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Sistema de gacha mitológico - Capítulo 116

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Capítulo 116: Reflexiones de una investigadora

(Tercera persona)

Effiro se había integrado bastante bien a la nueva rutina.

Trabajar en la biblioteca no era demasiado exigente, y disfrutaba de bastante tiempo libre.

Transcribía algunos libros especialmente antiguos a un formato más limpio y nuevo, ordenaba los libros según el contenido, ayudaba a los clientes ocasionales a encontrar las obras que buscaban, etc.

Pero una de las cosas más importantes fue posiblemente la ayuda que le ofreció a Axlin.

La ayudó a encontrar unos diarios pertenecientes a un mercader que vivió antes de que los monstruos aparecieran en el mundo.

Por supuesto, se sorprendió mucho al darse cuenta de que realmente llegó a existir una época en la que los monstruos no eran más que seres imaginarios.

Se sintió tan absorta en su lectura que se olvidó de lo que estaba buscando.

Y, cuando finalmente encontró una mención a los sabios del Manantial, la pasó por alto hasta que recordó lo que estaba buscando.

Así que dio marcha atrás y volvió a la página en donde eran mencionados.

Eran reales.

Pero esto no la hizo creer que realmente tuvieran poderes mágicos. Lo más probable era que fueran algún tipo de institución cuyo poder sobre la población se basaba en mentiras sobre la magia que poseían.

Al menos sabía que había algo de verdad en los poemas sobre los que Effiro había hablado.

Aún así, todavía no entendía qué tenía que ver la Senda del Manantial con los sabios del Manantial. Era imposible que tuvieran la misma filosofía si los sabios del Manantial existieron antes de los monstruos.

Según lo que Effiro había dejado caer en una de sus conversaciones, los sabios del Manantial habían desaparecido durante las primeras oleadas de monstruos, aunque nunca explicó el por qué ni el cómo.

Posiblemente se vieron obligados a enfrentarse a los monstruos usando su supuesta “magia”, solo para toparse con la cruda realidad y ser masacrados de manera horrible.

Una de esas veces, decidió preguntar directamente sobre el Manantial.

–El Manantial es una gran fuente de energía mágica. El simple hecho de estar cerca impregna con su energía a los seres vivos, permitiéndoles desarrollar una mayor longevidad y habilidades mágicas. Los sabios del Manantial descubrieron esto y construyeron un templo a su alrededor, dedicándose a explorar sus nuevas capacidades y el misterioso poder del Manantial.

Le resultaba estúpido pensar en esa posibilidad, pero Effiro no le habló de ninguna otra versión sobre qué era el Manantial, por lo que se tuvo que conformar con eso.

Con todo lo que él había demostrado saber, decidió preguntarle sobre qué relación tenían los sabios del Manantial con la Senda del Manantial, y esta fue si respuesta:

–La relación entre ellos es más compleja de lo que parece. Hay cosas que no podemos ver a simple vista, y te susurran en el oído sobre ciertas ideas que están muy, pero que muy equivocadas.

Sus palabras le resultaron crípticas, pero le recordaron en cierto modo al incidente de la asfixia.

¿Acaso él sabría también algo sobre eso?

No, no era posible. Ni siquiera ella había sido capaz de darle una explicación.

Pero, ¿acaso no había dicho Xein algo parecido?

No era lo mismo, pero se parecía de una manera inquietante.

“Si alguna vez me ves aquí, en la Ciudadela, y ves que me comporto de manera afectuosa contigo, aléjate de mí. No soy yo”

Al inicio pensó que tal vez era su manera de intentar sacudirse los sentimientos que sentía por ella de encima, pero ahora sentía algunas dudas.

Y, por supuesto, Effiro actuó de esa manera insoportable suya, sin dignarse siquiera a explicar qué quería decir.

¿Tal vez formaba parte de la Senda del Manantial?

Había aparecido de la nada, se había acercado a ella relativamente rápido y le daba información, a menudo críptida, sobre temas que desconocía hasta el momento.

Pero no podía ser. A diferencia de la mayoría de miembros de un culto como la Senda del Manantial, que sentían devoción suficiente como para no verla como algo que ocultar, Effiro mostraba un abierto desdén y desprecio por ellos.

Tal vez sus respuestas fueran difíciles de entender y guardasen muchos significados ocultos que no era capaz de desentrañar, pero a cambio era increíblemente abierto en lo referente a sus posiciones, sin pelos en la lengua.

Una vez le preguntó qué pensaba sobre la Senda del Manantial.

–¿Esos? Solo son un grupo de niñatos inmaduros que han crecido en la seguridad de las murallas, sin ver a un solo monstruo aterrador en su vida, o al menos a uno vivo y amenazante. Piensan que son un castigo para aquellos humanos impuros y que ellos sobrevivirán, pero en realidad no son más que charlatanes manipulados.

Cuando trató de preguntarle quién o quiénes manipulaban a los miembros de La Senda del Manantial, Effiro le restó importancia con un movimiento de su mano.

–No es nada importante. ¿O tal vez sí? De todos modos, no es algo que debas saber ahora. Tal vez una vez que descubras más sobre este mundo podría estar dispuesto a decírtelo, pero eso es algo para lo que tendrás que esperar.

¡Ella no quería esperar! ¡Quería respuestas!

Pero sabía que, sin importar qué, Effiro no se iría de la lengua con ella. Nunca lo hacía.

Así que solo la quedaba esperar a que Loxan terminase de blindar el carro que había conseguido de una antigua mercader para poder abandonar la Ciudadela y rescatar a Xein.

Era posible que no volviera a pisar ese lugar nunca más si quería vivir junto a Xein, lejos del escrutinio de la Guardia, quienes se tomaban muy en serio a los desertores, al punto de tratarlos como si fueran monstruos.

Si al final la Ciudadela acababa por cerrar sus puertas, entonces no podría volver a ver a sus amigos y conocidos. La maestra Prixia, Dex, Kenxi, Oxania e incluso Effiro, a quien había conocido recientemente.

Era una pena, pero su corazón le decía que, si no lo hacía, entonces se arrepentiría durante todo lo que le quedase de vida.

Necesitaba hacer esto, incluso si en realidad sus posibilidades de éxito eran casi inexistentes.

Encontraría una manera de superar las dificultades. Como siempre había hecho en su viaje desde el oeste.

Pero, hasta entonces, debía continuar con su trabajo, haciendo todo aquello para lo que fuera requerida en la biblioteca y visitando los lugares atacados por monstruos.

Porque, por más segura que fuera la Ciudadela, los monstruos últimamente habían logrado pasar por alto las defensas del anillo exterior.

¿Qué demonios? Incluso pudieron llegar, en una ocasión, al segundo ensanche.

Por supuesto, después de eso la gente se volvió loca.

No podía culparles; la Ciudadela se había vendido a sí misma como el único lugar seguro contra los monstruos, o al menos el más seguro y, sin embargo, los monstruos lograban infiltrarse en ella.

Pero al menos el primer ensanche y la ciudad antigua estaban libres de monstruos, ¿verdad?

Eso servía un poco de consuelo, aunque no mitigaba el terror de aquellos que vivían en los dos ensanches exteriores, como ella.

Pero ella no se sentía aterrada. Se había enfrentado a situaciones mucho peores en el pasado, y había salido invicta en todos sus encuentros con monstruos.

‘Aunque tenía a Xein para protegerme’

Descartó el pensamiento al instante, aferrándose con más firmeza al bestiario que tenía entre manos.

Ella era capaz. No necesitaba a Xein para que la protegiera. Él era quien necesitaba que ella le sacase de la Última Frontera, esa maldita cordillera de la muerte llena de monstruos.

Dentro de poco todo estaría hecho. El blindaje para el carro estaría fabricado y armado, el material de negociación estaría bien guardado y listo para el comercio con los enclaves del área civilizada, y ella estaría armada y lista para defenderse de cualquier monstruo que se atreviera a poner un pie en su camino.

Porque, al contrario de las personas acomodadas de la Ciudadela, ella era capaz de enfrentarse a los monstruos. No necesitaba Guardianes que la protegieran frente a esos seres de pesadilla.

Al pensar en los Guardianes, inmediatamente su mente pasó de Xein a Rox. La Guardiana se había ido hacia el oeste, siguiendo un mapa con una ubicación señalada por Loxan, en la cual se suponía que había una aldea habitada por Guardianes de ojos plateados, como ella.

No sabía a qué se debía la prisa por partir, pero podía tratar de hacerse una idea.

O al menos, eso es lo que ella creía hasta que descubrió que se rumoreaba que Rox, la Guardiana intachable, había desertado.

Se había adentrado en el oeste, en las recién bautizadas Tierras Olvidadas, para buscar una aldea de cuya existencia no podía estar segura.

¿Estaba loca? Ella siempre le había dado a Axlin una sensación de seguridad, confianza y sensatez.

Pero esta forma de actuar decía todo lo contrario.

¿Había sido influenciada por el comportamiento de Xein? Al menos ese era un rumor que corría entre los Guardianes, según Yarlax.

Ese Guardián parecía ser un buen amigo de Xein, y le conocía a él y a Rox mejor que nadie. Pero ni siquiera él entendía qué se le había pasado por la cabeza a su amiga.

Incapaz de concentrarse en su tarea, cerró el bestiario de golpe y se puso de pie.

Necesitaba un poco de aire para despejar la cabeza y aclara las ideas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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