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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 156

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Capítulo 156: El Mundo Responde

Un temblor involuntario, no nació de él, pero se esparció a lo lejos. El cabello se agitó, no con el viento, sino como si vibrara.

La noche había abrazado por completo el reino, cuando una luz se encendió en el horizonte oscuro. Era antinatural… como un trozo de día que simplemente decidió regresar.

Una extraña sensación pasó por el cuerpo de Drakar. Un viento leve y frío le hizo cosquilleos en la espalda. Podía sentirlo vibrando en sus poros, no como si bailara, sino como si pinchara. Fue entonces que lo vio… o tal vez lo imaginó.

Una imagen oscurecida asaltó su mente, eran ojos cerrados.

Drakar giró con fuerza, recorrió con la mirada todo en las diez direcciones, no encontró nada. Mas la inquietud en su corazón le recordaba a un cazador, así que mantenía ojos en la espalda.

Se humedeció los labios lentamente.

Un movimiento brusco lo hizo voltear con prisa.

Sus pupilas se deformaron en rendijas reptilianas. La visión divina se acercó, observando a una mariposa atrapada en una red de araña; se estremecía, giraba, pero era impotente.

Entrecerró los ojos.

«¿Intentas amenazarme?»

Drakar giró levemente el rostro, mirando nuevamente el horizonte. Una gota de agua cayó en su sien, se deslizó lentamente. La tocó, miró su dedo mientras palpaba el agua con olor a hierro, era espesa… tal vez demasiado espesa.

Por un momento, sintió que no era agua.

Tres zumbidos muy pequeños pasaron volando. Los dedos se contrajeron ligeramente, chirriando. No giró la vista

Con los sentidos tensos, pudo sentir el movimiento de las patas de la araña, lentas… casi moribundas. Acompañado de zumbidos intensos y movimientos erráticos. Cuando las patas dejaron de temblar, el agua en sus dedos se secó.

El viento frío lo rozó, provocando un ligero espasmo en su mejilla.

De las paredes de su castillo se filtraba la humedad, se extendía como en ropa empapada, condensaba gotas en un ladrillo al borde de la pared, de donde goteaba hasta el piso.

Drakar descendió al suelo, haciendo un ruido resonante y hueco. Levantó una ceja mirando a sus pies. Caminó con lentitud, pero a paso firme y sonoroso.

Una brisa llevó un conjunto de papeles, estiró la mano y los tomó.

[Corrupción en el Consejo de La Voz Universal]

Ladeó la cabeza, sin mostrar expresión. Pasó a la siguiente.

[El consejo desvela complot en el Reyno de la Libertad Eterna.]

La boca de Drakar se abrió ligeramente.

[Videntes presencian la última lucha de la Esclarecida frente a enviados del Dragón Rojo.]

Sus pupilas se abrieron, su mandíbula se apretó. Las cenizas volaron en sus manos, pero otro papel cayó cerca.

Alzó la vista, más de esas cosas venían desde el cielo, saliendo de un edificio destrozado a pocos muros afuera del palacio.

Un ligero brillo carmesí envolvió su cuerpo, elevándolo. Cuando llegó al origen de los papeles, lentamente, se acercó. El suelo en el último piso era limpio, excepto por el papel que inundaba todo. Miró la puerta arrancada de su pomo, se acercó con calma.

En el interior, una leve presión lo alcanzó, acompañado de un brillo celeste proveniente de un artefacto circular. Grande, metálico, formaciones lo acompañaban y en el centro una ostentosa piedra espiritual que hacía aparecer los anuncios.

Drakar apretó los puños y barrió con los pies un nodo, apagando la máquina. La miró por un instante, con una luz creciente en el horizonte. Al levantar la vista, sus labios se movieron apenas, inseguro de hablar.

Tomó aire, apretó los puños con aún más fuerza… y se obligó a pronunciar.

—Has estado jugando conmigo… hijo de puta.

El viento sopló con fuerza, elevando los papeles aún más en el cielo. El aire frío le recorrió la espalda con bravura.

Drakar levantó la mirada llena de oscuridad, mostrando los dientes. Al salir, miró detenidamente en su castillo, sus sentidos en toda el área mostraron a la araña muerta, con los aguijones de las avispas atravesando su esqueleto.

—Ya tengo suficiente de tus amenazas. Yo vengo por ti… y lo sabes. No tengo nada que pedir, solo tomar.

Ejerciendo un poco de fuerza en sus pies, el edificio entero se derrumbó. Lentamente se giró para mirar al cielo nocturno.

—Entonces déjame ver tu resistencia, mundo.

Estiró las manos, volando a plena noche, su cabello se levantó. La luz chispeante robó un pedazo de noche, seguido de un estruendo que hizo vibrar el mundo.

A pocos kilómetros, las estrellas desaparecían por las nubes, arremolinadas de forma antinatural. El ruido blanco se acercaba, mientras casas caían derrumbadas al contacto con el agua.

Drakar chasqueó los dedos, enviando inmediatamente un pulso de calor que agitó el viento hasta llegar a las nubes. La presión en el aire chocó con el avance de las nubes.

Con una clara preocupación en el rostro, su aura se elevó. Presionó con fuerza, su ropa quieta, pero con un borrón en la lejanía. No era sombra, no era calor… era el aire chocando con la tormenta.

Como si dos imanes que se repelen cedieran, pasaron uno al lado del otro… y luego lo repitieron. Las gotas de agua en todos lados empezaron a elevarse poco a poco y, pronto, un pilar de agua se formó en la frontera.

El silbido ensordecía los oídos, la humedad empezaba a respirarse. Pero lo que realmente rompió la concentración fue una voz.

El aire mismo, la voz misma, ya no se distinguían como separadas. El susurro estaba en todos lados.

—Te atreviste a romper el equilibrio del mundo. Los tres restantes ya han respondido. El mundo respira… pero decidiste ahogarlo.

Repentinamente, los ojos de Drakar dolieron. Parpadeó, ajustando su mirada. Los ladrillos resplandecían, las nubes se cargaban. Por varios kilómetros a la redonda, pudo ver con claridad sin una sola sombra, ni siquiera debajo de él mismo… pero al mirar al cielo, había un problema: no había sol, solo nubes negras.

Grandes hilos de luz condensada flotaban, meciéndose en calma. Uno pasó casualmente por el castillo, atravesándola como mantequilla, se derrumbó.

—Ahora el mundo te ve. —dijo otra voz femenina en todos lados —La claridad está a la vista, pero fuera de tus ojos.

Desde el suelo, las lozas se rompieron y la tierra nació fértil, pero las flores que brotaron comenzaron a emanar el olor de la sangre.

Sus ojos reptiles se llenaron de determinación. Golpeó su pecho con valentía, su espalda se alargaba con cada golpe. Su cabello creció ligeramente, acompañado de una barba que flotaba. Las orejas, anteriormente humanas, se alargaron hacia atrás, manteniendo una forma circular. Su cuerpo comenzó a deformarse, pero se detuvo de golpe.

Su corazón se apretó como un impacto sordo.

—Interesante forma de tomar ventaja. —habló una flor loto —Pero estás deshonrando a los tuyos.

Drakar tosió una bocanada de sangre.

Las gotas se elevaron, volando en dirección a las flores.

A mucho metros de distancia, una mano se extendió y agarró la sangre. Cuando la mano giró, la sangre desapareció.

Un relámpago resonó en el tornado, dejando entrever una silueta femenina. La única sombra que se pudo encontrar.

Con un susurro agudo, casi un siseo, Drakar pronunció.

—Así que esto es lo que tienes, mundo. No importa, con solo la mitad me basta.

Miró de frente las gotas de agua que caían desde el cielo, enviadas con fuerza por el poder del viento, derritiendo velozmente la ciudad.

Un rugido vigoroso se extendió, esta vez no como el silbido de una serpiente, sino el rugido de un dragón.

—Engreídos que actúan grandilocuentes ¡Caigan para que alcance el cielo!

De su cuerpo, la luz roja se condensó, formando un círculo mágico en su cabeza que giró a gran velocidad, entonces la noche se iluminó en rojo, con cada pequeña gota ardiendo como chispas efímeras.

—«»[]

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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