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Sistema de gacha mitológico - Capítulo 112

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Capítulo 112: ¡A mí nadie me juzga!

(Pov Effiro)

La gran figura que me observaba desde más allá de la Tierra, en el espacio profundo, finalmente abrió la boca después de mirarme durante más de un minuto.

–Yo, Arishem, Juez de los Celestiales, he venido aquí para juzgar.

Solo entonces me di cuenta de que tal vez, solo tal vez, estaba un poco jodido.

Arishem resultaba ser más fuerte de lo que esperaba, y mis reservas de energía mágica estaban bastante agotadas.

Si decidía luchar contra él, estaría en una grave desventaja.

Por supuesto, siempre podía atenerme a su juicio y esperar a que me juzgase como inocente, dejándome ir sin problemas.

Pero, ¿qué posibilidades tenía de que ocurriera eso?

Prefería no descubrirlo ahora mismo, si soy sincero.

–Gran y poderoso Arishem, has venido aquí para juzgarme por acabar con la vida de un embrión de tu especie. ¿Me equivoco?

Su voz resonó, atronadora y profunda.

–No te equivocas. Estoy aquí para decidir si vale la pena perdonarte o, por el contrario, mereces ser castigado por tus acciones.

Mi cuerpo comenzó a flotar, acercándose poco a poco a la atmósfera superior, hacia el rostro del Celestial.

–Entonces lo siento mucho, pero no me interesa que un ser como tú me juzgue. No me fio de que seas imparcial, ¿Sabes? Si quieres juzgarme, entonces mejor espera a que vuelva. Tal vez entonces observaremos si merece la pena intentarlo.

Alcé una mano frente a mí, y el Anillo Draupnir emitió un brillo deslumbrante, dividiéndose en otras ocho copias, que se fusionaron entre sí y abrieron un portal.

Antes de que Arishem pudiera usar su telekinesis para alejarme del portal, me impulsé con todas mis fuerzas para atravesarlo.

–¡Nos vemos en el futuro, Arishem! ¡Espera a mi regreso, y entonces veremos si puedo igualarte para entonces!

El mundo a mi alrededor se difuminó en un borrón de color, llevándome a algún lugar desconocido.

…

Recuperé mis sentidos después de caer sobre un suelo de tierra, manchándome la ropa que me había comprado con el dinero de Tony.

Me levanté con cuidado, mirando a mi alrededor.

Solo había bosque, extendiéndose hasta donde alcanzaba la vista, y había un gran silencio.

Lo que más me preocupó fue que mi poder había disminuido en gran medida.

Mi energía mágica había menguado hasta que solo me quedó una cantidad relativamente pequeña, y mis invocaciones no parecían capaces de responder a mi llamado.

¿Qué demonios está pasando?

(Los dioses han decidido sellar parte de tu poder en este mundo. Si logras sobrevivir el tiempo suficiente en este mundo y completar la trama, se te recompensará con una recompensa aleatoria de rango Mítico)

Así que los dioses han decidido hacerme una jugarreta. O esta es su forma de buscar ayudarme sin romper las reglas divinas, funcionen como funcionen.

Bueno, no me voy a quejar. Siempre y cuando me pueda beneficiar de esto, puedo jugar con las reglas que se me imponen.

Ahora solo me queda descubrir en qué mundo me encuentro, en qué lugar y en qué momento.

Así que comencé a caminar en una dirección aleatoria, con la esperanza de encontrar algún rastro de civilización.

El silencio era sepulcral, tan denso que casi podía cortarlo con un cuchillo si tuviera uno.

De improvisto, una raíz que sobresalía del suelo se retorció y salió disparada en mi dirección, atrapando mi tobillo con fuerza suficiente como para arrastrar a un ser humano normal.

Qué pena para esta criatura que yo no soy normal, incluso si estoy debilitado.

Levanté la pierna, y el tentáculo con aspecto de raíz fue arrancado de cuajo con un sonido húmedo.

La criatura, escondida bajo tierra, no volvió a asomar sus horrendas extremidades.

Mejor, así no tendría que lidiar con ella y gastar mi tiempo en matarla.

El hecho de que hayan monstruos aquí significa que tal vez esto no sea tan fácil como uno podría pensar.

Y el monstruo raíz me suena de algo, incluso si el recuerdo está un poco borroso.

Al menos ahora puedo continuar con total libertad a través de este bosque con total libertad ahora que ya no hay monstruos a la vista.

…

¿Sabéis qué? Podéis olvidar lo último que dije.

Hasta que finalmente pude encontrar un camino que llevaba a la civilización, me había enfrentado a varios monstruos.

Uno de ellos, por ejemplo, era una tortuga gigante, con una mandíbula a la cual prefería no acercarme y un caparazón tan resistente que me dolían las manos de intentar romperlo con mis manos.

Definitivamente me sonaba de algo esta criatura.

Recorrí el camino hasta que finalmente vi un edificio ubicado un poco más adelante del camino.

Era una gran estructura con enormes barras de hierro, parecida a una jaula, en cuyo interior se encontraba un edificio de piedra que recordaba a una posada.

Bueno, al menos sé que existe un lugar seguro contra los monstruos.

Así que decidí acelerar el paso. Siendo sincero, prefería no estar al aire libre, donde los monstruos podían aparecer en cualquier momento, cuando está anocheciendo.

Y agradecería tener un lugar donde descansar y proveerme de recursos e información.

Por suerte, no me encontré con ningún otro monstruo en mi camino hacia el edificio que tenía como objetivo.

Tras unos pocos minutos de caminata veloz, finalmente entré dentro del perímetro de la estructura, con los barrotes metálicos transmitiendo una extraña sensación de seguridad.

Empujé la puerta, un amasijo robusto de madera de roble, y entré en la posada.

El interior era grande y acogedor, con varias mesas repartidas por todo el lugar y varias personas con aspecto de mercaderes.

Por supuesto, mi llegada a una hora tan tardía llamó la atención de todos los presentes, incluyendo a un anciano de cabello canoso.

–Saludos, señor. Yo soy Godrix, el dueño de La Jaula. Ya que ha llegado en el ocaso, supongo que querrá una habitación donde quedarse, ¿verdad?

Fue entonces cuando todo comenzó a encajar en mi mente, porque ya había escuchado esos nombres antes.

Godrix no me sonaba de mucho porque no era un personaje recurrente, ¿pero La Jaula?

Un lugar seguro contra los monstruos, ubicado cerca de La Ciudadela, rodeado de una estructura de barras de metal que impide el paso de los monstruos de gran tamaño que habitan en los alrededores.

Me encontraba en el mundo de Guardianes de la Ciudadela, una trilogía de libros de la autora española Laura Gallego.

Un mundo plagado de monstruos de todo tipo, nacidos de las acciones imprudentes de tres aprendices de hechiceros y que no seguían algunas reglas de la biología, ya que existían monstruos que no necesitaban alimentarse y mataban porque esa era la naturaleza que les fue concedida.

Cómo no, todos los problemas catastróficos que amenazan al mundo son producto o de los científicos o de los hechiceros…

…y siento que ahora mismo varias miradas me fulminan.

Lo siento, Medea y Hécate. Yo solo digo los datos estadísticos de la ficción.

Pero me estoy desviando del tema actual.

Miré de vuelta al anciano, que se había identificado como el dueño del lugar, y le sonreí antes de hablar.

–Sí, me gustaría conseguir una habitación donde descansar por hoy. Mañana me pondré rumbo a la Ciudadela.

La Ciudadela, el nombre del lugar más seguro de la humanidad actual.

Había sido creada en un pasado muy remoto, hacía cientos o miles de años, y se dividía en tres partes: ciudad antigua, primer ensanche y segundo ensanche.

Se decía que era tan segura que los monstruos eran incapaces de pasar más allá de sus murallas, especialmente en el caso de la ciudad antigua.

Pero, por supuesto, eso no podía estar más equivocado.

Los monstruos se colaban de vez en cuando en los exteriores del segundo ensanche, la zona de menor desarrollo dentro de la Ciudadela.

Y eso no era todo, porque todavía estaban ellos.

Los monstruos innombrables, seres que campaban a sus anchas en el primer ensanche y en la ciudad antigua, y nadie lo sabía.

O bueno, al menos la mayoría no lo sabían.

Por supuesto, los Guardianes sí que estaban al tanto. Después de todo, ellos sí podían verlos.

Mucha información para comenzar, ¿no? Vamos a explicar esto un poco mejor cuando toque.

Lo único que debéis saber por ahora es que son conceptos importantes dentro de este mundo.

Pero por ahora no me he encontrado con nada de eso, salvo con algunos monstruos comunes.

Al menos ahora que sé dónde estoy puedo aprovechar mi conocimiento sobre este mundo. Conozco a unos cuantos monstruos de este mundo que presentaron a lo largo de la trilogía y algunas ubicaciones importantes a las que prestar especial atención.

Sin embargo, en este mismo momento lo único que me importa es dormir una larga siesta hasta que el sol vuelva a salir.

Me lo merezco, ¿no?

Después de todo, me he enfrentado a una Medea poseída por una serpiente divina, escapado de un ser cósmico que se cree con derecho a juzgar a otros y acabado en un mundo lleno de toda clase de monstruos asesinos con mi poder enormemente debilitado, al punto de que seguramente la mayoría de mis habilidades tendrían un gran coste si intento usarlas.

Mañana todo quedará en manos de los dioses, y veré en qué punto de la trama he sido arrojado por mi propio portal.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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