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Soberano Supremo De Orbis - Capítulo 31

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31: Capitulo 31 31: Capitulo 31 Volumen 02: El Nacimiento del Soberano Capitulo 31: La Gracia del Abismo.

“Uh… no creí que esos hombres cabra durarían tan poco.

Qué decepción”, dijo Yossu, incrédulo.

“Y yo pensé que me iba a poder divertir un poco más.” Como criaturas con sentidos mucho más agudos que los de los humanos, había creído que al menos serían capaces de percibir su habilidad.

Sin embargo, ninguno de ellos siquiera pareció entender qué los estaba matando.

Al menos ahora sé que [Abyssal Hands] puede seguir órdenes complejas… Eso es completamente distinto a lo que recuerdo del juego.

… Vaya que se divirtieron mis niñas, había meditado mientras observaba a la distancia el estado grotesco en el que habían quedado los cuerpos de los hombres cabra.

Soltó un largo suspiro y giró la mirada hacia un costado.

“¿Y ahora qué hago con ustedes?”, se preguntó al observar a las diablillas.

Sin pensarlo demasiado, comenzó a caminar en su dirección.

Uh… creo que se están muriendo de miedo, pensó al notar cómo sus cuerpos temblaban cada vez más a medida que se acercaba.

Por primera vez sintió una leve punzada de lástima.

Eran pequeñas.

Demasiado.

Tanto que, por un instante, le recordaron a su hermana cuando tenía esa misma estatura.

Mmm… podría aprovechar el momento para sacarles información, ¿verdad?

Casi al mismo tiempo que ese pensamiento cruzaba su mente, una sonrisa satisfecha se dibujó en su rostro.

Después de todo, si esas cuatro diablillas no tenían intención de atacarlo, obtener información sería bastante sencillo.

Era una oportunidad que no podía dejar pasar.

“No tengan mie—” No llegó a terminar la frase.

Una de las diablillas dio un paso al frente y apuntó hacia él con una piedra oscura y filosa, sosteniéndola con manos temblorosas.

“¡Por favor… piedad!”, suplicó con la voz quebrada.

Su expresión aterrorizada hablaba por sí sola.

Las piernas le temblaban sin control, al igual que los brazos con los que apenas podía sostener aquella arma improvisada.

Dios… ¿tanto miedo doy?

La pregunta cruzó la mente de Yossu sin que pudiera evitarlo.

Aun así, aquella reacción era positiva.

O al menos, así lo veía él.

Comparado con otros individuos que había encontrado hasta ahora, esta criatura no atacaba, sino que suplicaba.

Lo tomaban en serio.

Lo reconocían como una amenaza real.

Y eso, para Yossu, era motivo suficiente para sentirse satisfecho.

Se acercó hasta que la piedra filosa rozó las telas de la ropa que llevaba puesta.

“Te felicito.

Aun con miedo, y sabiendo que no tienes ninguna posibilidad de hacerme frente, te quedaste y no huiste para proteger a tus amigas”.

Yossu apoyó la mano sobre el cabello blanco de la diablilla y lo frotó con suavidad, como si se tratara de su hermana menor.

“Felicidades por derrotar al miedo”, añadió con una sonrisa larga y serena.

La diablilla tuvo que alzar la cabeza para poder mirarlo al rostro.

“¿Nos vas a matar?”, preguntó con dificultad, con un temor tan evidente que le quebraba la voz.

Yossu se agachó ligeramente hasta quedar a su altura y la miró directo a los ojos.

“Eso dependerá de ustedes.

Si responden mis preguntas, prometo no solo dejarlas con vida, sino también curar a su amiga”, dijo con un tono imponente, señalando con la mirada a una de las diablillas que yacía en el suelo.

La piedra filosa cayó de las manos de la pequeña y rodó por el piso.

Acto seguido, se aferró con ambas manos a una de las de Yossu.

“¡Se lo suplico… ayúdenos!”, rogó entre lágrimas, aún temblando.

Yossu asintió, manteniendo aquella sonrisa.

En ese mismo instante, las piernas de la diablilla cedieron por completo y su cuerpo cayó al suelo.

Aun así, en su rostro se dibujó una sonrisa genuina.

Había estado tan tensa que, cuando finalmente la tranquilidad la alcanzó, su cuerpo se relajó de golpe… demasiado y se terminó orinando.

Oh… no puede ser…, meditó al notar la expresión avergonzada de la diablilla.

Yossu no pudo evitar sentir vergüenza ajena.

Para evitar que la pequeña se hundiera aún más en la humillación, giró el cuerpo y se dirigió hacia donde se encontraba la otra diablilla con la flecha clavada.

Ni siquiera había llegado a acercarse cuando dos de ellas comenzaron a temblar y desviaron la mirada, incapaces de sostenerle los ojos.

Menos mal que la diablilla herida está inconsciente… Si estuviera despierta y me viera ahora mismo, probablemente le daría un infarto.

Jajá… ja… ja… El chiste perdió toda gracia a medida que lo pensaba.

Porque, en el fondo, sabía que no era una exageración.

Yossu se arrodilló frente al cuerpo de la diablilla herida y observó con detenimiento la flecha incrustada en su abdomen.

Por suerte, nadie había intentado retirarla.

Si lo hubieran hecho antes de detener la hemorragia, la criatura ya se habría desangrado.

Al principio consideró usar pociones, pero descartó la idea de inmediato.

Usar varias sería un desperdicio y, además, necesitaba reservar algunas por si algo le ocurría a él.

Por eso optó por otra alternativa.

Si mal no recuerdo, la primera habilidad de la rama ángel tenía relación con la magia de curación… Habían pasado tantos años desde aquella vez que apenas conservaba recuerdos claros.

Tan pronto termino de pensar eso, Yossu desbloqueó la habilidad [Lumina Grace], confirmando de esta manera que tenía razón y no estaba tan errado.

Vaya… sabía que era una habilidad de curación, pero no recordaba que se llamara así.

¿Habrá cambiado la rama de habilidades?

Mmm… probablemente.

No valía la pena seguir divagando.

Ahora venía la parte más delicada.

Yossu se incorporó levemente y clavó una mirada severa en las dos diablillas que tenía frente a él.

“¡Díganme sus nombres!”, ordenó con voz firme para captar su atención.

Ambas mantenían la cabeza gacha, evitando mirarlo.

Sin embargo, lo que estaba a punto de hacer requería algo más que obediencia pasiva.

Requería atención absoluta.

“Para poder curar a su amiga voy a necesitar su ayuda”, añadió con un tono frío y autoritario.

-CONTINUARA-

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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