Soberano Supremo De Orbis - Capítulo 35
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 35: Capitulo 35
Volumen 02: El Nacimiento Del Soberano.
Capitulo 35: Interludio 4: ¡Ea!
Al abrir los ojos, no pudo evitar sentirse fascinada por la calidad visual de lo poco que alcanzaba a apreciar en ese momento.
“¡Dios mío…! Se ve tan real que me cuesta creer que esto esté dentro de un videojuego.”
Todo se sentía tan irreal que dudaba si aquello no era, en realidad, un sueño.
Se encontraba recostada en el suelo y, con solo girar ligeramente la cabeza, podía observar las ramas de los árboles, entre las cuales se filtraban delicados rayos de luz. La escena era simple, casi humilde, pero lo suficientemente hermosa como para transmitirle una profunda sensación de tranquilidad.
Poco después, se incorporó lentamente. Una vez más, su boca quedó entreabierta, incapaz de ocultar su asombro.
Todo a su alrededor brillaba en tonos verdes, rebosante de una fantasía casi palpable. Estaba rodeada de árboles, sí, pero bastaba un solo vistazo para comprender que aquel lugar era mucho más que un simple bosque.
El entorno se sentía vivo.
Esa sensación la llevó a inhalar profundamente, llenando sus pulmones, antes de soltar el aire con suavidad.
“¡Mi cuerpo no deja de temblar de emoción!”
Lo exclamó con una alegría evidente, rodeándose el torso con ambos brazos al notar cómo aquella sensación recorría su piel, erizándola por completo.
Luego, estiró los brazos hacia los costados y dijo, con una sonrisa satisfecha:
“He esperado este videojuego por mucho tiempo.”
Había un brillo especial en su sonrisa en ese instante.
Sin embargo, pese a la pasión que reflejaban sus palabras —propia de un jugador experimentado—, la realidad era muy distinta.
Nunca, en toda su vida, se había interesado por los videojuegos.
Todo había comenzado por pura casualidad: una noticia cualquiera sobre el sistema innovador que tendría aquel mundo, uno que prometía simular con absoluta fidelidad la experiencia de estar en otro mundo. Aquello fue suficiente para despertar su curiosidad.
Desde entonces, comenzó a recopilar información de todo tipo sobre el juego.
Cuando quiso darse cuenta, se había convertido en una auténtica fanática, al punto de que, durante los últimos meses, tuvo que esforzarse por contener sus propias expectativas.
La idea del videojuego sonaba tan maravillosa que, por momentos, parecía imposible. Temía que sus ilusiones terminaran traicionándola.
La verdadera razón por la que algo así logró captar su atención no fue el juego en sí, sino la vida que llevaba.
Una vida deprimente.
Entre los problemas familiares y un trabajo que se volvía cada día más repetitivo y aburrido, había llegado a detestar su propia rutina.
Por eso terminó fijándose más en el sistema del juego que en el juego mismo.
Algo en su interior gritaba desesperadamente que necesitaba algo nuevo. Algo que la hiciera sonreír, que la divirtiera. Porque nada de lo que había probado hasta entonces había sido capaz de lograrlo.
Su vida, hasta ese momento, siempre había sido en blanco y negro.
“¡Esto es asombroso…!”
Sonreía tanto que sentía que su rostro ya no podía estirarse más.
No puedo creer que lo que estoy viendo haya superado mis expectativas…
Ni en sus sueños más lejanos imaginó que podría presenciar un paisaje semejante dentro de un videojuego. Incluso ahora, le costaba procesarlo.
La emoción terminó por arrastrarla.
Comenzó a caminar de un lado a otro, observando cada detalle, cada hoja, cada destello de luz… hasta que algo rompió abruptamente aquella burbuja de felicidad.
“¿Eh…? ¿Estoy perdiendo vida? ¿Por qué estoy perdiendo vida?”
La pregunta escapó de sus labios, estupefacta.
Sin embargo, la respuesta llegó casi de inmediato.
“Cierto… qué tonta soy.”
Lo dijo mientras alzaba la mirada, observando el cielo entre las hojas de los árboles.
“Me había olvidado de la debilidad de esta raza.”
No puedo creer que el realismo llegue hasta este punto…
Su debilidad no era ni más ni menos que la luz del sol. Aquello fue lo que le había provocado la pérdida de, al menos, una cuarta parte de su HP.
En el momento en que, hipnotizada por la belleza del mundo, se había alejado de la sombra del árbol bajo el cual se encontraba, terminó recibiendo ese daño.
Bajó la mirada hacia sus manos, de un color completamente gris, cubiertas por algunas manchas oscuras que parecían tener vida propia. Justamente en las zonas donde los rayos de luz habían tocado su piel, podía ver cómo de las heridas comenzaba a salir un leve vapor.
Voy a tener que cuidarme de la magia de luz… y del propio sol. Va a ser difícil.
El pensamiento le generó cierta preocupación.
Por un instante, dudó de si había sido una buena elección escoger ese tipo de raza.
“Ah… qué más da.”
Se habló a sí misma, frunciendo ligeramente el ceño.
“No me arrepiento de haber elegido esta subclase de ghoul.”
Lo dijo con un dejo de enojo consigo misma por haber flaqueado siquiera un segundo.
Ahora estaba motivada.
Quería convencerse de que había tomado una buena decisión, aunque en el fondo sabía que solo el tiempo se lo confirmaría.
Tal como había entendido, su raza en sí no era un ghoul puro, sino una variante que se encontraba dentro de las ramas de esa clase.
No quería jugar como todos los demás. No quería elegir las típicas razas como humanos o elfos, ni tampoco crear un personaje hermoso y completamente distinto a su yo real.
Por eso había optado por algo difícil, extraño… y divertido.
Y precisamente por esa subclase de ghoul era débil tanto a la luz como al sol.
Otro de los motivos que la llevaron a elegir una raza tan grotesca fue su deseo de disfrutar del videojuego en completa soledad, sin ningún tipo de contacto con otros jugadores.
No es que fuera antisocial.
Simplemente disfrutaba estar sola, sin que nadie la molestara a la hora de tomar decisiones.
Esa es mi paz. Nadie debería tratarme como loca por eso… ¿verdad?
El pensamiento le provocó una leve inquietud.
Luego, apoyó ambas manos en la cintura y miró hacia adelante con determinación. Una sonrisa se dibujó en su rostro; una que habría causado terror en más de uno. No tanto por la expresión en sí, sino por el aspecto monstruoso que adquiría debido a la raza que había elegido.
“En este mundo… mi yo de la vida real no existe.”
Lo declaró con emoción.
“¡En este mundo soy Ea! ¡Y voy a vivir y hacer lo que yo quiera!”
Su sonrisa se volvió aún más amplia, casi salvaje.
“¡Que se jodan todos los que se me opongan!”
Aquellas palabras, cargadas de determinación y desafío, contrastaban de forma inquietante con la belleza del bosque verde que la rodeaba.
-CONTINUARA-
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com