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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 179

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Capítulo 179: Despertar Incompleto

Jóvenes manos tiraban de una manta; no era brusco, pero tampoco suave.

Debajo, otras manos jóvenes sujetaban la manta. No deseaban soltarla, y gruñidos surgían mientras la cabeza de Maribel se asomaba por debajo.

—Ya déjame, no quiero.

Aether dejó de forcejear y la miró. Ella tenía los ojos cerrados, fingiendo dormir.

—Apestas. Ve a bañarte.

Maribel tomó la manta y volvió a esconderse.

—No quiero, hace frío.

La habitación era oscura, sin ventanas. Arena en el piso, polvo en las repisas, sin flores ni adornos; solo la fragancia de sal marina congestionada y el polvo que incomodaba la nariz.

La sombra de Aether se movió cuando la puerta se abrió.

Se volteó para mirar. Abby estaba del otro lado. La luz no era del sol, pero sí del día; el contraste entre interior y exterior era tal que una tenue luz casera proyectaba sombras profundas dentro de la habitación.

Aether apretó los labios antes de asentir.

Las mantas se movieron, como si reaccionaran a la entrada de la vampiresa.

En la oscuridad, los ojos de Abby brillaron en celeste mientras extendía la mano. Entonces cayó una gota.

La tela empezó a mojarse con un goteo lento. A medida que los segundos pasaban, el frío debajo aumentaba gradualmente, pero ella no se movió.

En cambio, Abby tembló.

Una sensación incómoda, como si una fiera la tuviera al acecho.

Abby entrecerró los ojos antes de dejar caer un gran chorro de agua.

Se arrepintió.

Las telas volaron, propulsadas al techo con gran velocidad, y ella también fue elevada.

Parpadeó, apartó la cobija de su rostro y miró hacia abajo.

Maribel apoyó los pies en el suelo. Por un momento no hizo nada, solo miraba el piso. Quién sabe cuánto tiempo pasó en silencio, pero la atmósfera se quebró de forma abrupta cuando la cama volvió a sonar.

Aether corrió hacia ella.

—¡Ya casi, solo ponte de pie! —dijo, tirando de su hanfu.

Maribel lo miró de reojo. Parpadeó un poco antes de cerrar los ojos del todo.

—¿Por qué no te quieres despertar? —exigió el lobo.

Maribel abrió de nuevo los ojos. No pronunció palabras; solo se encontraron miradas.

Finalmente suspiró. Se encogió un poco en la sábana.

Su voz salió tenue, casi como un susurro.

—¿Realmente apesto ahora mismo?

Aether guardó silencio, pero su semblante no pudo ocultarse.

Maribel desvió la mirada. Un momento después, tomó aire a fondo…

Se sentó.

Esperó.

Lo miró.

Lentamente, y con un temblor en el movimiento, su mano se acercó a Aether.

Y no lo tocó.

Soltó un suspiro, casi de rendición.

…Y se levantó.

—No es bueno —murmuró—. Con tu olfato, no es bueno si huelo mal.

Pasó por la puerta y, a su salida, un sonido seco golpeó el piso, seguido de un quejido de dolor.

Las mantas cayeron del techo con un golpe pesado.

Afuera, el mundo era frío.

Un baño, un baño, un baño…

Un baño.

«No… una ducha.»

Maribel volvió en sí.

«¿En qué estaba pensando?»

La familiar voz irrumpió en sus pensamientos.

«Estabas repitiendo “un baño, un baño, un baño…” y luego volviste en ti.»

Ella no mostró expresión.

«Estoy segura de que no pensé eso. ¿No querrás decir “una ducha”? Suena más a lo que deseo.»

Una gota de agua cayó de su cabello y se deslizó por su rostro.

[Reproduciendo archivo temporal.]

[Un baño.]

[Ducha.]

[Un baño.]

[Ducha… una ducha.]

[Una ducha.]

[Un baño…]

Maribel levantó una ceja.

«¿Qué es esto?»

Un suspiro llegó a su mente.

«Nada más es un rezago, no le prestes atención. Más importante, ¿qué piensas hacer?»

Maribel se hundió ligeramente en la tina.

«Nada. Pienso descansar…»

Pasó un momento en silencio. Maribel presionaba los dedos, nerviosa.

«Al final debo preguntar lo que no quieres que pregunte: ¿descansarás hasta que llegue Rin?»

Maribel se sumergió hasta la nariz; los ojos entrecerrados, la boca bajo el agua.

«Ya veo… puedes llamarme cuando quieras. Estaré haciendo algunas cosas desde mi lugar.»

La presencia del creador se desvaneció.

«Sistema.»

[Dígame lo que desee, anfitriona.]

Maribel cerró los ojos un momento. Luego formuló su pregunta.

«¿Puedo volver a mi mundo?»

[No puede hacerlo por sus propios medios.]

«¿Y tú puedes llevarme?»

[Los requisitos para aquella acción no se cumplen.]

Los minutos pasaron: agua caliente, aire frío.

No se sabe cuándo, pero la luna ya brillaba en lo alto cuando Maribel salió de la tina.

Giró lentamente antes de hablarle al aire.

—Gracias por tu ayuda, ya puedes parar.

En sus ojos, un espíritu de agua recibía qi constante: una parte la usaba para agregar calor, otra parte para cultivarse.

Con una mueca de decepción, se alejó flotando en dirección al río.

Maribel tomó su ropa. El tendedero eran solo dos palos que servían de soporte, junto a otro atravesado arriba.

Las olió.

—Nada mal… empiezo a apreciar a estos seres.

Se dio la vuelta hacia la entrada.

La casa, en cambio, no la recibió con tanta alegría.

«Nunca antes vi tan monstruosa acción. Los intachables espíritus actuando como sirvientes… que el cielo te condene, mujer apestosa —»

Maribel cambió de perspectiva.

Ya no escuchaba a la casa, solo el susurro del viento, el frío de la noche y sus botas al caminar.

—Qué tontería. Pensaba que solo los humanos actuaban así, pero al parecer incluso los edificios lo hacen.

Miró a los laterales, con una pregunta en el rostro. Los árboles no hablaron; no quería escucharlos.

«¿Y si también me detestan?»

Sentada en la entrada trasera, elevó la mirada al cielo nocturno.

«El infinito espacio… ¿qué pensé cuando decidí quedarme? ¿Soy tonta o qué me pasa?… Ojalá saber lo que pensaba, lo que sentía… lo que olvidé de ese sueño de hace dos días.»

El sonido de la naturaleza acompañó su silencio.

Una quietud bulliciosa, y aun así silenciosa.

«Sistema, si incluso los espíritus son como los humanos, ¿cómo puedo tener calma? A menos que no los escuche, tendría que aguantar sus quejas.»

[Solo saliendo del nivel humano es posible contactar otra realidad.]

Maribel alzó una ceja.

«Eso es tan útil como decirme nada.»

La puerta se abrió despacio, aunque de improvisto.

Maribel volteó.

Detrás de la puerta esperaba un niño.

Ella sonrió ligeramente.

—Hola, mi lobezno.

Aether abrió la puerta por completo.

—¿Vienes a cenar?

Maribel asintió, no sin antes mirar sus pies descalzos.

Se encontraron con los demás en la cocina.

Ollas calientes, un único plato de madera. Algunas frutas habían sido lijadas y partidas a la mitad, aunque aún húmedas.

Maribel echó un vistazo.

[Crescentia cujete. Descripción: calabaza de árbol o totuma.]

[Usos reconocidos: sus frutos secos sirven universalmente como utensilios ecológicos, resonadores musicales y artesanías.]

Maribel contó los asientos.

—¿No tenemos platos suficientes?

Abby se encogió ligeramente de hombros.

—Nunca necesité más. Desafortunadamente, tendremos que comer en platos sin secar.

Maribel se acercó a la olla.

—Así que un cerdo… con piel extrañamente brillante.

Richard intervino.

—El desgraciado me robó la presa, así que lo perseguí.

Tras asentir, Maribel miró de nuevo la sala. Todos hacían algo, pero Richard la miraba a ella.

—¿Pasa algo?

Él se aclaró la garganta. Tras pensar un momento de pensar, simplemente se dio la vuelta.

—No es nada. —dijo antes de intentar alejarse.

Maribel sonrió.

—Respecto a los pies… yo les agradezco, pero es un poco bochornoso.

Richard se giró.

—¿A qué te refieres?

Limpiándose el calor de la frente, Maribel admitió:

—Sé que también te da algo de vergüenza. No te culpo, admitirlo de nuevo… lo sientes como debilidad y fracaso. Pero no es necesario que caminen sin calzado.

Richard apretó ligeramente el puño, forzando las palabras a salir.

—Gracias. Pero esto es lo único que podemos hacer por ti ahora…

Maribel sonrió apenas.

—Está bien entonces.

Los “platos” eran de color café, nada planos sino profundos; la humedad se sentía en las manos al sujetarlos y se veía en la mesa al comer.

Fue en esa noche, a la luz de una vela, cuando la puerta sonó.

No hubo sorpresa… aunque solo al inicio.

Cuando Richard abrió la puerta, se quedó sin palabras.

Ojos verdes lo recibieron, un rostro desconocido, una presencia familiar… pero un género distinto.

La mujer sonrió con poco o nada de decoro, mostrando dientes color crema y mejillas casi hinchadas.

—¡Hola, hermano!. Llevo un tiempo sin verte. ¿Qué historias me traes de vivir entre nenas?

Richard tosió con brusquedad mientras se golpeaba el pecho.

Maribel corrió. Colocó las manos en su boca del estómago y, con un movimiento suave, hizo que expulsara un trozo de carne atorado.

El enorme hombre tomó aire, se limpió los labios y preguntó.

—¿Qué carajo te pasó, Rin?

Ella simplemente rio entre dientes.

—¿Yo? Nada más cambié de ropa, esta persona tiene estilo —miró a Maribel—. Qué suerte la mía, ya estabas despierta cuando llegué.

Rin ladeó la cabeza.

Un suspiro, brazos cruzados.

Movimientos perfectamente humanos… hasta que decidió mirar la noche detrás.

Su cabeza giró de forma antinatural; un murciélago salió volando, espantado.

—No me gusta que me espíen. Por cierto, al fin sé dónde podemos interceptarla. Así que solo tengo una cuestión apremiante.

El cuello se partió en dos, acompañado de un sonido que hizo temblar los huesos.

La piel rasgada volvió a unirse, mientras la sonrisa amigable no se movía ni un poco.

Rin tomó aire antes de hablar.

Su voz salió lenta, suave… pero inquietante; como un impostor que entra en tu casa antes de dejar caer la piel muerta de un hermano.

—¿Cuándo partimos a esa zorra en dos? Se llama Sofía, ¿verdad?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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