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Soberano Supremo De Orbis - Capítulo 1

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1: Capitulo 01 1: Capitulo 01 Volumen 01: Descenso Al Abismo.

Prologo I: El Soberano.

“¡Arrodíllense!

Ante la presencia del Soberano supremo de Orbis, Yossu”.

La proclamación resonó con una autoridad imposible de ignorar.

Quien la pronunciaba era una mujer semihumana de rasgos zorro, cuya voz, firme e imponente, parecía imponer sumisión incluso antes de ser comprendida.

Vestía un uniforme de sirvienta de tonos oscuros, único en su diseño, reforzado en zonas específicas con placas de metal y piezas de armadura que delataban tanto su función ceremonial como su preparación para el combate.

Tras aquellas palabras, el soberano ingresó al recinto.

No hizo falta verlo de inmediato para sentirlo.

El aura que emanaba era, al mismo tiempo, celestial y monstruosa, una contradicción que aplastaba el espíritu de cualquiera que se encontrara en su presencia.

Cada uno de sus movimientos transmitía una autoridad absoluta, como si el mundo mismo se ajustara a su voluntad.

Incluso el sonido de sus pasos, firmes y pausados, bastaba para declarar dominio sobre todo.

Mientras avanzaba lentamente hacia el trono, elevado tras una corta escalinata de tres peldaños, las criaturas alineadas a ambos lados del camino bajaban la cabeza una tras otra.

La reverencia surgía de forma instintiva a medida que su señor pasaba frente a ellas.

Las expresiones de los presentes hablaban por sí solas.

Admiración, fervor, miedo, devoción.

Ninguna era fingida.

A medida que se acercaba a su destino, se distinguían, además de la sirvienta semihumana, otras figuras apostadas a los costados del trono.

Individuos que, por su sola presencia, evidenciaban rangos y poderes muy por encima del común.

Cuando finalmente llegó, el soberano tomó asiento con deliberada lentitud.

Su postura era imponente, casi arrogante, y su expresión combinaba soberbia, frialdad y un cálculo despiadado.

A simple vista, su figura resultaba abrumadora: múltiples pares de alas, blancas y oscuras, se extendían tras él; cuernos retorcidos coronaban su cabeza; y una larga cola esquelética descansaba detrás del trono.

Una vez acomodado, alzó la mirada.

Sus ojos rojos recorrieron a cada uno de sus subordinados.

Entonces, una sonrisa se dibujó lentamente en su rostro moreno.

Era larga, calculadora, retorcida por una emoción que no intentaba ocultar.

“Muy bien, señores… ¡Vamos a la guerra!”.

El tono de su voz era eufórico, cargado de anticipación.

Cuando sus palabras resonaron en toda la sala, la reacción fue inmediata.

Ninguno de los presentes pudo contener la alegría que se encendió en sus expresiones.

Como si hubieran estado aguardando ese momento durante una eternidad, todos asintieron al unísono, aceptando con fervor la voluntad de su soberano.

Prologo II: Stelaris En el año 2035, hace ya aproximadamente quince años, fue lanzado uno de los videojuegos que lo cambiaría todo.

A simple vista, se trataba de un MMORPG de fantasía medieval, un mundo de magia y espadas como tantos otros.

Sin embargo, esa primera impresión era engañosa.

Lo cierto era que aquel juego ofrecía a sus jugadores algo que ningún otro título de su época había logrado siquiera imitar: un abanico casi infinito de posibilidades y una sensación de inmersión capaz de consumir horas, días e incluso años de vida.

Al final, más que un simple videojuego, podía considerarse un auténtico simulador de un mundo de fantasía.

Su nombre era Stelaris.

Una de las características más distintivas de Stelaris era el desarrollo de los personajes.

Para muchos jugadores, la creación del avatar no era un trámite, sino un ritual.

Podían pasar horas, incluso días enteros, ajustando cada detalle, conscientes de que cada decisión tendría consecuencias reales dentro del juego.

La apariencia, las aptitudes iniciales, los rasgos y elecciones tempranas influían de manera directa en la forma en que se viviría aquel mundo.

Nada era trivial.

Otra de las grandes virtudes de Stelaris era su libertad absoluta.

En ese mundo, uno podía conformarse con una vida sencilla, como la de un panadero en una aldea remota, o aspirar a algo mucho más ambicioso: convertirse en noble, fundar una dinastía, o incluso levantar su propio país desde cero.

Fue precisamente esa libertad la que permitió que Stelaris evolucionara de maneras impredecibles.

El mundo cambiaba de forma constante, no por decisiones programadas, sino por la voluntad y las acciones de los propios jugadores.

Sin embargo, durante el periodo de mayor auge del juego, surgió un grupo que terminó por poner ese mundo patas arriba.

Comenzaron como un simple gremio.

Nada más.

Pero con el tiempo, aquel gremio se transformó en algo mucho más grande… y mucho más peligroso.

Llegaron a consolidarse como un país, uno construido sobre la fuerza, el miedo y la dominación absoluta.

El resto de los jugadores no los veía como héroes ni como figuras dignas de admiración.

Todo lo contrario.

Desde el momento en que aparecieron en escena, sembraron terror a su paso.

Arrasaron naciones enteras, masacraron cantidades incalculables de jugadores y convirtieron el PK en su forma de existencia.

Su objetivo era claro y nunca lo ocultaron: el dominio total de Stelaris.

Para el mundo del juego, ellos se convirtieron en el enemigo.

El nombre de aquel gremio monstruoso, responsable de que oleadas enteras de jugadores llegarán a Stelaris con el objetivo de derrotarlos, era Orbis Tha’ar Noctis.

Y aun así, pese a todo su poder y su infame legado, Stelaris no escapaba a una verdad inevitable.

Como en la vida misma, todo tiene un final.

Y Stelaris no fue la excepción.

Capitulo 01: Orbis Minutos antes del cierre de los servidores de Stelaris.

En lo más profundo de la dungeon del palacio flotante, existía una habitación inmensa y lujosa, dominada por tonos oscuros.

Antorchas de fuego violeta, tenue y antinatural, proyectaban sombras alargadas sobre las paredes, otorgándole al lugar una atmósfera solemne, casi fúnebre.

En la cabecera de una extensa mesa de cristal oscuro se encontraba sentado uno de los jugadores más poderosos que Stelaris había conocido.

Yossu.

Su presencia bastaba para imponer silencio.

La mayoría de los asientos alrededor de la mesa estaban ocupados por criaturas no humanas de toda clase.

Razas extrañas, formas imposibles, miradas afiladas y expresiones cargadas de expectación.

Todos aguardaban, atentos, cada una de sus palabras.

Entre los presentes no había ni un solo humano.

Después de todo, una de las reglas fundamentales para ingresar a aquel grupo era clara e inquebrantable: no poseer un personaje humano.

Para Orbis, la humanidad no era digna de pertenecer.

Así que finalmente ha llegado el momento… después de quince largos años.

Yossu recorrió con la mirada a cada uno de sus compañeros, deteniéndose apenas unos instantes más en algunos rostros conocidos.

Jugadores que habían conquistado, destruido y reinado a su lado durante más de una década.

“El objetivo seguirá siendo el mismo”, declaró con voz firme e imponente.

“Hacer lo que se nos dé la gana y eliminar a cualquier jugador que se nos oponga”.

No hubo sorpresa en la sala.

Solo aprobación.

Entonces, Yossu dirigió la mirada hacia el NPC que permanecía a su lado.

Una semihumana zorro, vestida con un uniforme de sirvienta impecable.

No necesitó decir nada más.

Ella comprendió el mensaje al instante.

Como si se tratara de un ritual perfectamente ensayado, todas las sirvientas semihumanas comenzaron a moverse al unísono.

En silencio, sirvieron bebidas en las copas de cada uno de los gobernantes reunidos en la mesa.

Cuando terminaron, Yossu tomó su copa y la alzó en el aire.

“Orbis no conquista por deseo…”, proclamó.

“Conquista porque es su derecho”.

“Orbis no teme al caos; lo crea, lo moldea y lo gobierna”.

“Haremos que, en el nuevo mundo, todos los seres inferiores se inclinen ante nosotros”.

Mientras hablaba, sus compañeros repetían cada frase al pie de la letra, sincronizados, como un solo ente.

No era una simple arenga.

Era un juramento.

Una escena propia de un gremio que se tomaba su papel con absoluta seriedad.

Tras ello, Yossu bebió de su copa y, con una sonrisa cargada de emoción, gritó con voz eufórica: “¡All Hail Orbis!” La respuesta fue inmediata.

El grito se replicó por toda la sala, acompañado de sonrisas, risas y miradas encendidas.

En medio de aquella euforia colectiva, Yossu rompió de repente su copa contra la mesa.

El sonido seco del cristal quebrándose cortó el ambiente de golpe, haciendo que todas las miradas se clavaran en él.

“¡Nos vemos en el nuevo Stelaris, señores!”, exclamó con un tono que dejaba traslucir sin disimulo la emoción que lo dominaba.

La respuesta no tardó en llegar.

Gritos, carcajadas y expresiones llenas de anticipación llenaron la habitación una última vez.

El viejo mundo estaba llegando a su fin.

Y ellos ya estaban listos para el siguiente.

Una vez concluida la reunión, los gobernantes de Orbis fueron cerrando sesión uno a uno.

Las siluetas se desvanecieron en silencio, hasta que en la inmensa habitación solo quedó Yossu.

El eco del lugar se volvió más pesado.

Quince años… Se fueron en un suspiro.

Yossu permaneció sentado unos segundos más, con la mirada fija en la superficie oscura de la mesa.

Resultaba extraño.

Durante años, aquel sitio había sido escenario de decisiones que cambiaron el rumbo del mundo.

Ahora, estaba vacío.

Voy a extrañar todos los momentos que vivimos juntos en este videojuego.

Sin darse cuenta, una avalancha de recuerdos comenzó a emerger en su mente.

Batallas imposibles, risas en medio del caos, discusiones absurdas y victorias que parecían eternas.

Cada instante compartido seguía allí, grabado con una claridad dolorosa.

Me alegra que Orbis haya perdurado hasta el final.

Eran personas distintas, con vidas reales que nunca llegaron a cruzarse del todo.

Personalidades opuestas, ideales enfrentados, formas de pensar Incompatibles.

Y aun así… Incluso con todas esas diferencias, siempre estuvimos juntos.

Una leve sonrisa se dibujó en su rostro.

Ah… fue divertido mientras duró.

Finalmente, Yossu se puso de pie.

Su mirada se dirigió hacia los NPC que permanecían inmóviles en la sala.

Criaturas creadas por ellos, pero que, con el paso de los años, habían terminado formando parte del hogar que Orbis había construido en aquella dungeon.

Por respeto.

Y por melancolía.

Les dedicó una breve inclinación de cabeza.

Luego, sin decir nada más, activó el cierre de sesión.

El mundo de Stelaris se desvaneció.

Yossu se fue a dormir sin mas.

-CONTINUARA-

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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