Sistema de Evolución Universal - Capítulo 141
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Capítulo 141: Dioses Con Cuerpos Mortales.
El viento se agitó con calma. Un rostro hermoso se asomó; el cabello rubio pálido y ondulado se dejó caer, y sus ojos celestes se entreabrieron con un brillo traslúcido.
Abby tragó saliva.
La flor producía una savia en su interior. Era parecida a la miel, pero roja. Un sonido provino de su estómago; se lamió los labios.
Aether se asomó, mirando en su interior. Levantó una ceja.
—¿Qué es esto?
[¿Deseas un análisis?]
Aether negó con la cabeza.
—Es para ti, Abby. Quédatelo.
Ella dudó.
—No sé si esté bien… tomarlo. Siento que algún gran cambio podría pasar.
Él la miró, confundido.
—Creía que era lo que deseabas.
Ella suspiró.
—Sí… pero ¿Qué pasa con el sol? Ya no podré salir —dijo, mirando al cielo rojo.
Aether observó aquel líquido con extrañeza.
—Tal vez… el reflejo de papá pueda ayudar.
[¿Deseas aplicar un protocolo?]
Aether asintió.
[Analizando situación.]
[Se intuye una petición de ascenso para una raza de las tinieblas por el camino de la luz. ¿Es correcto?]
Aether volvió a asentir.
[Incompatibilidad detectada. Advertencia: iniciar este protocolo implicaría cambiar una raza desde los cimientos hasta convertirla en otra versión. ¿Estás seguro?]
El niño parpadeó, sorprendido. Agitó la mano en dirección a Abby; ella acercó el oído.
Escuchó los susurros de Aether. Su rostro quedó en blanco.
El niño se aclaró la garganta.
—¿No hay forma de que se mantenga la raza sin cambios?
[No. La transformación corporal es parte de la cultivación. Su cuerpo se transforma desde el origen de su vida. Si se desea, manteniendo el mismo ordenamiento, se verá como el mismo cuerpo, la misma especie, pero será fundamentalmente diferente.]
Aether pensó por un momento.
—Entonces ella mantendrá la misma apariencia.
La mano fría de Abby lo interrumpió, tocándole el hombro.
—Está bien. Creo que puedo sacrificar eso. No importa a qué especie pertenezco… ya no importa.
Un hilo de tristeza se formó en sus ojos, que poco a poco se tornaron más claros, más blancos.
Ella miró al cielo.
—Nabi no volvió. Tal vez mi padre no lo dejó regresar…
Aether la miró con lástima. Ella sonrió.
—Quiero decir, no sería sorprendente que me hayan abandonado. Incluso los espíritus del pasado deben repudiarme; los veía algunas noches… en sueños. —miró a Maribel—. ¿O tal vez piensan bien de mí?
Maribel desvió la mirada. Luego regresó los ojos, encontrándose con los de Abby.
—Es… complicado. Son ambivalentes. Diría que quieren hacerse responsables, pero con algunos tapujos.
La sonrisa de Abby se contrajo un poco.
—¿Ves? No pasa nada si mi raza se ve alterada. Probablemente sea un alivio para ellos.
El grupo entero se miró entre sí, ligeramente incómodo.
Amara se aclaró la garganta.
—No hay necesidad de ser—
Maribel le pellizcó.
Ambas se miraron un momento. Luego Amara desistió.
Maribel se acercó lentamente hasta ponerse frente a Abby. Entonces la abrazó. Un pulso salió de Maribel; los ojos de Abby temblaron y sus pies cedieron.
—No pasa nada. Todo está bien —la consoló.
Abby asintió ligeramente, aún sujeta, con los brazos fuertemente agarrados sobre ella. Ambas bajaron al piso, de cuclillas. Abby escondió los ojos sobre los hombros de Maribel.
El abrazo duró unos minutos, ante la incredulidad de Amara, quien se acercó con cuidado para ver qué pasaba.
—Hey… creo que deberías dejar de actuar extraña.
Los pies de Abby recuperaron fuerzas. Se levantó lentamente. Mirando a todos, tomó un respiro.
—Entonces… no se me pide que pierda algo realmente. Aún mantendré esta capa superficial mía.
Maribel asintió. Amara levantó una ceja, curiosa, miró el hombro mojado de Maribel; desvió su atención a la damphir.
—¿A qué te refieres?
Abby sonrió con misterio.
—No importa. Todo seguirá igual —su mirada dejó de dudar; sin rastro de pena, pronunció—. Aether, por favor, haz ese cambio en la resina.
El niño asintió sin preguntar más. Metió un dedo en el interior y, al contacto, una ondulación se extendió con una ligera luz amarilla. El líquido no cambió en apariencia; nadie diría que era otra cosa. Pero el corazón de Abby estaba enloquecido. No solo ella: todos podían escucharlo.
La damphir parpadeó, sorprendida. Se llevó una mano a la cabeza, con los ojos abiertos, mientras un ligero rastro de saliva caía por su boca.
Se inclinó ligeramente. Colocó una mano, y entonces su linaje reaccionó. Una fuerte impresión la obligó a abrir los ojos. El líquido se movió como si tuviera voluntad propia, adhiriéndose a su piel y siendo absorbido a una velocidad alarmante. Abby juntó las manos y las levantó; podía ver el líquido desaparecer en ellas. Una expresión de júbilo brotó, y comenzó a beber.
Unos pocos minutos pasaron. Los presentes tenían los ojos llenos de incredulidad. Maribel estaba confundida; Aether no le daba importancia.
—Disculpen, tengo una pregunta —dijo Maribel—. ¿Por qué se sorprenden?
Sofía tartamudeó.
—C-chica ignorante… ¿Cómo no te sorprendes…? Ah… verdad, no eres de aquí.
Richard agitó la cabeza, disipando la sorpresa.
—Es porque nunca escuché de una flor que cambie de tamaño así —dijo, apuntando a Abby.
La enorme flor de antes ahora era del tamaño de una copa de vino. Abby seguía bebiendo como si disfrutara de un néctar.
Maribel arqueó una ceja.
—¿Tan extraño es que las cosas cambien de tamaño?
Amara ladeó la cabeza.
—En realidad, podría ser normal para ti, pero nunca escuché de alguien capaz de hacerlo.
—Ya veo… es como con los hechizos mentales.
Sofía negó vehementemente.
—La influencia mental existe; son muy pocos los casos registrados, pero existe. Pero el cambio de tamaño… eso es de otro mundo —miró a Maribel de reojo antes de agregar—. Literalmente.
Un suspiro satisfecho interrumpió la conversación. Un hilo de fluido carmesí chorreó ligeramente, pero desapareció sin dejar rastro en la piel de Abby. Finalmente, ella se metió la flor en la boca con dulzura, como si disfrutara de un caramelo. No la tragó; simplemente la dejó desaparecer.
Aether se rascó la cabeza.
—¿Cómo entra todo eso en tu estómago?
Maribel se aclaró la garganta.
—No lo hace. El líquido se hacía más pequeño.
Abby movió ligeramente la cabeza. Un gesto sencillo, pero que levantó alarmas en el corazón de Richard.
—¿Qué tan pequeño?
Maribel se encogió de hombros.
—Demasiado. Más allá de lo que pude percibir. Creo que se fusionó contigo. Así que, en realidad, no lo estabas comiendo tal cual: lo estabas integrando a tu ser.
Una ligera brisa recorrió el lugar. Entre los árboles ennegrecidos y los arbustos retorcidos, Abby sonrió.
—Ya veo. Entonces es un cambio desde lo más profundo.
Maribel sonrió también, divertida, negando lentamente.
—Apuesto a que ya habías cambiado antes de beber ese elixir.
Richard se reincorporó.
—Realmente me parece… fascinante ese cambio. Creo que debería celebrarse, pero tenemos un asunto aún más urgente.
Sofía suspiró y tomó el mapa. Se lo extendió a Aether.
El niño ladeó la cabeza.
—¿Qué ocurre?
Sofía señaló un punto específico. Los ojos de Aether se entreabrieron.
—No lo pude ver.
—Así es —agregó Sofía—. El refugio está cerca, pero no lo viste —sonrió—. Eso significa que es un buen lugar. Uno al que debemos ir.
A lo lejos, los árboles se movieron. Varios ojos negros observaban detenidamente. Un catalejo se asomó desde la distancia. Una sombra asintió a las demás detrás de ella, mientras un círculo mágico los ocultaba.
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