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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 140

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Capítulo 140: Donde El Mundo Ya Terminó: La Tierra Vacía De espíritus.

El mundo se curvó. El espacio se dobló.

Una luz se encontraba avanzando a gran velocidad bajo el cielo rojo, siguiendo un camino como si fuera un tubo. Hasta que se encontró con una barrera.

El impacto fue terrible.

Dentro del gran cráter, un grupo de personas se encontraban apretujadas. Las orejas de Aether temblaron. Cubrió su nariz.

Lentamente Abby se puso de pie. Suspiró con dolor, mirando su entorno con demasiada angustia. En el cráter, un gran charco de sangre, junto a muchas ropas de sirvientes, niños y bebés.

Un escalofrío recorrió la columna de Abby.

—Los que usaron el teletransporte… ¿Cómo?

El aura de Richard comenzó a desbordar.

—¡Debí saberlo! El hechizo para no salir del Territorio del Espejo… esa barrera que hacía que nos perdiéramos… era una distorsión espacial.

Sofía se movió incómoda, lentamente, como si temiera que la sangre se volviera tan espesa que no se pudiera quitar.

—Entonces… ¿Dónde estamos ahora? —dijo mirando el cielo aún rojo.

Los árboles comenzaban a tomar un tono oscuro. Los tallos, poco a poco, comenzaban a oscurecer. El aire se sentía extraño, con ligeras luces rojas flotando cada ciertos metros.

Maribel parpadeó, se rascó la cabeza.

Amara sintió de antemano la palmada en su hombro.

—Esto me recuerda al infierno. —dijo Maribel con voz suave.

Un suspiro resignado llegó de Abby.

—¿Infierno? Esto me recuerda a casa ¿Qué dice eso de mi?

Maribel la miró en silencio. Levantó una ceja y dijo con ironía.

—¿Quién eres, una princesa?

—¿Qué?… ¿Por qué una princesa viviría en un lugar como este? —preguntó con desconcierto Abby.

Richard dio un paso.

—En cualquier caso, aún debemos avanzar.

—Espera. —ordenó Sofía.

Ella tomó una rama. Comenzó a trazar un cuadrado en el suelo, dejando ligeros trazos de luz. Después lo llenó con símbolos. Finalmente pegó una hoja en el centro.

Abby abrió mucho los ojos. Miró a Aether con algo en mente.

—¿Podrías suministrar energía?

El niño asintió.

Cuidadosamente se acercó al centro, con Abby transformada en un murciélago siguiéndolo en sus hombros.

Los minutos pasaron. Finalmente dio efecto.

Un pulso silencioso, que casi no se sintió incluso estando cerca. Un momento después la hoja comenzó a formar un dibujo de la zona.

Maribel se llevó una mano al mentó.

—¿Qué necesidad de tener un mapa? Tenemos a Aether.

Sofía sonrió.

—Lo del mapa es secundario. La técnica también nos oculta, parcialmente. Camufla nuestro qi con el entorno usando un marcador, lo mejor es que el qi de Aether es el que lo inició, por la naturaleza de su qi seremos más difíciles discernir.

Maribel cerró los ojos.

—Oh… apenas diferencio mi energía de la del entorno. Esa marca es genial.

Sofía levantó el pecho con orgullo.

El silencio se instauró un instante. Nadie sabía realmente a dónde moverse. Amara suspiró con calma.

—Abby ¿Podrías ayudarnos a lavar la sangre?

Abby asintió, sacando su varita. El agua se formó.

Pronto la ropa de todos estaba completamente mojada. Abby agitó la varita nuevamente, el agua se desprendió de la ropa, formando un remolino.

Amara inspeccionó su cuerpo, comprobando que no quedaran rastros. Asintió, miró el mapa y lo tomó con las manos.

—Es bueno que estemos más seguros ahora. Pero… ¿A dónde vamos?

Parados en el suelo, rodeados del olor al hierro, nadie supo dar una respuesta.

—Por el momento solo caminemos. —propuso Richard. —es mejor estar en movimiento.

Las demás asintieron.

Sus pasos avanzaron entre los árboles nevados, pasaron varios minutos sin encontrar nada.

En ese periodo, notaron algo extraño. La vegetación comenzaba a cambiar lentamente. Las hojas antes verdes, se tornaban moradas. Las plantas tomaban una forma extraña, las enredaderas se volvían gruesas. Pero aquello no era lo más intrigante.

Maribel levantó miraba sin pestañear, cuando preguntó.

—¿Dónde están todos?

El grupo volteó en su dirección. Ella buscaba con la mirada, luego fijó sus ojos en el grupo, con incredulidad ella dijo.

—No hay vegetación.

El grupo la miró con extrañeza. Alguno compartieron miradas.

Amara se aclaró la garganta.

—Respecto a eso, creo que entiendo lo que dices. —mencionó echando un ojo a los árboles. —porque estas cosas no tienen hilos.

Aether tragó saliva. Mirando con nuevos ojos el entorno.

—¿Siguen vivos?

Amara se encogió de hombros.

—En lo que a mi respecta, no.

Las miradas se volvieron a Maribel. Suspiro.

—Bueno, siguen vivos. Pero sus espíritus desaparecieron. Ya no los veo con el ojo de la sabiduría.

El viento sopló llevando algo de polvo al cielo. Maribel sintió un escalofrío antinatural. Miró al cielo, con una sonrisa extraña.

El cuero cabelludo de todos se erizó. Sacaron sus armas, pero no pudieron ver al enemigo.

—Está bien, no hay peligro. —dijo Maribel.

Ella se acercó con calma a un espacio vacío, miró al cielo.

—¿Qué tan lejos estamos de la capital?

«Muchacha… están realmente lejos» le respondió una voz ancestral, dejando un suspiro de camino.

—Ya veo… ¿En dónde estamos?

El patriarca se encogió de hombros.

«Solo seguimos el linaje de la damphir, no conocemos este reino.»

Maribel hizo una expresión de fastidio e incredulidad.

—¿Cómo es eso? Viven… bueno, mueren… ¿Tanto años y aún así no conocen el mundo?

El entorno se oscureció, no literalmente. Los nervios de todos se tensaron, como si una amenaza se cerniera sobre el mundo.

—Está bien. Perdón, no te enojes. Seguramente estuvieron muy ocupados. —dijo agitando la mano con despreocupación.

El patriarca arrugó la frente.

«Niña… ¿Qué te está pasando? Actúas raro.»

Ella no respondió. Las miradas se sostuvieron. Ella bajó la mirada ligeramente. El silencio se impregnó por varios segundos. Suspiró.

«En realidad, creo que el mundo se está acabando.» dijo Maribel en su mente.

El patriarca retrocedió ligeramente.

«¿Qué te hace pensar eso?»

Ella soltó un suspiro.

«No es seguro, pero creo que el Dragón Rojo está manipulando de alguna forma las grietas. Solía pensar que eran accidentales, pero… » ella apretó los labios.

El mundo se calmó, un silencio abrumador. Desesperante.

«Así que, esos seres del vacío que vimos que vienen de la grietas ¿Dices que los trae el rey?»

«Si»

Una risa divertida, estridente y burlona salió del clan. Parecía que el clan había recuperado, repentinamente, cientos o miles de años de juventud. Maribel se tapó los oídos, pero aún podía escucharlo. Su rostro se sonrojó, con los labios apretados.

—E-espera… ¡¿Acaso ya lo sabían?! —gritó sorprendida.

«Claro que ya lo sabíamos. Lo vimos abrir esas cosas muchas veces. ¿Qué nos importa si quiere conquistar un reino? Eso no es el fin del mundo.»

Maribel parpadeó, desconcertada. El rubor en su rostro desapareció lentamente. Se paró con compostura. La risa se detuvo un momento después, suplantado con algo inquietante.

«Eso no es todo ¿Verdad?»

Maribel estiró la mano, indicando que se acerquen.

—No es todo. Te mostraré el porqué lo dije.

El patriarca se acercó lentamente. La mano de Maribel atravesó su rostro fantasmal. Ella se sorprendió.

Pensó un momento, entonces formuló un hilo de qi y se lo entregó.

La voz del patriarca sonó en el mundo real.

—Esto es… tus memorias…

Abby se sacudió en todo el cuerpo. Temblando, cayó de rodillas involuntariamente.

—Ya veo. —dijo el patriarca —así que no es solo acá. Tres mundos hasta ahora… ¿Cuántos más están en esta situación?

Maribel se encogió de hombros.

—¿Conocen un lugar seguro?

El patriarca tosió.

—Muchacha, déjame asimilar esto primero.

—Ah… perdón. Adelante.

Ella esperó un momento, mirando a sus compañeros aún tensos.

Hasta que repentinamente, sus ojos se abrieron de sorpresa.

La presencia de los vampiros desapareció sin previo aviso. Giró velozmente, mirando con incredulidad.

—¡Hey! ¡¿A dónde van?!

Maribel pisoteó el suelo con frustración.

—Hice un gran esfuerzo para darle eso… ¿Cómo se atreve a dejarme así?

Richard retiró la mano de la espada. Amara guardó su lanza.

Una flor apareció debajo frente a ella. Creció enorme, hasta el tamaño de su cintura. No habían hojas, solo la belleza de la flor.

El grupo miró aquello con desconfianza.

Aether, en cambio, se acercó con calma. Tomó la flor con cuidado, inclinándola ligeramente miró el interior.

—Abby, tal vez quieras ver esto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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