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Sistema de gacha mitológico - Capítulo 115

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Capítulo 115: Conociendo a la joven coja

(Tercera persona)

Effiro regresaba de la biblioteca acompañado por la renqueante Axlin, la chica con la que había hablado por primera vez en la biblioteca y su objetivo.

¿Por qué se había fijado en ella y había decidido buscarla?

Sencillo: porque ella era la protagonista.

Por supuesto, eso significaba que la trama estaba conectada a ella, pues era un personaje importante para llevarla a buen término.

Después de demostrar algunos de sus talentos literarios a la maestra Prixia (incluyendo su capacidad de escritura, conocimiento sobre distintos temas, destreza a la hora de ordenar y catalogar libros, etc), fue contratado para trabajar en la biblioteca.

Y, por supuesto, Axlin decidió que era buena idea tratar de conocer a su nuevo compañero, que al parecer había venido de muy lejos y pensaba quedarse en el mismo edificio de pisos que ella.

Axlin lamentaba que, a pesar de lo desbordados de gente que estaban últimamente, seguro que Effiro recibiría un lugar donde quedarse. Maxina, la casera del edificio, se sentía recelosa por la presencia de su compañero buhonero, Loxan, después de cierto incidente que todavía no lograba entender, y que decidió no explicarle a Effiro.

Algo invisible la había atacado por la espalda, asfixíandola antes de que Rox, una Guardiana, la rescatara. A pesar de todas las veces que Axlin trató de explicar lo ocurrido, Maxina seguía creyendo que fue Loxan quien la atacó.

Pero desvió su atención de ese tema y decidió preguntarle a Effiro algo más importante.

–¿Cuál es el tema que más te interesa?

Ya que iba a trabajar con este hombre misterioso, al menos quería saber un poco sobre sus preferencias.

–Me interesa bastante la fantasía. Es un tema interesa y entretenido. Y también los monstruos, por supuesto. Son criaturas tan misteriosas e interesantes que simplemente no puedo evitar querer aprender más sobre ellos.

Los ojos de Axlin se abrieron con incredulidad y una gran sonrisa apareció en su rostro.

¿Un amante de los monstruos, como ella? ¡Era algo inaudito!

–¿También te gustan los monstruos? ¿Has tenido la oportunidad de estudiarlos de cerca?

–Sí. En mi viaje hasta aquí tuve la oportunidad de cazar a unos cuantos monstruos sueltos. Criaturas muy interesantes, por cierto. Por desgracia, no pude investigar sus cuerpos en profundidad porque estaba acompañando a un buhonero y una clase de taxidermia en su presencia podría resultarle… perturbadora.

Axlin asintió en comprensión, haciendo un apunte mental para diseccionar al próximo monstruo que se encontrase.

Por más curiosa que fuera sobre los monstruos, no había probado a realizar taxidermia muy seguido. No tenía mucha experiencia en el tema y era una vista asquerosa.

Pero oír a Effiro hablando sobre lo interesante que sería saber qué clase de órganos tienen los monstruos, sus funciones y ubicaciones cambiaron su percepción sobre el tema y la dieron algunas ideas.

Tampoco se sorprendió de que Effiro hubiera logrado matar a varios monstruos.

Aunque para la mayoría de personas matar a un monstruo era algo aparentemente impensable, en realidad ella misma había acabado con la vida de más de uno.

Que otros pudieran lograr lo mismo sin ser Guardianes no era tan descabellado como podía sonar.

Entonces llegó el momento de que Effiro hiciera su propia pregunta.

–Tu pie… ¿Cómo es que te hiciste eso? ¿Por qué cojeas?

Axlin se lo planteó por un momento, preguntándose si valía la pena o no decírselo antes de responder.

–Cuando era pequeña me atrapó por el tobillo un nudoso. Los adultos de mi enclave lograron ahuyentarlo, pero la fuerza que ejerció su extremidad al tirar de mí fue tal que me lo torció y nunca se curó.

Effiro asintió, pensativo.

–A mí me pasó algo parecido hace poco. Un nudoso se enroscó alrededor de mi tobillo mientras andaba distraído por el bosque. Fue una pequeña molestia, pero me deshice de él fácilmente y no volvió a asomar sus horrendas extremidades fuera de su agujero.

Una historia interesante, sin duda. Le gustaría saber cómo es que su tobillo estaba en perfectas condiciones a pesar de eso, pero se contuvo.

–Bueno, ¿Entonces eres nuevo por aquí? Pareces saber bastante.

–Sí, soy nuevo y es la primera vez que visito la Ciudadela, pero sé mucho. Se puede decir que soy un sabio, igual que los sabios del Manantial.

Y ahí estaba de nuevo ese mismo concepto. El Manantial.

¿Qué demonios era y qué sabía Effiro sobre eso?

Había estado investigando desde que comenzó el movimiento conocido como la Senda del Manantial, que predicaba sobre cómo los monstruos eran un castigo para los impuros, pero todavía no había descubierto nada sobre qué era el Manantial ni de dónde había sacado la información Xaeran, el líder de este extraño culto.

Pero tal vez había encontrado ahora, de manera fortuita, otra fuente de información para su investigación.

–¿Quiénes son los sabios del Manantial? ¿Qué es el Manantial? No te puedes hacer a la idea de cuántas preguntas tengo sobre esto.

–Los sabios del Manantial son figuras de la antigüedad. ¿No has leído nunca poemas antiguos? Se les llega a mencionar a menudo.

–No me interesa mucho ese tipo de cosas. Prefiero estudiar sobre monstruos.

–Supongo que da igual. Normalmente se les representa como humanos inmortales o muy longevos, con poderosas habilidades mágicas que le permiten hacer cosas como mover objetos con la mente.

Axlin sintió que su emoción se enfriaba.

–Entonces solo son un montón de figuras fantásticas. Menuda decepción.

–Oh, ¿Quién dijo que no existían en el pasado?

Puso los ojos en blanco ante la pregunta de Effiro.

–¿Humanos con habilidades mágicas? Por favor, eso no es para nada realista.

Effiro dejó escapar una pequeña risa, como si se estuviera guardando algo, y volvió a hablar.

–Entonces ¿qué hay de los monstruos?

–Los monstruos no son seres fantásticos. Son criaturas vivas, seres biológicos.

–Pero son extraños a su modo. Los lenguaraces pueden imitar la voz de aquellos a quienes conoces, incluso si nunca les han visto en persona. Las lacrimosas pueden hipnotizar a sus víctimas con su canto. Y ningún monstruo mata por comer.

–Seguro que tiene una explicación lógica. No podemos tratar de explicarlo diciendo que es magia.

Sí, todo lo que dijo era verdad. Pero, por más extraño que fuera, debía de haber una manera de explicarlo.

–Bueno, tú verás. Nunca te cierres a ninguna opción, ¿vale? Incluso la magia tiene su lógica, solo es cuestión de comprenderla.

Le resultaron palabras un poco extrañas, pero la aceptó de buena gana.

Pronto llegaron al edificio, donde Effiro se reunió con Maxina para hablar sobre el alquiler de una habitación mientras ella se juntaba con Loxan.

–¿Quién es el chico nuevo, Axlin? No habrás reemplazado tan rápido al Guardían ese, ¿verdad?

Loxan se burló de ella, sintiéndose satisfecho al ver cómo la chica se ponía roja como un tomate.

–Haz el favor de callarte sobre ese tema. Dime, ¿cómo vas con el carro?

–El armazón de metal está avanzando, pero todavía me faltan varias semanas para poder terminarlo. Es un proceso lento, aunque no tanto como la burocracia de la Ciudadela.

El comentario le hizo gracia. Ciertamente los procesos judiciales (y todo, en general) se movía a paso de tortuga allí.

Ella lo sabía bastante bien, ya que la habían detenido hacía no mucho y tuvo que esperar toda la noche antes de que llegase un funcionario para liberarla…

…porque ella no era más que una molestia, y el funcionario no quería tener que rellenar aún más papeleo estúpido.

En su defensa, la llevaron a una celda por cosas sin importancia. No le hizo daño a nadie ni trató de cometer un robo.

–Entonces, cuando termines podremos irnos de aquí.

–Sí. Menos mal que conseguiste el carro de aquella mercader. Pero nos vendría bien tener algo con lo que comerciar en los enclaves que visitemos. No podemos subsistir por cuenta propia si solo tenemos un carro.

Eso era cierto, para ya encontraría la manera de solucionarlo.

Desde que la Guardia se había llevado a Xein, el primer Guardían al que conoció, incluso si ninguno de los dos sabía qué era un Guardían, ella había decidido que iría a buscarlo.

Se lo habían llevado a la Última Frontera, una cordillera rocosa que estaba infestada de monstruos. Normalmente, los Guardianes que iban allí tenían una tasa de mortalidad muy elevada.

Su plan era salir de la Ciudadela antes de que la administración pudiera decidir cerrar la muralla exterior, llegar a Término, una aldea de Guardianes, y de alguna manera sortear la vigía de estos para llegar a la Última Frontera.

Después de eso, podrían irse a alguno de los enclaves más alejados de las tierras civilizadas y vivir escondidos una vida feliz.

No era un plan perfecto, pero no tenía tiempo suficiente como para pensar en algo mejor.

A pesar de todo, ella seguía sintiendo algo por Xein. E, incluso si sus sentimientos no llegaban a ser correspondidos nunca, al menos tenía que llevar a cabo este último acto y rescatar de ese sitio mortal a la persona a la que había llegado a amar.

Pero, por el momento, podía permitirse investigar algunas de las preguntas que habían germinado en ella.

Todavía habían respuestas que Effiro no le había dado, y al menos ya sabía por dónde comenzar a buscar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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