Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Sistema de Evolución Universal - Capítulo 150

  1. Inicio
  2. Sistema de Evolución Universal
  3. Capítulo 150 - Capítulo 150: Condensación del cultivo: La pelea de un mundo.
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 150: Condensación del cultivo: La pelea de un mundo.

Cuando el cuerpo del anciano cayó al suelo con un sonido sordo, no hubo tiempo de comprender. Maribel no dejó de atacar. Un vapor blanco salía de su pecho recién atravesado, oculto entre el polvo de la batalla.

El mago de agua se puso blanco.

—Tú, demonio, ¿qué le hiciste?

Ella no respondió. Saltó hacia atrás, evadiendo un corte por la espalda; la espada pasó cerca de él, casi atacando a su camarada.

—Maldita sea, ¿qué te pasa?

—¿Qué… tú estabas ahí? —preguntó, confundido.

El hombre apretó los dientes y buscó al enemigo. Pero la demonio no estaba otra vez; de hecho, el anciano tampoco.

Una voz calmada le dio la ubicación.

—Ya que crees estar muerto, déjame hacerlo realidad.

Maribel estaba sobre el anciano, a punto de decapitarlo.

Los ojos del hombre se abrieron; se abalanzó sobre ella, evitando que la lanza se hundiera en el cráneo del anciano.

Ella lo miró, distante de toda emoción. Las espadas se redirigieron hacia ella. El metal chocó y soltó chispas, mientras la lanza y la espada se enfrentaban, pero la distancia entre ambas se volvió insalvable para la espada.

La demonio era torpe, pero de alguna manera siempre sabía su siguiente movimiento; lo que es peor, empezaba a adaptarse… y muy rápido.

En cinco segundos, con poco más de veinte intercambios, ella ya conocía su estilo de lucha.

Los ojos del espadachín se llenaron de pavor cuando sintió que su memoria muscular fallaba, mientras que ella parecía aprender su estilo poco a poco; era como pelear consigo mismo.

«A este ritmo voy a morir». El pensamiento le hizo tragar un aliento frío.

Viendo al demonio a los ojos, sentía una calma antinatural, incomprensible. Eso lo aterraba aún más.

Su vista se nubló poco a poco; sus movimientos presentaban ligeros fallos: una desviación mínima al apuntar, un déficit de fuerza al empalar, una ligera piedra en el suelo que lo hacía tambalear… Sus sentidos se desviaban hacia cosas sin importancia y se sentía mareado. Desesperado, movió los dedos en secreto: un ataque sorpresa en el fragor de la batalla.

Ella saltó a un lado y esquivó la espada; pasó a su costado, anticipándose incluso al movimiento.

Los sentidos del cultivador volvieron a la normalidad y respiró profundo, pero no era falta de oxígeno, sino la tensión escapando.

El mago de aire levantó su bastón, al fin rindiéndose a bloquear las habilidades de Maribel. Un tornado se formó, descendió del cielo y la engulló. Pero escucharon algo inesperado. La demonio habló con voz clara:

—Viento, no me interfieras.

El tornado se disipó como si hubiera sido una ilusión; la demonio estaba en perfecto equilibrio sobre el suelo firme.

Desde atrás, los cielos se nublaron y empezaron a crepitar con una lluvia intensa. Uno de los cultivadores exudaba una gran presencia; con el poder sobrecargado lanzó un relámpago.

«La tenemos».

Maribel susurró algo inaudible en dirección al relámpago.

Lo siguiente fue completamente estúpido, absurdo… como si el mundo se burlara. El relámpago simplemente se desvió e impactó a un cultivador que volaba sobre su espada.

—Maldición, ¡¿qué carajo haces?!

La electricidad seguía cayendo fuera de control.

—No puedo, no me hace caso.

El hombre volvió a ver a la mujer. El viento llevó su voz; habló como si pidiera un dulce a alguien.

—Rayo, fríelos hasta tostarlos.

Una onda invisible se extendió y todos los elementos se volvieron más profundos, como si su petición hubiera sido recibida por el mundo.

El cultivador rápidamente se dejó caer de su espada y se refugió debajo de esta. Cuando las cosas se pusieron complicadas, el mago de agua pronunció un hechizo; la espada brilló y las gotas de lluvia cambiaron de dirección.

El cuerpo de Maribel fue atravesado, dejándole muchos agujeros, pero esas heridas se curaron en un segundo. Aunque la sangre volaba, no se veían heridas. Era como si el agua simplemente pasara sin hacer daño.

Las gotas salpicaron con gran fuerza detrás de ella, como si fuera una pileta; se elevaban con el carmesí manchando la claridad. Algunas comenzaron a caer en el rostro del anciano en el suelo.

El anciano abrió los ojos; su conciencia regresó con un sobresalto, tragando una bocanada de aire.

Al recordar lo ocurrido, una sensación fría recorrió su espalda.

«Yo… juraría que morí».

Entonces observó algo que lo despabiló con un frío instintivo: la demonio estaba siendo acribillada por miles de gotas de lluvia, pero un vapor blanco lo empañó todo. El anciano abrió los ojos, esta vez esperando lo peor, porque con una ráfaga de viento se mostró el cuerpo completamente sano de Maribel.

Sus pupilas se abrían y cerraban, sintiendo que miraba algo imposible.

—¡Eso… no es curación…! ¡Esa regeneración es de los vampiros!

La demonio escribió algo en el aire; la palabra “dolor” apareció y ella la destruyó.

El anciano mayor estiró la mano y de su anillo espacial surgió una alabarda. La lanzó antes de que la lluvia cesara.

La demonio se movió extrañamente bien, sin incomodidad alguna; el arma no la cortó por centímetros.

Ella lo apuntó con el dedo y una mala premonición llegó al recordar a la primera víctima. Al instante siguiente, un talismán se quemó. El anciano reapareció unos metros en el cielo. Un viento frío le recorrió el cuerpo. El anciano mayor la miraba con asombro, evitando intencionalmente sus ojos.

Tomó aire y apretó los puños, reuniendo determinación.

—Si no acabo contigo hoy, que el cielo tome mi vida.

Maribel sonrió ampliamente, causándole escalofríos. Ante los ojos de Maribel, una cadena invisible se elevó desde el anciano hasta los cielos; ante los ojos de todos, una onda invisible corrió por el mundo.

«Mi alma… ¿qué le pasa a mi alma? ¿Qué me está sujetando?»

Los ojos del anciano escanearon a la multitud.

«¿Qué hacen? ¿Por qué todos se mueven tan lento?»

Ella apuntó a los cinco restantes. En un impulso instintivo, el anciano los defendió.

La demonio pegó un salto y rodó en el aire, esquivando anillos dorados que se dirigían a atraparla.

Ella miró la ráfaga de viento y pronunció:

—Deja de mirar y ayuda un poco.

El entorno respondió: el viento se agitó fuertemente, lanzando azotes por doquier.

Maribel abrió los ojos, tirándose repentinamente al suelo; un único aro pasó rozándole el abdomen, quemando su ropa y dejando una profunda cicatriz. Por un momento estiró la mano como si quisiera agarrar algo.

—Tsk, eso no la matará.

Y el anciano tenía razón: esa regeneración volvió a actuar.

El mago de agua levantó las manos; repentinamente empezó a moverse con prisa. Haciendo un gran esfuerzo intentó abrir el cielo. Sus brazos temblaban mientras forzaba el milagro. Los anillos del anciano recubrieron su cuerpo, protegiéndolo de los azotes.

—Maldición… ¿por qué no funciona?

Las nubes se movieron con lentitud.

La luz del sol comenzó a filtrarse poco a poco, mientras el anciano mayor peleaba cuerpo a cuerpo con la demonio. Las espadas flotantes trazaban líneas en el campo de batalla, rebanando escombros con ondas de impacto siguiendo el balanceo del acero.

Algunas espadas flotaban en fila en el cielo. Otro cultivador que las controlaba recitó un mantra en susurros. Finalmente el cielo se abrió por completo y la luz del sol se reflejó en las hojas, amplificando el brillo en los ojos.

Maribel volvió a hablar.

—Me incomodas, vete.

La luz se torció de forma antinatural, evitando los ojos de la demonio como si tuviera vida propia. La sombra se formó en el suelo, mientras la hierba circundante empezó a arder.

Los ojos de todos se abrieron con sorpresa. El suelo se elevó y ella saltó; atacó al espadachín en el aire.

Este tenía mejores armas; sus espadas eran grandes y potentes, así que de un tajo rompió la lanza por la mitad. Pero cuando la gran espada dejó de ocupar su visión, ella había desaparecido, desconcertándolo. Un pulso de qi se extendió, pero su sentido divino no la encontró.

El anciano mayor, viendo que el cultivador estaba a punto de dejarse matar, se enfureció. Tensando los músculos saltó para atacar, pero sorprendentemente fue la espada aliada quien lo recibió. Ambas armas chocaron.

—Traidor, deja de protegerla.

—No soy ningún traidor —dijo el hombre, consternado—. Tú me atacas.

Repentinamente, un alfiler del tamaño de un humano creció y los ensartó a los dos. El espadachín abrió los ojos cuando su sentido divino volvió a detectar a la demonio. Pero ya no era necesario: la estocada lo confirmaba.

Repentinamente un correr de aire silbó y el anciano reclinó la cabeza; el más inexperto reaccionó tarde: el viento lo decapitó limpiamente. La espada voladora se tambaleó.

Aprovechando la cercanía, el anciano estiró la mano y entonces una lanza con runas de sellado salió disparada, atravesando a la demonio. Ella cayó, tropezó de la espada y, apenas lo hizo, repentinamente ya estaba en el suelo intentando sacar la lanza de su torso.

Un cultivador más estaba alistando otra lanza, pero a los ojos del anciano mayor el hombre se movía en cámara lenta. De hecho, el viento agitando los árboles le reveló algo espantoso: era como si fueran simple hierba zarandeada.

«Si los árboles se agitasen con tal fuerza, sin duda se romperían… además los movimientos de la demonio se habían vuelto antinaturalmente rápidos».

Era como una mancha, casi invisible, pero la realidad lo golpeó.

«Mi percepción del tiempo está siendo manipulada… la de todos».

El gran anciano vio los movimientos antinaturalmente rápidos de la demonio, que no lograba quitarse la lanza. El otro anciano sobreviviente la atacó y, mientras la pelea avanzaba, los magos apenas habían movido sus espadas mágicas.

La incredulidad del anciano ganó; su cuerpo se aflojó, su mente, pasmada, soltó todo y antes de entender lo que pasaba… había caído al suelo. Su espada voladora había caído más rápido de lo que él podía percibir; así mismo, él llevaba en el suelo más tiempo del que podía comprender.

Las chispas volaban. La mujer tenía un ojo dañado por un corte apenas logrado en el enfrentamiento.

El anciano de las espadas estaba irritado; sus movimientos eran casi novatos ahora mismo, pero los de ella eran perfectamente pulidos, como los que él mismo había entrenado por décadas. Atacó una y otra vez, su energía volando y chocando con la demonio, pero era como si no hubiera grietas en su cultivo, pues literalmente cada golpe del anciano era una maldición de restricción que rebotaba en ella. Sus ojos brillaron celestes, pero no podía encontrar un agujero en la composición de los canales de qi.

Finalmente se rindió y decidió un método más mundano. Golpeó las extremidades cada vez que podía, hasta que milagrosamente una articulación del hombro se quebró. Sonrió, preparando su ofensiva.

Inesperadamente, ella, de un empujón, se lo reacomodó: una técnica fina de los médicos.

No obstante, eso era suficiente para él. Aprovechando la distracción, levantó cuchillas de piedra desde debajo, le cortó los ligamentos posteriores de la rodilla; la mujer cayó confundida y, cuando alzó la mirada, una lanza le atravesó el cuerpo, esta vez inmovilizada con dos lanzas.

El espadachín la miró con rabia, queriendo grabar sus ojos suplicantes antes de matarla, pero solo encontró una ligera sonrisa.

Su mente vibró; repentinamente, impulsado por algo desconocido, el anciano se colocó una espada al cuello.

—¿Qué estoy haciendo…?

La cabeza rodó con una expresión confundida.

La demonio escupió sangre y el tiempo para las personas volvió a fluir con naturalidad. El anciano la miró por un momento, examinándola con su sentido divino. Sus ojos se abrieron con sorpresa.

—Todos sus canales de energía están rotos…

Una lanza de hielo cayó del cielo, empalándola desde la cabeza al suelo. La energía vital desapareció. El silencio reinó por unos segundos, pero temiendo que esa regeneración pudiera traer más sorpresas, el anciano respiró frío y se levantó.

—Quemad ese cuerpo hasta las cenizas. No puede quedar nada.

El mago de fuego barrió con su espada mágica y una ola de fuego enorme se dirigió a ella. El propio anciano juntó los dedos y expulsó su propia llamarada.

Antes de incinerar el cuerpo, las raíces se movieron, envolviéndola en un capullo.

—¡Ese sujeto otra vez!

El anciano explotó de ira y lanzó un ataque tras otro, pero era como si las raíces se alimentaran del fuego, porque solo avivaba su vitalidad.

En la cúpula, un hombre de madera se formó. Sobó las mejillas de Maribel.

—Apenas los encuentro y ya perdí a uno. Lo lamento, he fallado como maestro. Aunque floreciste maravillosamente, yo no te cuidé.

Un suspiro llegó a su mente.

«Ya no le des importancia. Mis compañeros siguen vivos, así que cuida de ellos».

Nadir asintió, pero la cúpula no desapareció.

Lejos, fuera del mundo, un espíritu flotaba en el vacío, mirando el infinito universo. Ella ascendía lentamente mientras flotaba boca arriba.

[La maestra ha muerto. Por favor, espere a la próxima reencarnación.]

En un castillo enorme, donde el aire salado corría y las aguas del mar se acumulaban en el interior, las personas nadaban a la intemperie.

El sol estaba completamente opacado por nubes negras. Hasta donde alcanzaba la vista y más allá, los rayos no tenían cabida.

Un hombre miraba el cielo con una expresión complicada. Llevó una mano al pecho, sintiendo su estado por un instante.

Entonces sus ojos se abrieron con pavor.

Con una mirada peligrosa, echó a correr como si cazara una presa entre los corredores del castillo. Salió al patio, dirigiéndose a una zona desprovista de personas.

Una tumba, un altar, un monumento, una condecoración…para muchos no era más que un detalle decorativo.

Para él, era una llama de esperanza.

La estatua estaba construida con una piedra lisa como el vidrio, decorada con rubíes rojos que realzaban la vestidura tradicional de los años previos al resurgir mágico. El hombre, de ojos azules, piel blanca y cabello amarillo, miraba aquella estatua con incredulidad.

Lentamente, casi con reverencia, se acercó.

En los ojos de la estatua brillaba una llama azul.

Cada vez más opaca.

Cada vez… más muerta.

Tragó saliva, completamente desconcertado, con el corazón latiendo a mil por hora. Abrió la boca con agonía mientras negaba suavemente.

—Esto… no es posible. Desde el inicio hasta la eternidad, cubriendo los cielos con sombras, trayendo nuestro paraíso a la tierra… ese era el juramento… entonces… ¡¿por qué están pereciendo?!

Tomó la estatua por los hombros, como si intentara exigirle una respuesta. Sus labios temblaron al ver que uno de sus ojos azules se había apagado por completo.

—Esto es muy rápido… Incluso si intentaran suicidarse, no podrían. ¿Qué está violando el orden del mundo… gran ancestro?

Estiró las manos, rebuscando en la ropa de la estatua. Allí presionó un botón.

Una compuerta se abrió.

Entró a una caverna completamente decorada.

Cientos de estatuas se encontraban en una galería circular, cada una con ropas antiguas… de varios siglos atrás… incluso milenios.

Tragó saliva.

La incredulidad pronto se convirtió en rabia. Apretó los dientes, mostrando los colmillos. Aquellos ojos azules pasaron a brillar en un tono traslúcido. La sangre en su interior comenzó a hervir, dando a su piel una coloración rojo brillante.

—¿Quién es el desgraciado que ataca a los antiguos espíritus de mi clan?

Miró una última vez las luces apagándose… hasta que finalmente solo quedó una.

La ira no desapareció, pero se mezcló con impotencia, desdicha y sed de venganza. Cayó de rodillas, mordiéndose los labios hasta sangrar, mientras lágrimas carmesí caían de sus ojos.

Cuando levantó la mirada, las sombras a su alrededor se movieron.

—Es ese sujeto… le di una advertencia y nos subestimó.—sus ojos rojos se llenaron de oscuridad—Debí atacarlo con mi cuerpo principal.

Lentamente miró la estatua del centro, cuya luz apenas seguía viva en uno de sus ojos.

—Gran ancestro… traeré la venganza a nuestro linaje.

Agitó su capa y se fundió en las sombras.

Afuera del dominio, un único rayo de sol empezó a filtrarse, levantando alaridos y exclamaciones… hasta que la expansión se detuvo.

En otro imponente castillo, una mujer estaba sentada sobre un trono.

La cubría una gigantesca estatua de un demonio mitad murciélago, con la boca abierta mostrando dientes afilados y, en el centro, un trono de lana roja. Una larga mesa dorada se extendía bajo los escalones, con una gran cantidad de personas sentadas.

La mujer miraba al vacío.

En realidad, interceptaba señales enviadas desde todos lados mientras agitaba una copa en sus manos. Mostraba apenas los dientes, pronunciando sonidos cortos y suaves, casi inaudibles. Terminaba una conversación, iniciaba otra.

De pronto, sus manos dejaron de moverse.

Poco a poco, sus ojos se abrieron con completa incredulidad.

De fondo, las personas dejaron de moverse también.

La sorpresa desapareció lentamente de su rostro. Bajó la mirada con ambivalencia. Tras un largo suspiro, reclinó el cuerpo en el asiento, dejando entrever sus orejas cortas y puntiagudas.

Sus ojos se volvieron determinados, sin rastro de furia.

Esta vez su voz sonó clara.

—Se lo informaré a su majestad… esto es una declaración de guerra.—miró a uno de los presentes.—Parece que tendremos que intercambiar roles pronto. Pensé que presidiría la junta más tiempo.

Un hombre ajustó una pila de papeles antes de hacerlos desaparecer en un anillo. Señaló al vacío y una proyección de los documentos apareció.

—No te preocupes. Daré lo mejor de mí para no dejarte mucho trabajo cuando regreses a cumplir tu tiempo —dijo sin darle importancia.

La mujer miró a un costado.

Entró a una habitación sin puertas.

Simplemente apareció en su interior.

Allí había un ataúd cerrado, completamente lujoso, decorado con cruces invertidas.

Su mirada se volvió oscura.

—Lucius… estúpido cretino… no importa lo que haya pasado antes, aún eres mi yerno. Por haber dañado así a tu clan… esa serpiente lo va a pagar.

Pasó un dedo sobre la tapa del ataúd, dejando una huella de sangre.

Al abrirlo, apareció un hombre perfectamente conservado.

Vestía túnicas negras y doradas, cuello alto, botas de cuero, anillos de oro. Su piel tenía una ligera coloración morada.

La mujer murmuró unas palabras inaudibles.

El hombre abrió lentamente los ojos.

Su tez morada regresó a la normalidad.

Sus primeras palabras fueron:

—Asumo que tiene que ver con el Dragón Rojo.

La mujer se inclinó con respeto.

—Lamento interrumpir su juego de experiencia humana. Es usted perspicaz.—una luz peligrosa brilló en sus ojos—Los antiguos espíritus del clan Sombra del Firmamento, a excepción del patriarca… murieron.

Los ojos del vampiro se abrieron con brusquedad.

La mujer afiló la mirada.

—Y lo peor… ninguno de ellos murió huyendo. Por la velocidad de extinción, murieron en lucha, en una masacre.

Su largo cabello se elevó con una energía apenas contenida, levitó lentamente. Su aura brilló roja, desprendiendo un aroma a sangre que haría vomitar a cualquier humano y enloquecer a cualquier vampiro.

Se puso de pie.

Apareció frente al trono.

Sus ojos dejaban marcas rojas al caminar.

En vez de sentarse…

lo destruyó de una patada.

Miró a los sorprendidos vampiros que conversaban alrededor, quienes tragaron saliva.

—Ya no hay más burocracia. El dominio del espejo fue advertido…ahora morirá.

Un escalofrío recorrió todo el lugar.

Una sensación ominosa de muerte se instauró.

Arriba en el cielo, el sol fue opacado.

No por nubes.

Ni por la luna.

Sino por una masa negra de absoluta oscuridad que cubrió gran parte del firmamento.

Todos levantaron la vista.

Aldeas.

Pueblos.

Ciudades.

Mientras el cielo quedaba completamente cubierto por las sombras… el mar en las costas repentinamente se retiró.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo