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SISTEMA BIOCOMPUTACIONAL SUPERORDENADOR - Capítulo 458

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Capítulo 458: El campamento enemigo (3)

Erik sostuvo el mapa en alto para que todos lo vieran. —Miren esto —dijo, mientras su dedo trazaba las intrincadas líneas de tinta—. Cada campamento, patrulla y posición militar de la zona ha sido detallado.

Ava fue la primera que habló tras el prolongado silencio. Ver su delicado brazo recién vendado le provocó a Erik una punzada en el pecho.

—Así que están planeando algo grande contra Liberty Watch —constató ella tras descifrar el significado de las líneas y los símbolos. No era ni siquiera una pregunta, pues era evidente para todos. La presencia del gran círculo dibujado alrededor de su aldea era inquietante.

Garrett examinó el mapa con atención. Aún sostenía la espada larga de Emily, cuyo pulido metal reflejaba la tenue luz del refugio subterráneo donde se encontraban.

Su expresión era sombría y apretó la espada con más fuerza. —Esos bastardos —masculló.

Marcus se acercó al grupo, y su imponente figura acorazada proyectó una larga sombra.

—Esto no significa que vayan a atacar. Quizá solo estaban vigilando, monitorizando la situación —sugirió, con un tono que intentaba aportar algo de optimismo al desalentador descubrimiento.

Erik observó cómo Alexia se concentraba intensamente en el mapa. Sus ojos esmeralda, afilados como dagas, recorrían el pergamino mientras descifraba las complicadas líneas y símbolos. No pronunció ni una palabra; sus labios estaban apretados en una fina línea. Él sabía que Alexia estaba sopesando todas las opciones disponibles.

Estaba trazando una estrategia y pensando en los pasos a seguir. Su inexpresividad era inquietante.

Al fin, dijo: —Tenemos que avisar a la aldea. Aunque no estén preparando un asalto, no podemos correr ese riesgo. Y esto —prosiguió, señalando el mapa—, nos proporciona información muy útil sobre sus operaciones. Ahora que conocemos sus planes, podemos prepararnos en consecuencia.

Todos dejaron lo que estaban haciendo para concentrarse en lo que acababa de decir. Eran conscientes de la gravedad de la situación, pero el descubrimiento les dio un atisbo de esperanza de que las cosas pudieran salir bien.

La información que los soldados Frantianos habían recopilado estaba ahora en su poder; podían usarla para defender su hogar y, posiblemente, cambiar las tornas de la batalla.

Mientras Erik observaba, quedó claro que era una oportunidad inmensa. Con ese mapa, ya no estaban condenados a ser meros defensores; en cambio, tenían la oportunidad de contraatacar.

Todos lo entendían, pero la única forma de que ese mapa sirviera de algo era regresar a la aldea y entregárselo a Amos.

Al percatarse del problema, Marcus se giró para encarar a los demás. Sus anchos hombros se recortaban contra la tenue luz que se filtraba por la abertura. —Mira, Alexia —empezó a decir, con un tono tranquilo e imperturbable—. Sería una estupidez volver ahora para contarles a los demás sobre esto.

Luego, se volvió hacia el mapa que Erik sostenía y dijo: —Soy consciente de que esta información es valiosa y que sin duda será útil para la aldea. Pero recuerden nuestra tarea principal. Se nos ha encomendado la misión de localizar el Pino Castaño. Esa es nuestra máxima prioridad.

Garrett compartía la perspectiva de Marcus. —Marcus tiene razón. Si volvemos, lo más probable es que llamemos la atención. Hemos tenido suerte hasta ahora, pero la suerte se agota. Y cuando eso ocurra, querremos estar lo más lejos posible de las consecuencias.

La mirada de Garrett se agudizó y su voz se tornó grave. —Este mapa puede cambiar las tornas a nuestro favor. Es cierto, pero solo si podemos entregárselo a Amos a salvo. Si nos atrapan antes, es como si estuviera perdido. Es un riesgo que no podemos correr.

Su argumento, además de lógico, era persuasivo. No le harían ningún favor a su causa si regresaban y retrasaban la obtención del Pino Castaño. Tenían un viaje y una misión que debían completar. Además, incluso con toda esa información, estaba claro que seguirían sin poder enfrentarse a Frant. Eran demasiados; eran demasiado fuertes, incluso para su extrañamente poderosa aldea.

Marcus y Garrett tenían razón. Erik asintió, con la mirada aún fija en el mapa. —Tienen razón —admitió, doblando el pergamino y guardándoselo—. Nuestro objetivo principal es encontrar el Pino Castaño. Eso no ha cambiado.

Echó un vistazo rápido a la sala subterránea, reparando en las literas, las mochilas abandonadas y la silenciosa quietud del lugar.

Con este descubrimiento inesperado, habían obtenido mucho más de lo que buscaban, pero su objetivo seguía siendo el mismo.

Erik era consciente de la importancia de la tarea que debían completar. El Pino Castaño era necesario para la supervivencia de su comunidad y era lo que permitiría a toda la aldea vivir dentro de la ciudad subterránea oculta.

Sería el lugar ideal para refugiarse, ya que a Frant le resultaría extremadamente difícil localizar la ciudad subterránea.

—Empaquemos lo necesario y pongámonos en marcha —dijo Erik con tono firme—. Ya hemos permanecido aquí bastante tiempo, y ahora tenemos un mapa que detalla cada patrulla Frantiana. El viaje será relativamente fácil a partir de ahora.

El resto de sus compañeros asintieron con un murmullo. No hubo debate; todos estaban de acuerdo en que debían moverse con rapidez, pero no todos estaban contentos con la decisión tomada.

Ava y Alexia empezaron a empacar los objetos esenciales de las mochilas que los soldados Frantianos habían dejado atrás. Tras un momento, Erik se giró para mirarlas. —No se preocupen, Amos sabrá qué hacer contra Frant; no es estúpido —dijo para tranquilizarlas. Erik no vio más que contrariedad en los rostros de las mujeres, pero no había nada que pudieran hacer al respecto.

La información recién adquirida era un arma de doble filo, que traía miedo y alivio a partes iguales.

Marcus ya estaba en la entrada del refugio subterráneo, su cuerpo proyectando una imponente silueta contra el resquicio de luz invernal que se colaba en el interior. Su mano descansaba con naturalidad sobre la empuñadura de su Hacha, señal de que estaba preparado para enfrentarse a cualquier amenaza que se les presentara.

Se giró para mirar al grupo de nuevo, esta vez con expresión decidida. —Erik tiene razón. Amos es inteligente y no estamos aquí para buscarle pelea a Frant. Tenemos una misión que cumplir.

Cuando Erik miró a sus amigos, vio que su determinación seguía intacta. No eran soldados Frantianos; no eran asesinos. Eran guardianes de Liberty Watch y los motivaba el deseo de ver a su gente vivir en un futuro más seguro, y si eso significaba que debían continuar con su misión, a pesar del mapa, que así fuera.

Tras echar un último vistazo al refugio subterráneo abandonado, Erik siguió a Marcus hacia el aire gélido del exterior.

La búsqueda del Pino Castaño aún no había terminado y todavía les quedaba una distancia considerable por recorrer. Con renovada determinación, se adentraron de nuevo en la naturaleza invernal, dejando atrás el gélido vacío del escondite Frantiano.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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