sus manos temblorosas, consciente de que tres shipgirls de élite dependen de su insuficiente poder mental.

De regreso con Yami, este empezó a condensar el mérito de la ascensión. El mar espiritual de su cuerpo ya estaba abierto, y su control sobre los distintos tipos de energía, así como sobre el qi y la sangre, era tan preciso que pudo completar el refinamiento óseo sin mayores problemas, no sin antes eliminar las heridas ocultas adquiridas durante su primer refinamiento corporal, algo que el mérito de la ascensión le permitió hacer.

El qi fluyó hacia sus órganos internos, y Yami invocó la visualización. Cinco bestias respiraban en conjunto, formando un sistema que no buscaba una armonía perfecta, sino una tensión productiva.

El Pájaro Bermellón se posó en su corazón, transformando cada latido en un horno imperial. El Tigre Blanco ocupó sus pulmones, filtrando el qi con la precisión del metal afilado. El Dragón Azul serpenteó en su hígado, tejiendo una regeneración constante. Xuanwu se asentó en sus riñones, actuando como un ancla de Yin en medio del exceso de fuego.

Y en el centro, en el bazo, donde debería haber un Qilin paciente, se posó el Cuervo Dorado. Bebía el Yin terrenal de Xuanwu, absorbía el Yang vital de Qinglong y tomaba el exceso de fuego que su propio cuerpo generaba gracias al Canon de la Ascensión, transformándolo todo en un resplandor solar.

El desequilibrio dejó de ser un problema.

Se convirtió en una característica.

No luchaba contra su inclinación hacia el Yang.

La utilizaba.

Pero mientras las bestias establecían su ciclo, la culpa se sentó con él en la oscuridad.

Su.

Hua.

Sus primeras.

Las que estuvieron a su lado cuando no era nadie, cuando el camino de la desvergüenza no era más que una idea absurda. Las que construyeron la base sobre la que ahora se sostenía.

No les había explicado nada.

Había dejado que el silencio se convirtiera en herida, que la confianza se pudriera lentamente desde dentro, simplemente porque no tuvo el valor de ser honesto con quienes más lo merecían.

El qi se desvió por un instante.

El Cuervo Dorado lanzó un graznido agudo.

El resplandor en su bazo fluctuó.

Yami apretó los dientes, forzando la estabilidad. Las vísceras terminaron de resonar con las cinco bestias.

Éxito.

Abrió los ojos.

Cuando las vea, pensó, aceptaré lo que decidan. El castigo que impongan.

Escupió una bocanada de sangre impura.

Tras cinco minutos de estabilización, retomó su cultivo. Hizo circular su qi y su sangre por todo el cuerpo —la piel, los huesos, las vísceras— con el objetivo de establecer un circuito completo y finalizar el refinamiento de los cien días.

Sus golpes retumbaban como truenos, y su sangre corría como un caballo desbocado.

Sin perder el impulso, utilizó el qi y la sangre para liberar los cinco puntos de acupuntura.

Su acumulación fue suficiente.

Primero, los ojos.

Cada bloqueo fue atravesado como si una lanza perforara una muralla.

Con cada apertura, sus sentidos se expandían.

Cuando finalmente abrió el punto del corazón, el impulso se agotó casi por completo.

La apertura de cada punto generaba un rebote, dañando en cierto grado sus meridianos. Por ello, antes de continuar, sacó unas pastillas y comenzó a curarse.

Una vez recuperado, volvió a hacer circular el qi y la sangre, esta vez con el circuito completo, con el objetivo de romper la Puerta del Pez Saltando.

El qi y la sangre fluían ahora como un río desbordado, alimentado por el circuito que acababa de establecer.

La resonancia con las cinco bestias —Tigre, Dragón, Xuanwu, Zhuque y la ausencia transformada del Qilin— vibraba en lo más profundo de sus vísceras, formando una base inquebrantable.

Yami inhaló profundamente.

La Puerta del Pez Saltando no era una barrera física.

Era un umbral.

Separaba a los cultivadores comunes de aquellos capaces de trascender sus límites.

Romperla significaba que su qi y su sangre se transformarían en qi verdadero: pasando de intangible a material, de potencial a manifestación.

Primera embestida.

Concentró su qi en el punto de acupuntura del corazón, el primero que había abierto. Comprimió la energía hasta el límite de la saturación y luego la liberó como un torrente ascendente.

¡Bang!

La barrera cedió apenas.

El rebote fue brutal.

Sus meridianos vibraron al límite, amenazando con desgarrarse.

Apretó los dientes, tragando la sangre que subía por su garganta.

Maldita sea, pensó. Así no es como lo hizo Song Shuhang…

Segunda embestida.

Esta vez no usó fuerza.

Usó comprensión.

Recordó lo aprendido.

El caos de los cinco polos no era un arma.

Era una llave.

El qi comenzó a oscilar en cinco frecuencias distintas, cada una resonando con una bestia.

Cuando las cinco coincidieron—

¡CRACK!

Algo se rompió dentro de él.

No un hueso.

No un meridiano.

Una restricción.

La Puerta del Pez Saltando se abrió.

El qi y la sangre se transformaron, estallando en qi verdadero que inundó cada célula de su cuerpo.

Los cinco puntos se conectaron.

Un circuito perfecto.

Yami exhaló.

Su aliento salió cargado de energía condensada.

Tras estabilizarse durante cinco minutos, abrió los ojos.

El mundo no era más brillante.

Era más claro.

Podía percibir el flujo del aire, la resonancia de las chicas barco, incluso la estructura de la niebla.

Y dentro de él…

el qi verdadero comenzaba a acumularse en su dantian.

A lo largo de su columna, siete centros latentes esperaban:

Cola del Dragón.

Garra del Dragón.

Cuerpo del Dragón.

Palma del Dragón.

Cuello del Dragón.

Cabeza del Dragón.

Cuerno del Dragón.

No los tocó.

Aún no.

Había cruzado el umbral.

El Segundo Rango.

Maestro Verdadero..

Tras alcanzar la segunda etapa, Yami regresó a consolidar su reino sin percatarse —o quizás ignorando deliberadamente— del patrón solar que ardía sobre su espalda. Aquella marca no era estática, pulsaba con un ritmo antiguo, como si respirara al compás del propio cielo, y cada latido liberaba una presión invisible, una resonancia que se extendía más allá de su cuerpo, sincronizándose con el entorno.

El firmamento, velado durante años por el resentimiento acumulado sobre el mar, comenzó a despejarse lentamente. No fue un cambio abrupto, sino una purificación progresiva, como si una voluntad invisible barriera las capas de oscuridad. A través de esas grietas, rayos de luz solar pura descendieron, precipitándose hacia su cuerpo como hilos de oro líquido. No eran simples rayos, contenían una cualidad refinada, una pureza que no pertenecía al sol común, sino a su esencia más primordial.

La transformación no se limitó a él. Las islas del archipiélago temblaron ante el cambio, no era destrucción, sino reconocimiento, como si el entorno entero respondiera a la presencia de algo que debía haber estado allí desde el principio. Las corrientes de energía subterránea comenzaron a reorganizarse, alineándose con esa nueva frecuencia, como si un eje central hubiera sido restaurado.

Los ocho Espíritus de Torre lo reconocieron de inmediato como una oportunidad, no solo por el poder que emergía, sino por la afinidad perfecta que este representaba con los sistemas que sostenían el archipiélago. Desde la isla central, operaron con una urgencia precisa, casi mecánica pero cargada de intención, reconfiguraron pilares, reordenaron estructuras internas y trazaron complejas runas de atracción solar que comenzaron a brillar con un resplandor tenue pero constante. Al mismo tiempo, integraron la energía yang en los circuitos del Cañón de la Ascensión, haciendo que sus canales internos vibraran con una nueva frecuencia.

Pero esta vez, el proceso no fue una simple inyección de poder, fue una adaptación. El principio era audaz: usar el yang puro para repeler el yin corrupto, purificar el resentimiento que obstruía la liberación del alma. Sin embargo, lo que descubrieron fue más profundo. La naturaleza purificadora del yang no solo reforzaba el sistema, encajaba perfectamente con el propósito del Cañón de la Ascensión. No actuaba como una energía externa que debía ser contenida, sino como un elemento que mejoraba su funcionamiento desde la base. El yang no amplificaba, el yang afinaba. Cada flujo que recorría los circuitos no solo aumentaba la potencia, sino que eliminaba impurezas, estabilizaba las fluctuaciones y mejoraba la conversión del yin residual en energía liberable. La eficacia del Cañón aumentó no por exceso, sino por precisión.

Pero incluso en su determinación, la precaución prevaleció. Una inundación descontrolada de energía solar podría calcinar los biomas que sustentaban su poder. El equilibrio era esencial. No se trataba de destruir el yin, sino de refinarlo, de llevarlo a un estado donde pudiera coexistir sin corromper el sistema.

Así que redirigieron su atención hacia la cueva de Yami. El espacio donde meditaba fue modificado con precisión quirúrgica. Nuevos circuitos se formaron en las paredes, el suelo y el aire mismo, canalizando la luz solar a través de su cuerpo como si él fuera un núcleo viviente. Desde ahí, la energía purificada era distribuida en flujos controlados: corrientes suaves, constantes, capaces de nutrir sin destruir, de fortalecer sin desestabilizar, de perfeccionar la matriz sin romper su propósito original.

Y en ese proceso, Yami dejó de ser un simple receptor. Se convirtió en un filtro. Todo el yang que atravesaba su cuerpo era refinado, estabilizado y devuelto al sistema en un estado superior. Lo que fluía hacia el Cañón de la Ascensión ya no era energía cruda, sino una forma perfectamente compatible, elevando aún más su eficiencia operativa.

Casi de inmediato tras el cambio, las fuerzas se organizaron. No hubo caos, solo adaptación. Se establecieron rutas, prioridades y zonas de vigilancia. Las patrullas comenzaron a moverse como extensiones naturales del sistema, respondiendo no solo a órdenes, sino al nuevo equilibrio energético que se estaba formando.

Yat Sen partió hacia la frontera norte, donde se sospechaba la ubicación del portal dimensional. Su avance fue constante, atravesando corrientes y zonas inestables sin detenerse, como si siguiera un rastro apenas perceptible. Belfast permaneció en la isla central, esperando la salida de Yami. No era una espera pasiva: su presencia mantenía el orden, asegurando que cada proceso se ejecutara sin interferencias, como un ancla que estabilizaba todo el sistema. Las nueve restantes se dividieron en tres grupos operativos, cubriendo sur, este y oeste.

Hood, Sirius y Z23 cubrían la frontera sur. La adivinación señalaba esta zona como la más segura, posible ubicación de presencia humana. Hood impuso orden natural con autoridad firme, su mera presencia alineando al grupo. Sirius mantuvo un enfoque absoluto en la protección del territorio, vigilando cada detalle. Z23 canalizó su rigidez en disciplina real, floreciendo bajo una estructura clara y definida, donde cada acción tenía propósito.

Cleveland, Laffey y Javelin operaban en la frontera este. Cleveland actuó como una hermana mayor natural, traduciendo órdenes complejas en acciones simples que las destructoras podían ejecutar sin dudar. Javelin aportó energía contenida bajo su supervisión, equilibrando entusiasmo con control. Laffey estabilizó el ritmo general del equipo, evitando excesos o errores por fatiga. Era un grupo funcional, ideal para exploración prolongada y adaptación continua.

Jean Bart, Ayanami y San Diego formaban el filo de ataque en la frontera oeste. Jean Bart avanzó sin frenos emocionales, priorizando resultados por encima de todo. Ayanami operó sin necesidad de interacción social, moviéndose como una sombra eficiente, casi invisible en su ejecución. San Diego aportó un caos útil: distracción, presión, imprevisibilidad. Juntas, eran extremadamente efectivas donde importaba más ganar que mantener el orden, rompiendo cualquier resistencia antes de que pudiera consolidarse.

El tiempo volaba. Sobre la marcha, tan pronto como las islas centrales procedieron a calibrar los nodos de las islas periféricas, las medabots sin conciencia propia se movían como hormigas, ejecutando tareas con una coordinación impecable y una eficiencia casi absoluta. Cada movimiento estaba sincronizado con el sistema, como si formaran parte de un organismo mayor.

Aquellas que comenzaron a desarrollar conciencia no se limitaron a seguir órdenes, se adaptaron. Se movilizaron por iniciativa propia y empezaron a proteger y calmar a los Pokémon dispersos en las islas, respondiendo a su agitación con una sensibilidad que antes no poseían. Algunas incluso comenzaron a anticipar comportamientos, actuando antes de que surgiera el conflicto.

Riolu, Ralts, Turtwig y los Palmon XS se acercaron a la zona donde se encontraba Yami. No hubo llamada, simplemente entendieron. Allí comenzaron a practicar los diversos métodos que él mismo les había enseñado, repitiendo movimientos, ajustando respiraciones, intentando replicar algo que apenas comenzaban a comprender. Aun así, la influencia del entorno hacía que su progreso fuera más rápido de lo normal.

Al llegar la noche, la eficacia de la integración de la energía solar disminuyó. Para cualquiera, eso habría significado debilidad, pero Yami ya tenía experiencia. El sol, la luna y las estrellas no eran entidades separadas, eran un sistema. El Cuervo Dorado es la encarnación del sol, el sol es una estrella, y la luna refleja la luz del sol. El sol es yang, y su reflejo es yin. Pero el yin no es contrario, puede alimentar al yang.

Basado en este concepto, retomó su visualización. Esta vez, no centró su atención en las bestias divinas como formas individuales, sino en algo más profundo: su manifestación en el cielo. Las constelaciones. No como símbolos místicos, sino como estructuras reales, patrones que canalizan y redistribuyen energía a escala cósmica.

Una a una, comenzó a reconstruirlas en su mente. No como símbolos, sino como estructuras reales, con posiciones, trayectorias y relaciones precisas. Cada punto de luz era fijado con exactitud, cada conexión trazada con intención. Si fuera su vida anterior, no sabría nada, pero durante ese tiempo, los clones hicieron todo el trabajo por Yami. Observaron, registraron, calcularon, y no solo eso: interpretaron patrones, corrigieron errores, optimizaron rutas de flujo energético. Y como banco de datos viviente, Yami solo necesitaba buscar entre los archivos guardados en su memoria.

Entonces lo hizo.

Y al hacerlo, la noche dejó de ser oscuridad. Se convirtió en un mapa, un sistema interconectado donde cada estrella actuaba como un nodo, cada constelación como un circuito, y cada flujo como una extensión del mismo principio que regía el sol.

Y en ese mapa, la energía comenzó a fluir nuevamente. No como luz directa, sino como una red, más sutil, más profunda, más completa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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