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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 177

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Capítulo 177: Mundo Inevitable, Corazón de Reposo.

—Nos vamos.

Sonaba un soplido en el aire. La arena bailaba en el viento.

Bajo los ojos, la piel estaba oscurecida, las pupilas caídas.

Maribel se agachó; el sudor en su espalda tensó la tela de su ropa.

Su mano se movió lentamente y se derrumbó, como una pluma, sobre la cabeza de Aether.

—Ya… hay que irnos.

Una sonrisa apenas formada, una luz en la mirada.

Ella cayó de rodillas y lo abrazó; sus brazos tensos, la voz temblorosa.

—Gracias por venir… perdóname por no volver antes. No debí dejarte solo, no deberías estar solo… yo debería haberlo sabido.

Los ojos de Aether se abrieron. Lentamente dobló los codos hasta elevar sus brazos.

—Está bien, hay que volver.

El sol brillaba con intensidad, mientras los últimos restos de un viento templado rozaban la piel viva.

Calor, pero frescura.

Tristeza, pero consuelo.

Mundo inevitable, corazón de reposo.

Sobre el mundo teñido en mostaza se deslizaba una sombra.

Sus pisadas dejaban una marca nítida de calzado.

Su llegada trajo al mundo la indiferencia.

—¿Por qué se van? Pensé que buscarías las almas perdidas —su voz se volvió hostil—. Además, aún debo matar a quien hizo esto; no permitiré que destruyan mi hogar antes siquiera de reclamarlo.

El jaguar volvió la mirada y se encontró con una humana débil y suave. Apenas empezaba a mostrar el filo de sus colmillos cuando llegó a los ojos…

Se encontraron, ¿pero y eso qué?

Esos ojos… como si mirara a un cadáver andante.

—Muchacha… tú no estás viva, ¿verdad?

Rin se giró. Alzó una ceja e ignoró la pregunta del jaguar.

Sus pies apuntaron a Maribel. El viento sopló con un aliento helado; sus brazos no estaban tensos ni sus manos apretadas, pero una sensación opresiva se clavó en el pecho.

—Maribel, ¿realmente te vas a ir?

Maribel bajó la mirada. Una sonrisa apareció antes de encontrarse con los ojos de Rin.

—Estoy harta. Quiero irme, descansar. Dormir… un poco. Que alguien más se encargue de este asunto, alguien que no sea yo…

Tomó a Aether y lo cargó en brazos, lista para irse.

Rin soltó un soplido por la nariz, lento y constante.

Estiró la mano sin reparos y la atrapó del cabello.

Con una ligera sonrisa insistió, el tono agradable.

—Esta cosa podría dejar este mundo tan destruido como el del que me sacaron.

Maribel se detuvo.

Un silencio tenso de unos segundos se instaló.

En los corazones, una sensación oscura trepaba con afiladas garras.

Entonces Maribel respondió:

—Quítame tu asquerosa mano de encima.

Rin frunció el ceño.

—¿No entiendes? Esto es de gran urgencia…

Una gran presión descendió sobre Rin, y en su lugar quedó solo un charco de sangre sobre la arena.

Aether se tapó la nariz, mientras Maribel le cubría los ojos.

Ella miró al jaguar.

—¿Qué harás con el gato?

Las orejas del felino se tensaron, pero se encogió ante la mirada del niño.

«No solo es fuerte… la madre del niño también. Creció demasiado rápido.»

Maribel se dio la vuelta.

—Aún hay selva muy a lo lejos. Te recomiendo correr antes de que la arena se caliente.

—¿Qué tan lejos está?

Maribel se encogió de hombros.

—Demasiado lejos.

Dio media vuelta y comenzó a elevarse.

Aether miró los contornos de su ropa: no había qi.

Entonces una mano sujetó a Maribel del tobillo.

—Espera —dijo Rin con calma—. Seguiré investigando por mi cuenta. ¿Dónde puedo encontrarte?

La voz de Maribel salió fría.

—¿Encontrarme? Pero no quiero que me encuentres…

—Basta… no sé a quién más pedir ayuda con esto.

Ambas se miraron a los ojos.

—La cabaña donde vivía Abby —dijo Maribel—. Encuéntrame ahí. Solo para que sepas: si vuelves antes de que yo despierte, volveré a matarte; no tengo timidez en aplastar inmortales como tú.

Rin sonrió.

Maribel continuó subiendo.

Una mano salió de su espalda para frotar la cabeza del lobezno… ¿lobo?

Levantó una ceja.

—Oye… ¿estás creciendo?

El niño se separó de su pecho y la miró.

—¿Estoy creciendo?

Aclarándose la garganta, Maribel asintió.

—Sí, claramente debes estar creciendo… espera, el avestruz. ¿Ves si la montura de Nadir sigue viva?

Aether cerró los ojos. Tras un momento de observación, negó con la cabeza.

—No la encuentro.

—Ya veo…

Ella contempló el paisaje un momento más.

Frunció el ceño al no ver la frontera de la gran extensión de arena.

Soltando un suspiro, estiró la mano y extrajo una piedra verde.

—Toma esto —se la dio a Aether—. Guárdalo bien… si alguien debería ser bueno guardando cosas, sería quien controla el espacio… ¿verdad?

Aether asintió en silencio, contemplando la piedra.

—¿Qué tiene dentro?

Maribel sonrió.

—Es un secreto. Tú me diste un muñeco —dijo, mostrando el colgante en su cintura—. Yo te pediré la piedra cuando llegue el momento. Aún no puedo extraer tu regalo… no sé si llamarlo regalo… pero te sorprenderá.

El niño asintió de nuevo.

La luz del sol empañó las figuras de una mujer y un niño.

Mientras se elevaban, desde abajo una pantera y un… “algo” los veían desaparecer.

—¿Piensas seguir buscando, humana? —preguntó el jaguar.

—Claramente sí.

El felino la miró con cierta curiosidad.

—Si te como, ¿puedes regenerar tu cuerpo?

Rin lo miró sin expresión.

El jaguar retrocedió instintivamente.

—Espera… ¿cómo sé que no estás muerta? Podrías arruinar mi estómago.

Rin negó lentamente.

—Si me comes, sería un buen alimento. Pero no te lo recomiendo, soy como un virus.

El jaguar preguntó:

—¿Qué es un virus?

Soltando una leve risita, ella respondió:

—Algo que mi gente usa para conquistar mundos.

El jaguar tragó saliva.

—¿Qué cosa eres?

Ella se encogió de hombros; su cabello ondeó en el aire.

—Nos llamaron de diversas formas, algunos dicen que somos nada… pero hubo alguien que nos popularizó como “brotes —su mirada pareció irse al pasado—. La primera generación fue famosa con ese nombre; escuché maravillas de ellos, como que redujeron a un dios hasta convertirlo en mundano —sonrió con anhelo—. Pero quien nos puso ese nombre murió incontables años atrás, y solo el nombre que nos dio recorrió las galaxias.

El jaguar la miró con ojos aburridos.

—Dices tantas cosas sin sentido. No conozco las palabras que describen lo que dijiste. Podría ser una buena oportunidad para aprender el idioma humano.

Rin sonrió.

—La ironía. Yo estaba en tu posición antes —suspiró—. Pero no te hagas ilusiones, la comunicación humana es una mierda —caminó unos pasos antes de darse la vuelta—. ¿Vienes? Yo te cuento mi vida, tú me cuentas la tuya.

Por un momento, ambos guardaron silencio.

Sin parpadeo, sin movimiento.

Hasta que, de pronto, el jaguar se movió, natural, como si siempre hubiera estado caminando. Una pata delante de la otra.

Rin sonrió con diversión.

—Qué miedo, podrías haber saltado a mi cara justo ahora.

Huellas felinas quedaron marcadas en la arena mientras se alejaban, y en el viento se escuchó un susurro bestial:

—Compañera fuerte, viaje seguro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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