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Sistema Medidor de Lujuria: Conquistando Bellezas - Capítulo 9

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  3. Capítulo 9 - 9 Fantasía en la azotea
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9: Fantasía en la azotea 9: Fantasía en la azotea Tasha le desabrochó el cinturón de un tirón seco, con un sonido que retumbó en el silencio.

La verga de Liam saltó, libre, dura y palpitante, y ella se arrodilló con esa misma sonrisa pícara mientras lo envolvía con los labios.

Liam gimió con fuerza mientras la húmeda lengua de Tasha trazaba círculos alrededor de su glande antes de hundirse de nuevo por el cuerpo de su verga.

Arqueó las caderas de forma involuntaria, desesperado por más de esa dulce fricción.

Tasha subía y bajaba la cabeza más deprisa, tragándoselo más profundo con cada pasada hasta que su nariz se presionó contra su hueso púbico y él pudo sentir la prieta constricción de su garganta alrededor de la sensible punta.

«¿Se ha vuelto mejor en esto?».

—Oh, joder, justo así —gruñó Liam, aferrando las manos al pelo de Tasha.

Ella gimió con la verga de él en la boca como respuesta, y las vibraciones le enviaron descargas de placer por la columna.

Liam echó la cabeza hacia atrás, con la respiración entrecortada.

«Oh, joder, no quiero que esta sensación se detenga».

La mantuvo así durante un largo momento, saboreando la sensación de la boca de ella estirada alrededor de su miembro, antes de permitir finalmente que se apartara.

Tasha boqueó en busca de aire al apartarse de la verga de él, con hilos de saliva que conectaban sus labios con el enrojecido glande.

—No tienes permitido correrte hasta que yo lo diga —le recordó con severidad, mientras seguía recorriéndole con la mano la verga resbaladiza de saliva.

Liam reprimió un quejido de frustración.

—Lo sé, lo sé.

Pero no me lo estás poniendo fácil.

Ella le dedicó una sonrisa socarrona.

—De eso se trata.

Su mano no dejaba de moverse, girando y acariciando de una forma que hacía que se le encogieran los cojones.

—Has sido un chico malo, por dejarme esperando ahí fuera.

Creo que mereces sufrir un poco.

—Qué…

Antes de que pudiera seguir protestando, Tasha volvió a agacharse y lo envolvió de nuevo con los labios.

Esta vez, se centró en la sensible cara inferior de su verga, recorriendo la vena con la lengua mientras chupaba con fuerza del glande.

«Voy a perder el control.

Si sigue así, me voy a correr».

Liam soltó un gemido ahogado, con las caderas sacudiéndose mientras luchaba contra el impulso de embestir dentro de su boca.

Justo cuando pensaba que no podía aguantar más, Tasha lo soltó con un húmedo chasquido.

«Joder, ¿qué piensa hacer ahora?».

Gateó sobre el cuerpo de él, arrastrando las tetas por su estómago y pecho hasta que estuvo a horcajadas sobre su cintura.

La fina tela de su top se le había subido, dejando al descubierto la cremosa piel de su abdomen y la curva inferior de sus pechos.

—Creo que estas también merecen algo de atención —ronroneó Tasha, ahuecando sus tetas y juntándolas.

Se inclinó, deslizando sus pezones erectos por las mejillas de él antes de frotarlos sobre sus labios.

«Joder…

solo he visto tetas como estas en el porno».

Liam se había pasado media vida imaginando qué aspecto tendrían y cómo se sentirían bajo el sujetador, y ahora tenía una justo delante de él.

[Sistema: El favor del Objetivo puede aumentar.

Acción requerida: Chuparle los pechos.]
Antes de que pudiera pensar, la boca de Liam se movió sola.

Atrapó uno de sus pezones entre los labios, haciendo girar la lengua alrededor de la sensible piel hasta que relució con su saliva.

Tasha gimió, restregando el culo contra la dura verga de él mientras seguía la orden del Sistema y le prestaba la misma atención a su otro pezón, haciendo que el favor de ella hacia él aumentara discretamente.

—Joder, sí, justo así —jadeó, sujetándole la cabeza con una mano mientras con la otra seguía masturbándole la verga—.

Qué bien se siente tu boca en mis tetas.

Envalentonado por sus ánimos, Liam estiró la mano para pellizcarle los pezones entre los dedos mientras chupaba con más fuerza.

Tasha lanzó un grito agudo, arqueando la espalda para meterle más el pecho en la boca.

El aroma de su excitación impregnaba el aire, haciendo que a él la cabeza le diera vueltas por el deseo.

De repente, Tasha se apartó y se incorporó, a horcajadas sobre las caderas de él.

Lo miró desde arriba con una sonrisa pícara, mientras un dedo recorría el surco entre sus pechos.

—Creo que es hora de que tu castigo se vuelva un poco más…

interactivo —dijo, con la voz baja, ronca y cargada de promesas.

Se levantó el top, liberando sus tetas y dejándolas rebotar ligeramente al asentarse.

—Quiero que me folles las tetas.

Liam se quedó helado, con el corazón retumbándole en el pecho.

«Esto ha salido directamente de mi carpeta de fantasías, y ahora está pasando en la vida real».

Liam tragó saliva con dificultad, con el pulso martilleándole en los oídos ante el festín visual que tenía delante.

Las tetas de Tasha eran grandes y pesadas, coronadas por unos erguidos pezones rosados que pedían a gritos ser chupados.

La cremosa piel de su escote relucía con una fina capa de sudor, y podía ver cómo se le aceleraba el corazón bajo la superficie.

Sin esperar respuesta, Tasha le envolvió la verga con las tetas, apretándolas hasta que su miembro desapareció entre los suaves montículos de carne.

Se inclinó hacia adelante, apoyando las manos en el pecho de él mientras empezaba a moverse.

El húmedo calor de sus tetas envolviéndolo no se parecía a nada que Liam hubiera sentido jamás.

Era suave y prieto a la vez, con la lisa piel deslizándose a lo largo de su verga con la más deliciosa de las fricciones.

—Oh, joder.

Lanzó un fuerte gemido mientras Tasha aceleraba el ritmo, moviendo sus tetas con entusiasmo arriba y abajo por su verga.

—Mira qué bien quedan mis tetas alrededor de tu verga —ronroneó Tasha, bajando la vista hacia el punto donde se unían.

Sus tetas se agitaban obscenamente con cada movimiento, y los pezones le rozaban el estómago.

—Apuesto a que desearías poder enterrarte en ellas y no salir nunca.

—Mmm…

mmm…

—fue lo único que Liam pudo gemir como respuesta, demasiado perdido en la sensación como para formar palabras coherentes.

Las manos de Liam rasparon el áspero hormigón cuando sus caderas se alzaron por instinto, pero se detuvo cuando ella mantuvo el control.

Piel chocaba contra piel, un sonido húmedo y sucio, y la respiración de ella se entrecortaba mientras el ruido de la ciudad flotaba a su alrededor.

Justo cuando la presión alcanzó su punto álgido, Tasha se echó hacia atrás y se apoyó sobre los talones.

Su verga cayó sobre su estómago, resbaladiza de saliva y con vetas de un brillo reluciente donde sus pechos habían rozado el glande.

—¿Te he dicho que te muevas?

—dijo Tasha, con calma y brusquedad—.

Manos arriba.

Ahora.

Liam obedeció, estirando los brazos por encima de la cabeza para agarrarse al borde de la azotea.

Ella lo observó un instante y luego se inclinó hacia delante y volvió a rodearle con los pechos, con un movimiento suave y deliberado.

Esta vez, sin embargo, solo usó una mano para mantenerlos unidos.

La otra se deslizó hacia abajo para ahuecarle los cojones, haciéndolos rodar suavemente en la palma de su mano mientras continuaba la cubana con pasadas largas y lentas.

La estimulación añadida hizo que Liam viera las estrellas, y los músculos de su abdomen se contrajeron mientras luchaba contra el impulso de correrse.

—Tasha, por favor —jadeó él, con la voz tensa por la necesidad—.

Me voy a correr si sigues haciendo eso.

Tasha se limitó a sonreírle con picardía, aumentando la presión de su mano en sus cojones.

—Pues córrete —ronroneó—.

Córrete por todas mis tetas.

Quiero sentir tu semen caliente pintando mi piel.

Los ojos de Tasha brillaban con picardía mientras mantenía el ritmo implacable de la cubana.

—Córrete para mí, Liam —ronroneó, con voz melosa—.

Pinta mis tetas con tu caliente semilla.

Quiero sentirte pulsar y latir mientras te corres.

Liam gimoteó, retorciendo los dedos en las sábanas mientras luchaba por contener su inminente orgasmo.

—Por favor, Tasha…

estoy muy cerca.

Ella recompensó su súplica con una sonrisa pícara.

—Entonces no te contengas.

Déjate ir por mí.

Como si esas palabras fueran todo el permiso que necesitaba, Liam sintió cómo se le encogían los cojones y su verga palpitaba entre los perfectos pechos de ella.

Con un grito ronco, se corrió con más fuerza que nunca, y chorros de semen caliente brotaron de la punta de su verga para salpicar el pecho de Tasha.

Ella gimió de placer, y siguió masturbándolo durante su orgasmo hasta que le ordeñó hasta la última gota de su exhausta verga.

Cuando por fin terminó, Tasha se inclinó y se lo metió en la boca, lamiendo y chupando hasta dejarlo limpio.

Liam observó asombrado cómo ella se tragaba todo lo que él le había dado, mientras una oleada de orgullo y posesividad lo invadía.

—Creo que ya es suficiente castigo por ahora —dijo Tasha, sacándoselo finalmente de la boca.

Liam alzó la vista hacia la pantalla que había sobre la cabeza de ella.

[50/100]
—Típico —masculló, aunque ya no podía decir que le sorprendiera.

Entonces, algo más le llamó la atención: uno de los corazones previamente bloqueados que había estado ignorando ahora estaba lleno y brillaba con suavidad.

—Eso es nuevo.

El teléfono vibró con insistencia en su bolsillo, pero antes de que pudiera cogerlo, Tasha se levantó, ajustándose su top blanco y tapando la visión de sus tetas, antes libres, al arreglarse el bajo.

—Tengo que irme ya, antes de que se haga demasiado tarde.

—¿Ya?

—preguntó Liam, mirando su reloj—.

Es un poco tarde para conducir.

—Lo sé.

—Hizo una pausa, con la mano en el bolso—.

Pero no puedo quedarme a dormir.

Aunque me encantaría —añadió en voz baja, mirándolo por fin a los ojos.

El momento quedó suspendido entre ellos antes de que ella suspirara.

—De verdad que tengo que irme.

Liam se levantó, ajustándose los pantalones.

—Deja que te acompañe al coche, al menos.

Bajaron las escaleras en silencio, con el único sonido de sus pasos retumbando en el hueco de la escalera.

Cuando llegaron a su coche, ella se giró, con el rostro sonrojado pero la mirada firme, con esa autoridad aún adherida a ella como una segunda piel.

—No me hagas esperar tanto la próxima vez —dijo.

Él sonrió de lado.

—Si esto es lo que consigo por hacerte esperar, quizá debería hacerlo más a menudo.

Ella se rio y le dio un empujoncito antes de meterse en el coche.

Él la vio marcharse y entonces sacó el teléfono.

Su pantalla se iluminó con una notificación de un número desconocido: 10 000 $ ingresados.

—¿Pero qué coño?

—masculló, con la vista fija en la pantalla.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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