Soberano Supremo De Orbis - Capítulo 36
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Capítulo 36: Capitulo 36
Volumen 02: El Nacimiento Del Soberano.
Capitulo 36: Interludio 5: Cuando el juego deja de ser juego.
Luego de pronunciar aquellas palabras, Ea se adentró un poco más en la sombra del árbol bajo el que se encontraba, procurando que ni un solo rayo de sol tocara su piel.
No quiero que mi primera muerte sea tan tonta… pensó, imaginando lo vergonzoso que sería morir simplemente por exponerse a la luz del sol.
El motivo por el que había elegido aquel bosque estaba directamente relacionado con las debilidades de su raza. En un principio, su idea había sido comenzar la aventura en una zona montañosa, pero su condición no se lo permitía. Necesitaba un lugar que la protegiera del sol, aunque fuera en un ochenta por ciento.
Y en ese sentido, el bosque cumplía perfectamente con sus expectativas.
Además, había otro factor que la tranquilizaba: no era una zona demasiado concurrida por otros jugadores. Mientras menos se cruzara con ellos, mejor.
Así fue como terminó eligiendo ese lugar como su punto de partida.
“¿Y ahora qué hago…?” se preguntó, con una mezcla de emoción y ansiedad. “Hay tantas cosas por hacer que no sé por dónde empezar.”
¿Debería ir a cazar algo?
¿O sería mejor explorar los alrededores primero?
Cuanto más lo pensaba, más inquieta se sentía.
Justo cuando estaba a punto de tomar una decisión, una pantalla flotante apareció de golpe frente a ella.
Era completamente oscura, con letras de un rojo intenso.
“Espero que te diviertas en el nuevo mundo”
Eso decía el mensaje del sistema.
“Vaya… ¿no es un poco tarde para darme la bienvenida?” murmuró, sin darle demasiada importancia.
En ese momento, estaba mucho más preocupada por lo que iba a hacer que por el mensaje en sí.
Lo único que le llamó la atención fueron los colores de la pantalla. Eran distintos, apagados, muy diferentes a los tonos vivos que había visto antes. Aun así, decidió no pensar demasiado en ello.
De forma inmediata, la pantalla desapareció.
Y con ella, una extraña sensación la envolvió por completo.
“¿Eh…?”
Un escalofrío recorrió su cuerpo de pies a cabeza.
Algo se sentía distinto. Algo había cambiado, aunque no sabía exactamente qué.
Era consciente de que el ambiente tranquilo del bosque se había vuelto pesado, denso, casi opresivo.
No encontraba palabras para describir ese cambio repentino.
¿Cómo es posible que el videojuego se sienta distinto solo porque esa pantalla desapareció…? Pensó, confundida.
Tal vez solo estaba imaginando cosas.
Seguro soy yo la rara que se siente así…
Sacudió ligeramente la cabeza y respiró hondo.
Mejor empiezo a explorar este lugar.
Intentó animarse, aunque esa sensación incómoda seguía ahí, latente, como una advertencia silenciosa.
Sin más opciones, dio el primer paso.
Así fue como Ea comenzó su aventura.
Mientras los minutos pasaban, Ea se movía de árbol en árbol, aprovechando cuidadosamente las sombras para evitar cualquier pérdida de HP.
Envuelta en la belleza del paisaje, no podía evitar recordar aquel tutorial absurdamente aburrido que había tenido que ver sin posibilidad de saltárselo.
Sin embargo, era consciente de que aquel tutorial era necesario para poder disfrutar correctamente del videojuego, así que no tuvo más opción que tragarse toda la información que le ofrecía el sistema.
Por momentos casi me duermo…
Aun así, hizo un esfuerzo consciente por no caer en semejante desgracia.
Tras repasar mentalmente los puntos más importantes del tutorial, Ea se detuvo y se sentó sobre una de las ramas cercanas, buscando una mejor posición para visualizar el menú.
En cuestión de segundos, logró desplegar gran parte de la interfaz frente a ella, pero varias cosas la tomaron por sorpresa. Según lo aprendido, deberían aparecer estadísticas detalladas… sin embargo, no había nada de eso.
Supongo que este juego también es distinto en eso.
Sabía que se trataba de un videojuego único, así que asumió que no seguía las reglas tradicionales. Decidió no darle demasiada importancia.
Luego observó la cantidad de XP que poseía y no pudo evitar alegrarse. Gracias a haber elegido una zona compleja como punto de inicio, el sistema la había recompensado con una cantidad considerable de experiencia.
Todo le resultaba tan nuevo y divertido que, sentada sobre la rama, no dejaba de mover sus extrañas y aterradoras extremidades grises, manchadas de zonas oscuras que parecían vivas, como si fuera una simple niña jugando.
Sin embargo, en pleno momento de aprendizaje, su habilidad pasiva [Scent of Blood] se activó.
De inmediato, una presencia fue detectada a unos metros de distancia.
Toda la información llegó a su mente de forma directa, clara, como si realmente estuviera viviendo en ese mundo. Podía sentir con total precisión lo que le transmitía la habilidad.
No puedo dejar de pensar en lo realista que es este sistema… es increíble cómo funciona.
Debajo de ella, entre los arbustos, se encontraba la fuente de esa señal: un conejo.
Ea confió en que podría atraparlo sin problemas, aunque su apariencia distaba bastante de la de un conejo común. Era considerablemente más grande, tenía una cola larga y gruesa, y un cuerno torcido y nada simétrico sobresalía de su frente.
Es imposible no pensar que es lindo, pero…
Sin darle más vueltas, se lanzó desde la rama directamente sobre la criatura y activó su habilidad [Dark Claws].
Al instante, garras formadas por una energía oscura, densa y aparentemente viva emergieron de su mano.
En cuestión de segundos, y con un solo movimiento, atravesó el cuerpo del animal sin dificultad alguna. La sangre salpicó su mano, caliente y espesa.
“Nada mal para ser mi primera presa” dijo, observando el cuerpo inerte a sus pies.
La escena no era apta para cualquiera. Muchos habrían apartado la mirada al instante.
En serio… este videojuego es tan real que parece una broma, pensó una vez más, profundamente sorprendida.
Antes de que pudiera darse la vuelta, algo en su interior se revolvió.
Un pequeño dolor la atravesó, obligándola a gemir levemente.
¿Y ese dolor…? Se preguntó confundida.
Sin embargo, aquella molestia quedó rápidamente en segundo plano, ya que no podía apartar la mirada de la criatura muerta que tenía frente a sus ojos.
¿Se puede sentir hambre en este videojuego? Se preguntó, incrédula.
¡Imposible!
Su mente lo negó de inmediato, pero cuanto más observaba el cuerpo inerte, más intensa se volvía esa sensación. Tanto, que al tocarse el rostro notó algo húmedo.
Estaba babeando.
No podía evitar ver a ese conejo como algún tipo de comida gourmet, y lo peor de todo era que no lograba comprender por qué.
Para cuando recuperó la razón, su boca ya estaba clavada en la carne de la criatura, masticando sin control.
“¡Esto es riquísimo!” gritó al aire, con la boca llena de sangre y una expresión que aterraría a cualquiera.
¡¿Cómo puede ser tan rico este animal?! Gritó mentalmente, incapaz de creerlo.
¿Será que puedo comerlo y sentirlo delicioso gracias a la influencia del sistema? Se preguntó, asombrada.
Cuanto más conocía del sistema, más la sorprendía… y para bien.
Tras terminar aquel festín salvaje, recuperó la postura.
El realismo del videojuego la había dejado completamente sin palabras.
Se sentía satisfecha. Ya no tenía hambre.
“Entiendo…” murmuró al observar su estado. “Acabo de descubrir que comiendo puedo recuperar HP”.
La pequeña porción de vida que había perdido al inicio había desaparecido por completo.
“¿Cómo no lo pensé antes?” expresó entre risas.
Sin embargo, esas risas se apagaron de golpe apenas dio unos pasos.
En medio de su euforia, Ea había olvidado por completo su debilidad más abrumadora.
Había salido de la sombra que la protegía y, cuando se dio cuenta, ya era demasiado tarde.
En el instante en que la luz del sol tocó su piel gris, su cuerpo comenzó a arder de una forma que jamás había imaginado.
El dolor fue tan intenso que la hizo caer hacia atrás.
Se estaba quemando viva.
“¡¿Qué está sucediendo?!”
“¡¿Por qué duele tanto?!”
Gritaba entre el sufrimiento, observando cómo un vapor espeso se elevaba desde su piel.
“¡Duele! ¡Duele! ¡Duele!” chillaba, apretando sus manos con desesperación.
De sus cuatro ojos rasgados, de un intenso color rosa, no dejaban de brotar lágrimas.
“Necesito salir de acá…” dijo a duras penas.
Con manos temblorosas abrió el menú y buscó desesperadamente el apartado para cerrar sesión.
Pero lo que encontró hizo que, por unos segundos, incluso el dolor pasara a segundo plano.
“No puede ser…” murmuró, con una expresión de absoluto horror.
“No hay ningún botón para salir…”
-CONTINUARA-
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