Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

Soberano Supremo De Orbis - Capítulo 32

  1. Inicio
  2. Soberano Supremo De Orbis
  3. Capítulo 32 - Capítulo 32: Capitulo 32
Anterior
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 32: Capitulo 32

Volumen 02: El Nacimiento Del Soberano.

Capitulo 32: La información es poder.

Apenas escucharon las palabras de Yossu, aquellas miradas que hasta entonces lo evitaban se dirigieron lentamente hacia él.

Les temblaban las manos.

Les costaba incluso levantar la cabeza.

Aun así, el deseo de ver a su amiga con vida fue más fuerte que el miedo.

“Mi… mi nombre es Maoe”, dijo una de las diablillas con una voz baja, tímida, casi infantil.

La otra apretó los dientes.

“¡Soy Curvus!”, gritó de golpe, como si reunir valor de esa forma le resultara más fácil.

Luego tragó saliva con fuerza.

“Y… y la que vas a curar se llama Ces”.

Curvus estaba arrodillada junto al cuerpo de Ces, sosteniéndola con cuidado.

La cabeza de la herida descansaba sobre sus piernas, completamente inconsciente.

“Un placer conocerlas”, respondió Yossu con calma.

Luego su expresión se volvió más seria.

“Ahora necesito que sujeten a su amiga con fuerza. Mucha”.

Las dos se tensaron.

“Es probable que despierte gritando, forcejeando… y con dolor”, añadió sin rodeos.

No hubo preguntas.

No hubo protestas.

Simplemente asintieron.

Como si ya no les quedaran fuerzas para hablar.

En el siguiente instante, Yossu tomó la flecha y la arrancó del cuerpo de Ces.

Lo hizo tan rápido que apenas hubo tiempo para reaccionar.

La sangre brotó.

El grito llegó un segundo después.

Ces abrió los ojos de golpe y se incorporó a medias, chillando con desesperación.

“¡Suéltenme! ¡Me duele! ¡Duele mucho!”, gritaba mientras se retorcía.

Curvus y Maoe la sujetaron con todas sus fuerzas, aunque sus propios cuerpos temblaban.

“¡Lumina Grace!”, proclamó Yossu sin perder tiempo.

Sus manos se iluminaron con una luz cálida… demasiado cálida.

Ces gritó aún más fuerte.

El proceso de curación no era suave.

La carne se cerraba a la fuerza, quemando, retorciéndose desde dentro.

Yossu apoyó la mano sobre la herida con dificultad, luchando contra los movimientos de la diablilla.

Con la otra mano sacó una poción de su inventario.

Ante los ojos atónitos de las diablillas, el objeto apareció desde la nada, emergiendo de un agujero negro que se cerró al instante.

Yossu forzó a Ces a beber.

En cuestión de segundos, la herida terminó de cerrarse.

El dolor desapareció.

El cuerpo de Ces cayó hacia atrás, jadeando, completamente exhausta.

Las tres diablillas se quedaron en silencio.

No podían creer lo que acababan de presenciar.

Había estado al borde de la muerte…

Y ahora respiraba.

“Con un poco de descanso va a estar bien”, dijo Yossu mientras se incorporaba.

Luego caminó hacia la primera diablilla con la que había hablado.

“Ya cumplí mi parte”, declaró con voz firme.

“Ahora responde mis preguntas”.

La diablilla se sentó frente a él con rigidez, intentando cubrir con torpeza la parte inferior de su vestimenta, aún húmeda por el accidente de antes.

Sus manos seguían temblando.

Pero no apartó la mirada.

“¡Sí, como usted diga!” declaró la diablilla, adoptando una postura rígida, casi como si fuera un soldado.

Aún se la veía avergonzada por lo ocurrido. Sus orejas temblaban levemente y evitaba mover demasiado el cuerpo, pero al menos el miedo que le tenía parecía haberse disipado un poco.

Ahora que lo pienso… no sé su nombre.

“Pido disculpas por no haberme presentado antes. Soy Yossu y ocupo el rango uno entre los gobernantes de Orbis”.

“¿Eh…?” murmuró la diablilla, frunciendo el ceño, confundida.

Un segundo después, sus ojos se abrieron de par en par.

“¡¿Ehhh?!” gritó al comprender el significado de aquellas palabras.

“¡Pido disculpas por mi falta de respeto! ¡Le juro que no sabía que usted era un rey!”

Mientras hablaba, no dejaba de inclinar la cabeza una y otra vez en señal de disculpa, casi golpeando el suelo con la frente. Estaba completamente conmocionada.

Del lado de Yossu, la reacción fue totalmente opuesta. La escena le resultó tan inesperada y absurda que no pudo contener una carcajada, grave y resonante, propia de su imponente presencia.

“Está bien, está bien. No te preocupes por las formalidades”, dijo mientras se llevaba una mano al rostro, todavía divertido. “Ya que estamos, dime tu nombre”.

Hacía tiempo que no me reía tanto…

Me caen bien.

Pensar que estuve a punto de matar a estas diablillas y dejar vivos a esos estúpidos hombres cabra…

Su mirada se posó nuevamente sobre la pequeña.

“El humilde nombre que me dieron mis padres es Vera, mi señor”, expresó con timidez, intentando sonar lo más formal posible.

“Un placer conocerte, Vera”.

Ella asintió con rigidez, como si aún temiera cometer algún error.

“Bien, ahora pasemos a lo que acordamos”, continuó Yossu, recuperando un tono más serio. “Necesito saber dónde estamos y cómo puedo salir de este lugar”.

Por fin había llegado el momento que tanto había estado esperando. Al fin iba a poder obtener la información que necesitaba.

Las demás diablillas, al igual que Vera, se acomodaron detrás de ella, sentándose de la forma que creían más respetuosa.

Comparado con hacía unos minutos, ya no estaban paralizadas por el terror ante la presencia del soberano de Orbis. El miedo seguía ahí, por supuesto, pero no al punto de dejarlas inconscientes.

Tras el pedido de Yossu, Vera tomó aire y comenzó a responder.

El lugar donde se encontraban no tenía un nombre específico, pero por lo general lo llamaban mazmorra o, en algunos casos, gran cueva.

Según ellas, ninguno de esos nombres tenía un significado particular. Simplemente era conocimiento general transmitido de generación en generación.

La mazmorra estaba compuesta por inmensas cuevas y plagada de bestias. Incluso Vera mencionó que sus padres le habían contado que el lugar estaba lleno de zonas completamente distintas, como pantanos, bosques e incluso lagos de lava.

Sin embargo, no sabían si aquello era verdad.

Eran solo historias que se transmitían de boca en boca.

Para ellas, la mazmorra era como un mundo imposible de explorar en su totalidad, un lugar del que no sabían casi nada.

Solo pertenecían a un pequeño pueblo y vivían a su manera, aisladas, sin conocer realmente los alrededores ni lo que existía más allá.

Con respecto a salir de la mazmorra, era un concepto que ellas simplemente desconocían.

No sabían qué significaba salir de ese lugar. Es más, ignoraban por completo que existiera algo fuera de aquellas cuevas, lo cual dejó a Yossu sin palabras.

Una de las diablillas explicó que la mazmorra nunca tenía fin, que siempre se extendía más y más, dando lugar a nuevas cuevas sin importar cuánto avanzaran.

Ante aquellas afirmaciones, Yossu comenzó a considerar una posibilidad inquietante.

Tal vez este mundo estuviera compuesto únicamente por cuevas.

Esa duda, aunque absurda, comenzó a tomar forma.

Llegados a ese punto, era evidente que ellas no tenían la menor idea de si existía una salida. Y si existía, parecía claro que quienes vivían dentro de la mazmorra la desconocían por completo.

Pensé que encontrar una salida sería sencillo…

Pero por lo que acabo de escuchar, esto podría llevar meses.

No… incluso años.

O tal vez nunca.

Si lo que ellas decían era cierto, el tamaño de aquella mazmorra era tan descomunal que múltiples civilizaciones habían logrado desarrollarse en su interior, aisladas del exterior… si es que ese exterior siquiera existía.

Y con ese pensamiento, una idea verdaderamente terrorífica se apoderó de él.

¿Y si no había nada afuera?

¿Y si el mundo entero era solo esta mazmorra interminable?

La sola posibilidad lo oprimió por dentro.

A Yossu le provocaba un profundo terror imaginar que la realidad completa se redujera a un laberinto eterno de roca y oscuridad.

“Ahhh… ¿y ahora qué voy a hacer…?” se preguntó en voz baja, levantando la mirada hacia el techo irregular de la cueva, con una expresión visiblemente deprimida.

-CONTINUARA-

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo