Sobreviví sin sistema en mi infancia y por eso el mundo me concedió - Capítulo 128
- Inicio
- Sobreviví sin sistema en mi infancia y por eso el mundo me concedió
- Capítulo 128 - Capítulo 128: EL DESAFÍO DE LA GRAVEDAD
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 128: EL DESAFÍO DE LA GRAVEDAD
TEMPORADA 5 – CAPÍTULO 128: EL DESAFÍO DE LA GRAVEDAD
El Guardián del Hábito se erigía imponente en el centro de la plaza, su figura gris absorbiendo la luz y la alegría que emanaban de la música de Jax y la presencia de los Luminiscos. Su voz, monocorde y carente de emoción, continuaba intentando sofocar la vibrante melodía que ahora impregnaba el aire.
“La elección es clara”, resonó el Guardián, su mirada fija en Lira. “La certeza de la tierra bajo los pies o el vértigo del abismo. No hay término medio.”
Pero Lira, lejos de amedrentarse, dio un paso adelante. “Estás equivocado”, afirmó, su voz clara y firme, un contrapunto a la monotonía del Guardián. “El término medio es la libertad de elegir. La tierra no es solo un ancla, también es un trampolín.”
Los ciudadanos, que hasta hacía poco caminaban con la cabeza gacha, ahora se habían detenido por completo. Sus ojos, antes opacos, se movían entre la figura sombría del Guardián y el brillo esperanzador de Lira y su tripulación. Algunos, los más jóvenes, ya experimentaban con pequeños saltos, sus cuerpos se elevaban unos centímetros del suelo antes de volver a bajar con una sonrisa cautelosa.
Elena, al ver la indecisión en algunos rostros, se acercó a Mara y Kael. “Necesitamos una demostración. Algo que les muestre que la caída no es el fin, sino parte del vuelo.”
Kael asintió con una chispa en sus ojos. “Necesitan sentir el viento en sus caras, pero también saber que pueden volver.” Se volvió hacia Jax. “Piloto, ¿tienes algún prototipo de deslizador de emergencia? Algo seguro, pero emocionante.”
Jax, con una sonrisa pícara, respondió: “Siempre llevo un par de ‘nubes personales’ para ocasiones especiales. Pequeños aerodeslizadores individuales, programados para un aterrizaje suave, no importa la altitud. ¡Perfectos para un primer vuelo!”
Mientras Jax activaba los dispositivos, que aparecieron flotando suavemente en el aire, pequeños discos de energía brillante, el Guardián del Hábito intensificó su ataque verbal. “¡Es una trampa! ¡Una ilusión momentánea que terminará en desesperación! El esfuerzo de la caída es demasiado grande para la fugacidad del ascenso.”
Pero entonces, el niño que había flotado antes, valiente y lleno de curiosidad, se acercó a uno de los aerodeslizadores. Su madre, con el corazón en un puño, intentó detenerlo, pero el pequeño ya había extendido sus manos hacia el dispositivo. En cuanto sus dedos lo tocaron, el disco se ajustó a su tamaño, y el niño, con un grito de alegría, se elevó un metro del suelo.
“¡Es fácil, mamá! ¡Mira!” exclamó, riendo mientras giraba suavemente.
La madre, al ver la pura felicidad en el rostro de su hijo, y la seguridad con la que el dispositivo lo sostenía, dejó de lado sus miedos. Lentamente, extendió su propia mano hacia otro aerodeslizador. La duda y el miedo luchaban con el deseo en su mirada.
“No te preocupes por la caída,” dijo Lira, su voz resonando con amabilidad. “Preocúpate por no haber intentado volar.”
Con esa pequeña chispa de coraje, la madre dio el paso. Y al igual que su hijo, se encontró flotando suavemente, sus ojos llenos de asombro y una sonrisa que no había tenido en años.
Uno a uno, los ciudadanos comenzaron a acercarse a los aerodeslizadores. El sonido de las risas y los gritos de asombro empezaron a ahogar la voz monótona del Guardián del Hábito. Los edificios-árbol, ya desprendidos de la tierra, se balanceaban suavemente en el aire, como si ellos también celebraran la nueva libertad.
El Guardián, viendo cómo su influencia se desvanecía con cada nuevo vuelo, lanzó una última advertencia, su voz ahora teñida de una frustración apenas contenida. “¡El caos los consumirá! ¡Regresarán arrastrándose a la seguridad de lo conocido!”
Pero los ciudadanos, ahora flotando y riendo, apenas lo escuchaban. Habían recordado la sensación del viento, la inmensidad del cielo y la alegría de la posibilidad. La batalla no se ganó con fuerza, sino con la revelación de una verdad olvidada.
La ciudad de las raíces profundas ya no estaba anclada. Había elegido el desafío de la gravedad, el riesgo de la caída, por la promesa de la libertad y el éxtasis del vuelo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com