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Soberano Supremo De Orbis - Capítulo 24

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24: Capitulo 24 24: Capitulo 24 Volumen 01: Descenso Al Abismo.

Capitulo 24: Persecución en la oscuridad.

Horas antes… En una de las tantas cuevas del lugar, la oscuridad lo dominaba todo.

Entre esas sombras, un grupo de cuatro individuos corría desesperadamente.

El terror era evidente en sus rostros levemente ocultos, acompañado de un cansancio que ya no podían ocultar.

Sus respiraciones eran agitadas, irregulares, como si en cualquier momento fueran a colapsar.

Algo, o alguien, detrás de ellas las obligaba a mantener ese ritmo inhumano.

Estaban huyendo con todas las fuerzas que les quedaban.

Las prendas que cubrían casi por completo sus cuerpos —dejando apenas visible la parte inferior de sus rostros— estaban sucias, empapadas de transpiración y polvo.

Cada paso resonaba en la cueva como un eco de desesperación.

De pronto, la que iba más atrás tropezó y cayó violentamente al suelo.

Las otras tres se detuvieron de inmediato.

Cuando intentaron ayudarla a levantarse, notaron algo que les heló la sangre: de su nariz brotaba un líquido oscuro que descendía lentamente por su piel enrojecida.

La sorpresa invadió a dos de ellas.

“¡No se queden quietas, tenemos que irnos rápido!” exclamó la que iba al frente, quien desde el inicio marcaba el camino.

Su voz, firme y urgente, fue suficiente para devolverlas a la realidad.

Aunque la oscuridad era opresiva, las cuatro podían distinguirse entre sí.

Después de tanto tiempo viviendo en ese lugar, habían desarrollado una visión limitada en la penumbra.

No era perfecta, pero sí lo bastante amplia como para no perderse unas a otras.

A pesar de la sangre que seguía escapando de su nariz, reanudaron la marcha, avanzando a paso rápido, casi arrastrándose por momentos.

¿Cómo terminamos así?

¿Por qué nos tuvo que pasar esto a nosotras…?

Vera se hacía esas preguntas mientras los recuerdos comenzaban a invadir su mente.

Un día atrás, cuando regresaban a su pueblo después de haber pasado la tarde fuera con sus amigas, lo vieron desde la distancia.

Su hogar estaba siendo atacado.

El combate terminó en cuestión de segundos.

Tan rápido que ni siquiera hubo oportunidad de defenderse.

O, más bien, nunca tuvieron la fuerza necesaria para enfrentar a aquello que los atacó.

Cuando una de sus amigas intentó lanzarse para ayudar a su familia y amigos, Vera la detuvo.

Sabía que, si regresaban a ese lugar, no volverían con vida.

Debían huir lo antes posible, y eso fue exactamente lo que hicieron.

A pesar del enojo, del dolor y del deseo desesperado de ayudar a sus seres queridos, Vera logró convencerlas de escapar lo más lejos posible.

No fue fácil.

Cada paso que daban alejándose de su hogar era como arrancarse un pedazo del corazón.

Pero en el mismo instante en que tomaron la decisión de huir, algo salió mal.

A lo lejos, un grupo las notó.

Y así comenzó la persecución.

Mientras más recordaba lo sucedido, más abrumada se sentía Vera.

Las imágenes regresaban una y otra vez: su familia, sus amigos, siendo asesinados sin la más mínima pizca de compasión.

El recuerdo la hacía querer romper en llanto, y en algunos momentos incluso vomitar.

Aun así, se obligaba a seguir avanzando.

Tenía que sobrevivir.

Tenía que mantenerse con vida junto a sus amigas.

Sabía que no podían mirar atrás.

No ahora.

No nunca.

Lo único que hemos hecho desde ayer es sobrevivir, escondernos y huir.

Tenían hambre.

Tenían sed.

Y el cansancio ya se había vuelto insoportable.

¿Cuándo va a terminar esto…?

Desde que comenzó la persecución, aquellas cosas no las habían dejado en paz ni siquiera durante dos horas seguidas.

Cada vez que se detenían era solo para recuperar un poco el aliento antes de volver a correr.

Era como si las estuvieran cazando.

A toda costa.

Y ni Vera ni sus amigas entendían el motivo.

Todo había ocurrido tan de repente que, pese al esfuerzo físico, aún no lograban procesarlo.

No habían tenido tiempo de llorar a sus muertos.

Ni siquiera de hablar entre ellas sobre lo sucedido.

Miedo… tengo miedo.

No quiero morir.

¿Por qué nos tiene que pasar todo esto a nosotras?

Hizo una pausa mental, como si su propia mente necesitara respirar.

Ah… somos débiles.

Si fuéramos fuertes, nada de esto habría ocurrido.

Ni siquiera contamos con la protección de un lord.

“¡Vera, hay una luz enfrente!” dijo su amiga Curvus desde un costado.

Tan pronto escuchó su voz, Vera levantó la mirada y observó cómo, al final de la cueva, una tenue luz comenzaba a abrirse paso entre la oscuridad.

Al llegar, se toparon con una inmensa habitación.

Las antorchas que iluminaban el lugar parecían insignificantes, como si la oscuridad misma estuviera devorando su luz.

No era una penumbra común, sino algo más denso, más pesado, como si aquel espacio rechazara ser iluminado.

Sin embargo, lo que más llamó la atención de las cuatro no fue la habitación en sí, sino el cartel que se erguía frente a ellas.

Solo había una palabra grabada.

“Abismo”.

Por instinto, todas giraron la vista más allá del cartel.

Y entonces lo vieron.

La definición misma del terror.

Esa única palabra fue suficiente para que sus expresiones agotadas se transformaran por completo, dando paso al miedo y al desconcierto más puro.

La oscuridad que se extendía ante ellas no era natural.

No era simplemente la ausencia de luz.

Entre las sombras, podían verse estelas rojizas que brillaban débilmente, recorriendo toda la enorme habitación como venas palpitantes.

No solo eso captó su atención.

Desde el interior del abismo surgía un sonido extraño.

Un ruido sordo, irregular.

No era viento.

No era agua.

Era el tipo de sonido que daba la inquietante sensación de que algo se estaba moviendo allí dentro.

Observándolas.

Esperándolas.

-CONTINUARA-

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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