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Soberano Supremo De Orbis - Capítulo 23

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23: Capitulo 23 23: Capitulo 23 Volumen 01: Descenso Al Abismo.

Capitulo 23: Punto de inflexión.

El primero en reaccionar fue el Jugador A.

Se abalanzó hacia él con el puño en alto, decidido a golpearlo.

Pero en el instante exacto en que entró en su rango y levantó el brazo… Yossu atravesó con su mano el pecho.

El movimiento fue tan rápido que ni siquiera pudieron seguirlo con la vista.

No hubo sonido.

No hubo impacto espectacular.

Solo la sensación seca de algo que ya no debía estar allí.

Ni siquiera portaban armas.

Y, comparados con las criaturas a las que Yossu se había enfrentado momentos atrás, no eran más que basura.

No representaban ni una mínima amenaza.

“¿Y bien?” Dijo con una sonrisa burlona, manteniendo su mano incrustada en el pecho del jugador.

“¿Qué se siente ser atravesado por este jugador que solo tuvo suerte?” Se rio en su cara.

El humano, en cambio, estaba completamente en blanco.

“¿Duele…?” El jugador lo preguntó con una expresión genuinamente confundida, como si todavía no terminara de comprender qué había ocurrido.

La respuesta llegó sola.

En cuestión de segundos, el grito desgarrador rompió el silencio del lugar.

El dolor explotó en su cuerpo como una ola imposible de contener, y las lágrimas brotaron sin control, cayendo una tras otra como una cascada.

¿Te burlas de mí para luego terminar así?

En serio… eres un tonto en toda la extensión de la palabra.

Mientras tanto, los otros dos humanos no dejaban de gritar entre preguntas sobre que estaba ocurriendo.

Yossu acercó su rostro al del humano, observándolo de cerca.

Sus ojos rojos reflejaban una mezcla de curiosidad y desprecio, como si estuviera analizando un experimento exitoso.

“Gracias por haberme servido de prueba.” Sonrió, disfrutando sin disimulo del sufrimiento del jugador A.

Al parecer, todos estamos en la misma situación.

Que haya sentido dolor responde mis dudas.

Así que no había error.

No había interfaz que amortiguara el daño ni un sistema que apagara el sufrimiento.

Vaya pedazos de tarados… ¿De verdad pensaron que podían ganarme?

Sin decir una palabra más, Yossu sujetó la cabeza del jugador con su mano libre y, con un movimiento seco, retiró su brazo del pecho del humano.

La sangre brotó de inmediato, manchando el suelo y su propio antebrazo.

Con un simple gesto, lanzó el cuerpo hacia los otros dos jugadores.

Aún respiraba.

Apenas.

Pero su mirada estaba perdida, divagando entre la conciencia y el vacío.

Los dos que quedaban retrocedieron instintivamente.

El jugador B, el encargado de iluminar el lugar con su magia de fuego, lanzó la esfera ardiente en dirección a Yossu.

Sin embargo, aquella magia era tan dócil, tan lenta y carente de intención asesina real, que no representó ningún problema para él.

Sin hacer ningún movimiento exagerado, Yossu simplemente se desplazó un paso hacia un costado.

La bola de fuego pasó rozando el aire a su lado y se estrelló contra la pared de la cueva, disipándose en chispas inútiles.

Silencio.

Ese simple gesto fue suficiente.

En ese instante, los humanos lo entendieron.

No había estrategia.

No había ventaja numérica.

No había forma alguna de ganar.

La diferencia entre ellos y Yossu no era de habilidad, sino de existencia.

ya no era sorpresa.

Era miedo.

El tipo de terror que paraliza el cuerpo y vacía la mente.

La confianza arrogante que habían tenido segundos atrás se desmoronó sin dejar rastro.

¿Qué tan estúpidos hay que ser para no haberse dado cuenta…?

Esto ya no es un juego.

…O casi se me olvida.

Yossu los observó con una expresión que los hizo temblar de pies a cabeza.

No levantó la voz.

No lo necesitaba.

“Me presento.” Su sonrisa se torció, cargada de soberbia.

“Soy el Soberano Supremo de Orbis.

Yossu.

Rango uno entre los gobernantes de Orbis.” Al decirlo, realizó el saludo formal de Orbis: el brazo levantado al costado del cuerpo, a la altura de la cabeza.

Los dos jugadores restantes movieron sus manos frenéticamente en el aire.

Un segundo después, sus expresiones se llenaron de desconcierto.

Probablemente habían intentado abrir el menú y buscar la opción para cerrar la sesión.

Nada.

No había forma de escapar.

El terror los golpeó de lleno.

Sus cuerpos se negaban a responderles.

Las piernas les temblaban como si fueran de gelatina, y sus rostros, pálidos y desencajados, parecían gritar pidiendo ayuda sin emitir sonido alguno.

Yossu suspiró, casi con decepción.

“Saben… quería llevarme bien con ustedes.” Dio un paso al frente.

“Pero supongo que esto terminó así.” Una breve pausa.

“Por culpa suya.” Los humanos, sin comprender aún la situación, comenzaron a preguntar desesperadamente qué estaba sucediendo, pero Yossu se negó a responderles.

Segundos después, las preguntas se transformaron en súplicas.

Rogaron por sus vidas.

A pesar de no entender del todo qué estaba ocurriendo, los jugadores parecían intuirlo.

Y en una situación así, era natural que se aferraran a cualquier esperanza.

“Lo siento… ya es tarde para eso.” Tras pronunciar esas palabras, Yossu activó la habilidad [Abyssal Hands].

Ellos no podían ver las extremidades que emergían del soberano de Orbis.

Para sus ojos, nada ocurrió… hasta que fue demasiado tarde.

Los miembros oscuros se manifestaron fuera de su percepción, sujetando brazos y piernas mientras los humanos yacían en el suelo, llorando y suplicando.

Como si fueran simples objetos, la oscuridad comenzó a envolverlos lentamente.

La sangre brotó de cada orificio de sus cuerpos.

Gritos desgarradores escaparon de sus bocas, resonando en la cueva como un eco de desesperación.

Cuando todo terminó, el humano al que había atravesado primero con su mano ya estaba muerto.

Los otros dos, atrapados por [Abyssal Hands], quedaron reducidos a restos chamuscados.

Sus cuerpos se vaciaron de sangre y sus huesos terminaron convertidos en polvo.

“Aún me sorprende lo mucho que he cambiado desde que estoy en este lugar”, dijo en voz baja mientras observaba sus manos cubiertas de sangre.

A pesar de haber matado a tres humanos… no siento nada.

Ni tristeza.

Ni asco.

“Definitivamente… me convertí en Yossu”, murmuró, alzando el rostro y cerrando los ojos.

Con aquello, había terminado de confirmar que no era el único jugador en ese mundo.

Desde el principio había tenido una leve sospecha de que sus compañeros también podrían haber sido arrastrados allí… y ahora ya no quedaban dudas.

Las cosas no habían salido como esperaba con esos humanos, pero su objetivo seguía intacto.

Salir de ese lugar.

Encontrarse con los suyos.

“Espero que nos veamos pronto, chicos”, expresó finalmente, con una sonrisa cargada de melancolía.

-CONTINUARA-

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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