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Soberano Supremo De Orbis - Capítulo 2

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2: Capitulo 02 2: Capitulo 02 Soberano Supremo De Orbis.

Volumen 01: Descenso Al Abismo.

Capitulo 02: “Yossu”.

Al día siguiente del cierre absoluto de los servidores de Stelaris, daba inicio una nueva era.

Ante sus ojos, flotando en el aire, se desplegaba una pantalla inmensa.

En ella se transmitía un tutorial con formato de cinemática, saturado de información destinada a todos los jugadores que ingresarían a esta nueva versión del videojuego.

La verdad era que poco le importaba.

Por no decir que directamente no deseaba verlo.

Por fin… ha llegado la hora.

Este es el comienzo de una nueva etapa en Stelaris.

Había esperado ese momento durante mucho tiempo.

Aun así, se encontró observando con una mezcla de impaciencia y disgusto aquella interminable sucesión de explicaciones que parecían no acabar nunca.

La razón real por la que Stelaris había cerrado sus servidores en PC no era el fin del juego, sino el cierre de una etapa de su historia.

No se trataba de una despedida, sino de un salto hacia algo superior.

Stelaris había evolucionado.

En esta nueva versión, los jugadores podían experimentar el mundo desde una perspectiva completamente distinta.

Ya no se trataba de controlar un avatar desde una pantalla, sino de ingresar en primera persona al vasto mundo de fantasía, como si el propio cuerpo existiera dentro de él.

Dicho de forma simple, Stelaris había dejado de ser un MMORPG.

Ahora era un VIRMMORPG.

Gracias a ese avance tecnológico, la expectación alcanzó niveles nunca vistos.

Jugadores veteranos aguardaban con ansiedad, mientras que personas que jamás habían tocado el juego comenzaron a interesarse.

Foros, redes y comunidades colapsaban bajo la avalancha de teorías, debates y rumores relacionados con el nuevo Stelaris.

Tras una hora y media, el tutorial llegó finalmente a su fin.

Argh… Eso fue una completa pérdida de tiempo.

Y no se equivocaba.

Al menos, no para él.

Todo lo mencionado ya lo sabía.

Haber participado en las betas cerradas le daba una ventaja clara.

Sin embargo, estaba obligado a pasar por aquel proceso.

No existía forma de omitirlo.

El sistema consideraba el tutorial tan esencial como los primeros meses de vida de un recién nacido.

No tuvo opción.

Solo pudo verlo hasta el final.

Una vez completados los datos básicos de la cuenta para iniciar sesión, algo nuevo apareció frente a él.

Dos cuerpos desnudos flotaban en el aire.

Ambos carecían de rasgos definidos, como maniquíes sin identidad, suspendidos en un espacio vacío.

Al mismo tiempo, una cantidad abrumadora de datos se desplegó alrededor de ellos, detallando cada aspecto físico con una precisión casi enfermiza.

Altura, complexión, proporciones, estructura ósea, musculatura.

Todo estaba allí.

Vaya… Así que los desarrolladores se guardaron bien esta información.

Sin embargo, lejos de incomodarlo, una sensación de alivio se abrió paso en su pecho.

Al menos puedo usar el personaje que desarrollé en el viejo Stelaris… No tengo que pasar horas aquí recreándolo desde cero.

Entre la opción de utilizar el personaje desarrollado durante la beta o crear uno nuevo desde cero, no hubo una verdadera duda.

Eligió a Yossu.

Había sido su avatar durante quince largos años.

Separarse de él resultaba, sencillamente, impensable.

Me hubiera sido imposible dejar a Yossu… No puedo evitar sentir alegría.

La razón era clara.

El personaje de Yossu poseía dos clases extremadamente raras, casi imposibles de obtener por medios convencionales.

Ambas habían surgido de manera completamente aleatoria, un golpe de suerte irrepetible.

Yossu era capaz de utilizar tanto la clase ángel como la clase demonio, una combinación que, en condiciones normales, resultaba incompatible.

Perderlo habría sido una locura.

Sería absurdo que siguieran llamándome el inmortal de doble clase… sin poder usar a Yossu.

Una leve risa escapó de sus labios.

Tras calmar la emoción inicial, decidió no modificar ningún aspecto físico del personaje.

Tal como estaba, era perfecto.

Sin más dudas, confirmó la selección.

En ese instante, dos características innatas emergieron ante sus ojos.

La primera le prohibía por completo el uso de la magia elemental.

La segunda, en cambio, le permitía utilizar sin restricciones todo lo relacionado con lo angelical y lo demoníaco, sin sufrir daño alguno.

En circunstancias normales, un demonio que empleara magia de luz, o un ángel que recurriera a energías oscuras, recibiría un castigo inmediato del sistema.

Yossu no.

Esa excepción lo convertía en algo antinatural.

Monstruoso.

Por esa razón, aquella combinación era algo que no estaba dispuesto a abandonar.

Bueno… es lo que hay.

Prefiero a Yossu antes que la magia elemental.

El pensamiento surgió sin rastro de preocupación.

Sin embargo, debajo de esas dos características apareció una tercera notificación, mucho más molesta.

El sistema advertía que, a lo largo de la aventura, podía adquirir nuevas características innatas.

Algo que, dependiendo del caso, podía resultar una bendición o una condena.

Era un arma de doble filo.

Pero su buen humor era demasiado fuerte como para darle importancia.

Sin pensarlo más, confirmó todo.

Al instante siguiente, su conciencia fue trasladada a un espacio vacío, desde donde podía contemplar el nuevo mundo de Stelaris extendiéndose ante él.

Entonces lo vio.

Y se quedó sin palabras.

No puede ser… ¿Es en serio?

¿Cómo lograron los desarrolladores ocultar algo así sin que se filtrara?

Ante sus ojos, la magnitud del mundo era evidente.

No cabía duda alguna: aquello era mucho más grande de lo que había experimentado durante la beta.

Existía un rumor lejano, casi absurdo, que afirmaba que el nuevo mundo sería dos veces más grande que la Tierra.

Hasta ese momento, lo había considerado una exageración más de internet.

Ahora, ya no estaba tan seguro de que fuera solo un rumor.

La evolución de Stelaris no se limitaba a la tecnología ni a la inmersión total.

Desde el principio se había insinuado que no se trataría del mismo mundo reutilizado, sino de uno completamente nuevo.

A continuación, seleccionó su lugar de aparición.

Sí… definitivamente este es el mejor sitio.

Gracias a la beta, había probado múltiples zonas de inicio.

Llanuras, aldeas fronterizas con pocos humanos, ruinas cercanas a rutas comerciales.

Sin embargo, el lugar más seguro para alguien como él era un inmenso bosque habitado por criaturas de niveles abismales, un territorio tan peligroso que resultaba extremadamente improbable que otros jugadores aparecieran allí por accidente.

Era, irónicamente, el sitio ideal.

A diferencia de otros jugadores, soy alguien bastante odiado en el mundo de Stelaris, pensó con una pizca de orgullo.

Así que lo lógico es no aparecer en zonas típicas llenas de gente.

La probabilidad de ser reconocido al instante y atacado apenas apareciera en una ciudad humana era demasiado alta.

Y no solo por su fama.

Su raza no humana, poco apreciada por los humanos, sumada a sus elevados puntos de maldad, lo convertían en un objetivo evidente.

Lo mejor era mantenerse lo más lejos posible de ellos.

Sería una vergüenza que alguien con quince años de experiencia muriera apenas llegue al mundo.

La sola idea lo deprimía.

Mientras analizaba la situación, otro pensamiento cruzó su mente.

Ahora que lo pienso… hay muy pocos jugadores de Orbis capaces de moverse tranquilamente por una ciudad humana.

Frunció el ceño.

Espera… ¿los hay en realidad?

La mayoría de sus compañeros tenían los puntos de maldad por las nubes.

Asesinos, conquistadores, destructores.

Resultaba casi cómico imaginar a alguno de ellos caminando por una plaza humana sin provocar un caos inmediato.

La duda lo dejó pensativo, aunque solo por unos segundos.

No había nada más que considerar.

En cuanto confirmó su lugar de nacimiento, la sensación cambió de inmediato.

Su cuerpo fue absorbido por la imagen del inmenso planeta que flotaba frente a él, como si la propia realidad lo reclamara.

El viaje fue instantáneo.

En cuestión de segundos, una luz intensa lo envolvió por completo, cegándolo.

-CONTINUARA-

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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