Sexo con el Rey de la Mafia - Capítulo 70
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70: CAPÍTULO 70 Ausencia 70: CAPÍTULO 70 Ausencia POV de Serena
Una semana.
Ese era el tiempo que había pasado desde la última vez que vi a Nero.
Seguía sin responder a mis llamadas y no me hablaba.
Lloré hasta quedarme dormida dos veces esa semana, sin contar mi cumpleaños.
Estaba harta de pensar en él y de estar sola en casa.
Luca había vuelto a la escuela y no tenía a nadie que me hiciera compañía, salvo a Lily, así que me quedé en su casa.
Fingí ser feliz delante de ella porque no quería que siguiera preocupándose por mí y cargando con el peso de mis problemas todo el tiempo.
Era como una hermana para mí.
No podía seguir salvándome de mis errores.
Lo único que me mantenía ocupada era intentar averiguar toda la información que pudiera sobre Lorenzo y su difunta esposa.
Estaba escarbando en su vida, y eso me hacía sentir rara e ingrata.
Pero era necesario.
No me gustaba lo que estaba descubriendo.
Lorenzo y su mujer tuvieron un divorcio desagradable, y luego ella desapareció.
Lorenzo era el principal sospechoso de su desaparición, ya que le había dicho en innumerables ocasiones cuánto deseaba matarla.
Yo no creía que pudiera hacer algo así.
Supuse que solo la amenazaba para que se asustara y porque estaba enfadado de que le hubiera sido infiel.
Sin embargo, él no era un santo.
También había numerosos rumores de infidelidades por su parte.
Y acusaciones de violencia doméstica.
Pero nunca se demostró que fueran ciertas y no quise sacar conclusiones precipitadas.
Quería preguntarle sobre toda la información que me estaba dando, pero sabía que mentiría.
—¿Has averiguado algo sobre tus padres?
—preguntó Lily.
—Sí.
Estaba muy bien escondido, pero Jack pudo ayudarme.
Me dijo que su financiero, David Montgomery, murió unas semanas después que ellos.
Eso no es una coincidencia —afirmé.
—¿Jack?
—preguntó Lily, confundida.
—Sí.
Estábamos en el mismo curso, pero él era un estudiante becado.
Era mi amigo y ahora es agente del FBI.
Fue todo lo que pudo decirme sobre el caso de mis padres.
El resto es clasificado.
Lily estaba estupefacta.
—¿Eras amiga de un estudiante transferido?
—preguntó—.
¿Desde cuándo?
—Desde que lo defendí de un grupo de abusones.
Yo era popular y tenía voz en esos asuntos.
Le dije a la gente que parara y lo hicieron —dije, encogiéndome de hombros.
Considerando que el que lo acosaba estaba colado por mí, paró porque tenía que impresionarme.
—¿Cómo conseguiste que te diera esa información?
—preguntó.
—En mi fiesta de cumpleaños.
Nero invitó a todos los que conocía, y resultó que él era una de esas personas.
Le hablé de lo extrañas que me parecían las muertes de mis padres y aceptó investigarlo por mí.
Al final, me pidió que nos viéramos para tomar un café y me contó toda la información que había reunido.
Había sido de gran ayuda.
—Vaya, eso es increíble —dijo Lily—.
¿Alguna noticia de Nero?
Negué con la cabeza.
Estaba harta de llorar por él y de enviarle mensajes una y otra vez.
Consideré ir a su lugar de trabajo muchas veces, pero no quería ser humillada si me negaban el acceso a su empresa.
¿Y qué le iba a decir cuando llegara?
—Tengo que volver a mi casa esta noche.
Tengo que revisar unos documentos —le dije a Lily.
Estaba invadiendo su espacio.
Sé que a ella no le importaba, pero yo quería estar sola.
—Puedo ir contigo —sugirió ella.
—No.
Déjame ir sola.
Necesito estar a solas con mis pensamientos.
Después de despedirnos, me fui a mi apartamento.
Me había ido de la casa adosada dos días después de mi cumpleaños, cuando Nero se negó a contestar mis llamadas.
No iba a cometer la locura de ir a llamar a la puerta de su casa.
Sabía lo que significaba.
Estaba intentando romper conmigo sin tener que decirlo.
No podía vivir en la casa que me dio ni llevar la ropa que me dio.
Sin embargo, el maquillaje, los zapatos y los dos coches no podía dejarlos atrás.
También me llevé las joyas.
Lo menos que podía sacar de nuestro acuerdo eran algunas cosas.
Estaba de vuelta en mi apartamento y, gracias a Dios, había estado pagando el alquiler.
Necesitaba un poco de limpieza, pero lo había hecho con la ayuda de Lily y ya me había instalado.
Abrí la puerta y entré.
Me quité el abrigo y fui a la cocina a por un poco de agua.
Fue entonces cuando me di cuenta de que las luces de mi dormitorio estaban encendidas.
Fruncí el ceño, confundida, preguntándome si me había olvidado de apagarlas.
Por si había un ladrón, cogí un cuchillo y fui hacia allí.
Encendí la luz y vi a Nero sentado en la cama.
Grité.
—¿Qué coño haces aquí, Nero?
—le pregunté—.
Me has asustado.
Llevaba un traje y estaba más guapo que nunca.
Mucho mejor de lo que me veía yo.
Ni siquiera me había molestado en maquillarme o en esforzarme por tener mi mejor aspecto.
—No has estado en la casa adosada en días —constató él.
—Y tú no has contestado ninguna de mis llamadas.
No siempre podemos tener lo que queremos.
Te agradecería que te fueras.
Odié cómo mi corazón se aceleró al verlo.
Una parte de mí estaba emocionada de verlo, a pesar de lo que me había hecho.
No sabía si estaba loca o si estaba perdidamente enamorada de un capullo.
Fuera como fuese, necesitaba ayuda psicológica.
Dio un paso hacia mí y levanté la mano para detenerlo.
—Ni se te ocurra.
No te quiero cerca de mí, Nero.
Su dura mirada se suavizó, pero se acercó a mí de todos modos.
Sin pensarlo dos veces, me di la vuelta y salí corriendo.
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