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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 139

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Capítulo 139: Cuando Maribel Pregunta

*Tap tap tap*

Pisadas firmes, veloces.

Era la ciudad más tranquila que ayer. Menos tranquila que mañana.

Solo los sonidos de las personas corriendo se escuchaban.

—Maldición ¿A dónde fueron esos sujetos? —se quejó Thot.

Amara se detuvo, lo llevaba flotando. Thot puso lentamente sus pies en el suelo, mirando la entrada al refugio subterráneo.

Ante los ojos del grupo, una casa común y corriente. Amara se rascó la cabeza.

—¿Este lugar está camuflado?… o algo así… ¿verdad?

Sofía sacó un talismán especial, lo colgó en la frente y observó. Ladeó la cabeza, confundida.

—¿Qué ves? —preguntó Thot.

—Algo así como… una casa normal.

De las sombras, salió una mujer con el cabello rubio y los ojos celestes. Sofía la saludó sin sorpresas.

—Hola Abby.

La damphyr asintió. Indicando que la sigan adentro.

En el interior, ella quitó una alfombra. Bajo esta, las runas estaban dibujadas y encendidas con magia.

—Solo párense en el centro. —dijo —en el momento que esta casa se queme o sea destruida, las runas desaparecerán.

Ella miró al grupo.

Thot respiró profundo.

—¿Lograron llegar al clan Zhao?

Abby asintió.

Amara sonrió viendo la respuesta.

—Entonces, dejemos a Thot aquí. —dijo la joven, con el aura brotando. —vayamos a machacar a los invasores del Dragón.

Thot suspiró, negando lentamente.

—Maribel está huyendo, Aether está huyendo, Rin… bueno… probablemente esté peleando. Si nos ofrecen formas de escapar, deberíamos hacerlo.

El espacio se curvó, solo un instante. Un niño con orejas de lobo apareció de la nada. Hizo una ligera reverencia.

Thot levantó una ceja, luego hizo tendió la mano. Aether miró la mano tendida un momento antes de tomarla.

—Hola muchacho ¿Qué haces acá?

suspiro. —Si nosotros nos quedamos entre los mortales, es posible que los detecten. Pero Thot no puede seguir nuestro ritmo. Eso es lo que me trae acá. —dijo mirando al comerciante.

Sofía le tocó el hombro al niño.

—¿Sabías que vendríamos acá?

—No realmente, solo aposté con Abby a que sí. Y gané.

Ella miró al par de lobo y murciélago, con incredulidad. Tenía muchas que decir, pero no era el momento.

Se aclaró la garganta.

—De todas formas. Lo que dices tiene sentido. Tú en especial, tienes una presencia fuerte.

Abby miró a Thot a los ojos. Ofreció una dulce sonrisa, juntando las manos.

—¿Te importaría ponerte a salvo? Por nuestra tranquilidad…

Él asintió distraídamente, caminó sin oponer resistencia. Miró una vez más al grupo, con una sonrisa amarga.

—Supongo que en verdad me falta poder. Otra vez solo puedo estar al margen.

Sofía le dio un ligero golpe en la frente, aunque la piel enrojeció.

—No hagas esto Thot. No es tu culpa, nada de esto lo es.

Apenas hubo algo de luz, el hombre desapareció.

Abby tapó nuevamente el círculo, la alfombra puesta encima.

—¿Nos vamos ya? —preguntó a Aether.

El niño asintió, tomando su mano. Desapareció en un santiamén.

Sofía esperó con una expresión de suspicacia.

—¿Pasa algo? —preguntó Amara.

—No moriremos mientras esperamos, ¿verdad?

Su rostro palideció.

—¡Oye, tonta… no tientes a la mala suerte!

Una risita salió de sus labios, ladeando la cabeza.

—¿Ya tienes miedo? Chica de las escondidas.

Amara se dio la vuelta, con una mano en su lanza.

—Solo soy precavida. La mala suerte vino cuando hablamos en la avestruz y Nadir pagó las consecuencias.

Sofía se encogió ligeramente, con los labios ahora apretados.

Estiró la yema de los dedos, tocando ligeramente su hombro, dando ligeros golpes.

—No pasa nada. Es solo una broma, ya no sigo.

No dijo nada. Ella golpeó ligeramente con la cabeza.

—Ey. No te enojes.

Un suspiro. Los brazos bajaron.

—Está bien, no estoy enojada. Solo vigilante.

Sofía arrugó las cejas.

—¡Entonces haberlo dicho antes!

El espacio se deformó una vez más, Aether volvió.

—Las llevaré a las dos a la vez. Tal vez tardemos un poco más.

Asintieron, apareciendo en uno y otro lado.

Cuando finalmente llegaron a su destino, una finca enorme y con grabados en todos lados se podía ver. Algunos símbolo flotaban en el aire, haciendo un recorrido en la entrada.

Sofía y Amara abrieron la boca de sorpresa.

Abby rio entre dientes.

—No se asombren, son solo letras decorativas sin efecto.

Asintieron distraídas, con un talismán en sus manos.

Afuera estaban coordinando la defensa, mucho caminaban en la periferia con las lanzas en mano, ya apuntándolas. Aether apareció y mostró un talismán. Pasaron.

En el interior del clan antiguo, las personas estaban movilizándose a su propio escondite. Podían verlos desaparecer cuando entraban en callejones, con los círculos brillando apenas.

Los magos estaban recitando conjuros en sus baritas, ligeros brillos salían de éstas y cubrían sus cuerpos. Uno de ellos produjo un brillo que se condensó en una esfera; ésta voló a gran velocidad hacia las montañas, mientras el mago esperaba algo.

Una mano tomó a Amara de la cintura, haciéndola saltar de sorpresa. Ella buscó la causa.

—Maribel ¿Qué me haces?

La mencionada apareció de la nada. Parpadeando con inocencia.

—No se… solo quise hacerlo. ¡Hola! ¿Te encuentras bien?

Amara se quedó sin palabras. Sofía parpadeó, rodeándola y examinando por todos lados.

—¿Eres realmente tú?

Richard apareció a lo lejos, con los dedos en las sienes.

—Está actuando raro, lo se. Simplemente… vimos algo muy loco.

—¿Qué vieron? —preguntó Amara.

—Bueno… digamos que… un mundo similar al de donde vengo está en peligro… —la voz fue apagándose poco a poco.

Amara parpadeó.

—¿Eso qué tiene que ver con que me pellizques?

Maribel la miró con ojos oscuros.

—Tú solo déjate ¿Entendiste?

Extendió la mano y volvió a pellizcar.

—En serio, estás actuando extraña.

Una sonrisa suave se formó en sus ojos cuando apareció Aether. Ella se acercó.

—Hola. —saludó Aether.

Ella no dijo nada, frotó su cabeza con esmero y luego lo abrazó.

Los ojos de del muchacho se abrieron con sorpresa. Sus brazos cayeron por un instante.

Cuando se separaron, ella miró al resto.

—¿Quieren irse o quedarse a ayudar?

Todos parpadearon sorprendidos.

Richard se aclaró la garganta.

—Bueno, normalmente creo que preferiría irme. Pero ya no se qué decir…

Amara se rascó la cabeza con una sonrisa desconcertada. Sofía se escondió tras un talismán, como si pudiera esconder su rostro.

Entonces un temblor fuerte sacudió todo.

Maribel miró a Amara con un calma.

—Luego de esto, hay algo que quiero hablar.

Ella tragó saliva.

Las personas de la finca eran cada vez menos.

Sofía suspiró, mirando el círculo de teletransporte. Los emblemas de la familia se mostraban en todos lados. Pero ellos no lo tenían.

Caminó en silencio al círculo de teletransportación más cercano.

Nadie dijo nada, simplemente la siguieron.

El mundo se curvó. El espacio se dobló.

Una luz se encontraba avanzando a gran velocidad bajo el cielo rojo, siguiendo un camino como si fuera un tubo. Hasta que se encontró con una barrera.

El impacto fue terrible.

Dentro del gran cráter, un grupo de personas se encontraban apretujadas. Las orejas de Aether temblaron. Cubrió su nariz.

Lentamente Abby se puso de pie. Suspiró con dolor, mirando su entorno con demasiada angustia. En el cráter, un gran charco de sangre, junto a muchas ropas de sirvientes, niños y bebés.

Un escalofrío recorrió la columna de Abby.

—Los que usaron el teletransporte… ¿Cómo?

El aura de Richard comenzó a desbordar.

—¡Debí saberlo! El hechizo para no salir del Territorio del Espejo… esa barrera que hacía que nos perdiéramos… era una distorsión espacial.

Sofía se movió incómoda, lentamente, como si temiera que la sangre se volviera tan espesa que no se pudiera quitar.

—Entonces… ¿Dónde estamos ahora? —dijo mirando el cielo aún rojo.

Los árboles comenzaban a tomar un tono oscuro. Los tallos, poco a poco, comenzaban a oscurecer. El aire se sentía extraño, con ligeras luces rojas flotando cada ciertos metros.

Maribel parpadeó, se rascó la cabeza.

Amara sintió de antemano la palmada en su hombro.

—Esto me recuerda al infierno. —dijo Maribel con voz suave.

Un suspiro resignado llegó de Abby.

—¿Infierno? Esto me recuerda a casa ¿Qué dice eso de mi?

Maribel la miró en silencio. Levantó una ceja y dijo con ironía.

—¿Quién eres, una princesa?

—¿Qué?… ¿Por qué una princesa viviría en un lugar como este? —preguntó con desconcierto Abby.

Richard dio un paso.

—En cualquier caso, aún debemos avanzar.

—Espera. —ordenó Sofía.

Ella tomó una rama. Comenzó a trazar un cuadrado en el suelo, dejando ligeros trazos de luz. Después lo llenó con símbolos. Finalmente pegó una hoja en el centro.

Abby abrió mucho los ojos. Miró a Aether con algo en mente.

—¿Podrías suministrar energía?

El niño asintió.

Cuidadosamente se acercó al centro, con Abby transformada en un murciélago siguiéndolo en sus hombros.

Los minutos pasaron. Finalmente dio efecto.

Un pulso silencioso, que casi no se sintió incluso estando cerca. Un momento después la hoja comenzó a formar un dibujo de la zona.

Maribel se llevó una mano al mentó.

—¿Qué necesidad de tener un mapa? Tenemos a Aether.

Sofía sonrió.

—Lo del mapa es secundario. La técnica también nos oculta, parcialmente. Camufla nuestro qi con el entorno usando un marcador, lo mejor es que el qi de Aether es el que lo inició, por la naturaleza de su qi seremos más difíciles discernir.

Maribel cerró los ojos.

—Oh… apenas diferencio mi energía de la del entorno. Esa marca es genial.

Sofía levantó el pecho con orgullo.

El silencio se instauró un instante. Nadie sabía realmente a dónde moverse. Amara suspiró con calma.

—Abby ¿Podrías ayudarnos a lavar la sangre?

Abby asintió, sacando su varita. El agua se formó.

Pronto la ropa de todos estaba completamente mojada. Abby agitó la varita nuevamente, el agua se desprendió de la ropa, formando un remolino.

Amara inspeccionó su cuerpo, comprobando que no quedaran rastros. Asintió, miró el mapa y lo tomó con las manos.

—Es bueno que estemos más seguros ahora. Pero… ¿A dónde vamos?

Parados en el suelo, rodeados del olor al hierro, nadie supo dar una respuesta.

—Por el momento solo caminemos. —propuso Richard. —es mejor estar en movimiento.

Las demás asintieron.

Sus pasos avanzaron entre los árboles nevados, pasaron varios minutos sin encontrar nada.

En ese periodo, notaron algo extraño. La vegetación comenzaba a cambiar lentamente. Las hojas antes verdes, se tornaban moradas. Las plantas tomaban una forma extraña, las enredaderas se volvían gruesas. Pero aquello no era lo más intrigante.

Maribel levantó miraba sin pestañear, cuando preguntó.

—¿Dónde están todos?

El grupo volteó en su dirección. Ella buscaba con la mirada, luego fijó sus ojos en el grupo, con incredulidad ella dijo.

—No hay vegetación.

El grupo la miró con extrañeza. Alguno compartieron miradas.

Amara se aclaró la garganta.

—Respecto a eso, creo que entiendo lo que dices. —mencionó echando un ojo a los árboles. —porque estas cosas no tienen hilos.

Aether tragó saliva. Mirando con nuevos ojos el entorno.

—¿Siguen vivos?

Amara se encogió de hombros.

—En lo que a mi respecta, no.

Las miradas se volvieron a Maribel. Suspiro.

—Bueno, siguen vivos. Pero sus espíritus desaparecieron. Ya no los veo con el ojo de la sabiduría.

El viento sopló llevando algo de polvo al cielo. Maribel sintió un escalofrío antinatural. Miró al cielo, con una sonrisa extraña.

El cuero cabelludo de todos se erizó. Sacaron sus armas, pero no pudieron ver al enemigo.

—Está bien, no hay peligro. —dijo Maribel.

Ella se acercó con calma a un espacio vacío, miró al cielo.

—¿Qué tan lejos estamos de la capital?

«Muchacha… están realmente lejos» le respondió una voz ancestral, dejando un suspiro de camino.

—Ya veo… ¿En dónde estamos?

El patriarca se encogió de hombros.

«Solo seguimos el linaje de la damphir, no conocemos este reino.»

Maribel hizo una expresión de fastidio e incredulidad.

—¿Cómo es eso? Viven… bueno, mueren… ¿Tanto años y aún así no conocen el mundo?

El entorno se oscureció, no literalmente. Los nervios de todos se tensaron, como si una amenaza se cerniera sobre el mundo.

—Está bien. Perdón, no te enojes. Seguramente estuvieron muy ocupados. —dijo agitando la mano con despreocupación.

El patriarca arrugó la frente.

«Niña… ¿Qué te está pasando? Actúas raro.»

Ella no respondió. Las miradas se sostuvieron. Ella bajó la mirada ligeramente. El silencio se impregnó por varios segundos. Suspiró.

«En realidad, creo que el mundo se está acabando.» dijo Maribel en su mente.

El patriarca retrocedió ligeramente.

«¿Qué te hace pensar eso?»

Ella soltó un suspiro.

«No es seguro, pero creo que el Dragón Rojo está manipulando de alguna forma las grietas. Solía pensar que eran accidentales, pero… » ella apretó los labios.

El mundo se calmó, un silencio abrumador. Desesperante.

«Así que, esos seres del vacío que vimos que vienen de la grietas ¿Dices que los trae el rey?»

«Si»

Una risa divertida, estridente y burlona salió del clan. Parecía que el clan había recuperado, repentinamente, cientos o miles de años de juventud. Maribel se tapó los oídos, pero aún podía escucharlo. Su rostro se sonrojó, con los labios apretados.

—E-espera… ¡¿Acaso ya lo sabían?! —gritó sorprendida.

«Claro que ya lo sabíamos. Lo vimos abrir esas cosas muchas veces. ¿Qué nos importa si quiere conquistar un reino? Eso no es el fin del mundo.»

Maribel parpadeó, desconcertada. El rubor en su rostro desapareció lentamente. Se paró con compostura. La risa se detuvo un momento después, suplantado con algo inquietante.

«Eso no es todo ¿Verdad?»

Maribel estiró la mano, indicando que se acerquen.

—No es todo. Te mostraré el porqué lo dije.

El patriarca se acercó lentamente. La mano de Maribel atravesó su rostro fantasmal. Ella se sorprendió.

Pensó un momento, entonces formuló un hilo de qi y se lo entregó.

La voz del patriarca sonó en el mundo real.

—Esto es… tus memorias…

Abby se sacudió en todo el cuerpo. Temblando, cayó de rodillas involuntariamente.

—Ya veo. —dijo el patriarca —así que no es solo acá. Tres mundos hasta ahora… ¿Cuántos más están en esta situación?

Maribel se encogió de hombros.

—¿Conocen un lugar seguro?

El patriarca tosió.

—Muchacha, déjame asimilar esto primero.

—Ah… perdón. Adelante.

Ella esperó un momento, mirando a sus compañeros aún tensos.

Hasta que repentinamente, sus ojos se abrieron de sorpresa.

La presencia de los vampiros desapareció sin previo aviso. Giró velozmente, mirando con incredulidad.

—¡Hey! ¡¿A dónde van?!

Maribel pisoteó el suelo con frustración.

—Hice un gran esfuerzo para darle eso… ¿Cómo se atreve a dejarme así?

Richard retiró la mano de la espada. Amara guardó su lanza.

Una flor apareció debajo frente a ella. Creció enorme, hasta el tamaño de su cintura. No habían hojas, solo la belleza de la flor.

El grupo miró aquello con desconfianza.

Aether, en cambio, se acercó con calma. Tomó la flor con cuidado, inclinándola ligeramente miró el interior.

—Abby, tal vez quieras ver esto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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