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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 143

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Capítulo 143: Vida y Muerte.

—¿Por qué dices que cambié antes del elixir? —preguntó Abby mientras caminaban.

Los pasos sonaban con calma, mientras las orejas de Aether temblaban ligeramente.

Maribel recostó una mano sobre su mejilla.

—¿Por qué?… Porque para producir un cambio externo, primero debe hacerse un cambio interno. Esa es la razón.

Sofía parpadeó, con un ojo en el camino y otro en Maribel.

Un viento sopló frío. La nieve se elevó. Los ojos de Abby se entreabrieron.

—¿Pasa algo? —preguntó Maribel.

Abby se quedó en silencio un instante. Observó el entorno: los árboles retorcidos, la tierra, el sol… finalmente, al grupo.

Otra brisa sopló. La boca de Abby quedó entreabierta. Extendió la mano con asombro, apuntando en cierta dirección.

—El aire se mueve… porque hay aire más caliente en una parte.

Richard la miró casi sin mostrar reacción, pero una ceja se levantó apenas.

—¿Qué significa eso?

Abby negó lentamente.

—No sé… pero creo que puedo ver el calor… o algo así.

Maribel se tensó ligeramente; Abby también. El movimiento fue notado con nitidez por Aether, quien encendió su aura.

Maribel barrió al grupo con la mano y la conexión mental fue establecida. Todos lo vieron.

Desde los ojos de Abby, un árbol seco brotó repentinamente del suelo con gran vitalidad. Desde los ojos de Maribel, un conglomerado de espíritus destrozados, convertido en una masa viscosa, fue apretujado dentro del árbol.

Una leve perturbación de qi hizo temblar las orejas de Aether, quien desvió ligeramente la mirada. Su percepción se expandió lejos; dejó de ser esférica y alcanzó más distancia que antes. Un lugar en el espacio estaba ocupado, pero no se veía a quien lo habitaba.

Maribel suspiró. Con la lanza en mano, sus ojos entrecerrados percibieron algo más: una leve línea de qi, grabada en un espacio diferente, un recorrido… hasta el árbol. Apretó los dientes. El árbol se puso de pie.

Maribel extendió su lanza. La luz azul se movía como si fuera un río en calma.

—Ahora te mostraré el sentido inverso —dijo—: un cambio por fuera, trayendo un cambio por dentro. Muele su cuerpo, saca su espíritu. Eso es traer la muerte.

Sus ojos se afilaron. El árbol se partió, mostrando una sonrisa escalofriante. La resina, casi completamente seca, cayó como saliva.

Richard siseó. El calor se expandió al ritmo de su corte. Maribel simplemente estiró la mano, achicando el tronco. El fuego se propagó por la madera seca, pero de alguna manera se apagó. Aun así, logró partir el árbol en dos.

Richard levantó la mano, chocando los cinco. Entonces, desde la perspectiva de Aether, pudieron confirmarlo: algo en el espacio se movió, como si un grupo de personas tambaleara.

Amara sonrió.

—Un cambio externo… ¿verdad? Me pregunto si ellos sintieron un cambio en sus corazones.

Sofía tomó un talismán entre sus dedos.

—Claramente sí: sintieron temor. Ahora el cambio externo es correr. Que no huyan.

Tomaron posición de carrera. Una luz azul brotó de Aether, abarcando una gran área.

Cuando corrieron, un paso contaba como tres.

El fúnebre silencio fue destruido.

Sonidos de árboles siendo pisoteados, de ramas quebrándose, se esparcieron sin cuidado. Los enemigos, aún invisibles, corrían como presas despavoridas.

Uno se salió de la formación, mostrando una gabardina roja con capucha negra. Su fallo desveló la ubicación exacta de los demás.

Apenas el hombre pisó mal, perdió estabilidad y cayó del árbol. Antes de tocar el suelo, una lanza voló con luz azul. Una sonrisa satisfecha se dibujó en el rostro de Amara.

Maribel la miró de reojo, con una ceja levantada.

Richard estiró una mano; un pulso de energía se extendió, pero no logró alcanzarlos.

Sofía lanzó un talismán en dirección a Maribel. Un breve intercambio de miradas, como un ligero chispazo. Maribel lo entendió. Apenas entró en su campo de visión, el talismán adoptó un tamaño considerablemente mayor. Sofía saltó sobre él. Los demás se sumaron.

El trozo de papel se movía como si el cielo mismo lo empujara, volando con libertad entre los árboles.

Amara se impulsó, con una luz en los pies. Estiró su arma y, con un solo movimiento, cortó el torso de una mujer.

Una varita se agitó. La nieve se derritió al instante; el agua se elevó como lluvia en sentido inverso y luego se arremolinó sobre las cabezas de otros dos, asfixiándolos.

Para el último no tuvieron apuros: simplemente bajaron y lo alcanzaron caminando. El sujeto hablaba con los dientes castañeteando.

—Impacto de qi. Impacto de qi. Impacto de qi.

Con cada entonación, un pulso de energía salía. Pero el tamaño del hombre era tan diminuto, el ataque tan insignificante…

Maribel lo miró con lástima, pero sus ojos se enfriaron antes de empujar la punta de su lanza con precisión. La cabeza voló. El hombre murió antes de darse cuenta.

Cuando el tamaño regresó a la normalidad, revisaron los bolsillos.

Amara miraba a Maribel con los ojos muy abiertos. El aire frío, su aura indolente. Tragó saliva.

—O-oye… mi pregunta. ¿Realmente estás bien? Estuviste actuando muy extraña.

Una ligera sonrisa apareció en el rostro de Maribel, tan calmada que resultaba inquietante.

—¿Por qué sigues preguntando?

Amara parpadeó. Soltó un suspiro, con la cabeza gacha.

—Creo… que empiezas a parecer alguien diferente.

Sofía tocó algo en uno de los bolsillos. Se quedó expectante ante la decisión del grupo, pero sus dos compañeras no prestaron atención. Al contrario, el ambiente había capturado la atención de todos.

Maribel miró de reojo a Abby. Luego a Amara.

—Si las cosas crecen hacia dentro y hacia fuera, entonces las personas cambian por dentro antes de cambiar por fuera.

Amara asintió.

—¿Qué tiene de relevancia?

Una ligera exhalación escapó de los labios de Maribel.

—Es relevante. Es como este mundo que muere, solo revive si evoluciona en una mejor versión. No se puede escapar del dolor; por eso la cultivación es un conglomerado de muerte.

Richard contrajo el ceño. Una molestia pulsó, atrayendo la mirada de todos.

—¿Insinúas que deseas la matanza?

Maribel negó lentamente. Miró los árboles marchitos. Estiró una mano, observando sus uñas.

—Insinúo que… estoy muriendo. Así como Abby lo acaba de hacer.

El viento sopló con fuerza. El cabello de Abby se agitó con despropósito; los giros entramados ocultaron su sorpresa, revelada solo por unos colmillos asomando entre sus labios.

Aether caminaba suavemente, pero el ritmo de sus pasos se rompió cuando echó a correr. Abrazó la túnica blanca de Maribel.

Ella giró apenas. Luego lo miró con sorpresa. Una sonrisa, un tacto suave.

—Es solo una forma metafórica —dijo con voz tranquila.

El niño la miró, con las manos aferradas a sus túnicas.

—¿Lo juras?

Maribel lo miró por un instante.

—¿Qué pasa? —preguntó el lobezno—. Responde.

Maribel levantó una ceja.

—No es nada. Solo… pensé en algo —desvió la mirada un instante; luego inclinó la cabeza en un gesto de disculpa—. Perdóname. Al principio solo te vi como una herramienta emocional para mí misma. No debí hacerlo.

Abby retrocedió un paso. Aether ladeó la cabeza.

—Eso no importa. Dame una respuesta —exigió el niño.

Maribel sonrió.

—Estoy un poco triste, no es para tanto. Simplemente encontré otro motivo para quedarme contigo, uno mejor. Así que te prometo: no moriré, porque estás tú.

Aether la abrazó de un salto. Maribel lo tomó en brazos con seguridad y desvió la mirada hacia Sofía.

—¿Qué tiene ese papel?

Ella lo desdobló. Un momento después, lo arrojó a Richard.

—¡Quémalo ahora mismo!

Richard estiró la mano. Ante sus ojos, el papel se desintegró en ceniza. El espadachín tragó saliva, con la voz tensa.

—No fui yo.

El aire se agitó con violencia. El estómago de Aether se revolvió. Amara inhaló con anticipación, sintiendo que un latido se escapaba.

—Maribel, escóndenos. Aether, debemos correr.

Maribel evaluó el tamaño del grupo. Apretó los puños.

—Es imposible esconder a tantos durante una huida. Corramos.

Así lo hicieron. Escaparon sin preguntar, sin pensarlo de más.

Solo noventa segundos pasaron cuando un portal morado se formó. Una presión devastadora arrasó el lugar. Un grupo de cultivadores del nivel de Alma Naciente emergió, acompañado por tres magos élite.

El grupo miró a Amara con emociones encontradas.

Entonces una ola de calor barrió el lugar, acompañado de un grito furioso que reverberó cientos de kilómetros.

Las hierbas secas se erizaron, rebotando como si tuvieran voluntad. El aroma al otoño se esparció en todos lados.

«La muerte es solo una estación más.» dijo una voz profunda, como si entonase una poesía.

Maribel abrió los ojos con gran sorpresa.

«¡¿Nadir?!»

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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