Sexo con el Rey de la Mafia - Capítulo 69
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69: CAPÍTULO 69 Dignidad restante 69: CAPÍTULO 69 Dignidad restante POV de Serena
Mi fiesta estaba en todos los blogs de cotilleos cuando me desperté.
Esa era una de las razones por las que detestaba la alta sociedad.
El cotilleo era la norma hasta el punto de que no podías ni estornudar sin que alguien lo publicara en Instagram, en un blog o lo tuiteara.
La estaban llamando la fiesta del año.
Por desgracia, yo no me sentía tan orgullosa de la fiesta como todo el mundo.
Lo único que quería era que Nero estuviera allí, y no lo estuvo.
Solo por eso estaba tan disgustada que ni siquiera disfruté la mitad.
Pero al más puro estilo de Nero, me consiguió regalos de un valor incalculable.
Había un vestido de alta costura de Oscar de la Renta color borgoña de la colección de otoño del año dos mil que llevaba queriendo desde hacía años, algunas joyas raras más y unos tacones de Jimmy Choo: mis favoritos.
Debería ser ilegal conocer tan bien a una chica como para regalarle el vestido y los zapatos de sus sueños para luego abandonarla e irte a Chicago el día de su cumpleaños.
Me dio más regalos porque se sentía culpable por el hecho de que no iba a estar cerca de Nueva York cuando yo quería que lo estuviera.
Me negué a hablar con él y, para mi total decepción, ni siquiera me llamó.
Era vergonzoso morirse por un hombre que ni siquiera reconocía que te había herido.
No podía ni contar las veces que lo llamé mientras estaba borracha.
Su teléfono debía de estar apagado, ya que todas mis llamadas se iban al buzón de voz.
Eran las dos de la tarde del día siguiente y ni siquiera se había molestado en devolverme ni una sola de mis llamadas.
Todavía estaba curándome la resaca mientras me esforzaba por abrir todos los regalos que había recibido el día anterior.
Lily me estaba ayudando.
—Deberías mudarte aquí, Lily.
Siempre estás en casa —dijo Luca mientras nos traía zumo para la resaca.
Le enseñé a prepararlo hace mucho tiempo para que siempre me cuidara hasta que me recuperara.
—Cállate, niño.
Yo te crie —dijo ella.
—No soy un niño, Lily —dijo Luca, refunfuñando por lo bajo y marchándose.
A Lily le encantaba provocarlo tanto que resultaba divertido.
Ella y yo estábamos en el suelo de mi dormitorio, luchando por encontrar fuerzas suficientes para hacer cualquier cosa.
—No vuelvo a beber en mi vida —refunfuñé por lo bajo.
Por supuesto que lo haría, pero en ese momento, seguiría diciéndolo hasta que el martilleo en mi cabeza desapareciera.
—Venga, por favor, deberíamos seguir celebrando tu cumpleaños hoy.
—Lily, no.
Necesitamos mantenernos sobrias al menos durante las próximas veinticuatro horas.
No era una gran bebedora, pero lo hacía de vez en cuando.
Eran cosas que hacía en mi adolescencia y que dejé de hacer después de un tiempo.
—¿Qué sientes por Nero?
—preguntó ella.
—Ni siquiera quiero hablar de ello.
Es obvio que siento cosas por él que nunca corresponderá —declaré, asumiendo por fin mi realidad.
—Vamos, S.
No.
Está obsesionado contigo.
¿Has visto alguna vez a un multimillonario organizar una fiesta?
Compró el hotel entero para tu celebración e incluso compró la revista para mí.
Me quedé confusa por un momento.
—¿De qué estás hablando, Lily?
—Te quiero, S, pero a veces puedes ser un poco despistada.
Compró la empresa un día después de que te confrontara en el baño del Baile del Gobernador por estar en su casa disfrazada.
—Eso es una coincidencia, Lily.
—¿Ah, sí?
Él ya sabía quién eras en ese momento y dónde trabajabas.
La compró por ti y, aunque intentes negarlo, es la verdad.
Me quedé en silencio.
Las acciones de Nero eran contradictorias.
Hacía algo para que sintiera que yo era el mundo para él, y luego hacía otra cosa para demostrarme que no significaba tanto.
—¿Por qué haría algo así?
Ni siquiera parece que le importe tanto —dije.
—Está obsesionado contigo, S.
Lo sé de buena tinta.
No sé qué pasa entre vosotros dos, pero necesitáis hablar sobre lo que sois el uno para el otro.
Vivir en esta zona gris os hará mucho daño.
—Hablar con él significaría que me devolviera el millón de llamadas que le hice ayer, o que al menos me enviara un mensaje.
Y todavía no lo ha hecho.
Ella suspiró y cambió de tema.
Nero era un enigma.
No podías entenderlo, por mucho que quisieras.
Más tarde fuimos a nadar y luego de compras.
Estaba buscando fundas para el móvil cuando me encontré con Cecelia.
No la había visto desde que Nero la despidió.
—Mi invitación para tu extravagante fiesta debió de perderse en el correo —dijo.
Lily y yo estábamos cansadas de hablar con ella.
Ser tan mayor y una acosadora no era atractivo.
Estaba a punto de cumplir los treinta y todavía actuaba como una adolescente.
—¿Qué quieres de mí, Cece?
—le pregunté.
—Solo quiero que sepas que el hombre que pagó tu fiesta no te retendrá por mucho tiempo —dijo.
Nero ni siquiera la conocía, y ella había jurado que iba a ser su prometido.
Era una ilusa y una tonta por pensar que un hombre que ya tenía una mala impresión de ella e incluso la había despedido, daría media vuelta y se casaría con ella.
Además, Nero era diez veces más rico que su familia.
Ella no tenía el tipo de conexiones por las que un hombre como Nero se casaría.
Odiaba saber que nunca me casaría con él y aun así estar evaluando a sus posibles esposas.
—¿Eso es todo?
—le preguntó Lily.
—No.
Nero nunca te reconocerá públicamente.
Puede que lo haga en la empresa, pero nunca saldrá a decir que está contigo.
Eres una vergüenza para él y solo estás malgastando la poca dignidad que te queda con él.
No puedo esperar a que te deje.
Se marchó sintiéndose la dueña del mundo y me dejó sintiéndome exactamente como ella pretendía.
Y me odié por pensar que tenía razón.
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