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Sistema de gacha mitológico - Capítulo 113

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Capítulo 113: Preparación para el viaje

(Pov Effiro)

El lugar en el que me encontraba era bastante bonito.

Paredes de piedra pulida, con grabados de escenas de todo tipo, una hermosa fuente de la que brota una corriente de agua constante…

Y, por supuesto, la hermosa mujer frente a mí.

La sonrisa de Afrodita era tan dulce y emitía tanta bondad que inmediatamente entendí por qué los helenistas modernos la adoraban tanto.

Ella me había estado visitándome en mis sueños tan a menudo que incluso parecía rivalizar con Hécate, que era la que más se había comunicado conmigo.

En cierto modo se lo agradecía; resultaba agradable conversar con una diosa a la que adoras y saber que te está prestando su atención.

La diosa se sentó en el suelo de piedra, con las piernas cruzadas y las palmas de las manos sobre los muslos.

–Bueno, supongo que tienes algunas preguntas que hacerme, ¿no? Pues adelante, soy todo oídos.

–Me alegra escuchar eso, porque realmente me gustaría saber algunas cosas. Para empezar, ¿qué es todo esto de la misión y el debilitamiento?

Chasqueó los dedos, sonriendo para sí misma antes de responder a mi pregunta.

–Eso es fácil: vimos una oportunidad y la aprovechamos. Necesitamos que seas fuerte, y sólo podemos ayudarte siguiendo las reglas que nos hemos impuesto. Sobre todo ahora.

–¿Y eso? ¿A qué viene el “sobre todo ahora” ese?

Hizo una pausa, y su rostro adoptó una expresión más oscura, sopesando sus próximas palabras.

–Ya has hablado con el dios cristiano, cuya identidad creo que ya has descubierto. Ha intentado matarte varias veces, pero todos sus intentos hasta el momento han sido infructuosos. Esto es una especie de guerra, y por desgracia tú estás en medio de todo este lío. Nos gustaría ofrecerte un poco de ayuda para que puedas sobrevivir a todo esto.

–Entonces es una manera de pedir disculpas por todos los problemas de meterme en vuestras batallas.

–Si quieres verlo así, adelante. Si te soy sincera, a muchos de nosotros nos caes bien. Incluso el gruñón de Enlil, aunque creo que prefiere sacrificar su forma antes que admitir esto

Se encogió de hombros, y yo solo pude reír ante su respuesta.

–Entonces, ¿he aterrizado en Guardianes de la Ciudadela? No es un mal libro, pero me gustaría saber si esto es intencionado o no.

–¿Quién sabe? Después de todo, fuiste tú quien abrió el portal. Lo más probable es que simplemente sea cosa tuya y que nosotros no hayamos intervenido en nada de esto.

Me sonrió con burla, y eso solo me creó más dudas sobre si mentía o decía la verdad.

–Al menos os habéis tomado la molestia de preparar una buena recompensa para cuando termine todo esto.

–Es algo aleatorio, pero sí. Creo que ya he dejado en claro todo, ¿no?

–Al menos eso sí. Supongo que solo me queda descubrir en qué punto de la trama me encuentro y tratar de terminar todo esto.

–¿Acaso te acuerdas de algo?

Arqueó la ceja, y de nuevo apareció esa sonrisa burlona y brillante.

–…No. Pero seguro que al menos puedo guiarme un poco. Creo poder recordar lo que importa.

–Seguro que sí. De todos modos, te deseo mucha suerte. Si sobrevives a los peligros de este mundo (cosa que no me cabe duda que harás) tendrás una gran oportunidad por delante. Incluso podrías enfrentarte a Arishem en igualdad de condiciones.

–Está bien saberlo. Después de todo, le prometí que volvería para demostrar si tiene el derecho para juzgarme o no.

Se puso en pie de un salto, alisándose los bordes de su quitón blanco antes de darme unas cuantas palmaditas condescendientes en la cabeza.

–Bueno, yo ya me voy. Como te puedes imaginar, tengo algunas cosas que hacer, y tú tienes que despertar ya. Te deseo una feliz aventura.

Me despedí con un movimiento de mano, viendo cómo Afrodita se desvanecía en el aire, como parece ser costumbre entre los dioses mitológicos.

En serio, ¿no existe otra forma de irse? ¿Una puerta, una explosión colorida o algo por el estilo?

Pensé que al menos serían un poco más teatrales, sobre todo viniendo de una diosa como ella.

Y, como ya me esperaba, la habitación a mi alrededor se desvaneció poco después, un sueño que se resquebrajaba mientras la luz solar se colaba.

…

Parpadeé varias veces, tratando de ajustar mis ojos a la luz solar que se colaba en el interior.

Me sorprendió que la habitación en la que me encontraba tuviera una ventana, teniendo en cuenta que en este mundo los monstruos se encontraban por doquier.

Sin embargo, esta era La Jaula, un lugar seguro en donde los monstruos que podías encontrar alrededor eran demasiado grandes como para entrar a través de los barrotes de metal.

Este sitio sin duda era un pequeño refugio para todos los viajeros que pasaban por aquí, ya fueran buhoneros o personas de viaje hacia la Ciudadela y otros lugares.

No por nada era elegido como el lugar en el que se llevaba a cabo el mercado de buhoneros, un evento realizado tres veces al año y que he tenido la suerte de encontrar en mi llegada.

Me puse en pie y, al mirar a mi lado, me encontré con una especie de mochila y una bolsa llena de monedas.

Supongo que Afrodita tuvo la decencia de al menos dejarme algo para sobrevivir. El dinero me sería necesario si me quería desenvolver como era debido.

Me puse la mochila a la espalda, agarré el saquito de cuero con fuerza y baje las escaleras.

Fui recibido por el olor a comida; no tan bueno como la comida moderna a la que estaba acostumbrado, pero no era un mal olor.

Afuera era un hervidero de actividad: los buhoneros exponían sus mercancías a los posibles compradores, anunciando a grito pelado la calidad de sus productos y los módicos precios a los que los vendían, mientras que las personas que simplemente estaban de paso comían un desayuno primitivo y miraban los objetos de interés.

Gasté algo de dinero para conseguir un poco de fruta fresca, con un sabor definitivamente mejor que las que se podían conseguir en un mercado moderno, y comencé a echar un vistazo a la exhibición de objetos.

Más que nada buscaba un arma. Por supuesto, contaba con las mías, pero presentía que invocarlas me drenaría de gran parte de mi poder, por lo que no me resultaba rentable apañármelas con eso.

Si podía conseguir un arma propia, incluso si es algo común, al menos me permitiría ahorrar algo de energía mágica para usos más útiles.

Así que revisé cada una, admirando el trabajo detrás de ellas mientras probaba su calidad.

Eran armas primitivas debido a la falta de tecnología, pero eso no significaba que no fueran buenas armas.

Además, en este mundo solo necesitaría depender de mi destreza en combate si quería salir con vida de un enfrentamiento contra monstruos. Incluso una lanza de madera sería útil.

Los monstruos eran peligrosos para las personas comunes. Sin embargo, era diferente cuando tus capacidades físicas son superiores a las de un humano promedio y sabes defenderte con un arma.

Hay monstruos a los que no se les puede aplicar esta lógica, por supuesto, pero eso no importa ahora mismo.

Al final me acabé decantando por una lanza larga.

Estaba hecha de madera pulida, con una punta afilada tallada en uno de sus extremos.

Como he dicho, pueden llegar a ser bastante primitivos en esta clase de asuntos.

Preferiría una espada, pero por desgracia no había ninguna a la venta entre las filas de buhoneros ansiosos.

Con todos los monstruos que deambulan por ahí, los humanos prefieren cooperar entre sí en lugar de comenzar guerras. Eso sólo les haría presa fácil. Y esa es precisamente la razón por la que no se suelen vender espadas.

Los Guardianes usan una gran variedad de armas, desde arcos y lanzas a dagas, por lo que no dudo que tengan espadas. Sin embargo, no sé qué tan comunes sean entre ellos.

Viendo el lado bueno del asunto, una lanza me permite mantener la distancia con las criaturas más peligrosas, como aquellas con veneno u otros métodos. Si mal no recuerdo, incluso había un monstruo con aliento de fuego.

Sin duda, preferiría mantener una distancia sana con esa clase de monstruo, y no precisamente por enfermedades.

Una lanza era bastante útil para ese propósito, incluso si está hecha de madera en lugar de tener una punta de metal.

Supongo que siempre puedo ir a un herrero para que arregle ese problema. Así podré atravesar las defensas de los monstruos más resistentes y no me tendré que preocupar tanto por el desgaste de la punta.

También es cierto que no sé qué tan altos son los precios en la Ciudadela. Si tengo mala suerte, tendré que buscar un trabajo temporal hasta que me pueda ubicar en la trama y terminar con todo de una vez por todas.

Con ese pensamiento en mente y mi nueva adquisición asegurada a la espalda, con la punta mirando al cielo, comencé a buscar algún buhonero que fuera de camino a la Ciudadela.

El viaje no sería corto, y prefería estar en un carro que me pudiera acoger a tener que ir a pie por un camino potencialmente peligroso.

Pregunté a varios buhoneros, los cuales me rechazaron de plano, hasta finalmente dar con uno que se dignó a aceptar.

Con un medio de transporte finalmente asegurado, era hora de adentrarme de lleno en una nueva aventura.

¡Recompensa de rango Mítico, allá voy!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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