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Sistema de gacha mitológico - Capítulo 117

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Capítulo 117: Recibiendo la visita de una Guardiana

Tercera persona)

Axlin se sorprendió cuando vio a Rox, apoyada en la pared de una de las oscuras esquinas de la calle.

Ella se había ido hacía un tiempo, pero no esperaba volver a verla tan pronto. Supuso que la misión había ido mejor de lo previsto, ya que estaba viva y, aparentemente, de una pieza.

No podía alegrarse más de verla.

Faltaba muy poco para que Loxan terminase su trabajo con el blindaje del carro (un asunto exasperantemente lento, pues solo podían usar la chatarra metálica a la que el jefe de Loxan no le veía utilidad alguna), por lo que agradecía poder ver una cara amiga.

A pesar de que Dex también era un buen amigo suyo, no había tenido tanto tiempo para verle últimamente. Cosas de ser el nuevo heredero de la familia De Galuxen y todo eso.

Pero ese no era el asunto que la concernía ahora.

Rox parecía… distinta. Más mayor y, en cierto modo, mucho más seria que de costumbre.

Y, al mirar con más atención, notó también el cansancio en su gesto y la angustia en su mirada.

–¡Rox! ¿Qué haces aquí? ¿Cuándo has vuelto?– No pudo evitar hablar más alto de lo que pretendía.

Ella la interrumpió con brusquedad.

–¡Silencio! Tengo que hablar contigo, pero no aquí– susurró, mirando a su alrededor con suspicacia, frunciendo el ceño con inquietud–. Deja abierta la ventana y no le digas a nadie que me has visto.

Tras dar esa advertencia, se alejó en la oscuridad de la calle, desapareciendo de su vista.

Perpleja como estaba, Axlin se encogió de hombros, entró en la casa y subió hasta su cuarto.

Una vez allí, cerró la puerta tras de sí y depositó sus cosas sobre la mesa.

De pronto oyó golpes en la ventana, sobresaltándola.

Recordó que Xein había entrado por ahí la última vez que le había visto, y las palabras de Rox de repente cobraron sentido.

Se apresuró a abrir los postigos, y la Guardiana que esperaba en el exterior se introdujo en la habitación de un solo salto, antes de que Axlin cerrase la ventana.

–Te pedí que la dejaras abierta

–¿Por qué no usas la puerta como todo el mundo?

Rox inclinó la cabeza.

–Nadie sabe que he vuelto a la Ciudadela –Murmuró–. Y prefiero que no me vean hablando contigo. No solo por mí, sino, sobre todo, por tu propia seguridad.

Axlin la miró, sin comprender sus palabras.

–¿Por mi propia seguridad? ¿Qué quieres decir con eso?

Los hombros de Rox, ya de por sí hundidos, se hundieron un poco más.

–Cuando me fui… no se lo dije a nadie. No tenía permiso para abandonar la Ciudadela, así que ahora soy una desertora. Creía que, tal vez, lo que podía descubrir en mi viaje sería suficiente como para compensar mi desobediencia, pero ahora… ya no sé qué pensar. No puedo confiar en nadie, y no puedo permitir que me capturen. No sin antes averiguar toda la verdad.

El corazón de Axlin aumentó su ritmo cardíaco.

–¿Has estado en la región del oeste?

Al ver a la Guardiana asentir, se atrevió a hacer otra pregunta.

–¿Cómo están las cosas por allí? ¿Hay algún superviviente?

Rox negó con la cabeza y se apoyó contra la mesa, dejando escapar un suspiro de cansancio.

–Todos los enclaves estaban destruidos. Todos muertos. Allí sólo quedaban monstruos y… los habitantes de la aldea perdida.

Axlin reprimió una exclamación, sorprendida.

–Entonces ¿Existe de verdad? ¿Realmente viven Guardianes ahí?

–No se consideran Guardianes. Pero sí, existe. Está habitada principalmente por gente como yo, aunque también hay algunas personas corrientes entre ellos. Cada vez son menos.

–Esto es extraordinario –susurró Axlin, maravillada– ¿Cómo es posible? ¿Tiene que ver con… seres invisibles?– Finalmente se atrevió a preguntar.

Rox se estremeció, pero no respondió a su pregunta.

–Contaba con poder traerlos a todos para que nos ayudasen a defender la Ciudadela, pero las cosas no salieron como lo había planeado. Descubrí, sin embargo, algo inesperado: se estaba gestando una conspiración para derrocar el gobierno del Jerarca y hacer que la Ciudadela se rinda a los monstruos.

Axlin asintió.

–Sé a qué te refieres.

Rox la miró con extrañeza.

–¿Lo sabes?

Entonces ella le habló sobre la Senda del Manantial y su líder, Xaeran, pero la Guardiana negó con la cabeza.

–Por lo que parece, tú te refieres solo a un grupo de ciudadanos asustados y desorientados. Yo me refiero a algo mucho más acuciante: un movimiento organizado que podría haberse infiltrado en la propia Guardia de la Ciudadela. Por eso no puedo confiar en nadie.

Axlin guardó silencio antes de preguntar con un tono suave:

–Pero no hiciste el viaje sola, ¿verdad?

–No. Fui acompañada por otro Guardián, y ha regresado conmigo. No tengo muy claro cuánto sabe en realidad. No hemos hablado mucho sobre eso.

–¿No confías en él?

Rox desvió la mirada con incomodidad y decidió no responder.

–¿Qué es lo que quieres de mí, entonces?

–Antes de que partiera hacia el oeste, fuiste… atacada…

–Por una criatura invisible, sí.

–Fuiste atacada. Xein sospechaba que estabas en peligro. Él pensaba que se debía a tu relación con él, pero yo creo que hay algo más: lo que sabes… lo que investigas…, las cosas que tienes escritas en ese libro tuyo.

–No lo entiendo; mi trabajo busca salvar a las personas y descubrir mejores manera de defenderse. ¿Quién podría estar interesado en que no lo completara?

La mirada de Rox, fija en ella, se endureció.

–Los propios monstruos, para empezar.

Axlin dejó escapar una carcajada, sin terminar de creérselo.

–Ya he mantenido una conversación parecida a esta antes. Los monstruos no sería capaces de de hacer nada ni remotamente parecido a esto. No piensan, solo se mueven por instinto.

Rox no respondió, y el silencio resultó todavía más inquietante.

–Entonces ¿Xein estaba preocupado por mí?– Cambió de tema, preguntando con timidez.

–Por supuesto. Nos pidió a Yarlax y a mí que te cuidásemos. ¿Has sufrido más ataques desde que me fui?

–¿Cómo…? No, yo… espera, sí. Me topé con un trepador escondido en un cobertizo. ¡Y Yarlax me salvó! Ciertamente lo he estado viendo mucho últimamente. ¿Me estaba… vigilando?

Rox pareció perder el interés en la historia del trepador, y ni siquiera respondió a su pregunta.

–Me alegra que estés bien. Es lo que Xein quería. Lo único que nos pidió antes de irse a la Última Frontera– Murmuró.

Después de eso la conversación se desvió hacia otro tema: la Fortaleza.

La Fortaleza era un enclave de la Guardia, ubicado en el límite de las Tierras Civilizadas.

¿Qué era? ¿Para qué servía?

Eso era algo que ni siquiera la propia Rox sabía, y se le hacía muy extraño a Axlin.

Sobre todo porque, según un antiguo mapa que había encontrado en la biblioteca, representando el mundo antes de la llegada de los monstruos, estaba señalado como el emplazamiento de un templo del Manantial.

Después de eso le contó a Rox un poco más sobre lo que había descubierto: que el símbolo del Manantial, utilizado en el mapa para identificar los templos de los Sabios del Manantial, estaba siendo utilizado por la Senda del Manantial como símbolo de protección contra los monstruos.

Y Rox, a cambio, le contó algo interesante: que la entrada de la aldea oculta tenía grabado ese mismo símbolo, y que ningún monstruo se atrevía a acercarse a su perímetro.

Después de eso, la Guardiana decidió que podía ir a visitar la Fortaleza para descubrir qué había allí.

Después de aquella charla, Rox abandonó la habitación de Axlin, lléndose por la ventana y desapareciendo en la noche.

…

Rox se sentó en lo alto de un tejado, oculta a las miradas de cualquier curioso que pudiera saltarse el toque de queda, con la cabeza dándole vueltas.

Se recostó, dejando escapar un suspiro de cansancio.

El viaje había sido largo, y la llegada a la Ciudadela, donde cualquiera de sus antiguos compañeros que la conociera podría delatarla, no había sido menos agotador.

En aquel mismo lugar había hablado con Xein tras abatir a… aquella criatura.

Lo echaba de menos. A pesar de que Aldrix, el Guardián que la había acompañado hasta las Tierras Salvajes, era bueno en combate, carecía de la misma química con ella de la que gozaba Xein.

Juntos habían sido un dúo imparable.

Había vuelto a la Ciudadela para contarle a sus superiores lo que había descubierto, pero decidió finalmente no hacerlo por lo que había descubierto: había una conspiración para hacer caer la Ciudadela, y no sabía quién podía estar implicado en ella.

Después, decidió acudir a Axlin, principalmente por dos razones: porque deseaba poder ver nuevamente un rostro amistoso y porque, como no podía ser de otro modo con alguien como ella, siempre sabía más de lo que debía por su propio bien.

Y, por supuesto, no se había equivocado con esta suposición.

Alzó la cabeza cuando alguien aterrizó suavemente a su lado.

–Soy yo– Murmuró Aldrix en la oscuridad.

Ambos hablaron en voz baja sobre cómo iban a proceder.

Eran prófugos, perseguidos por la Guardia por desertar. Si les encontraban, les darían caza hasta matarles.

No había vuelta atrás.

Así que Rox decidió seguir adelante con el nuevo plan: visitar la Fortaleza y descubrir los secretos que se ocultaban en su interior.

Pero para eso necesitaría un mapa.

Por suerte, había visitado hacía no mucho a la persona indicada para solucionar ese problema.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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